ACTITUD Y APTITUD PEDAGÓGICA
Nelson Cottiz
Pereira
Es básico y
elemental que un excelente pedagogo quiera y ame su trabajo. Cuando
ponemos todo nuestro empeño en hacer bien nuestra tarea, estamos
colocando un sólido cimiento en la construcción del saber.
Cumplida la
anterior condición, se requieren de otros importantes atributos, aptitudes
y actitudes que debe tener el maestro, para que su labor sea cada vez más
fecunda. El maestro, en todos los niveles, desde el preescolar hasta el
universitario, debe ser humilde, debe tratar de ser amigo de sus
educandos, debe tener un alto concepto de colaboración y de
responsabilidad. Debe tener una alta dosis de predisposición para el
cambio, para evolucionar y no debe ser inferior, ni tenerle miedo a
afrontar los nuevos paradigmas, aunque éstos se contrapongan con los
esquemas tradicionales que él siempre ha manejado. El buen maestro debe
armonizar y mejorar a diario tanto desde el punto de vista cualitativo
como cuantitativo en sus conocimientos sobre su asignatura, con la puesta
en practica de estrategias didácticas novedosas, dinámicas,
participativas, que inteligentemente induzcan a sus alumnos a ser entes
activos, que opinen, que interpreten, que construyan su conocimiento.
Pero, para que
nuestro sistema educativo mejore, se necesita el bienestar del maestro y
por consiguiente de su familia. Su salario deber ser digno, que le permita
solucionar sus básicas y apremiantes necesidades, para que tenga el
suficiente sosiego y tranquilidad espiritual para derramar en el
estudiante todo su potencial de habilidades pedagógicas.
El maestro debe
buscar su bienestar. Debe ser un vigilante y crítico analítico de las
políticas que el estado desarrolle en educación. Debe proponer soluciones
y plantear nuevas alternativas tendientes a valorar y hacer respetar sus
actividades. Debe incursionar en el engranaje político y administrativo
del estado y actuar como un catalizador positivo que genere propuestas que
le brinden mejores oportunidades socio- económico – culturales, y de
capacitación que le permitan optimizar su trabajo.
El docente debe
reconocer sus falencias, colocarse por encima de los errores y animarle el
más entusiasta y fervoroso deseo de hacer hoy y mañana las cosas mejor que
ayer.