2. LA OBSTETRICIA
Y LA GINECOLOGÍA EN LA PRIMERA
....MITAD DEL SIGLO
Pasada nuestra guerra civil llamada de los Mil Días (1899-1902), se reanudaron todas las actividades no bélicas y regresaron al país los profesionales que habían emigrado. La era de paz y de progreso que siguió a continuación, también dejó sentir su benéfico influjo en el campo dé la medicina, particularmente en el de la cirugía.
Por su gran importancia hemos dedicado atrás amplios espacios a la sinfisiotomía y a la operación cesárea. Afortunadamente hallamos datos ciertos y suficientes como para conceder a esas intervenciones su propio lugar. No pasa lo mismo con las demás operaciones de tipo obstétrico; la gran mayoría, por no decir que todas las que faltan, se ejecutaron sin dejar rastros. Las versiones, las embriotomías, las aplicaciones de fórceps, tuvieron que practicarse en el siglo pasado en nuestro país, particularmente en la segunda mitad, que es cuando aparecen los primeros médicos dedicados con cierta preferencia a la atención de los partos. Infortunadamente no se llevó a cabo el registro de sus intervenciones, que en su momento fueron verdaderas proezas. En efecto, algunos de los que elaboraron las primeras tesis de grado sobre temas ginecobstétricos -y que nos han servido como fuentes de referencia- se quejaban de la falta de documentos confiables que les permitieran informarse si determinada intervención ya había sido practicada en Colombia. Varias veces el relato de una operación fue recogido por algún curioso que lo escuchó de boca de su autor, muchos años después de ejecutada. Por lo expuesto anteriormente, apenas mencionaremos unos pocos hechos relativos a las intervenciones obstétricas, dejando a un lado el aspecto de las primacías.
Como demostración de que el tipo de ejercicio obstétrico y el nivel científico de esta disciplina eran, a principios del siglo XX, muy similares a los existentes al promediar el siglo anterior, vamos a citar algunos ejemplos.
En la relación que en 1859 hizo Próspero Pereira Gamba33 de la obra científica del doctor Antonio Vargas Reyes, como también en las Observaciones médico-quirurgicas que publicaron en 1860 algunos de sus discípulos en homenaje al eminente médico de Charalá34, se menciona que practicó numerosas intervenciones obstétricas, entre ellas una operación cesárea, sin suministrar ningún otro dato que sirviera para sustentar la sugestiva mención; por eso no la tuvimos en cuenta en el capitulo correspondiente. Recogemos, en cambio, una "cefalotomia y destroncación" que practicó en 1855 en asocio del doctor Jorge Vargas en un caso de situación transversa abandonada, con exteriorización del brazo del feto desde hacía cinco días. Como hecho sorprendente, no hubo ruptura uterina, se registra también un caso de extracción podálica en una paciente que, a los seis meses de embarazo, presentaba accesos convulsivos de tipo eclámptico. Al haber fracasado los procedimientos médicos utilizados para detener las crisis convulsivas, el doctor Antonio Vargas Reyes decidió desencadenar el parto practicando una dilatación digital del cuello uterino seguida de amniotomía y extracción podálica del feto. La eclampsia desapareció y la enferma se recuperó.
José J. Giraldo35 da a conocer dos versiones practicadas en la Maternidad de San Juan de Dios por el doctor Miguel Rueda Acosta. La primera fue hecha el 22 de abril de 1904, en la paciente Rosario Castro. Tratábase de una situación de hombro abandonada, con feto muerto, después de ocho días de trabajo de parto. "Se procedió -dice el relato- a tratar de hacer la versión, previa cloroformización de la enferma, maniobra que, aunque bien dirigida, resultó infructuosa; temía nuestro profesor, con razón, una ruptura uterina. Entonces se intentó con éxito la versión por maniobras combinadas, ayudado por el doctor Gómez Calvo. Primero se extrajo el pie izquierdo, el derecho luego, y tras largas y bien dirigidas maniobras, se completó la versión". El otro caso referido ocurrió el 2 de septiembre de 1905, también por la misma indicación, es decir, un parto distócico manejado por comadronas durante varios días; bajo anestesia con cloroformo se hizo versión interna y extracción podálica, comprobándose enseguida ruptura uterina, se hizo laparotomía e histerectomía total. La enferma murió dos días después por peritonitis. En estos dos últimos ejemplos, lo novedoso es el empleo del cloroformo; lo que los asemeja con los primeros es el abandono de las parturientas y los recursos de los obstetras para subsanar la ignorancia de las comadronas. Por eso José J. Giraldo en su tesis de grado, presentada en 1909, insiste en la conveniencia de que los partos sean del dominio del médico36.
