REVISTA DE MENOPAUSIA
V CONGRESO NACIONAL DE LA ASOCIACION
ESPAÑOLA
PARA EL ESTUDIO DE LA MENOPAUSIA
A.CANO, F.BONILLA MUSOLES, M.TORTAJADA, MD.JULIA
SALUD EN LA SEGUNDA MITAD DE LA VIDA DE LA MUJER: FUNCION SEXUAL
Vicente Salvatierra*
Podemos admitir que la segunda mitad de la vida de una mujer de país desarrollado empieza
a los 40 años, edad en la que
suele haber cumplido sus objetivos reproductores, y ha alcanzado una estabilidad
psicosocial en su hogar y en el trabajo. Tiene
ante sí, si su salud es buena, otros 40 años de vida y de actividad: Dentro de la
actividad vital la sexualidad es un elemento no
imprescindible, pero importante. En esa segunda mitad de la vida de la mujer hay un
fenómeno, cuya significación está sujeta a
grandes controversias, pero que es un fenómeno clave. Se trata de la menopausia. Puede
verse como un proceso fisiológico o
como un proceso cuasi-patológico que intensifica el envejecimiento. Desde el punto de
vista de la sexualidad, ¿son el climaterio y la menopausia procesos intrínsecamente
negativos, que agravan la paulatina decadencia de la vejez?
La consideración tradicional de la menopausia como el final de la feminidad y de la
actividad sexual "legítima", al terminar la
capacidad reproductora de la mujer, y por tanto, su "misión esencial en la
vida", está actualmente completamente superada,
admitiéndose que las mujeres de edad madura, después de la menopausia, pueden
perfectamente mantener su interés y su
capacidad sexual, exactamente igual que los hombres de su misma edad cronológica. Esta
nueva actitud no debe llevar a instar
a las menopáusicas a que practiquen el sexo, si no les da la gana, pero justifica la
ayuda médica en aquellos casos en que la
mujer desee practicarlo y se encuentre con algún problema.
Al estudiar los efectos de la menopausia sobre la sexualidad femenina debemos tener en
cuenta dos hechos importantes:
1. La menopausia es un proceso que, aunque relativamente rápido dura años. No es un
hecho puntual, sino un proceso en
varias fases, centrado alrededor de los 50 años, con una dispersión de edad cronológica
relativamente amplia. No es lo mismo
que el proceso ocurra a los 45 que a los 55 años.
2. No es sólo un cambio biológico, sino una transición psicosocial, en la que los
estereotipos socioculturales y las actitudes
personales tienen una influencia mayor que lo puramente biológico.
Desde el punto de vista endocrino-sexual, lo que caracteriza al climaterio durante la
perimenopausia es la desaparición de la
progesterona con predominio relativo de los estrógenos. La progesterona inhibe la
sexualidad, mientras que los estrógenos
favorecen el trofismo de los órganos sexuales, su lubricación, su respuesta
vasocongestiva, y posiblemente, su sensibilidad. En
la postmenopausia los estrógenos disminuyen considerablemente, pero los andrógenos se
mantienen en gran parte. Hoy
sabemos que los andrógenos son, tal vez, mas importantes que los estrógenos para la
sexualidad femenina, al menos en lo quese refiere al deseo y al interés sexual. Los cambios hormonales climatéricos, por tanto,
no tienen una acción unívoca sobre la
sexualidad de la mujer. Por otra parte, los cambios hormonales climatéricos no son
uniformes, iguales en todas las mujeres,
sino que presentan notables variaciones individuales que hacen que los trastornos
funcionales varíen de unas mujeres a otras.
Estudios psicofisiológicos, mediante diversos instrumentos, han hallado un descenso de
sensibilidad, de respuesta
vasocongestiva, y de contractilidad orgásmica, en las mujeres postmenopáusicas, pero
también han demostrado que esos
descensos se compensan subjetivamente en muchas mujeres, sin deterioro del placer y de la
satisfacción sexuales. Hay que
distinguir cuidadosamente entre la respuesta sexual objetiva, que puede estar disminuida
sin que haya insatisfacción importante
(¿quién está completamente satisfecho de lo que hace y cómo se comporta?) - y un
problema sexual.
