
«Yo no soy
libertina y no estoy
dispuesta a salir con nadie para
volverme famosa». |
«Para
mí, primero está
la
DIGNIDAD como PERSONA» |
Un aplauso
espontáneo del público anuncia la salida de Paula
Andrea Betancur, y ella, feliz y segura, responde con una
sonrisa mientras camina imponente al frente. «Está
más bella que cuando era reina», es el comentario
general. «¿Cómo
hará para mantenerse tan bella?», pregunta una
señora. «Seguramente se practica la lipoescultura»,
responde otra. «No, es pura suerte», agrega una
tercera.
Y es que no hay mujer que
no quiera saber cómo hace Paula para conservarse tan
bella.
«Llevo una vida sana:
no fumo, no trasnocho, no me excedo con la comida y
además mi cuerpo es agradecido. Cuando estoy en
embarazo, mi peso no aumenta más de ocho kilos, es lo
que me pesa la barriguita. Y luego de tener al bebé,
vuelvo al peso normal muy fácilmente. Eso es
constitución. Mi mamá aumentaba hasta 18 kilos y ahora
está flaca, sin estrías ni celulitis».
¿Cómo
es un embarazo suyo?
Los tres embarazos han sido exactamente iguales: muy
tranquilos, sin antojos ni ansiedades, como alimentos
nutritivos y muy normales. No hago dietas ni ejercicios;
no me obsesiono con eso, ni me fajo. Juan Carlos y yo
somos muy caseros. Nuestra vida consiste en estar con los
niños, cuidarlos, jugar con ellos. Nosotros preferimos
estar en familia que salir a fiestas. Llevo la vida que
siempre soñé: con una familia numerosa y ya tenemos los
dos niños y la niña: Mateo, Salomé y Simón.
¿Se le
mediría al cuarto?
Sí, y se lo he
pedido a Juan Carlos, pero él ya se operó. Así que me
quedé con las ganas de Sarita. ¡Ni sueñes, me dice
él!
¿Cuál
es su mejor cualidad como mamá?
El amor, siempre
quiero estar con mis hijos. Ellos siempre quieren estar
con papá y mamá y me preocupo todos los días porque
sean felices. Mira, me preocupo por el estudio, participo
en las asociaciones de padres de familia porque quiero
saber todo sobre ellos, les ayudo con las tareas, me
siento con ellos a colorear.
¿De
dónde sacó el gusto por los niños?
Por parte de mi
papá tenía diez tíos, pero mi mamá era hija única y
fui la primera nieta, porque el que me sigue nació nueve
años después. Así que fui única en las dos familias.
Siempre soñaba con una familia numerosa, sentía envidia
de las familias grandes. Por eso en Navidad invito a los
vecinos y pasamos rico, porque yo sería feliz si tuviera
6 ó 7 hijos.
Si
Salomé quisiera ser reina, ¿la apoyaría?
2 Los apoyaré en
todas las decisiones que tomen. Es rico que los padres se
solidaricen con uno, porque le da más fortaleza a uno
como hijo.
¿En su
casa la apoyaron con el reinado?
Mi mamá me
apoyaba, mi papá no tanto, y Juan Carlos era el más
alcahueta.
¿Cuánto
hace que se conoce con él?
Nos conocemos
desde hace once años y tenemos una relación fuerte;
tanto, que no la tumba ni un maremoto. Nos tenemos una
confianza inmensa y en nuestra relación hay mucha
espontaneidad. Con él no me siento obligada, ni atada,
ni amarrada. Con él y los niños paso superrico. Por eso
recomiendo ciento por ciento el matrimonio.
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«A
mí me gusta el modelaje, pero cuando me fui
a Europa me di cuenta de que ese mundo no tiene
nada que ver conmigo». |
¿Qué recuerdo tiene de su vida con sus
padres?
No entendí por
qué se separaron, porque en mi niñez los vi muy unidos
y amorosos. Siempre se trataban de gordo y gorda. Eran el
uno para el otro, no eran celosos y parecían novios
porque se iban de luna de miel. Por eso, nosotros somos
muy tranquilos. Tengo una imagen muy bonita de ellos dos.
¿Cómo
era usted en su época de estudiante?
Estudié en La
Enseñanza casi toda la vida. Me quería ir de monja y
las monjitas me adoraban. Yo era muy deportista,
participaba en todos los equipos y estuve en campeonatos
de atletismo, natación y voleibol; pero no era la mejor
estudiante. Me daba pereza escribir y mi mamá llamaba a
las amigas y me hacía los cuadernos.
¿Cuándo
tuvo su primer novio?
No fui noviera.
Por el contrario, era muy casera y mi papá era muy
celoso. Figúrate que no me dejaba ir a los conciertos de
Menudo y mis tías, que eran jóvenes, lo llamaban e
intercedían por mí. A veces me arreglaban a escondidas
y conseguían el permiso quince segundos antes de salir.
¿Era
fanática de Menudo?
¡Claro! Me sabía
los pasos y todas las canciones y cuando mi papá no me
dejó ir al concierto, casi me dio un trauma.
¿Y
cuál fue su primer novio?