Como quedó registrado en el capítulo correspondiente, la primera cesárea practicada en Bogotá estuvo a cargo del profesor Miguel Rueda Acosta en 1905, en el Hospital San Juan de Dios. A este distinguido médico debe mucho el progreso de la obstetricia en nuestro país. Por eso es justo recoger algunos datos biográficos suyos.
Miguel Rueda Acosta nació el 13 de agosto de 1859 en la casa de la hacienda "La granja" situada en Sutatenza (Boyacá), en el hogar formado por Manuel Rueda y Mercedes Acosta. Sus primeros estudios los inició en el Colegio Boyacá y luego en el Colegio de San Bartolomé, en Bogotá. La carrera de medicina la cursó en la Universidad Nacional, donde se graduó en 1888 con una tesis sobre enfermedades de la piel. Tenía que ser así pues antes de recibirse fue médico jefe del hospital de "Los Alisos", nosocomio destinado a pacientes con enfermedades eruptivas. Ejerció durante dos años en el Departamento de Boyacá y viajó después a Europa, refrendando su título en París. Se le concedió el privilegio de poder ejercer en Francia, al igual que a otro compatriota, el doctor Juan Evangelista Manrique, pues en aquel entonces no era permitido que los médicos extranjeros ejercieran la profesión en Francia; sólo podían hacerlo en las colonias francesas.
De regreso a Colombia se radicó en Bogotá. Fue uno de los organizadores del Servicio de Maternidad del Hospital San Juan de Dios donde se desempeñó como profesor activo durante ventiséis años, ocupando primero la cátedra de Obstetricia y luego la de la Clínica Obstétrica. Fue, además, secretario y presidente de la Academia Nacional de Medicina. El doctor Rueda Acosta fue el introductor entre nosotros de la pituitrina (1910), del suero antiestreptocóccico como tratamiento de la fiebre puerperal e impuso el uso de los guantes para la atención de los partos. En la Revista Médica, editada en Bogotá, escribió varios artículos en favor de la especialización y se constituyó en apasionado defensor de dicha modalidad de ejercicio en el campo de la obstetricia. El 20 de noviembre de 1930 murió en Bogotá. El profesor Nicolás Buendía fue el encargado del elogio póstumo37. Veamos algunos apartes de su discurso:
"Fue la vida del doctor Rueda Acosta una vida plena en su más noble acepción, tan plena que pudo realizar el ideal, caro a los hombres superiores, de caer laborando sobre el surco (...). Maestro admirablemente dotado fue el profesor Rueda. Con su verbo preciso y convincente, inoculaba en la mente de sus discípulos con nítidos relieves los misteriosos postulados del principio de la vida y de la incubación maravillosa del ser humano, que estudia la gran ciencia de la obstetricia, a la que dedicó con singular empeño y brillo su inagotable actividad profesional. Espíritu creador poseído del fuego sagrado de la investigación, no se limitó a la asimilación y exposición ordenada de los hechos conocidos sino que penetró con paso seguro en el campo de los delicados problemas de la cirugía obstétrica. Sus magníficos trabajos sobre la operación cesárea segmentaria lo llevaron a inventar un ingeniosísimo dispositorio para la extracción de la criatura en esta delicada operación que practicó por primera vez en nuestra maternidad y repitió centenares de veces con admirable maestría y éxito (...). En altas horas de la noche todos los bogotanos pudimos ver la silueta menuda y erguida del doctor Rueda recorriendo nuestras desiertas calles para acudir a la llamada angustiosa de una mujer en trance de ser madre, y cuántas auroras lo sorprendieron en el hospital prestando los cuidados de su ciencia a una de sus desvalidas pacientes".
Una nota al margen: no nos fue posible conocer el "ingenioso dispositorio para la extracción de la criatura", citado por el doctor Buendía.
En 1933, con ocasión del tercer aniversario de su muerte, la Junta General de la Beneficencia de Cundinamarca le rindió homenaje dando su nombre a un quirófano del Servicio de Maternidad y colocando una placa de mármol y su retrato, "para que presida -decía la resolución pertinente- con su noble y austera figura la marcha de los Servicios de Maternidad, y para recordar a los que allí entren, el ejemplo que él dio de caballerosidad, gentileza, justicia y amor por la investigación científica y la práctica de la más pura moral profesional".
