REVISTA AVICULTORES
| ECONOMÍA |
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Un monstruo
Treinta y un países americanos, la mayoría pobres, son obligados a pertenecer a un acuerdo en el que los mandamases son Estados Unidos, Canadá y Brasil. |
Aspectos de la jornada sobre el
Alca,
organizada por Fenavi.
Es
improbable que, por lo menos en este siglo que recién comienza, el continente
americano pueda tener un escenario de comercio exterior distinto al Area de
Libre Comercio de las Américas, Alca (ver Avicultores No. 84), sin duda,
la mayor empresa en que Estados Unidos haya embarcado a esta parte del mundo
(fue George Bush, padre del actual presidente de los estadounidenses, a quien se
le ocurrió la idea). Improbable, porque falta mucho para que en este hemisferio
aparezca un país capaz de emular al "Coloso del Norte" en el
liderazgo de iniciativas de semejante magnitud; en cambio, los estadounidenses
se muestran cada día más hábiles en mantener su supremacía en el planeta, en
lo político, en lo económico, en lo militar, en lo tecnológico, en lo
científico, para lo cual no se paran en mientes.
Así, pues, no habrá poder humano que le pueda poner la reversa a este acuerdo continental que está suscitando más temores que esperanzas y más dudas que respuestas entre los países con menor poder de negociación, que son la mayoría. Ni siquiera se podrá quitarle la presión sobre el acelerador (la hora cero ya está definida: primero de enero del 2005) y, lo que es peor, no habrá más ventajas de las que Estados Unidos, con Canadá y Brasil, tienen calculado concederle al resto de las economías. El Alca es una realidad, pese (o justamente por ello) al gran desbalance que lo caracteriza: pone bajo un mismo toldo al país más poderoso del planeta (Estados Unidos) y al más menesteroso (Haití), y a la décima economía del mundo (Brasil) y a Nevis, nación caribe que apenas si figura en el mapa. Desbalance en favor de los estadounidenses, si se sabe que ellos representan 70% del PIB del continente, el cual asciende a US$11.000 billones y que ponen 300 millones de consumidores (Brasil, 200 millones). Desbalance porque los tres grandes del continente tienen aranceles bajos y tesorerías solventes (gracias a esto último los productores agrícolas gozan de toda suerte de ayudas y subsidios), mientras que los aranceles de los demás países son altos y obviamente carecen de recursos para subsidiar a su sector agrícola. "Pobres y con el pecado", como dijera Diego Miguel Sierra Botero, presidente ejecutivo de Fenavi.
En fin, el Alca está conformado por la totalidad de países americanos -con excepción de Cuba, que no clasifica, supuestamente por no ser una democracia, veto detrás del cual se puede percibir la mano del Tío Sam-, pero con tres mandamases: Estados Unidos, Canadá y Brasil.
Y Colombia, ¿en dónde se encuentra? ¿qué papel juega en este acuerdo de suscripción obligatoria? Para la viceministra de Comercio Exterior, Claudia María Uribe, venimos a ser algo así como el jamón del sánduche, porque no somos un país desarrollado pero tan tampoco tan atrasado, con el agravante de que preferimos que se nos coloque entre estos últimos, para recibir los beneficios de "nación menos desarrollada".
Entre los sectores de la economía colombiana que más preocupaciones genera el Alca se encuentra justamente la avicultura, porque, hablando en plata blanca, es más lo que puede perder que lo que puede ganar una vez se vaya concretando el espíritu del acuerdo: la desgravación arancelaria que, vuelve y juega, parece construida para favorecer a los más poderosos de la región, en especial a Estados Unidos. Eliminados los aranceles, trinchera que les ha servido hasta hoy de protección a nuestros productores de pollo y huevo, la industria se verá irremediablemente abocada a una férrea competencia estadounidense, brasilera, mexicana, ecuatoriana y chilena, que dejará por fuera del baile a más de un empresario, a menos que se las ingenien para hacer alianzas o fusiones con las cuales puedan obtener el blindaje que les permita permanecer y crecer en el mercado.