Figura1. Disfunción sexual en la menopausia

El placer y la satisfacción con el sexo están condicionados por numerosos factores
psicosociales, y ciertamente, por el
compañero sexual, el estado de la relación conyugal, y la calidad de las actividades
sexuales previas. En la menopausia, es
decisiva la actitud de la mujer hacia la misma, su condicionamiento sociocultural y
mediático, su historia anterior, y también,
numerosas circunstancias estresantes que se acumulan hacia los 50 años, después de 20-30
años de vida familiar como la
marcha de los hijos, el estado de los padres, las perspectivas económicas y de trabajo,
etc. Diversos trabajos en población
general demuestran la importancia de la "anticipación que hace la mujer de los
posibles efectos negativos de la menopausia"
(AVIS y al. 1997). El miedo es más importante que la realidad. Este miedo se basa en
cogniciones de origen socio-cultural, y
es mucho mayor en mujeres de bajo nivel educativo. La anticipación neurótica de que la
menopausia conlleva pérdida de
capacidad sexual, tiene mayor efecto patógeno que los cambios hormonales.
Encuestas en poblaciones no seleccionadas, representativas de la población general,
demuestran que la "disfunción sexual" es
frecuente a todas las edades, y se intensifica a partir de los 45-50 años (HAWTON y al.
1994, GARRATT y al. 1995,
HUERTA y al. 1995) . Un estudio muy citado es el de OSBORN y al. (1988) en mujeres de
población general no
seleccionada en Inglaterra. En el mismo se distingue entre los síntomas negativos de
sexualidad, y la apreciación de los mismos
por la pareja como problema. Mediante un cuestionario sencillo, una disfunción operativa
se detectó en el 51% de mujeres de
50-54 años, independientemente de la menopausia, una prevalencia superior a la de mujeres
más jóvenes, y también a la de
mujeres de 55-59 años, que fue del 48%. Cuatro tipos fundamentales de disfunción:
pérdida de interés (29%), anorgasmia
(22%), dispareunia (17%) y sequedad vaginal (26%). Algunas mujeres tenían dos o más
trastornos. Sin embargo, la disfunción
no debe asimilarse a un trastorno clínico-patológico, ya que únicamente el 10% de las
encuestadas consideraron que padecían
un problema sexual. En estos casos problemáticos se asoció con frecuencia neuroticismo,
enfermedad psiquiátrica y/o
disarmonía conyugal.
Figura 2. cuestionario de relaciones sexuales (osborn et al. 1988)
| 1_ ¿ Cuántas veces ha tenido relaciones sexuales en los últimos tres
meses? mas de 1 vez a la semana, cada 2-3 semanas, alguna vez, nunca. |
| 2_ ¿ Cuándo tuvo esas relaciones, en qué proporción las encontró
agradables? siempre, más de la mitad de veces, la mitad de veces, menos de la mitas, nunca |
| 3_ ¿ Llegó a menudo al orgasmo en esas relaciones? siempre, más de la mitad de veces, la mitad de veces, menos de la mitas, nunca |
| 4_¿ Ha tenido dificultades, como dolor, irritación o estrechez, en esas
relaciones? nunaca, algunas veces, con frecuencia, casi siempre siempre |
| 5_¿ Padece de sequedad vaginal? Si No si padece, ¿ Le dificulta la relación sexual? Si No |
| 6_¿Las menstruaciones exesivas y prolongadas, o a desatiempo, le han impedido alguna vez la relación sexual en los últimos tres meses? Si No |
| 7_¿ Ha notado algún cambio en su apetencia sexual en el último año? |
| 8_¿ Tiene su marido, o compañero, alguna dificultad o problema sexual? ¿Cuál? |
| 9_¿ Hay algún conflicto entre su marido y Ud que dificulte las relaciones sexuales? ¿Cuál? |
| 10_¿ Está ud satisfecha, en general, con sus relaciones sexuales? muy satisfecha, bastante satisfecha, sin problema, poco satisfecha, muy insatisfecha |
| 11_¿ Considera ud que tiene problemas sexuales? Si No |
| 12_¿ si hubiera alguna para tales problemas, le gustaría utilizarla? Si No |
Figura 3. índice de atrofia vulvovaginal de LEIBLUM y al. (1983).
