INJUSTICIAS EN LA EVALUACIÓN ACADÉMICA.
Gledys E. Montes
Rivera
Podemos
considerar que el manejo inadecuado en los procesos de evaluación ha sido
y sigue siendo un gran problema en la educación. ¿Cuántos estudiantes han
salido del sistema educativo como resultado de una evaluación injusta por
parte del docente?.
Es evidente que
en la escuela tradicional, y aún hoy a pesar de los nuevos paradigmas, los
maestros hemos enfocado la evaluación únicamente hacia la parte
cognoscitiva, prueba de ello son los tipos de exámenes que aplicamos a los
estudiantes ya sean escritos, de desarrollo, de respuestas cortas, de
selección, etc. Que de todas maneras encasillan al educando en la
repetición memorística de datos como: Nombres, fechas, acontecimientos,
lugares, cifras o conceptos que por sí no tienen ninguna trascendencia en
la realidad de su entorno. Es común que los estudiantes recurran a copias
o fraudes para responder las definiciones que se le preguntan, ya que no
las han apropiado en su conocimiento de una forma analítica ni han
establecido su aplicación o importancia para la actualidad.
Este tipo de
pruebas de rendimiento académico es dañina para el alumno si se convierten
en metas predominantes en la escuela, ya que ésta sólo obligaría a
memorizar momentáneamente un conocimiento que le permita obtener una buena
nota durante un período determinado y que se olvidara con facilidad
posteriormente.
Otro vicio
frecuente en el manejo de la evaluación por parte de los docentes es tomar
un examen como patrón absoluto del desarrollo integral del estudiante,
condicionándolo y creando en ellos, un estado de angustia y rechazo hacia
la asignatura o la profesión. Esto es resultado de los efectos
psicológicos de los exámenes, que muchos de nosotros pretendemos ignorar
en nuestro afán de mostrar superioridad frente a los alumnos, empleando la
evaluación para ocultar nuestra deficiente preparación.
Con nuestras
actitudes muchas veces corremos el riesgo de desanimar al estudiante a tal
punto que después de una evaluación se retire de la institución, y se
despierta en él sentimientos de inconformidad e injusticia, creándose una
barrera entre él y el maestro, esto nos lleva a considerar que el manejo
inadecuado de las evaluaciones puede ser importante factor disociador de
las relaciones maestros - alumnos.
Un hecho
frecuente en la evaluación es la poca preparación para ello, por parte del
docente y la falta de unos lineamientos institucionales que la orienten.
Se considera a la evaluación a la evaluación injusta como factor
fundamental en la deserción escolarizada, con ella se pone fin a cualquier
posibilidad de recuperación del estudiante, más aún cuando está acompañada
de la sonrisa triunfal de un maestro vengativo. Si bien en la educación
básica y Media se ha superado un poco el problema de la evaluación
cuantitativa, representada únicamente por una nota, en la Educación
superior y técnica sigue predominando la nota numérica como único
patrón de reconocimiento de actitudes, habilidades y conocimientos de
nuestros futuros profesionales.
Como lo
plantean Sonnia García de Ruiz e Israel Salazar Puentes, "la historia de
la Educación está llena de ejemplos en las que la injusticia y el
atropello al educando fueron la nota definitiva ". Empleando una escala
numérica del 1 al 10 se considera mejor y más hábil al que obtiene 6.00
con relación al que obtenga una nota de 5.90, y con esa calificación se
decide el futuro del estudiante, puesto que la promoción depende de ella.
En nuestras universidades muchos estudiantes compiten únicamente por esa
anhelada calificación.
El primer paso
para evitar la injusticia en la evaluación es la concientización del
docente frente a su responsabilidad en este proceso y su cambio de actitud
en procura de la calidad educativa y la participación del estudiante
mediante la coevaluación, autoevaluación y heteroevaluación, como también
la actualización permanente frente a los nuevos paradigmas. Podemos
considerar también como una solución los avances significativos que ha
tenido la Educación Básica y Media, en el manejo adecuado de la evaluación
por logros establecidos en la ley 115 de 1994, su decreto reglamentario
1860 de 1994 y la resolución 2343 de 1996, que establecen lineamientos
nacionales para la evaluación. En esta nueva estructura la evaluación se
toma como un proceso permanente e innovador, donde se abarcan las
dimensiones cognoscitivas, psicomotriz, volitiva y afectiva del educando
mediante un seguimiento minucioso por parte del docente en coordinación
con las comisiones de evaluación y promoción, organizada por el concejo
académico. A este tipo de evaluación corresponde realizar informes
periódicos en forma descriptiva y cualitativa según los logros obtenidos
por los estudiantes, mediante los indicadores de logros establecidos por
el docente para informar al estudiante mismo sobre sus alcances y
debilidades, permitiéndole poner mayor empeño en su propia superación.
Visto de esta
manera este proceso es mucho más positivo que la nota numérica, pero su
eficacia radica en el adecuado manejo que le brinde el docente y la
institución, puesto que en el Plan Educativo Institucional deben
unificarse criterios educativos manejados por todos los docentes de
acuerdo a los lineamientos adoptados en la institución.
En este esquema
evaluativo, el maestro no se encuentra sólo con el estudiante, ya que
tiene el apoyo directo de las comisiones de evaluación y promoción del
concejo académico quien sirven de mediador en la toma de decisiones,
evitándose la llamada promoción automática que actúa en detrimento de la
calidad de la educación y de los futuros profesionales.
De acuerdo a la
Ley 30 de 1992 en lo referente a la autonomía de las Universidades y su
acreditación, se hace necesario la elaboración de su Plan Educativo
Institucional o la actualización del mismo. Uno de los importantes
replanteamientos más urgentes tiene que ver con las estructuras de la
evaluación, para trascender a los parciales y finales, llegando a la
evaluación como proceso permanente y totalizante que se pueda presentar en
forma descriptiva y cualitativa, aproximándose a un sistema justo y
equitativo donde el estudiante pueda conocer sus fallas mediante la
orientación del maestro con múltiples alternativas de superación. Se abre
la posibilidad que las Facultades organicen comités de evaluación y
promoción que sirvan de apoyo al docente, para evitar injusticias al
momento de la evaluación y dándose mayor participación al estudiante,
mientras se le conzientiza en la importancia de la auto superación.