La responsabilidad de la organización y funcionamiento asistencial y docente del Servicio de Maternidad del Hospital San Juan de Dios en Bogotá -único que existía en el país con esas características la compartió el doctor Rueda Acosta con el también profesor Nicolás Buendía Herrera. Nació este el 31 de Julio de 1868 en Bogotá y murió el 23 de noviembre de 1943 en la misma ciudad. Fueron sus padres el profesor José María Buendía Duran, de quien ya nos ocupamos en otro lugar, y doña María Francisca Herrera Restrepo. Se graduó en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional el 23 de junio de 1893 con la tesis titulada '"Las monomanías impulsivas" 38 viajó luego a Europa donde se hizo miembro del Colegio Real de Médicos de Londres. Regresó al país ya finalizando el siglo y participó en la fundación de la Sociedad de Cirugía de Bogotá, de la cual fue más tarde su presidente, y de la Cruz Roja Nacional. En 1904 fue nombrado profesor de Obstetricia de la Universidad Nacional, cátedra que regentó hasta 1923, cuando se le nombró profesor de Clínica Obstétrica, retirándose de la docencia en 1934 por motivos de salud. En 1938 la Facultad de Medicina lo nombró Profesor Honorario y en 1942 el gobierno nacional, por manos del propio presidente de la república, le otorgó la Cruz de Boyacá. Vale la pena resaltar -como lo hace Laurentino Muñoz- que este fue un testimonio de sencillez democrática, pues el presidente Eduardo Santos se trasladó a la casa del profesor Buendía, que se hallaba reducido a cama, para colocarle personalmente la condecoración39.
El doctor Jaime Botero Uribe nos ha suministrado valiosa información acerca del transcurrir obstétrico en Medellín. Gracias a él sabemos que el doctor Nepomuceno Jiménez regentó la cátedra de Obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquía entre 1912 y 1934. Nacido en Medellín en 1873 se recibió de médico en 1895; sus estudios de posgrado los realizó en Francia, Austria e Inglaterra. Falleció en 1934.
Otro brillante profesor de obstetricia fue el doctor Alberto Bernal Nicholls, graduado en Medellín en 1924. viajó a París donde trabajó al lado del profesor Marcel Metzger en el Hospital Bretonneau, y junto al profesor Faure en el Hospital Broca. Metzger era obstetra y Faure ginecólogo. De ahí que podamos asumir que Bernal Nicholls era un especialista integrado. A él se debe el funcionamiento de la primera consulta prenatal en Medellín, en la Cruz Roja, en 1931, ya que en el Hospital San Vicente de Paúl se abre esa consulta en 1936. También fue iniciativa de Bernal Nicholls la atención institucional del parto. Para estas calendas la práctica obstétrica era muy conservadora y se le tenía miedo a la operación cesárea, tanto que eran los cirujanos y no los obstetras los que la practicaban. Representante de esta escuela conservadora de corte francés fue el profesor Luis E. Abad, quien ocupó la cátedra de 1936 a 1944. Lo sucede el doctor Benicio Gaviria, quien le imprimió un rumbo nuevo a la obstetricia. A su retiro en 1967 con el titulo de Profesor Honorario, las dos disciplinas, obstetricia y ginecología, se habían integrado.
En 1904 ocurre un acontecimiento importante: en un acto de soberanía, la ginecología se independiza de la cirugía en la Universidad del Estado -la Nacional- en los aspectos académicos y administrativos. Fue, precisamente, un extraordinario cirujano quien propició dicha separación, tan provechosa para el progreso de la disciplina. De ahí que el nombre de Rafael Ucrós Durán ocupe por derecho propio un sitio prominente en la historia de la especialidad.
Rafael Ucrós nació el 26 de mayo de 1874 en la casa solariega de la hacienda "La Angostura", en el Departamento del Huila, vástago de José Eugenio Ucrós y Matilde Durán. Se graduó de médico en la Universidad Nacional el 21 de agosto de 1897 y viajó enseguida a Europa. Las facultades de medicina de Londres y París lo acogieron, siendo en esta última donde encontró a quien iba a constituirse en el paradigma de su vida: Jean Louis Faure.
