|Saturday, November 29, 2014

Historia de Cinco Humedales de Bogotá: Humedal de la Conejera  

Localidad de Suba

III Historia de cinco Humedales de Bogotá

En los capítulos anteriores se presentó un estudio que permite a la ciudadanía, no sólo comprender la importancia de los humedales de Bogotá, sino aprender de manera general su evolución histórica, desde los muiscas hasta nuestros días.

Sin embargo, cada humedal en su devenir ha enfrentado diversos factores de cambio. En algunos casos los motores de ese cambio fueron de tipo urbano, en otros, de carácter social, demográfico o económico.

humedales-bog48Para conocer más de cerca los azares y contingencias de estos ecosistemas en su recorrido por el tiempo, se recurrió a una serie de referencias históricas que van de la tradición oral al archivo de fotos aéreas del Instituto Geográfico Agustín Codazzi. El resultado de su análisis se presenta a continuación.

Es importante destacar que este capitulo hace énfasis en el estudio histórico de cinco humedales de los trece con que cuenta Bogotá: La Conejera, Juan Amarillo, Jaboque, Santa María del Lago y el Meandro del Say, los que se exponen dentro del marco de las localizaciones a las que pertenecen: Suba, Engativá y Fontibón.

Río Bogotá en 1910.

El nombre de la localidad se deriva de dos vocablos indígenas: Sua que significa sol y Sia agua; su fundación se atribuye a los encomenderos Antonío Díaz Cardozo y hernán Vanegas en 1550.
Durante la colonia fue zona de resguardo indígena, por lo que hoy sus decendientes se identifican por apellidos como Msusí, Cabiativas, Nivia, Caita, Piruacum, Yopasá, entre otros.

Durante la primera mitad del siglo XX el municipio de Suba conservó su carácter rural, pues contaba con grandes haciendas de las que se recuerdan: Santa Inés, Tibabuyes, San Ignacio, Arrayanes, La Conejera y Santa Bárbara. En ellas se producían distintos bienes que se distribuían en los mercados de Bogotá.

Cuando el municipio fue anexado a la ciudad en 1954 se produjo un paulatino cambio en el uso del suelo. algunas fincas continuaron con los cultivos, especialmente de flores, pero muchas otras fueron vendidas a compañías constructoras y en muchos casos, a urbanizadores piratas. Esto generó un crecimiento urbanístico acelerado y desordenado, y el desplazamiento de una buena parte de la población de Bogotá hacia el sector de Suba, convirtiendo a la localidad en una de las de mayor expansión no planificada de la ciudad,. Sin embargo hasta hace pocos años la localidad conservaba su ritmo de vida rural, permitiendo a sus habitantes gozar a un tiempo de las bondades del campo y las comodidades de la ciudad, pero el tiempo y la vida urbana han ido borrando su carácter campestre.

Reseña Histórica

humedales-bog49Los muiscas cultivaban en las inmediaciones del humedal papa, maíz y otras especies como cubios, habias, chuguas, arracacha, batata y yuca. Además, criaban curíes y patos, y cazaban venados.1 Los indígenas se dedicaban a la alfarería y la cerámica, y a la confección de mantas de algodón.

Durante la Colonia la hacienda la Conejera tenía una casa en los cerros, llamada el Chucho, cuyo origen se remonta a una heredad fundada a principios del siglo XVII por el padre José Hurtado, un miembro de la compañía de Jesús. Pero en 1775 la hacienda fue rematada junto con otras propiedades de los Jesuitas. Por aquel tiempo, el humedal se hallaba rodeado por bosque nativo, con arrayanes, alisos, orquídeas y otras especies vegetales que eran el hábitat de venados, conejos, ardillas, curíes, armadillos, murciélagos y muchas aves.

A principios del siglo XX grandes extensiones de bosques fueron reemplazadas por potreros, para la cría de toros de lidia. Por los años cincuenta la propiedad se subdividió en varias estancias. Grandes zonas del bosque nativo, se convirtieron en zonas de potreros que más tarde serían urbanizadas. Las fotos aéreas de este periodo hacen pensar que le humedal era mucho más extenso a como lo conocemos, y se tienen indicios de que uno de sus brazos llegaba hasta el cerro de Suba.

Hasta 1971, el humedal y su ronda se mantenían en buenas condiciones. El Señor Eugenio Sierra, propietario de la hacienda la Esperanza, ubicada en el costado oriental, y residente en la zona hace mas de 25 años, cuenta:

“El área estaba conformada por haciendas dedicadas a la ganadería, y en algunos casos a la agricultura. El agua de la quebrada era limpia y se utilizaba para los usos domésticos, pero con la aparición de los barrios se contaminó. Lo que pasó fue que los propietarios de los terrenos no pudieron conservarlos por el alto costo de los impuestos, lo que facilitó la parcelación de las haciendas” .
La evolución del humedal de la conejera se aprecia claramente en las fotografías aéreas, que son las que mejor narran los cambios y los hechos sucedidos en la zona. En 1956 no existían asentamientos humanos considerables entorno al ecosistema, que contaba con un dique artificial en uno de sus sectores, usado como punto de captación de agua para el riego de pastos para la ganadería.

