HISTORIA DE LOS HUMEDALES
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III Historia de cinco Humedales de Bogotá En los capítulos anteriores se presentó un estudio que permite a la ciudadanía, no sólo comprender la importancia de los humedales de Bogotá, sino aprender de manera general su evolución histórica, desde los muiscas hasta nuestros días.
Cuando el municipio fue anexado a la ciudad en 1954 se produjo un paulatino cambio en el uso del suelo. algunas fincas continuaron con los cultivos, especialmente de flores, pero muchas otras fueron vendidas a compañías constructoras y en muchos casos, a urbanizadores piratas. Esto generó un crecimiento urbanístico acelerado y desordenado, y el desplazamiento de una buena parte de la población de Bogotá hacia el sector de Suba, convirtiendo a la localidad en una de las de mayor expansión no planificada de la ciudad,. Sin embargo hasta hace pocos años la localidad conservaba su ritmo de vida rural, permitiendo a sus habitantes gozar a un tiempo de las bondades del campo y las comodidades de la ciudad, pero el tiempo y la vida urbana han ido borrando su carácter campestre.
Reseña Histórica Los muiscas cultivaban en las inmediaciones del humedal papa, maíz y otras especies como cubios, habias, chuguas, arracacha, batata y yuca. Además, criaban curíes y patos, y cazaban venados.1 Los indígenas se dedicaban a la alfarería y la cerámica, y a la confección de mantas de algodón. Durante la Colonia la hacienda la Conejera tenía una casa en los cerros, llamada el Chucho, cuyo origen se remonta a una heredad fundada a principios del siglo XVII por el padre José Hurtado, un miembro de la compañía de Jesús. Pero en 1775 la hacienda fue rematada junto con otras propiedades de los Jesuitas. Por aquel tiempo, el humedal se hallaba rodeado por bosque nativo, con arrayanes, alisos, orquídeas y otras especies vegetales que eran el hábitat de venados, conejos, ardillas, curíes, armadillos, murciélagos y muchas aves. A principios del siglo XX grandes extensiones de bosques fueron reemplazadas por potreros, para la cría de toros de lidia. Por los años cincuenta la propiedad se subdividió en varias estancias. Grandes zonas del bosque nativo, se convirtieron en zonas de potreros que más tarde serían urbanizadas. Las fotos aéreas de este periodo hacen pensar que le humedal era mucho más extenso a como lo conocemos, y se tienen indicios de que uno de sus brazos llegaba hasta el cerro de Suba. Hasta 1971, el humedal y su
ronda se mantenían en buenas condiciones. El Señor Eugenio Sierra, propietario
de la hacienda la Esperanza, ubicada en el costado oriental, y residente en la
zona hace mas de 25 años, cuenta: La evolución del humedal de la conejera se aprecia claramente en las fotografías aéreas, que son las que mejor narran los cambios y los hechos sucedidos en la zona. En 1956 no existían asentamientos humanos considerables entorno al ecosistema, que contaba con un dique artificial en uno de sus sectores, usado como punto de captación de agua para el riego de pastos para la ganadería. En 1971 se incrementó la construcción de casas aisladas.
Para la década de los ochenta se produjo un cambio en el uso de los terrenos aledaños, pasando de la ganadería a la agricultura, y se empezaron a expandir los cultivos de flores. LAs urbanizaciones entorno al humedal de La Conejera aparecieron a finales de los ochenta y tomaron fuerza a comienzos de los noventa, lo que afectó notoriamente la dinámica del ecosistema. En 1989 el espejo de agua del humedal representaba un 35% del área total, y la vegetación un 55%, revelando una disminución con relación a años anteriores. En esa fecha, las viviendas unifamiliares construidas sobre rellenos ilegales ya afectaban un área de 2 Kilómetros sobre el costado sur del humedal, desde el nacimiento de la quebrada La Salitrosa en el cerro de Suba, hasta el actual barrio Londres. Los alcantarillados de los nuevos barrios vertían, como lo siguen haciendo, su carga de aguas negras en la quebrada La Salitrosa, y a través de ella ingresaban al humedal. De esta forma se incremento el volumen de agua del humedal, pero por ser aguas residuales con un alto contenido de materia orgánica el cuerpo de agua se contaminó, generando olores riesgosos para la salud pública de quienes habitaban en torno al humedal, y potencializando la energía consumida por la vegetación lacustre que se propagó de manera alarmante. Además, el efecto de la contaminación por desechos orgánicos redujo la cantidad de oxígeno del agua e incremento la sedimentación. Todos los mencionados efectos, por su puesto, afectaron de distintas formas la fauna del ecosistema. Para 1991 la vegetación ya cubría casi el 70% del cuerpo de agua. De otro lado, los árboles de un amplio sector de la ronda presentaban una disminución notoria, posiblemente por la tala incontrolada. La primera etapa de la urbanización "Compartir" ya estaba construida, y aunque no se encontraba dentro de la zona de ronda, si marcó un fuerte cambio para el humedal, pues a partir de su construcción, el humedal se convirtió en vertedero de desechos de construcción y blanco de urbanizadores inescrupulosos, que por medio de rellenos ilegales, pretendían transformarlo en terrenos urbanizables. En 1993, los habitantes del barrio Compartir, conscientes de la valiosa biodiversidad del ecosistema y amparados por la legislación ambiental, decidieron poner fin a los rellenos ilegales. Así nació la Fundación La Conejera, liderada por un grupo de ciudadanos interesados y comprometidos en la protección del humedal, que desde entonces desarrollan programas de educación ambiental y otras actividades en favor del ecosistema con el apoyo de entidades distritales como el DAMA.
Entre 1997 y 1999 el DAMA a través de un convenio con la Fundación la Conejera plantó 24.179 árboles nativos, con criterios de restauración ecológica, en la ronda del humedal, el bosque maleza de Suba y el corredor biológico que conecta estos ecosistemas. Paralelamente se logró la recuperación de 12.000 metros cuadrados de espejo de agua mediante la extracción manual y mecánica de residuos y vegetación acuática invasora como la Lengua de Vaca, además de actividades de educación ambiental con comunidades y colegios aledaños al sector. Por último, es importante señalar que la Conejera, al igual que todos los humedales asociados al río Bogotá, presenta cambios bruscos en el nivel de las aguas, pues una de sus funciones naturales era la de absorber y regular las crecientes del río Bogotá, pero con la construcción del jarillón se taponó el reflujo de las aguas del río hacia el humedal, y en consecuencia, perdió su capacidad como regulador del impacto de las crecientes del río. Adicionalmente, hoy en día presenta un mayor nivel en la rata de sedimentación, con un porcentaje cercano al 3% anual con respecto al área total, por el aporte directo de aguas residuales y lluvias sin tratamiento previo.
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