Sabido es cuán dominante y prolongada fue la influencia de la escuela francesa en el desenvolvimiento de las disciplinas hipocráticas y en la formación de sus cultores. Todo médico, de cualquier país del orbe, que aspirara a sobrepasar el nivel común de sus colegas, imprescindible era que estuviese algún tiempo en contacto con los legendarios maestros que contribuyeron, a lo largo del siglo XIX y gran parte del actual, a hacer de París la "Ciudad Luz", la misma que describiera Emilia Pardo Bazán como el "alambique donde se destila la quinta esencia del pensamiento moderno " 40.
Precisamente, por esa influencia la obstetricia y la ginecología se mantuvieron mucho tiempo divorciadas. La ginecología en los años finiseculares del XIX y principios del XX, era puramente orgánica y localicista y, por lo tanto, del dominio de la técnica operatoria. De ahí que todo se redujera a la extirpación del órgano enfermo, y que los grandes cirujanos fueran a la vez los grandes ginecólogos, o mejor, los eminentes cirujanos fueran extraordinarios operadores de ginecología, sin ser propiamente ginecólogos: Forgue, Marion, Mondor, Leríche, Faure.
En el Hospital Brocá, de París, Rafael Ucrós Durán fue discípulo de uno de esos símbolos: Jean Louis Faure. Tanta fue la influencia de éste sobre aquél que Edmundo Rico llegó a afirmar que "Ucrós fue siempre -porque nunca dejó de serlo- el Faure colombiano. Para quienes conocimos y vimos en París operar a Jean Faure -continua sosteniendo el profesor Rico- no cabe duda de que la semejanza técnica y el desparpajo manual entre los dos ginecólogos eran desconcertantes; había en ellos la misma alma de cirujanos, idéntica pulcritud, igual estrategia operatoria y algo más: la conciencia quirúrgica".
Una vez reincorporado al país en 1902, Ucrós fue designado profesor de Clínica Quirúrgica. Para entonces, y según rezaba el reglamento vigente desde 1891, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional la Ginecología figuraba como una asignatura independiente pero en la práctica estaba adscrita a la Clínica de Patología Externa y Quirúrgica y "para los efectos de matrícula y de los exámenes -decía el paragrafo del Artículo 63- formarán un solo curso la Ginecología y la Clínica Obstetrical é Infantil"41, Dando cauce a su inclinación y preferencia por la cirugía del tracto genital de la mujer, Ucrós solicitó y obtuvo autorización para fundar en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá el Servicio de Clínica Ginecológica en 1903. Este hecho, por sí, se constituyó en algo saludable para el cumplimiento adecuado de los programas académicos y para tecnificar el funcionamiento del hospital. Fue allí, en el Servicio de Ginecología, donde se establecieron por primera vez normas severas de asepsia y antisepsia quirúrgicas y se creó un sistema de registro y estadística.
"La era aséptica de la cirugía -recordaba en alguna ocasión el mismo Ucrós Durán42 tardó algunos años en venir. Terminaba sus estudios en los principales centros europeos, a fines de nuestra desgraciada última guerra civil, toda una brillante generación de jóvenes médicos. Empapados en las teorías microbiológicas del Instituto Pasteur de París, en las sabias lecciones de Roux y Metchinicoif, de Nocard y Laveran, y asistiendo diariamente a las Clínicas de los más notables cirujanos, como 'Tuffier, Pozzi, Doyen, Tuifier, Richelot, Hartmann, Quénu y tantos otros, era natural que en sus cerebros germinara poderosa la idea de implantar en su país esta brillante rama del arte de curar. Así sucedió en el año de 1900 y los siguientes". De esa generación que menciona el profesor Ucrós, él y su consanguíneo Zoilo Cuéllar Durán, fundador de la Clínica Urológica, fueron quienes, desde sus respectivas cátedras, difundieron la teoría y la práctica de los principios de asepsia.
