HISTORIA DEL TAROT
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Un apasionado seguidor de Gebelin, Alliette, se dedicó a la divulgación de las ideas del maestro, para adquirir fama y fortuna. Este era un astuto oportunista de gran inventiva. Colocó en sentido opuesto las letras de su apellido para obtener un nombre menos corriente y como Etteilla se dedicó al estudio de los números de acuerdo al sistema de Pitágoras. Publicó sus descubrimientos en varias obras y como conocía el arte de sugestionar las mentes de sus contemporáneos. Adaptó los antiguos tarots a sus sistemas matemáticos, desarrollo al máximo la cartomancia y trato de conciliar su inventiva con la máxima precisión científica. Este tarot, conocido como las Grandes Etteilla, son cartas emblemáticas basadas en las típicas representaciones del tarot y acompañadas por una serie, numeradas desde el 1, Etteilla questionnant, hasta el 78, Folie. Totalizan, lo mismo que los preexistentes tarots venecianos, el número de 78 piezas. Los dibujos de los palos son bastos, copas, espadas y oros. Las figuras son de cuerpo entero y llevan en la mano los símbolos de los palos. Algunas cartas van acompañadas de los símbolos astrológicos y astronómicos. Cada carta lleva el título en las partes superior e inferior, y el número en el ángulo superior izquierdo. Loa ases están representados mediante una mano con su antebrazo que sostiene el símbolo del palo.
De la misma forma que Gebelin y Etteilla trataron de demostrar científicamente los orígenes egipcios de las cartas del tarot, este señor considera que las cartas del tarot eran un alfabeto sagrado y oculto, que los hebreos atribuyeron a Enoch, primogénito de Caín; los egipcios, a Hermes Trismegisto, el dios Thoth, y los griegos, a Cadmo, el fundador de Tebas. Eliphas Levi fue un filósofo y un estudioso de simbolismo. Su verdadero nombre era Alphonse Louis Constant, y era sacerdote católico. Levi vio en las cartas del tarot una síntesis de la ciencia y la clave para interpretar la Cábala. Observó que, en la Cábala el árbol de la vida tiene veintidós senderos, que unen entre sí los Sephiroth o Números. Sucesivamente combinó los senderos con las veintidós letras del alfabeto hebreo. Por último, afirmó que los veintidós arcanos mayores deberían acoplarse a las letras del alfabeto, alcanzando así la completa simbiosis de las letras, las cartas y senderos.
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