
Me da tristeza es que
no sabemos cómo explicarles a esas personas que tomaron
el riesgo de escribir sus denuncias y que esperaban que
fueran investigadas y denunciadas.
¿Qué
va a pasar con usted?
No lo sé, quiero mucho a
Colombia y vine hace cuatro años para dirigir este
programa. Voy a explorar todas las oportunidades, tengo
una pequeña productora y produzco Extra,
vivo de esto y de ello depende la comida de mis hijos,
así que estoy tocando puertas y si no se da voy a tener
que volver a Nueva York.
¿Cuántas
tutelas tuvieron y cuantas perdieron?
Unas treinta y sólo perdimos
dos. La de José Arley todavía está en discusión
aunque él no ha podido probar nada contrario a lo que
demostramos. Una de las que perdimos fue la de un médico
que manoseaba a sus pacientes y así lo demostramos pero
tuvimos que cortar las imágenes grabadas porque la ley
protege el derecho al buen nombre aunque sea un
delincuente. Se fue a la corte y nos ordenaron no
transmitir. Éramos inmaduros y no apelamos. Hoy en día
creo que ese médico todavía está violando mujeres y no
pudimos decir el nombre, ni la clínica, ni la
dirección. Otro caso que nos da un indicio de la
corrupción del país fue la de la nota de un médico que
ofrecía abortos a mujeres que no estaban embarazadas, la
juez, que era una mujer, nos dijo que no se podía sacar,
apelamos y la sacamos.
¿Y ese
hombre está en la cárcel por practicar abortos, algo
que es ilegal en el país?
Fíjate, ahí hay algo muy raro
porque no le hicieron nada. Después de cuatro años de
hacer este programa me di cuenta de que uno está solo
porque por cada ley que hay en el país, hay otra que es
absurdamente contraria y la contrarresta.
Como
que a la ley de libertad de información se opone la del
derecho a la intimidad y la del derecho al buen nombre.
Exactamente, y muchas más.
¿Cree
que hubo presión de los anunciantes para sacar el
programa del aire?
Hubo presiones de los corruptos,
pero no de los anunciantes. Hasta donde tengo entendido,
la persona que más peleó porque no se sacara el
programa fue el jefe de ventas de Caracol porque era el
programa más fácil de vender, había cola de
anunciantes que querían
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pautar porque el rating
era alto y yo no me metí con ningún anunciante. Pero sí se
metió con los de Rosa Mosqueta
Es que era un producto con muchos
problemas, se comprobó que no lo podían usar mujeres
embarazadas, no sirve para todas las pieles, a algunas
les dañaba la cara porque produce acné y ellos decían
que servían para todo. Ellos compraron el espacio y
luego se fueron debiéndole a Caracol. Además supe que
en Chile el producto se consigue muy barato y aquí se
vendían carísimo.
¿Usted
recibió amenazas de muerte?
No serias, si algunas
esporádicas llamadas y advertencias, pero nada
verdadero. El verdadero asesino no te amenaza, aunque sí
sentía una constante tensión.
¿En
algún momento autocensuró una historia por miedo?
En un par de ocasiones y aunque
los periodistas que estaban amenazados querían que
salieran no quise pues eran tan evidentes las amenazas
contra los reporteros que las paré, porque yo me siento
responsable por su suerte como un papá con sus hijos,
porque ellos a veces se sienten como niños que juega,
además creo que ninguna historia es tan buena para que
valga la pena morir por ella.
¿Si
otra programadora le ofrece hacer el programa, lo haría?
Si, lo haría igual aunque en
este momento yo comprendería que un Canal no quiera
transmitir con denuncias y uno puede hacer una
investigación de salud, de aventuras como la de Lina que
se perdió en la selva y sobrevivió a punta de guayabas.
Una historia es buena por sí misma, o por el trato que
se le de. Yo puedo hacer un programa sin denuncias.
¿Usted
le dijo eso a Caracol?
Si, pero no les interesó y
también le dije que si era por costos yo podía
bajarlos, pero tampoco aceptaron.
¿Cuál
fue la respuesta de la gente ante la salida del programa?
Han llamado, han enviado cartas y
quieren seguir viéndolo, así sea en otro canal.
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