Pero penetremos en los viejos claustros de Santa Inés para echar una ojeada a las instalaciones quirúrgicas del Hospital San Juan de Dios y darnos cuenta de cómo funcionaban. En la primera década de este siglo se contaba con tres salas de operaciones: una en el pabellón de Clínica Externa de Hombres, otra en el de Clínica Externa de Mujeres y la tercera en el Servicio de Ginecología. La de hombres era la más moderna; disponía de sector para el instrumental y para las conferencias de los cirujanos, de área para el lavado y desinfección de las manos, y de la cirugía propiamente dicha, que por tener una galería semicircular destinada a los estudiantes, se le designaba "anfiteatro". Por su parte, a las salas de cirugía de la Clínica Externa de Mujeres y de Ginecología, no se les podía dar exactamente el nombre de anfiteatros pues eran pequeñas piezas adaptadas al servicio quirúrgico, situadas, una y otra, al pie de sus correspondientes enfermerías. El cirujano y sus ayudantes, despojados de sus sacos, entraban en mangas de camisa a la sala de operaciones; luego se lavaban y desinfectaban las manos y se cubrían con una blusa esterilizada al autoclave. El gorro y los tapabocas aún no se estilaban en el hospital; los guantes de caucho comenzaban a usarse, pero había discusión acerca de si debían emplearse en las intervenciones y curaciones sépticas, o sí, por el contrario, debían utilizarse exclusivamente para las operaciones asépticas. El procedimiento establecido para conseguir la esterilización del agua de uso quirúrgico era la ebullición. Oigamos a Joaquín Leal cómo describe en su tesis de grado lo que sucedía en el Hospital San Juan de Dios43: "Casi en el centro del hospital existe la cocina, cuya hornilla colocada en la parte media del salón, tiene una multitud de calderos de cobre, de gran capacidad, destinados a la preparación de los alimentos para los enfermos. Uno de aquellos calderos contiene permanentemente una buena cantidad de agua que, para decir verdad, ignoro si siempre entra en ebullición. De los servicios de Clínica Quirúrgica, Ginecología, etc., van los enfermos o asistentes a llevar aquella agua semiaséptica en baldes o vasijas esmaltadas que no han sufrido previo flambaje, y que las personas encargadas de los oficios culinarios sacan de dicho caldero con una cubeta que no ha sufrido esterilización".
Es de suponer, por este relato de Joaquín Leal, cuán frecuente sería la infección posquirúrgica. Sin embargo, en el Servicio de Ginecología no lo era tanto pues el profesor Ucrós, con plausible celo, trataba de eliminar toda probable causa de infección. Muestra de ello es lo declarado por Rafael María Grazt en 1908: "Durante nuestro internado, nuestro presidente de tesis, profesor Rafael Ucrós, hacía que las aguas se esterilizaran debidamente en vasijas destinadas únicamente para ese objeto. Aprendimos allí a usar compresas secas, tales como se extraían de autoclave, para evitar nuevas causas de error, humedeciéndolas"44.
El otro aspecto sobresaliente de la labor adelantada por Ucrós Durán en el Servicio de Ginecología fue, como mencionamos antes, la creación de un archivo estadístico. Cuando en la sesión del 20 de agosto de 1909 presentó a consideración de la Academia Nacional de Medicina un informe de las actividades de la Clínica a su cargo, se puso de presente, fuera de las dotes de organizador que tenía, la importancia de los registros médicos. El caso aislado, que hasta entonces era el único material de publicación verbal o escrita, comenzó a ser relegado para dar paso a la suma de casos, de mucho más valor científico.
En 1910 el profesor Ucrós fue nombrado Secretario de Gobierno del Departamento de Cundinamarca y tres años después Gobernador. Desde esta posición, pensando siempre en ese "emporio de las miserias humanas, como llamara Edmundo Rico al Hospital San Juan de Dios, inició las gestiones necesarias para adquirir los terrenos de los molinos de "La Hortúa"; en 1914 se comenzó a construir en aquellos el nuevo nosocomio. En 1926, en su condición de Director del Hospital San Juan de Dios cargo que desempeñó durante veintidós años y gracias a su indeclinable tesón y entusiasmo, emprendió el traslado a los nuevos pabellones, adquirió la dotación y organizó su funcionamiento. En 1946, la Junta de Beneficencia, de la cual formó parte en varias ocasiones, reconoció su ímproba labor condecorándolo con la Gran Cruz de la Beneficencia de Cundinamarca.
El doctor Ucrós se vinculó en 1902 a la Facultad de Medicina como docente de Clínica Quirúrgica y regentó luego la cátedra de Ginecología por cerca de siete lustros. Miembro del Consejo Directivo de la Facultad en repetidos períodos, llevó la iniciativa de establecer los concursos para externos, internos y jefes de clínica. En 1939 la Universidad Nacional lo distinguió con el título de Profesor Honorario.
