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| Gustavo Nieto Roa Con el cine cumplió sus SUEÑOS Su vida estuvo marcada por las coincidencias, que le permitieron realizar sus películas.
«Cada vez que se hace una película, en Colombia o en cualquier parte del mundo, el riesgo es total, porque no se goza de seguridad sobre la respuesta del público, la recuperación de la inversión y, aún menos, la posibilidad de alcanzar utilidades». Aunque son palabras de Gustavo Nieto, esto no le importó mucho, y de eso dan cuenta sus ocho cintas, filmadas con muchos sacrificios.
Desde su infancia quiso dirigir cine; lo consiguió y aprendió la lección más importante de su vida haciéndolo: «Así como de la nada uno puede crear una película, salvar todos los obstáculos, crear situaciones, resolver los conflictos y lograr ese desenlace que hace que la historia termine bien o mal, así mismo uno puede alcanzar lo que quiera». BOYACENSE Nació en Tunja el 3 de abril de 1942. No tiene muchos recuerdos de infancia, salvo que lo expulsaron en el primer día del kínder por enseñarle a fumar a sus compañeros. Aunque hay otro recuerdo especial: «La primera vez que vi una película tendría 4 años. Mi madre me llevó a una cinta de guerra y no entendía cómo era posible que estuviéramos en esa guerra sin que nos pasara nada. Atónito, la miré a los ojos y le dije: "Mamá, cuando sea grande quiero hacer películas"».
Cuando terminaba la primaria, su familia viajó a vivir a Bogotá. En su nuevo colegio conoció a sus compañeros de sueños: la familia Galán Sarmiento y específicamente los hermanos Gabriel y Luis Carlos: «Este último no tenía más de 10 años y así como yo decía que cuando grande quería hacer cine, con la misma seriedad él declaraba que quería ser presidente de Colombia...» Con los Sarmiento nunca faltaba a cine del domingo. Y es que su gusto por el séptimo arte empezó desde que vivía en Tunja; nunca se perdía un matiné y ahorraba el dinero de sus onces para comprar las entradas, así como años después lo haría para ir con Luis Carlos y Gabriel.
En el bachillerato también se escapaba a ver cine, pero perdió cuarto grado y como castigo lo enviaron a Tunja a estudiar en un internado. Sin embargo, convenció al rector para realizar un programa en la radio, donde él sería el locutor: «No había niña bonita que no quisiera ser mi amiga. Una de ellas me esperaba en el balcón de su casa y, al pasar, me lanzaba besos y piropos; sensaciones que quedaron grabadas y que alimentaron escenas de películas como Aura o las violetas y Amor ciego». VISA USA A su regreso a Bogotá, le dejó su puesto en la radio a Yamid Amat y trabajó como locutor y actor de radionovelas en Radio Sutatenza. Allí conoció al padre Albert J. Nevis, sacerdote católico y editor de una revista en Nueva York, quien le ofreció trabajo y se lo llevó dos semanas después a esa ciudad. Él le consiguió casa y un cupo en la universidad y Gustavo trabajó en el laboratorio de fotografía de su revista y fue corresponsal para Colombia de otras publicaciones.
Por ese entonces encontró el amor en la alemana Gisela Schmidt, y como ella retornaba a su país, ingresó a la armada estadounidense y fue enviado a Munich como experto en comunicaciones. Al terminar el servicio militar, lo condecoraron con la medalla al mérito por servicios excepcionales prestados al ejército americano.
Al regresar a Estados Unidos, fue corresponsal de la revista del padre Nevis y viajó por Centroamérica. Luego, gracias a una beca, estudió producción de televisión en Tallahassie y un año después se convirtió en productor y director de ese medio en las Naciones Unidas y más tarde en director de cine para la misma organización. En 1972, tenía 30 años, vivía en Nueva York y percibía un sueldo envidiable y estatus de diplomático. Además llevaba cuatro años de matrimonio con Francisca Fong Wue, quien también trabajaba en la ONU, y tenía a Francoise, su primera hija. Pero renunció a todo por regresar a Colombia como director de fotografía en un proyecto de Francisco Norden. Volvió al país decidido a hacer cine. Así comenzó su primera película, pero seis semanas después estaba en crisis porque se le acabó el presupuesto y porque los actores estaban enfrentados. El rodaje se detuvo y él se deprimió, pues por primera vez sentía lo que era no tener dinero para seguir. La solución vino de su hermano Luis Guillermo, quien era superintendente de Industria y Comercio; él se inventó la ley del sobreprecio, que consistía en obligar a las salas de cine a exhibir cortometrajes colombianos junto con las películas extranjeras y cobrar un dinero extra por eso. El recaudo se usaba para pagar al productor del corto, al dueño de la sala y al distribuidor de la película. Así, su filme se convirtió en cortometraje y pudo exhibirse. EL CINE
Con el dinero recaudado trabajó en su primer largometraje: Aura o las violetas, el cual filmó gracias a un préstamo que pidió a su familia por 150 mil dólares. Luego empezó Esposos en vacaciones, que contó con más apoyo y fue un éxito. Después rodó Colombia Connection, que no fue tan fácil de producir porque los inversionistas se retiraron cuando ya tenía todo listo. En medio del rodaje, se asoció con Fernando Sanclemente y Eduardo Ruiz y crearon la productora Centauro Films. La película se estrenó en 1976 en Nueva York y como anécdota cuenta que ese día la revista Time salió al mercado con el titular Colombia Connection y este se convirtió en la mejor publicidad para la cinta. El ciclo de comedias concluyó con El taxista millonario.
Para el siguiente filme prefirió el drama y el erotismo. Se llamó Amor ciego y contó con la actuación de Patty Kotero, quien se operó el cuerpo para poder protagonizar. Cuando se estrenó en Nueva York, el famoso cantante Prince conoció a Patty y tiempo después le cambió el nombre por el de Apolonia, la hizo protagonizar una película y le puso??? su propio sello discográfico. Gustavo trabajó en dos proyectos simultáneos: El inmigrante latino y Tiempo para amar. La primera la dirigió él y la segunda se la encargó a Manuel José Álvarez. El inmigrante latino la filmó en Nueva York sin tener un peso, pues todo lo pagó con una tarjeta American Express que tenía desde que era funcionario de la ONU.
Luego, mientras gozaba de los afortunados estrenos de sus dos películas, él se concentraba en Caín, su nueva película. Pero cuando buscaba financiación, se disolvió su sociedad en Centauro Films y él se quedó con el nombre y los derechos de las cintas, así como con las deudas de la empresa. Sin embargo, logró filmarla y estrenarla en 1984. Por esa época aceptó una propuesta de la ONU para ir a África y Asia y dirigir varios documentales. A su regreso fundó Magnum Video y más tarde la editorial Prosperar. Sin embargo, y para cumplirle una promesa a Claudia de Colombia, volvió a hacer otra película: Una mujer con suerte. Desde entonces ha trabajado en sus empresas alternas y ahora en la representación de artistasv CURRICULUM
Documentales: Los problemas de Segundo, Amanecer en Guinea Ecuatorial, Un día como cualquiera, Otavalo tierra mía, Mariana, y otros 53 trabajos. Telenovelas: Los recién llegados. Largometrajes: Esposos en vacaciones, Colombia Connection, El taxista millonario, Amor ciego, Tiempo para amar, El inmigrante latino, Caín y Una mujer con suerte. |
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