|Viernes, octubre 24, 2014

La Crianza Humanizada  

Boletín del grupo de puerícultura de la Universidad de Antioquia

Editorial

-¿Apenas llevamos dos meses de clases y cuántas notas hemos recibido por el mal comportamiento de nuestro hijo o hija en la escuela?

El problema de comportamiento y falta de atención del niño o la niña en el aula de clases de tedioso, tanto para los padres como para los maestros, puesto que se vuelve una situación incontrolable de llamados de atención, castigos permanentes, sanciones para los niños y niñas, llamados al orden al papá y la mamá, lo que genera una situación familiar muy compleja. ¿Qué hacer, cómo asumir esta situación? Es la pregunta que ocurre frecuentemente.

Es difícil encontrar una sola causa de esta situación que con seguridad venía ocurriendo desde antes, cuando la madre llegaba con el niño(a) a una visita y la dueña de la casa guardaba los juguetes, estaba pendiente de los jarrones, no dejaba un minuto a su hijo(a) solo con el hijo de la vecina pues lo consideraba un niño malcriado, dañino, considerado, inquieto, grosero y que no era buena compañía para su hijo.

Pero esto, aunque era motivo de preocupación e incomodidad para la madre, se consideraba como normal.

Lo mismo ocurría al llegar al preescolar o a la casa de los primos, pero la respuesta ante esta situación era la sobre protección de la madre para evitar que su hijo se sintiera rechazado, lo que genera una mala preparación para la supervivencia en el mundo, que en últimas trae problemas para adquirir normas básicas de comportamiento y convivencia cuidadana.

Las características descritas constituyen un ejemplo de déficit de atención. ¿ A qué se debe? Son muchas las causas, desde las neurológicas y genéticas, hasta una de las más comunes, que es la forma inadecuada de impartir la norma y la disciplina, por parte de los padres o quienes hagan sus veces.

La función de educar, desde el punto de vista de acompañar a ese hijo o hija en su proceso de crecimiento y desarrollo, implica ejercer la autoridad, que significa hacer crecer y así, construir pautas de comportamiento y normas de disciplina que le permitan al niño aprender su autocontrol, el cual se inicia con las órdenes e indicaciones de la madre, es decir, que aprende a mandarse a sí mismo obedeciendo a otros, como lo dice Fernando Savater en su libro El valor de educar.

Por lo anteriormente expuesto, el llamado de hoy es hacer una revisión clara de la situación del niño o niña con esta dificultad, indagando por la implementación de la norma, las relaciones familiares, las relaciones con el entorno y con el maestro, antes de rotular un niño con ese “diagnóstico” que ya lo está haciendo fácilmente el vecino, la abuela y lo primero que se plantea es la necesidad de suministrarle un medicamento para que se quede quieto, ante lo cual vale la pena anotar que no todos los casos se resuelven de esa manera.

Por eso, y ante todo, hay que tener en cuenta que cada niño es un ser único e irrepetible y que como padre se tiene una responsabilidad inmensa en disciplinarlos con amor para que adquieran habilidades que faciliten la convivencia, pues como lo dijo alguien que aún sigue en el anonimato: “El niño que no ha sido disciplinado con amor por su pequeño mundo, será disciplinado por los generales sin amor, por el mundo grande”.

Lua Elena Gómez

Atención … sí señor…
diga usted…

Dra. Liliana Zuliani Arango
Neuropsiquiatra Infantil
Profesora
Departamento de Pediatría y Puericultura
Facutad de Medicina
Universidad de Antioquia

Hablar de la atención parece ser fácil pero hoy en día la gente cree que todo niño (a) con déficit de atención tiene una enfermedad y que se volverá un problema no sólo en la casa sino también en la escuela. No todo niño (a) que tiene déficit de atención está enfermo, puede ser simplemente más ágil y rápido en resolver problemas y no todo niño(a) hiperactivo está enfermo, sino que simplemente es más inquieto y más curioso.

Por lo expresado anteriormente, este Boletín, que se ocupa de niños sanos, dada la inusitada frecuencia con que señala a niños y niñas como hiperactivos, busca aportar algunas ideas sobre la atención y la desatención y ofrecer algunas recomendaciones al respecto, tanto para la casa como la escuela.

