LA SUPERFICIALIDAD CONCEPTUAL: UN COMÚN
DENOMINADOR ENTRE ESTUDIANTES DE ULTIMO AÑO DE MEDICINA.
Alvaro Monterrosa Castro
En un ámbito
universitario tan elevado, como es el que se debe dar en el último año de
los estudios médicos de Pregrado, es frecuente observar como la mayoría de
los estudiantes, sólo están interesados en aprender con base en resúmenes
de los textos, a leer los conceptos ya “machacados” presentes en el
interior de los compendios, dispuestos sólo a adquirir conocimientos
superficiales, pronto, sin tanto análisis y sin tantas vueltas. Sin
escudriñar en los rincones y rendijas que nos ofrecen los medios de
comunicación tradicionales o modernos, donde se encuentran otras posturas,
otras voces, otras expresiones. El aprendizaje lo realizan en ocasiones
basándose únicamente en apuntes de clases magistrales, grabando conceptos
que se olvidan prontamente, “tragando entero” y con premura porque el
semestre finaliza. Lo que se persigue es alcanzar una nota decorosa, y no
hay tiempo para más, y no hay oportunidad para dedicarse a analizar, y
quizá ni se sabe como, los conceptos presentes en los textos.
Esta condición
de pobreza para la adquisición de conocimientos, el afán por finalizar sin
importar la calidad, genera un déficit en la preparación conceptual, lo
cual se refleja posteriormente en un egresado de deleznable preparación,
en un profesional sin bases sólidas para empezar a ejercer su actividad
con eficiencia, en un egresado que no está interesado en retomar los
textos para acrecentar su formación. Esta problemática es común en muchas,
tal vez en todas las universidades del país.
El conocimiento
científico, especialmente el relacionado con el área de la salud, se
incrementa rápidamente. Los informes y conclusiones de los proyectos
investigativos llegan por cantidades y a diario. Es fundamental poseer una
estructuración personal, organizacional y disciplina de aprendizaje para
poder recibir, obteniendo numerosos beneficios, ese cúmulo constante de
nueva información, nuevas teorías, nuevas estrategias diagnósticas y
terapéuticas, y estar actualizado de los nuevos productos farmacológicos
para prescribir, muchos de los cuales pueden tener falencias aunque sean
originados de centros de investigación de prestigio. No todo lo publicado
es una verdad científica, y ese faro no debe ser perdido de vista por el
estudiante. Todo debe ser sometido al acto de la verificación científica y
lo más importante, se debe saber nadar con destreza entre la información
reciente y estar preparados para atesorar la producción correcta. Si el
estudiante no tiene las herramientas adecuadas para la comprensión, si
carece de estructuración sólida, si no ha sido ejercitado para proceder al
análisis correcto de los hechos, ni tiene agudizada su visión para escoger
lo preciso dentro de toda la gama; solo tomará lo sencillo y fácil, se
contentará con la punta del iceberg, y al no poder navegar en esa
corriente de conceptos, optará por ignorar la existencia de otras
oportunidades disponibles.
Se Debe
insistir en que se necesita que el estudiante tenga una elaborada
capacidad critica y analítica, la cual le permitirá escoger entre la
lluvia de información, los conceptos fundamentales, profundos y correctos.
El estudiante de último curso de Medicina, quien a lo largo de sus años de
estudios universitarios, se ha ido paulatinamente llenando de datos, de
nombres, debería haber definido formas para sistematizar signos y
síntomas, debería haber adquirido habilidades y destrezas, y debería
manejar una gran capacidad analítica. Al llegar a ese nivel de estudios de
pregrado, deberían ser poseedores de una gran capacidad para buscar e
indagar. Deberían ser dueños del llamamos criterio clínico, haber
adquirido la agudización necesaria para escoger el diagnostico correcto
dentro de los diagnósticos diferenciales. No obstante, para ejecutar esa
estructuración mental hay que haber desarrollado una muy buena capacidad y
disponibilidad para el análisis. Se debe ser poseedor de conceptos
teóricos y prácticos bien sedimentados, comprendidos, y no solamente
memorizados, y se deben tener la disponibilidad incondicional para
confrontarlos. Desdichadamente muchos de esos alumnos de ultimo año al
parecer no están diestros en esos ejercicios, e incluso muchos no saben
cómo, cuándo y dónde buscar y leer literatura Médica.
Para que el
alumno sea analítico delante de la información que obtiene de su enfermo,
debe haber aprendido a ser analítico, debe ser capaz de pensar, debe haber
aprendido a girar en todos los sentidos el prisma del acontecer cotidiano
para observar, precisar, comparar y diferenciar, cada una de sus aristas.
Leyendo y releyendo, criticando y observando lo que dice y se dice de un
autor, se aprende a ser analítico. No será analítico el estudiante que se
entera de un tema, leyendo lo resumido, ojeando lo compendiado o
percibiendo sólo la apreciación de un autor, sin detenerse a cuestionar, a
pensar las posibles alternativas que del mismo tema, le puedan ofrecer
otros autores. Sin tiempo no hay cabida para la confrontación y la
controversia. No podrá ser analítico el estudiante que en solo una o dos
horas: lee s in saber leer, lee s in comprender el texto, y así deprisa
porque lo más importante es cumplir el formalismo del examen parcial o
final.