Retirado de la cátedra en la Universidad Nacional, continuó su actividad docente como jefe de los servicios quirúrgicos del Hospital San José (1945) y luego como director de la Escuela de Posgraduados y Perfeccionamiento Quirúrgico del mismo hospital (1946). Durante dos períodos consecutivos, los comprendidos entre 1934y 1938, ocupó, con eficaz brillantez, la presidencia de la Academia Nacional de Medicina. Al año siguiente, el gobierno nacional lo condecoró con la Cruz de Boyacá, en la categoría de Caballero. En 1946, por iniciativa de un su discípulo agradecido, el doctor Daniel Brigard Herrera, fue colocado en uno de los muros de la sala de ginecología del Hospital San Juan de Dios un medallón con la efigie del maestro. Este testimonio de gratitud fue trasladado posteriormente al Instituto Materno Infantil. A los 73 años, el 21 de marzo de 1947, falleció en Bogotá el profesor Ucrós Durán. "Con su muerte -dijo Edmundo Rico en discurso póstumo- enlutáronse por igual la cirugía y la deontología patrias".
En Cartagena, a instancias del doctor Teofrasto A. Tatis, se le dio espacio propio a la ginecología con la creación del Servicio respectivo en el Hospital Universitario de Santa Clara, el 20 de julio de 1907. El doctor Tatis no solo se distinguió en el ejercicio obstétrico sino que además tuvo fama como cirujano ginecológico. Fue profesor de la cátedra, que regentó hasta 1930 cuando fue remplazado por Napoleón Franco Pareja, médico egresado de la Universidad Nacional, sobresaliente como cirujano general. Fue fundador y director de la "Casa del Niño", hospital infantil que hoy lleva su nombre.
Como veremos más adelante, en Medellín la ginecología se independizó de la cirugía en 1928; encargándose de su dirección al gran cirujano Gil J. Gil.
Con la introducción del cloroformo y del éter como agentes anestésicos y de la antisepsia por el método de Lister, la cirugía, iniciado el siglo XX, adquiere una gran preponderancia. En las ciudades importantes la ejecutan cirujanos de formación de escuela, adiestrados en Europa o en las universidades Nacional, en Bogotá, y de Antioquía, en Medellín; en la provincia la llevan a cabo los médicos generales, cuando no les resta otra alternativa. Los audacias quirúrgicas de éstos no quedaron registradas en ninguna parte; las de aquéllos, ocasionalmente fueron dadas a conocer a través de las escasas publicaciones científicas de la época. Por eso, querer hacer un seguimiento cronológico y geográfico de las distintas intervenciones ginecológicas y de sus autores, es una aspiración vana. Bogotá, Medellín y Cartagena son las tres ciudades que, por tener cada una facultad de medicina, hospital universitario y academia de medicina desde finales del siglo XIX las dos primeras, se prestan para recoger datos históricos. Esta precisión es válida, pues no faltará lector
que manifieste extrañeza al percatarse de que la mayor parte de los datos que se registran en esta historia de la ginecobstetricia ortosecular tiene que ver con las tres urbes citadas. Atenúan los vacíos advertidos las noticias que se dieron a conocer en enero de 1913, cuando tuvo lugar en Medellín el 2° Congreso Médico Nacional. Fue éste un certamen que sirvió para dar a conocer el progreso que había alcanzado la cirugía en Colombia, pues se presentaron informes de la labor que en ese campo habían adelantado nuestros médicos en algunos departamentos del país. Nos hemos servido de esas comunicaciones para extractar lo pertinente a la ginecología, es decir, a la cirugía ginecológica.
| 33.Trabajos
científicos del eminente médico granadino Dr. Antonio Vargas Reyes. Imprenta de la Nación, 1859. 34. Uribe, Francisco; Sánchez,
Bernardo; Fajardo, José y 35."Necesidad de la
asistencia médica en los partos". Tesis 36. Ibid. 37. "Miguel Rueda
Acosta". Discurso póstumo. Rev. Med. 38. Universidad Nacional, Imprenta La Luz, Bogotá, 1893. |
39.
Historia
del Hospital de San José 1902-1956, Imprenta del Banco de la República, Bogotá, p. 16, 1958. 40. Al pie de la Torre Eiffel. La España Editorial, p.2, s.f. 41. Reglamento para
la Facultad de Medicina 42. "Historia de la
medicina nacional". Rev. Méd. de 43."Observaciones
sobre asepsia y antisepsia quirúrgicas en 44. "Peritonitis
postoperatorias". Tesis de grado, |