La atención

“¿Por qué no me pones atención cuando te hablo?” “Es que tu no me atiendes”. “Ese niño no pone atención, no aprende”. “Es como si le hablara a una pared”. “No pone atención en clase y no se queda quieto”. “No es capaz de aprender, no pone atención cuando se la explica”. Las anteriores son expresiones de los padres o de los profesores que tienen niños con problemas de atención.

Pero, ¿ Qué es atención? Es un vocablo que viene del latín attention, attentionis, que es acción de atender. Es la concentración de la actividad mental sobre un objeto determinado o una situación objetiva. Es una actividad selectiva que implica o supone un régimen de intereses o preferencias subyancentes en el sujeto, de allí, que toda atención implica una preatención.

La atención no puede lograrse indefinidamente sobre un objeto, sino que tiene una duración según la edad, el temperamento y el entrenamiento de los sujetos.

Mientras una persona está despierta, tiene la capacidad de dirigir su atención hacia los aspectos específicos de su medio. Además, el grado de atención puede cambiar notablemente: desde una ausencia casi total, hasta una atención amplia a casi todo lo que está ocurriendo o intensa hacia un campo pequeño.

Para lograr atención, se necesita buena visión del objeto, buena escucha y postura adecuada del cuerpo; cualquier alteración en alguna de estas funciones puede llevar a una dificultad en la atención; de allí que sea importante descartar una alteración visual, auditiva, postural o de movimiento del cuerpo antes de hablar de un retraso en el niño.

La desatención puede ser:

• Predominante visual, ya sea por defecto de la agudeza o por la pobre concentración visual que se refleja en errores de lectura, saltar palabras, inventar frases y omitir letras, entre otros.
• Predominante auditiva, la que hace referencia no sólo a problemas físicos sino a situaciones de alto contenido verbal y a sitios donde hay mucho ruido externo.
• Predominante somestésicas, las que tienen que ver con la comodidad del cuerpo o la inquietud del niño por jugar o hacer una actividad física.
Por último, es importante tener en cuenta que la atención requiere todo el cuerpo; en ella participan la respiración, la circulación y la parte motriz. A medida que el niño aumenta la concentración, disminuye el ritmo respiratorio y su cuerpo toma una postura de tensión hacia delante, en posición de escucha.

¿Cuándo tiene un niño déficit de atención?

1. Cuando se distrae fácilmente ante estímulos irrelevantes y parece no escuchar cuando se la habla.
2. Cuando se demora para hacer sus trabajos y frecuentemente no logra terminarlos.
3. Cuando a menudo extravía objetos necesarios para tareas o actividades ( por ejemplo juguetes, ejercicios escolares, lápices, borradores, libros, herramientas).
4. Cuando se le dificulta respetar el turno, interrumpe a los demás y hace ruido en las actividades silenciosas.
5. Cuando acusa a otras personas de sus errores o mal comportamiento.
6. Cuando responde preguntas antes que se acaben de formular las mismas.
7. Cuando es inquieto y corre en vez de caminar.
8. Cuando tiene alteraciones del sueño (dificultades para conciliar o mantener el sueño, o sensación de no haber dormido bien).
9. Cuando desafía activamente a los adultos o rehusa cumplir las demandas.
10. Cuando su nivel académico en general es bajo.

Estos síntomas deben ser por un período de tiempo largo y ser constantes en las diferentes actividades (caseras, escolares, compras, viendo televisión, en la mesa, etcétera.)

El llamado síndrome de déficit de atención es un asunto común de conducta en los niños de edad escolar. Las causas del síndrome no son conocidas; sin embargo, hay claros factores de riesgo genéticos, prenatales relacionados con su aparición.

La influencia no es sólo hereditaria sino que también ocurre de acuerdo con el ambiente familiar.

Para poder hacer un diagnóstico de síndrome de déficit de atención con hiperactividad o sin ella, se deben hacer pruebas que sólo un médico especializado puede llevar a cabo; entre ellas se tienen los potenciales evocados, tiempos de reacción, las que evalúan la concentración y la capacidad de los procesos de atención, las pruebas psicométricas, subescala de Weschler y registros de conductas.

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