Para ilustrar con números las grandes diferencias que existen entre la avicultura colombiana y las de Estados Unidos y Brasil, digamos que el primero de ellos, con 15 millones de toneladas, viene a ser unas treinta veces nuestra producción anual de pollo, mientras que el segundo, con 5 millones de toneladas, es diez veces más grande que nosotros. En huevo, Estados Unidos, con una producción de anual de 85 billones de unidades, ocupa el segundo lugar en el mundo, y Brasil es el sexto con 15 billones. Como si fuera poco, México encarna otra gran amenaza para la avicultura colombiana.
Pero aun con estas diferencias tan abismales, el experto Fernando Barberi considera que no tenemos por qué sentirnos menos que los demás, y que lo mejor es buscar la manera de aprovechar las ventajas que, de todas formas, puede ofrecer el Alca.
Con el fin de contribuir al conocimiento del tema, Fenavi organizó la Jornada sobre el Alca (Bogotá, junio 20), dirigida a empresarios avícolas de todo el país, a la que asistieron noventa y cinco personas. El evento tuvo como expositores a Claudia María Uribe, viceministra de Comercio Exterior; Fernando Barberi, director de Posgrado de Economía de la Universidad del Rosario; Silvia Anzola, investigadora del mismo centro docente; Carlos Botero, catedrático de la Universidad Javeriana; Gabriel Ibarra, de Ibarra, Prías, Valencia, de Vega, Abogados; Luz Alba Cruz, subgerenta de Protección y Regulación Pecuaria del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, y Diego Miguel Sierra, presidente ejecutivo de Fenavi.
A manera de breviario, Avicultores presenta aspectos sustanciales de las intervenciones del presidente de Fenavi, la viceministra de Comercio Exterior, y de los miembros de la academia, Fernando Barberi y Silvia Anzola.
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"La
amenaza es completa"
Aquí nos enorgullecemos al decir que producimos 550 mil toneladas de pollo, 430 mil de huevo, que el sector responde por 1.9 millones de toneladas de materias primas y que ocupamos, directa e indirectamente, a más de 220 mil personas. Hay un tema que nosotros comenzamos a denominar como negociación inversa, que nos lleva a pensar, primero, que hoy el asunto de las pequeñas economías puede ser una ilusión para Colombia, porque no somos una de ellas: somos la quinta economía de la región -después de las del Tratado de Libre Comercio (Estados Unidos, Canadá y México), Brasil y Chile-, y el séptimo mercado, por población, más interesante de toda América. Hemos examinado el fenómeno de las distorsiones, que consta de tres elementos, frente a los cuales la negociación tiene la primera dificultad, adicional a la del tamaño: las ayudas internas y subsidios, los aranceles y las medidas sanitarias. En ayudas y subsidios, hace sólo dos semanas el presidente Bush ratificó la Ley Agrícola, que suma US$18.000 millones al año en subsidios, y que en el caso del maíz y la soya equivale a 25% del costo de producción, como ingreso garantizado al productor estadounidense. El año pasado, los subsidios americanos a quienes tuvieron pérdidas en agricultura sumaron US$4.600 millones, 2.6 veces el valor de nuestra avicultura en un año. Ahora bien, en materia de aranceles, el primer problema que nos encontramos hoy, más nuevo, más enfatizado, es el de que no hay garantía para eliminar las medidas no arancelarias. En segundo lugar, Estados Unidos y Brasil, tienen la menor estructura arancelaria en el punto de partida, o sea, que uno está negociando en la mesa con un tallador que cuenta con todos los ases en la mano. Con relación a las medidas sanitarias, tenemos que en la Lista A de la Oficina Internacional de Epizootias figuran el Newcastle y la Influenza aviar, nugatorias para efectos del comercio exterior. Aunque tenemos un programa de control y erradicación de Newcastle, nada nos garantiza que podamos lograrlo, y en cuanto tiene que ver con la Influenza aviar, nos estamos moviendo en un escenario altamente riesgoso y de muchas noticias sobre su presencia en Estados Unidos, Chile, Venezuela y, posiblemente en Ecuador (Pronaca), según corrió el rumor antier.
