COLOMBIA

 

 

 

La Catedral de Sal de Zipaquirá

 

 

 

Una de los obras de ingeniería más importantes de nuestro país y, al mismo tiempo, uno de los principales atractivos turísticos del Departamento de Cundinamarca, concretamente del municipio de Zipaquirá, 45 kilómetros al norte de Bogotá, lo constituye la Catedral de Sal, patrimonio histórico, cultural y religioso de la nación, obra arquitectónica subterránea cuya profundidad de 160 metros bajo tierra y su capacidad para albergar hasta 3.000 feligreses, hacen que sea considerada la más grande del mundo en su ramo y catalogada como la octava maravilla del planeta.

 

La estructura turística de la catedral se divide en tres secciones principales: El viacrucis, la cúpula, la rampa de descenso y los balcones, y las naves centrales. En el primer tramo del recorrido se encuentra el viacrusis, émulo de las 14 estaciones bíblicas, compuesto por pequeñas capillas talladas en sal, la mayoría de ellas con vacíos a los socavones de la mina. Este viacrucis conduce a la cúpula, de 11 metros de diámetro, luego a la rampa del descenso principal y a los balcones, sección intermedia desde donde se puede observar una inmensa cruz iluminada hacia arriba, de 16 metros de altura, tallada en bajo relieve, la cual domina la Nave Central.

 

El tramo final conduce al centro de la catedral en donde se encuentran, igualmente, las naves del Nacimiento y de la Muerte y Resurrección, el altar mayor, el comulgatorio y, en el fondo,  La creación del hombre, una escultural obra de mármol, elaborada por el artista Carlos Enrique Rodríguez. Así mismo, se pueden observar cuatro inmensas columnas cilíndricas que simbolizan los Cuatro Evangelistas. Todo este complejo arquitectónico religioso, asentado en las entrañas de la tierra, cuenta con planta de energía eléctrica y con vía vehicular por si se presenta una emergencia de evacuación. Posee una óptima infraestructura que permite brindarle al turista la seguridad necesaria durante su recorrido, el cual se realiza por túneles, socavones, galerías o cámaras de explotación de 16 metros de alto por 10 de ancho, y una profundidad que varía entre los 60 y los 120 metros, durante un tiempo aproximado de una hora. Las capillas están labradas en las paredes de la mina, con trazos simples y poderosos, bañados por una luz tenue que acentúa el ambiente de recogimiento. 

 

 

 

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