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Automatización

 

Las cuentas
de la automatización

Automatizar la producción de huevo y pollo no es cosa de poca monta, dicen empresarios avícolas y comercializadores de maquinaria y equipos.

 

En un lapso que algunos analistas calculan no mayor a diez años, las empresas avícolas colombianas que ejercerán el liderazgo en el mercado serán exclusivamente aquellas que hayan automatizado casi en ciento por ciento sus procesos productivos. A tan radical conclusión han llegado por igual los productores, los industriales de la metalmecánica y las empresas que importan y comercializan maquinaria y equipos.

José Abelardo Serrano, presidente de la santandereana empresa Colaves, augura que la principal característica de la granja de ponedoras del futuro será la automatización; en tales circunstancias, agrega, los galpones para un mínimo de 8 mil animales desaparecerán porque el costo de mano de obra por huevo producido será muy alto. El, en cuyas granjas tiene galpones para 120 mil aves, explica que actualmente en su empresa se tiene una diferencia de $10 en el costo de producir un huevo en el piso y en jaula, representada en el ahorro de alimento, pues cuando se trata de aves en el suelo se habla de un consumo diario de 118 a 120 gramos por ave, mientras que en jaula es de 105. "De entrada estamos hablando de $5-6 de diferencia", dice, y explica que en mano de obra, mientras que en el suelo un operario recoge diariamente 8 mil huevos, en una jaula de dos pisos, no automatizada, se recolectan 15 mil.

Hace notar que en los comederos, pasar del tradicional al automático representa un ahorro diario de 5 gramos de alimento por ave, que en 240 mil, como tiene él, significan $882 mil, algo así como $300 millones y algo más en un año.

José Abelardo Serrano vaticina que teniendo como argumento garantizar la salud de las aves, todos los bebederos serán de niple, ninguno de campana, porque la posibilidad de que en esta el agua se contamine es muy alta. Si por desgracia la situación actual del país se prolonga otra década, estima que a la automatización plena, como la viven hoy los países desarrollados, no se llegará en Colombia antes de veinte o treinta años.

A su juicio, en lo tecnológico parece estar llegándose al tope, y estima que en materia genética no ve cómo se pueda avanzar mucho más; en el caso de las ponedoras, haber conseguido elevar la producción a 350-360 huevos anuales por ave es una meta muy importante.

Hace los siguientes cálculos para el montaje de un galpón para ponedoras, de 100 metros de longitud y 12 de ancho, aclarando que en ellas se asume que el aspirante a empresario ha resuelto el tema de la propiedad de la tierra: ventilación, US$10 mil, valor en el que se incluyen túnel, paneles de control, cortinas, malacates y otros implementos. Comederos: US$6 mil. Bebederos: US$3 mil a US$5 mil; la variación está dada en la calidad de los equipos. La utilización de este sistema completo de ventilación permite una densidad de 16 aves por metro cuadrado, en piso, lo que da un total de 19.200 animales en el galpón propuesto.

En el sistema de jaula, una batería de cinco pisos, en las que pueden albergarse 48 mil aves, por lo menos, tiene un costo de US$200 mil. En una instalación de este tamaño es necesario aumentar la capacidad de ventilación.

Actualmente existen jaulas para el levante de ponedoras.

Se advierte que el uso de un sistema automático de clasificación de huevos es imperativo en cualquier granja donde la producción diaria de huevos sea de, por lo menos, 100 mil unidades.

Frente al tema, Gustavo Ospina, gerente de Pollo Olympico considera que en el campo de la genética se ha llegado a un punto muy alto, bastante cercano al ideal; por esta razón, estima el reto de hoy es para los nutricionistas, cuyo mayor desafío es diseñar dietas que respondan al potencial genético de las aves, del que asegura, actualmente sólo se explota 85%.

La unión de la genética con una buena alimentación y un adecuado manejo contribuyen a que, por lo menos las seis empresas colombianas de primer nivel estén hoy en un grado de eficiencia casi idéntico al alcanzado por esa industria en Estados Unidos. Ellas, dice, con el paso de los años van creciendo en tamaño, y por ende en la participación en la producción, lo que le hace calcular que a la vuelta de una década de sus granjas salga entre 70 y 80% del total nacional.

Calcula que en un plazo no mayor de diez años, las granjas de las empresas económicamente más fuertes serán las primeras en alcanzar la total automatización, y enfatiza cómo el confort de las aves, determinado por factores como la temperatura constante, permite casi duplicar la producción por metro cuadrado, que hoy fluctúa entre 22 y 23 kilos por metro cuadrado, es decir, llevarla a entre 37 y 40 kilogramos; simultáneamente rebaja en forma sensible la mortalidad.

La automatización tiene otra ventaja, y es que un plantel de 70 mil aves puede ser manejado por un solo galponero, mientras que si se carece de ella esa tarea no puede hacerse con menos de cuatro operarios.

En el tema de los costos para el montaje de una granja, Gustavo Ospina hace las siguientes cuentas para el caso de un galpón automatizado: entre $90 mil y $100 mil el metro cuadrado. En un área de 1.800 metros, con una producción de 38 kilogramos por metro, esto es, igual a 34 mil pollos en galpones de 150 metros por 12, tiene un valor de $180 millones, al que hay que sumar $130 millones por concepto del valor de los 34 mil pollos.

Las cifras señalan que el costo de producir un kilo de pollo era de $1.900 en la última semana de marzo; con esta consideración, si en ese galpón común y corriente se producen 69 mil kilogramos, el valor se eleva a $130 millones, a los que debe agregarse los 180 millones, va dando $310 millones que hay que multiplicar por $5.294, el valor de la construcción y dotación, por pollo. En síntesis, montar una granja para 200 mil animales de engorde, cuesta hoy $1.820 millones, sin tener en cuenta el valor de la tierra.

 

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