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DAÑINAS

Los supermercados, abusando de su posición dominante en el mercado,
han llegado a vender huevos por menos de lo que cuesta una menta
en un puesto callejero.

El huevo es el gran perdedor de una guerra que no es suya: la que vienen sosteniendo de un tiempo para acá Carrefour, Éxito, Alkosto, Cafam y otros grandes almacenes, que han descubierto en este producto un magnífico gancho para atraer clientes, así tengan que regalarlo. ¿O qué es vender el huevo a 85 centavos (menos de lo que cuesta una menta en un puesto callejero) cuando el precio del mercado es de casi $200?

 

La aberrante situación, que se agudizó entre agosto y el mes pasado, y que hizo metástasis durante la primera quincena de octubre, a raíz de la inauguración del Éxito de Bucaramanga y del Carrefour de Medellín, fue denunciada por Fenavi en rueda de prensa, en un intento por hacerles ver a los distintos distribuidores, entre ellos a los tenderos y a los consumidores, incluido el canal institucional, que los avicultores no los están robando. Y es que este tipo de promociones tiene el efecto perverso de distorsionar el mercado porque les envía a la gente la señal equivocada de que el huevo está más barato de lo que siempre ha estado. Por ello, doña Julia acusa de ladrón a don José, el tendero, por vender el huevo más caro que en el gran almacén, y él, a su turno, por la misma razón, no baja de especulador a quien a lo surte, llámese distribuidor o avicultor. ¿Cómo no pensar que a uno lo están robando si nos hemos enterado por el periódico, la televisión o la publicidad que nos meten por debajo de la puerta, de que Éxito está vendiendo el huevo a mitad de precio?

Entre septiembre y mediados de octubre, Carrefour, Éxito, Cafam y otras cadenas tuvieron las siguientes promociones: 90 unidades de huevo rojo a $13.500 ($150 la unidad); bandeja de 30 unidades de huevo rojo a mitad de precio, es decir, a $85 la unidad; pague 2 y lleve 3; docena de huevo blanco: antes, $2.480; hoy, $1.890. En dicho periodo, el precio del huevo en el mercado mayorista estuvo $180 y $200 la unidad.

Este tipo de promociones tiene el efecto perverso de distorsionar el mercado porque les envía a la gente la señal equivocada de que el huevo está más barato de lo que siempre ha estado.

Lo más triste es que el enorme daño que recibe la industria del huevo en general, no se compadece con el volumen que se comercializa a través de los supermercados: apenas 8% de la producción nacional, pues la gran mayoría va al canal tradicional (la tienda), con 80%. Lesión que además se hace, en no pocas ocasiones, en cuestión de minutos porque las promociones no duran todo el día, sino supuestamente hasta cuando se agoten las existencias, lo que puede ocurrir en las dos primeras horas de abierto el almacén. Pero, claro, el cliente no se va con las manos vacías, así ya no encuentre huevo en promoción, sino que compra otras cosas, cumpliéndose el cometido de esos establecimientos: mover las ventas.

La estrategia es tan efectiva que incluso los supermercados pueden darse el lujo, como ha ocurrido, de comprar el huevo a precio de mercado mayorista y venderlo más barato. ¿No es esta una práctica desleal que merecería ser examinada con atención por la Superintendencia de Industria y Comercio, SIC?

A todas luces, bajo ningún punto de vista es justificable utilizar esta estratagema para atraer clientela, máxime si se tiene en cuenta que con ello se genera otro efecto indeseable: la degradación de producto. En efecto, el supermercado no contribuye a la formación de la categoría del huevo, porque ni siquiera le da más espacio en las góndolas, lo que ayudaría a interesar al consumidor por el producto.

 

En un intento por ponerle coto a este abuso de la posición dominante de los supermercados, el año pasado, cuando se masificó esta dañina práctica comercial -tipificada en la Ley 256 del 96, que contiene las normas que regulan la competencia comercial-, Fenavi entró en contacto con algunos de ellos para hacerles ver la magnitud del daño que estaba recibiendo la industria del huevo, lográndose una reducción parcial de las promociones. Pero, la historia se vuelve a repetir, con lo cual quedan patentizado lo poco que les importa el proveedor. En efecto, es tal es el poder de negociación de dichos establecimientos, que exigen descuentos a todo aquel que quiera estar en sus góndolas, y obligan a pagar los operadores logísticos (empresas que se encargan de recibir el huevo, distribuirlo por la cadena y colocarlo en las estanterías), y a asumir los costos de las impulsadoras.

El gremio avícola se declara, pues a la espera de que los supermercados reconsideren la política de promociones que dañan al huevo, o que la autoridad competente, conocedora de este atropello, se apersone del caso.

 

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