| 1 | 2 | 3 | |
| Elasticidad y turgencia de la piel | escasa | mediana | buena |
| Vello pubiano | ralo | normal | |
| Labios mayores | atróficos | llenos | |
| Introito | no cabe un dedo | un dedo | dos dedos |
| Mucosa vaginal | delgada | lisa | rugosa |
| Longitus vaginal | acortada | normal |
El índice varía entre un mínimo de 6 (atrofia marcada) y un máximo
de 15 (ausencia de atrofia)
Estudios longitudinales de la evolución de la sexualidad, en población general, a lo
largo del proceso menopáusico, con
períodos de seguimiento de 6-12 años, no muestran un deterioro significativo del
interés y la satisfacción sexual asociado a la
menopausia (HUNTER 1992, KÖSTER y GARDE 1993, AVIS y al. 1997), o en todo caso, un
deterioro poco acentuado y
parcial (HALLSTROM 1977, McCOY y DAVIDSON 1985). La situación es muy distinta cuando se
atiende a una población
clínica, esto es, mujeres que acuden con quejas y síntomas, a los médicos y a las
consultas. Se trata de una población
seleccionada, en la que, con gran frecuencia hay problemas sexuales y de relación.
Es importante destacar que, si hay un problema sexual, en la mitad de los
casos, afecta a ambos miembros de la pareja. La
impotencia, o al menos, la inapetencia sexual masculina, es muy frecuente, y en muchas
ocasiones es causa, o consecuencia,
del trastorno de la mujer. Para aquilatar la situación, y concretamente, el papel de la
menopausia, conviene realizar una
exploración ginecológica, con la valoración del estado de los genitales externos,
mediante el índice de atrofia vulvovaginal de
LEI-BLUM, por ejemplo. Si hay atrofia vulvovaginal, con un índice menor de 10-11, existe,
por un lado, un efecto de carencia
hormonal, y por otro, una frecuencia coital disminuida. Hay que preguntar por la potencia
del esposo, y por el número de
coitos. Si es menor de 1 al mes, la situación es grave. Puede precisarse más exactamente
si hay carencia estrogénica tomando
un frotis citológico vaginal: si hay más del 10% de células basales, la acción
estrogénica sobre la mucosa vaginal es deficiente.
Si no existe atrofia vulvovaginal, es dudoso que haya una carencia estrogénica, y el
problema es, muy probablemente, de
origen psicológico.
Figura 4. acciones basicas de las hormonas sexuales sobre
la sexualidad
Figura 5. posibles acciones del tratamiento hormnal substitutivo
sobre la sexualidad postmenopáusica
El tratamiento hormonal substitutivo (THS) con estrógenos (estradiol),
puede ayudar en muchos casos de disfunción
sexual, sobre todo cuando hay quejas de dispareunia y sequedad vaginal, asociadas a
trastornos vasomotores, fatiga e
insomnio (WALLING y al. 1990). El mecanismo de acción del THS es complejo: junto a la
acción hormonal directa sobre la
lubricación vaginal, actúa un efecto psicológico, de placebo, y el efecto indirecto, de
"dominó", por la mejoría sintomática
general. Consecutivamente al aumento de satisfacción sexual, o al menos, a la atenuación
de las molestias, puede mejorar el
deseo, y con ello la frecuencia coital que, a su vez puede incrementar la autoestima de la
mujer, y su respuesta sexual. Sin
embargo, el THS tiene sus límites. Sería arriesgado prescribir un THS exclusivamente por
inapetencia o insatisfacción sexual.
En la mayoría de casos de problemas sexuales en la pareja, el médico general, el
ginecólogo o la enfermera, pueden dar una
información exacta y consejos útiles, y en último grado, remitir el caso a un sexólogo
experimentado. Los buenos resultados
referidos por algunos autores como STUDD, BURGER y otros, en casos de pérdida de
"libido" mediante implantes
hormonales, de estradiol y testosterona, se han conseguido con dosis muy altas,
farmacológicas, en mujeres muy motivadas y
adoctrinadas.
BIBLIOGRAFIA
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11. Walling M, Andersen BL, Johnson SR. Hormonal replacement therapy for postmenopausal
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outcomes and related gynecologic effects. Arch Sex Behav. 1991; 19: 119-137.
* MD. Catedrático de Obstetricia y Ginecología. Universidad de Granada.
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