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En 1971 se incrementó la construcción de casas aisladas.
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En 1956 el humedal estaba rodeado completamente de fincas

Localización

Pertenece a la localidad de Suba, y limita por el norte con la vía Suba-Cota; por el oriente con los cerros de Suba; por el sur, con la cuenca del río Juan Amarillo y por el occidente con el río Bogotá, al que vierte sus aguas, en el área comprendida entre Suba y Cota. El humedal es alimentado por la quebrada La Salitrosa, además de las aguas lluvias acopiadas por su propia micriocuenca, pero La Salitrosa conduce las aguas residuales de 22 barrios, y vierte una fuerte dosis de aguas contaminadas al ecosistema.

Para la década de los ochenta se produjo un cambio en el uso de los terrenos aledaños, pasando de la ganadería a la agricultura, y se empezaron a expandir los cultivos de flores. LAs urbanizaciones entorno al humedal de La Conejera aparecieron a finales de los ochenta y tomaron fuerza a comienzos de los noventa, lo que afectó notoriamente la dinámica del ecosistema.

En 1989 el espejo de agua del humedal representaba un 35% del área total, y la vegetación un 55%, revelando una disminución con relación a años anteriores. En esa fecha, las viviendas unifamiliares construidas sobre rellenos ilegales ya afectaban un área de 2 Kilómetros sobre el costado sur del humedal, desde el nacimiento de la quebrada La Salitrosa en el cerro de Suba, hasta el actual barrio Londres.

Los alcantarillados de los nuevos barrios vertían, como lo siguen haciendo, su carga de aguas negras en la quebrada La Salitrosa, y a través de ella ingresaban al humedal. De esta forma se incremento el volumen de agua del humedal, pero por ser aguas residuales con un alto contenido de materia orgánica el cuerpo de agua se contaminó, generando olores riesgosos para la salud pública de quienes habitaban en torno al humedal, y potencializando la energía consumida por la vegetación lacustre que se propagó de manera alarmante. Además, el efecto de la contaminación por desechos orgánicos redujo la cantidad de oxígeno del agua e incremento la sedimentación. Todos los mencionados efectos, por su puesto, afectaron de distintas formas la fauna del ecosistema.

Para 1991 la vegetación ya cubría casi el 70% del cuerpo de agua. De otro lado, los árboles de un amplio sector de la ronda presentaban una disminución notoria, posiblemente por la tala incontrolada. La primera etapa de la urbanización “Compartir” ya estaba construida, y aunque no se encontraba dentro de la zona de ronda, si marcó un fuerte cambio para el humedal, pues a partir de su construcción, el humedal se convirtió en vertedero de desechos de construcción y blanco de urbanizadores inescrupulosos, que por medio de rellenos ilegales, pretendían transformarlo en terrenos urbanizables.

En 1993, los habitantes del barrio Compartir, conscientes de la valiosa biodiversidad del ecosistema y amparados por la legislación ambiental, decidieron poner fin a los rellenos ilegales. Así nació la Fundación La Conejera, liderada por un grupo de ciudadanos interesados y comprometidos en la protección del humedal, que desde entonces desarrollan programas de educación ambiental y otras actividades en favor del ecosistema con el apoyo de entidades distritales como el DAMA.

Para 1994 ya se observa claramente la urbanización compartir, así como los cambios producidos por los rellenos ilegales que aumentaron para esta época en forma acelerada y progresiva, taponando unos 600 metros lineales de la zona de ronda del costado oriental, y desviando el cause natural de la quebrada La Salitrosa, en el punto donde desemboca sobre el humedal. Además se conectaron al cuerpo de agua una serie de desagües de aguas negras incrementaron la contaminación del ecosistema.

Durante 1995 el DAMA a través de un convenio con la Fundación Humedal La Conejera, adelantó la construcción y mantenimiento del vivero, de una franja perimetral de bosque nativo, del cerramiento, además de la plantación de 42.000 árboles, arbustos y plantas en la ronda del ecosistema.

humedales-bog52Para 1998 el uso de la tierra en torno al humedal cambió en amplios sectores.
En la parte superior de la foto se observan barrios de invasión, y hacia el centro, la urbanización Compartir.

La vegetación flotante se incrementó aún más en 1998, reduciendo el espejo de agua. De otro lado, los rellenos ilegales disminuyeron notablemente, a excepción de una zona cercana al barrio Londres. Entorno al humedal continuó la actividad agropecuaria, como se aprecia en la fotografía correspondiente.

Entre 1997 y 1999 el DAMA a través de un convenio con la Fundación la Conejera plantó 24.179 árboles nativos, con criterios de restauración ecológica, en la ronda del humedal, el bosque maleza de Suba y el corredor biológico que conecta estos ecosistemas. Paralelamente se logró la recuperación de 12.000 metros cuadrados de espejo de agua mediante la extracción manual y mecánica de residuos y vegetación acuática invasora como la Lengua de Vaca, además de actividades de educación ambiental con comunidades y colegios aledaños al sector.

Por último, es importante señalar que la Conejera, al igual que todos los humedales asociados al río Bogotá, presenta cambios bruscos en el nivel de las aguas, pues una de sus funciones naturales era la de absorber y regular las crecientes del río Bogotá, pero con la construcción del jarillón se taponó el reflujo de las aguas del río hacia el humedal, y en consecuencia, perdió su capacidad como regulador del impacto de las crecientes del río. Adicionalmente, hoy en día presenta un mayor nivel en la rata de sedimentación, con un porcentaje cercano al 3% anual con respecto al área total, por el aporte directo de aguas residuales y lluvias sin tratamiento previo.

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