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EL SIGLO XX SERÁ
RECORDADO POR LAS GUERRAS Y LAS TRASFORMACIONESl sociales y
políticas. Cambios en las interpretaciones científicas, en los
desarrollos industriales y tecnológicos, en los derechos civiles, en las
explicaciones cognocitivas, entre otros. En particular, esos cambios han
influido en la educación: en su masificación, en la entrada de la mujer
a la universidad, en la transformación del modelo de trabajo académico
debido a nuevas corrientes pedagógicas, a los cambios en los sistemas de
enseñanza, a las innovaciones pedagógicas, al uso de las nuevas
tecnologías y al surgimiento de las redes, entre otros aspectos.
Otra innovación importante se produjo en la
economía. Jeffry Sachs pretende explicar ese fenómeno mediante un
esquema basado en los conocimientos de la ciencia y la tecnología
(sociedad del conocimiento). El primer nivel está integrado por los
países productores e innovadores, llamado "club de países del
conocimiento", que son internacionalmente competitivos. El segundo,
por países que son "copiadores o adaptadores", lo que les da
ciertas ventajas en algunos segmentos de los mercados mundiales, y el
tercero, por países que son, en el mejor de los casos, consumidores netos
de tecnología
¿Se está
preparando la región latinoamericana y del Caribe para enfrentar los
desafíos del tercer milenio? Los indicadores sobre investigación y
desarrollo (inversiones, patentes y artículos publicados) son un buen
elemento de juicio para que los lectores lleguen a sus propias
conclusiones. Según los datos mundiales, esta región sólo copó 1.9% de
la inversión mundial en 1999 (US$10.000 millones), lo que equivale a
0.59% del PIB, muy por debajo de Estados Unidos (2.84%) o de la Unión
Europea (1.81%).
En el caso
colombiano, la inversión tendió a crecer en el primer lustro de la
década pasada, pero luego fue afectada por la crisis. Cuando se analiza
Latinoamérica, encontramos que sólo tres países presentan una aceptable
correlación entre el Indice de Desarrollo Humano y el porcentaje del PIB
dedicado a investigación y desarrollo: Costa Rica, Chile y Cuba.
Dos indicadores reflejan
el alto nivel de subordinación tecnológica. Uno es el coeficiente de
invención,
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que es el número de
patentes solicitadas por residentes de un país, con relación a su
número de habitantes; el otro es la tasa de dependencia, definida como la
cantidad de patentes registradas por no residentes, con relación a las
registradas por los residentes. El primer indicador no llega a dos para
toda la región. Brasil muestra un coeficiente de 4.5 frente a 16 de
Canadá, que no es de los mejores entre los países industrializados. El
segundo indicador, de dependencia, sólo es favorable para Brasil (3.3).
Colombia presenta estos dos indicadores por debajo de la media regional.
Muy pocas publicaciones
América Latina contribuye
con un pobre 2.5% de total de publicaciones internacionales. Al establecer
la relación de estas por cada millón de dólares invertidos en
investigación y desarrollo, el indicador es 2.4. Y son México, Argentina
y Brasil los que producen aproximadamente 90% de toda la región; si bien
Brasil tuvo a su cargo alrededor de 50%.
A finales de la década
anterior, el gasto por investigador en América Latina registró un valor
de US$85 mil, mientras que en los países de la Unión Europea o Estados
Unidos era del orden de US$170 mil. Sin embargo, el auge de los procesos
de evaluación ha llevado a que se exija a los académicos
latinoamericanos estándares de productividad similares a los del mundo
plenamente desarrollado.
En la década pasada
observamos, por ejemplo, que el número de personas dedicadas a
actividades de investigación y desarrollo en la región era 2.7% del
total mundial, con una densidad cercana a 0.7 investigadores por cada mil
integrantes de la población económicamente activa. En estas
circunstancias, son notorias las asimetrías estructurales, puesto que
Brasil, Argentina y México disponen de 73% del total de la región.
La somera presentación de los
datos anteriores muestra que en la mayoría de los países
latinoamericanos el tema es, en gran medida, parte de los discursos de las
campañas políticas, pero no de las intenciones y presupuestos reales de
los gobiernos.
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