EN BUSCA DE UN DOCENTE PARA AMÉRICA LATINA
Libardo Ospino
Paternina
Latinoamérica,
consciente de su ubicación conceptual desventajosa en la escala del saber
filosófico, científico y tecnológico, busca elementos y/o mecanismos que
vehiculen la conquista racional – metódica y continuada -, de sitiales más
cómodos en el escalafón orbital de los saberes, los cuales construye el
hombre día tras día en su búsqueda incesante de un estado de consciencia
ideal, pero continente de la inherencia perfectible de lo humano.
Se considera
una necesidad impostergable el formar una clase docente poseedora de
estructuras conceptuales, metodológicas y actitudinales que conjuguen u
homologuen las estructuras conceptuales, metodológicas y actitudinales
desplegadas por los docentes de las sociedades y/o culturas más vetustas y
más adelantadas del planeta. La construcción de este docente parece ser
objetivo estatal en los países de América Latina, pues se observan algunas
acciones que buscan la cualificación del trabajador de la educación, como
el convenio ICFES – BID - Universidad Pedagógica Nacional, que en Colombia
posibilita a los docentes de dicho ente formador de educadores, viajar al
exterior con becas y/o comisiones de pasantías para que, trabajando al
lado de conspicuos hacedores del quehacer investigativo – pedagógico,
observen y se apropien de las estructuras arriba mencionadas, con el
objetivo especifico de que a su regreso al país se conviertan en modelos
multiplicadores de los paradigmas que hoy se estilan en el concierto
pedagógico universal.
La tenencia de
estructuras conceptuales válidas para el ejercicio de la actividad social
de la educación, requiere claridad meridiana sobre algunos conceptos
básicos: educación, pedagogía, enseñanza, didáctica, así como el
conocimiento amplio, riguroso y profundo del saber específico que se
trabaja en el aula o el laboratorio, lo cual exige conocer otros saberes
que se correlacionan o interactuan con el objeto de la actividad docente
particular.
Los procesos de
cualificación y profesionalización, impulsados por los gobiernos y
universidades privadas, buscan dotar al docente de las estructuras
metodológicas necesarias y relevantes del acto y del discurso pedagógico
para que de una vez por todas abandone el oficio de dictador de clases y
se convierta en un constructor de conocimiento y de saberes, mediante el
diario interactuar con sus alumnos. No obstante, la aprehensión y/o
internalización de nuevas estructuras actitudinales, parecen ser un
objetivo difícil de alcanzar, pues no es extraño observar a docentes que
después de haber sido sometidos a los procesos referidos, regresan a su
lugar de trabajo a seguir desempeñando su oficio de dictadores
magistrales.
La posesión de
estructuras actitudinales pertinentes al quehacer pedagógico implican el
ser dueño de un espíritu investigador, motivante del gusto por la
actividad lecto – escritora, la cual dota al docente de herramientas
válidas para el desempeño exitoso de su diario quehacer.
No es otra la
preocupación de pensadores nuestros como Gonzalo Cataño en la “Artesanía
Intelectual”, Romulo Gallego – Badillo en “Saber Pedagógico” y “Discurso
Sobre el Constructivismo”, Fabio Jurado Valencia y Guillermo Bustamante
Samudio en “Los Procesos de la Lectura” y en “Los Procesos de la
Escritura”. Ya en el viejo continente Arthur Schopenhauer había exclamado:
“me es difícil creer en la inteligencia realmente grande de quienes no han
escrito”.
Las anotaciones
precedentes conducen a pensar en la construcción de una hermenéutica que
estructure la formación, desde espacios adecuados, de un docente moderno,
poseedor de estructuras conceptuales, metodológicas y actitudinales, que
lo ubiquen en su realidad espacio temporal, socio económica y política,
para que sea un actor con sentido de pertenencia y compromiso con el
componente social, cuyo desarrollo sea objeto esencial de su quehacer
profesional. Un Docente que forme hombres íntegros, objetivos, críticos,
sinérgicos, coautores del desarrollo de la comunidad en que viven.