Se llamaba Daniel,
yo tenía 14 años y era tan recatada que cuando él me
cogía la mano, yo pensaba: «Éste tan atrevido».
En esa época pensé que me iba a quedar solterona. Luego
salí con un señor mayor, pero era algo tan formal que
sólo se trató de ir a comer. Realmente no fue un amor.
Después, a mis 15 ó 16 años, llegó Juan Carlos, que
realmente fue mi primer novio y mi primero y único amor.
Aun así era tan tímida que ni me dejaba coger la mano.
Él dice que yo le di mucha guerra.
¿Cómo
fue su fiesta de 15?
No soy muy amiga
de las fiestas y como me pusieron a escoger, preferí un
viaje a Miami y Orlando en un crucero. Y no me
arrepiento, la pasé delicioso.
Si era
tan encerrada, ¿cómo fue que se volvió reina?
Ni siquiera tenía
personalidad para ser reina. Lo que pasó fue que al
diseñador Jaime Arango se le metió que yo tenía que
ser reina, y yo ni siquiera me ponía vestido de baño,
no me sentía bonita y andaba en bluejeans,
camiseta y tenis. Yo pensaba que él estaba loco, pero
nos hicimos amigos y le tomé cariño, y como me
insistió tanto, le dije que sí, pensando en el fondo
que no me metería en eso. Un día fue por mí para
presentarme ante el Comité de Antioquia, pero en eso se
manejan muchos intereses y a él le llegó el run run de
que ya tenían a la que sería reina. Entonces, él me
dijo que esperara hasta el próximo año. Para zafarme
del compromiso, le dije que si no era ese año ya no
participaría. Para sorpresa mía, me llamó luego para
contarme que tenía un tío que era alcalde de Leticia y
ya tenía listo el decreto para nombrarme candidata por
ese departamento. En ese entonces no exigían que uno
fuera nativo del lugar.
¿Y
cómo fue el proceso?
En un principio me
daba pena ponerme el vestido de baño y él me puso la
tarea de caminar con tacones y vestido de baño en el
corredor de mi casa mientras imaginaba que estaba entre
gente. Luego en el reinado, como era la primera, me
sentí rico porque me arriesgué a quitarme el pareo, y
yo oía cuando comentaban: «¡Miren qué cuerpo!»,
pero yo no me sentía reina para nada; cuando los
periodistas me preguntaban, no veía la hora de que se
acabara todo. Figúrate que hasta estuve a punto de no
participar porque llegué a Cartagena con cálculos en
los riñones. Le dije a Jaime que no era capaz, y él me
puso a tomar cerveza. Así que pasé el reinado a media
caña, yo que no bebo, pero así expulsé los cálculos.
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«Era
tan tímida que ni me dejaba coger la mano». |
¿Cómo se portó el público?
Llegué sola a
Cartagena, sin comitiva, mientras que la candidata de
Antioquia se fue con todo el mundo. Pero el pueblo me
apoyaba cada vez que salía, y aunque me sentía
tranquila, ni por esas me creía reina. El día de la
coronación empaqué todo con la esperanza de irme
tranquila al otro día para mi casa. Me parecía rico que
se acabara todo lo del reinado y mi compromiso con Jaime.
Esa noche se colaron las preguntas y todas se las
aprendieron y ensayaron las respuestas, pero yo no quise
ni saber de qué se trataba. Recuerdo que me preguntaron
«Qué degollaría» y yo dije que el narcotráfico.
Cuando me nombraron reina, no lo podía creer y me tocó
llegar a desempacar.
¿Repetiría
la experiencia del reinado?
No repetiría la
experiencia de Miss Colombia, pero sí la de Miss
Universo, porque allá los medios no se meten. Jaime
Arango estuvo muy nervioso porque no sabía si podía
quedar entre las diez finalistas. Cuando quedé,
descansó. Así que se sintió feliz cuando quedé de
segunda.
¿Por
qué nunca ha aceptado posar desnuda?
Siempre he tenido
claro lo que quiero y no me ha interesado hacerme famosa
por un desnudo. Afortunadamente conocí a Juan Carlos
antes del reinado y con él tengo todo lo que quiero.
¿Eso
explica por qué ha despreciado las oportunidades de
hacerse una modelo de reconocimiento internacional?
Me gusta el
modelaje, pero cuando me fui a Europa me di cuenta de que
ese mundo, después de los desfiles, no tiene que ver
nada conmigo. No soy libertina y no estoy dispuesta a
salir con nadie para que me den contratos o para volverme
famosa. Mi estilo de vida no son las rumbas. En Estados
Unidos y en Italia están acostumbrados a que las modelos
acepten invitaciones y luego de los desfiles se van de
fiesta. En Italia trabajé todos los días, estaban
supercontentos conmigo, pero el ambiente era muy maluco,
lleno de viciosos, y yo no soy eso. Llamaba todos los
días llorando a Juan Carlos y él trataba de animarme,
pero aunque hacía lo que me gustaba, me preguntaba a
qué costo. Para mí, primero está la dignidad como
persona y por eso le dije al dueño de la agencia «chao».
Ahora hago desfiles o fotos y vuelvo a mi casa, y eso es
lo que quiero.
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