LA ORGANIZACIÓN DE LAS ACTIVIDADES ACADÉMICAS EN
EL AULA DE CLASES.
Ana Susana
Cantillo Orozco
En las
condiciones actuales cuando se está tratando de incrementar nuestro
desarrollo, y ante la toma continua de conciencia de la importancia de
enseñar a pensar, se debe redimensionar la actividad docente y hacer
énfasis en el empleo de métodos, técnicas y procedimientos didácticos que
propendan por la participación activa de todos los que aprenden dentro de
la relación maestro y alumno. Trabajar en el aula implica tomar en cuenta
todos los factores que intervienen en el desarrollo de esa tarea, el
docente como coordinador del aprendizaje, el alumno y el grupo. Ha sido
error de siempre, sólo pensar en cumplir con la responsabilidad que otorga
la institución de atender a una materia, y permanecer sometido a la auto
limitación de desarrollar un programa, propiciando la pasiva memorización
y la simple transmisión de contenidos.
El reto actual
es la interacción en el aula. Se debe tener presente que la planeación de
las distintas actividades que se pueden realizar en un recinto de clases
es importante y fundamental. La adecuada planeación propicia el contacto
directo entre maestros y alumnos. Es importante profundizar adecuadamente
en el conocimiento, en las modalidades y en la aplicación de las técnicas
didácticas, que son las que en definitiva contribuyen al perfeccionamiento
del proceso educativo, al crear condiciones favorables para una adecuada
comunicación, con lo cual se amplían las posibilidades de un
aprendizaje efectivo.
Las técnicas
didácticas que se empleen al conformar y ejecutar los diferentes momentos
de la clase, desarrollarán un pensamiento flexible, dinámico, audaz,
independiente, persistente, divergente y original en los alumnos.
Cualidades todas de un pensamiento creador. Debemos cuidadosamente
planificar la enseñanza, no sólo para que los alumnos asimilen los
conocimientos sino para que los utilicen de forma creativa en la práctica
cotidiana. La enseñanza para estimular la creatividad debe: ser
imaginativa, integradora, enseñar a descubrir relaciones, comprometida con
los problemas diarios y sus soluciones, escarbar en las situaciones reales
y avanzar con paso firme en su realización. Se debe tener presente que el
maestro es quien guía la actividad, el alumno debe aprender por sí mismo,
involucrándose en la realidad y en sus problemas.
El docente como
coordinador del trabajo que tiene lugar en el aula, debe tener en cuenta
la importancia e influencia de la comunicación, puesto que es la acción
que facilita la existencia y el desarrollo de las relaciones entre las
personas. Tanto las técnicas didácticas como los contenidos de la
disciplina que se desarrolla, son instrumentos que originan y facilitan la
comunicación del docente con los alumnos. En virtud de ella, deben surgir
los desacuerdos, las tensiones y conflictos, siendo la comunicación misma
a su vez, el medio favorable para resolverlos. Cuanto más profundas sean
las comunicaciones que se establezcan, más se facilitarán las relaciones y
más se puede motivar a los alumnos para que participen en la búsqueda y
selección de los condicionantes adecuados para satisfacer sus necesidades
académicas.
Con la
concientización adecuada y suficiente, de la importancia de una buena
comunicación, se deben implementar ordenadamente actividades y técnicas
didácticas para enriquecer el proceso enseñanza – aprendizaje, adelantado
en el aula. En la planeación de las actividades se debe tener previsto el
logro de una finalidad, una meta, un objetivo. Es primordial seguir unos
lineamientos: tomar en cuenta al grupo con el que se va a trabajar,
conocer su nivel de preparación, grado de madurez y sus características,
ya que ellas determinan la selección de las actividades. Las actividades
son medios, formas para lograr el desarrollo del aprendizaje en un grupo,
e implican la acción o las acciones del grupo. Al seleccionarlas deben
tener una función clara y definida en relación con el aprendizaje que se
pretende. Podemos hacernos algunas preguntas antes de llevar a cabo las
actividades educativas. ¿Promueven el aprendizaje?, ¿Responden a las
necesidades del grupo?, ¿Están acordes con el nivel de madurez de los
alumnos?
Hablar de
organización de las actividades educativas, es establecer una secuencia
que permita el aprendizaje continuo y creativo, con un profundo
significado en relación con los objetivos que se persiguen. La finalidad
de una cuidadosa organización y ejecución de las actividades de
aprendizaje es: Primero, ayudar a la constitución del grupo como tal,
propiciando mayor conocimiento e integración entre sus miembros. Segundo,
Facilitar el trabajo al estimular el desarrollo de habilidades y actitudes
en el equipo de trabajo. Tercero, propiciar el diálogo para que se
manifiesten actitudes individuales. Para que se cumpla lo anterior, el
coordinador del grupo debe tener como cualidades: objetividad,
creatividad, flexibilidad y gusto por el enfoque participativo. Es
importante la capacidad de observación, el saber escuchar y sensibilidad
hacia el grupo, de modo que pueda captar reacciones así como atraer la
atención.
Es importante
considerar que una sola actividad puede no ser suficiente para trabajar un
tema especifico, deben identificarse esas situaciones y recurrir a las que
sean necesarias para facilitar el aprendizaje individual y colectivo, de
una forma organizada y sistemática. Además las actividades didácticas se
adecuaran a las situaciones especificas de enseñanza – aprendizaje, para
la cual se llevan a cabo. Hay que tomar en cuenta la dinámica grupal
derivada de las características propias de los integrantes del grupo. El
aprendizaje en el aula implica pues un reto para seleccionar situaciones
problemáticas en la búsqueda del conocimiento. El profesor debe estar
siempre atento a sus propias limitaciones. Sea cual fuere la participación
de sus alumnos, todo lo que vaya surgiendo durante el proceso, debe ser
valorado a la luz de la tensión y de las relaciones interpersonales, que
siempre van a estar presentes en el acto mismo de aprender.