En clusters avícolas, los norteamericanos y brasileros pueden llevarle una ventaja de veinticinco a Colombia. Es por ello que nuestro reto tiene que ver con la totalidad de la cadena. Aquí hace mucho rato que el resultado en la mesa del consumidor, en pollo y huevo, es la sumatoria desde materia prima, alimento balanceado, genética, incubación, granjas y plantas de beneficio. Pero la pregunta es: ¿cuánto, si sumáramos individual y colectivamente, hemos ganado en eficiencia de la cadena? Ahí es donde está nuestro gran desafío para encontrar en el comparativo del mercado una cifra alarmante en pollo. En Estados Unidos, hoy, un precio CIF en pollo es de US$0.60 el kilogramo. En Colombia tenemos un arancel vigente de 169%, lo que hace entrar el pollo a US$1.60 vs. US$1.46 aquí, con lo cual podríamos competir teóricamente, nominalmente, hasta un arancel de 139%. El asunto es que el desmonte de la franja de precios generaría una competencia que amenaza al sector. Las amenazas americanas son dos, sustancialmente: 1) la distorsión en el patrón de consumo, porque ese precio de 0.60 es normal en el mercado, no el precio de quema, de US$0.12-0.15 el kilogramo, como se vio el año pasado, y 2) los ya mencionados subsidios y ayudas. Con relación a Ecuador, hay que decir que Pronaca ya ocupa el puesto quince en el mercado de pollo en Colombia, lo que no es explicado suficientemente por la distorsión arancelaria que los favorece en soya y un poco en maíz. Lo explica mucho más el tamaño de dicha empresa y su decisión de exportar a nuestro país. Hoy existen unos asuntos pendientes en la Comunidad Andina de Naciones, CAN: establecer una normativa arancelaria, igualar los regímenes aduaneros (el intento del momento actual), resolver el asunto de las distorsiones arancelarias con terceros, definir la estructura del Arancel Externo Común, AEC (el primer pedazo del sueño), mantener o no el sistema de las franjas de precios y armonizar el Plan Vallejo o regímenes especiales de admisión temporal. Desmontar la franja de trozos de pollo; cambiarla, como se está discutiendo en Lima; asimilarla a la del maíz y tener el mismo factor de ponderación, equivale a exponer plenamente el producto nacional al americano. En segundo lugar, pensamos que parte de la armonización tendría que ver con la inclusión de la pasta de pollo y del huevo en la franja. Nos han explicado en el Ministerio de Comercio Exterior que hoy, cuando la negociación está para que haya menos, nosotros estamos pidiendo la inclusión de dos productos más, pero es que somos concientes de esa condición desigual. Si no conseguimos esto, no habrá protección posible. Abrigamos la esperanza de que el país pueda tener una defensa en el patrón de consumo, determinado por el pollo fresco. Pero lo que ya uno comienza a preguntarse es si, como lo muestra México, el pollo congelado, por la vía del precio, tiene una penetración del mercado, y si esa barrera que imaginamos aguantará. Nos preguntamos si la avicultura es o no un renglón perdedor en el Alca. Nos preguntamos por el grado de importancia de esta industria dentro la estructura de los productos sensibles. Nos preguntamos si tenemos la opción de la lista de excepción, tema al cual le trabajamos a lo largo de tres años, pero sólo en enero pasado tuvimos un acuerdo de todos los países latinoamericanos para decir que la distorsión del pollo americano, el no valer nada los trozos, es una posición de todos los técnicos avícolas y de los países. Pero Brasil se abstiene de suscribirlo, con el argumento de que con sus pechugas es capaz de negociar con Canadá y Estados Unidos, que ofrece trozos regalados. Retirado el gigante de América del Sur, Argentina dice: yo no intervengo porque mi problema es Mercosur con Brasil, y veré cómo lo manejo. Chile, igualmente se queda por fuera, y en el caso de Perú, que es un país muy pequeño, hay que entender que no le preocupa nada la entrada de trozos de pollo americano, por lo menos por un largo periodo, porque vende vivo en las plazas de mercado 95% de su pollo. Perú, uno de nuestros socios en la CAN, no ayuda, pues, a la solicitud de incluir la pasta de pollo y del huevo en la franja, ni al manejo arancelario en el que estamos interesados. Por eso nos preguntamos si el sector va a perder o no.
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