Eso hacen los
alumnos de estas épocas, por tanto lo aprendido se reduce a conocer
superficialmente el texto leído, a recitar como loras palabras tras
palabras lo que dice el autor en su texto, publicaciones que a veces son
de más de 10 años de editadas, porque son los “únicos libros fáciles y al
alcance”, ya que no hay espacio ni tiempo ni ganas, para confrontarlos con
los datos presentes en otras investigaciones o informes, que se podrían
tomar de bases de información o del Internet. No invierten dichos
estudiantes tiempo alguno para confrontar ideas de los autores,
ejercitando la facultad de analizar, no se formulan hipótesis diagnosticas
basándose en condiciones clínicas imaginarias. Por eso cuando en el
ejercicio de la practica médica, tienen al paciente enfrente y este no
presenta en orden los cinco o seis conceptos rígidos leídos en el texto
clásico, aparecen las dudas y la imposibilidad para tomar conductas a
seguir. Muchos estudiantes no han sido preparados, motivados y enseñados a
pensar. En el esquema educativo que han recibido durante toda su vida, el
analizar y pensar no han sido fundamentales. No fueron formados para jugar
a armar y a desarmar ideas, para buscar nuevos horizontes antes no
vislumbrados, para adquirir la capacidad de deslumbrarse ante los
desconocido y buscarle una explicación.
La medicina es
una profesión que debe ser practicada por individuo con capacidad para
analizar puntos de vista diversos, así se fundamenta el arte del
diagnostico clínico. Sin embargo, abundan los estudiantes memorizadores,
unas verdaderas maquinas de saber nombres, pero que se ven en dificultades
a la hora de colocar como barajas sobre la mesa, los síntomas y signos de
un paciente, para armar el castillo de naipes de una enfermedad
especifica. La superficialidad de los conceptos, la poca destreza para el
manejo mental de las posibilidades, les hace flaquear a la hora de escoger
de las listas de exámenes, aquellos estudios que pueden ser de más valía
dependiendo de las circunstancias. Las acciones dubitativas a la hora de
la práctica clínica se deben a que son poco diestros en el análisis.
Existe un
espacio educativo que se está comenzando a explotar en niveles
preescolares de educación y que es denominado “Taller de pensamiento”. En
ellos se enseña al pequeño estudiante, a comprender lecturas, a analizar,
a ser inductivo y/o deductivo. El taller de pensamiento se integra a la
cotidianidad de la vida, a los juegos, a las relaciones con los padres,
los amigos. Estimulan a analizar, a reconocer, a interactuar con su
entorno, en un ejercicio constante y diario. Se enseña a pensar, a
interrogarse por lo que lo rodea, a discernir, a escrutar, a no estar de
acuerdo, a buscar, a saber separar la verdad de lo falso. Es un proceso
para toda la vida. Como consecuencia de este proceso constante, y cuando
lleguen dentro de más o menos 20 años estos estudiantes, siendo
estudiantes de último año de Medicina, se guardan las esperanzas que serán
muy distintos a los actuales. Seguramente más interesados en analizar, en
asumir posiciones criticas. Estos probables alumnos del futuro tendrán un
perfil diferente, y generarán profesionales más pensadores, gentes de
mayor eficiencia profesional.
Pero no es
esperar esta hipotética generación de alumnos. Ya hay que actuar en las
generaciones actuales y a todos los niveles de preparación de Pregrado,
desde ya hay que aumentar las exigencias académicas, motivar el ejercitar
del análisis y del pensamiento crítico. Se debe reeducar al alumno
enseñándolo a pensar, lo cual no es una acción para un semestre
especifico, es una tarea de la vida y para la vida, es una tarea para el
enriquecimiento personal y para el desarrollo intelectual del individuo,
es un cambiar de actitud, es modificar la percepción del ser el humano. Se
debe estimular al estudiante a profundizar en la adquisición del
conocimiento, utilizando para ello el análisis y la confrontación de los
puntos de vista de los autores. Se debe aprender a desarrollar habilidades
como: comparar, ordenar, clasificar, hacer inferencias, etc.
Es necesario en
este proceso innovar en la pedagogía, conocer los recursos que nos tienen
a la mano la tecnología, y aplicarlos. El docente debe ser creativo, ágil
y diseñador de sus propios planteamientos educativos, debe ser renovador,
siendo analítico y pensador, sólo así será el modelo adecuado para los
alumnos pensadores que se espera lleguen para las primeras décadas del
siglo XXI, siendo estudiantes de último año de Medicina. Estudiantes
pensadores, que para riqueza del país, terminaran siendo con los años los
nuevos maestros, los maestros que florecerán desde la segunda o tercera
década del siglo venidero, unos maestros analíticos, verdaderos
pensadores.