REVISTA DE PERIODONCIA
CARACTERIZACIÓN TOXICOLÓGICA DE UN
MODELO DE
CARCINOMA ORAL TRANSPLANTABLE PARA BIOENSAYOS FARMACOLÓGICOS
Una de las páginas más interesantes en la historia de la medicina es la lucha contra el cáncer, que por su singular y heterodoxa conducta biológica, figura entre las más complejas líneas del trabajo científico de nuestros días.
Numerosos intentos fueron realizados por diferentes científicos en el siglo XVIII, tratando de trasplantar tumores humanos en animales. Las limitaciones científico-técnicas de la época, impidieron la interpretación adecuada de aquellos primeros pasos de la oncología experimental y con ello que muchos investigadores encaminaran sus trabajos por caminos erróneos.
Los grandes avances logrados con la aplicación de los principios de Virchow sobre la patología celular, fueron las bases del conocimiento estructural de las neoplasias malignas (1). Es en 1876 que el científico M.A. Novinsky, realiza los primeros trasplantes sucesivos de tumores malignos, considerándose a este investigador el pionero de las investigaciones experimentales sobre el cáncer (2), a pesar de que en el desarrollo histórico se ha pretendido adjudicarle este reconocimiento a Arthur Nathan Hanau (1888) quien realizó, más tarde, inoculaciones intraescrotales en ratas a partir de un tumor de vulva por 2 generaciones (3).
No fue hasta finales del siglo XIX, que la experimentación oncológica transitó desde el período pre-aséptico hasta el período aséptico. Sin embargo, el promisorio advenimiento de la época Pasteuriana basada en los conocimientos sobre la transmición de algunas enfermedades infecciosas condujo a no pocos científicos, a equívocas interpretaciones acerca del cáncer como entidad contagiosa.
En el presente siglo se inicia una nueva etapa, cobrando particular interés la implantación de tumores, así como los estudios de inducción tumoral, empleando sustancias químicas como agentes carcinogénicos.
Durante las primeras dos décadas se desarrollaron importantes avances científicos trascendentales para el ulterior desrrolo de la oncología. Por una parte, debe citarse el perfeccionamiento de los métodos de trasplantes, la profundización en los estudios hísticos sobre la contínua multiplicación de células cancerosas en condiciones favorables y el comienzo de la quimioterapia antineoplásica como ciencia, siendo Paul Ehrlich su promotor, quien empleó este método en sus pruebas experimentales (4).
Paralelamente a estos resultados, Yamagiwa e Ichikawa en 1915, aplicando repetidamente alquitrán en la oreja de conejos, establecieron el primer modelo de carcinogénesis en el que se materializaba una vieja observación causa-efecto realizada por Sir Percival Pott, quien reportó el cáncer de escroto en desollinadores de chimeneas en 1774. Años más tarde, se demostró que los responsables de estas neoplasias desarrolladas en diferentes condiciones y etapas, eran principalmente los hidrocarburos policíclicos aromáticos contenidos en el alquitrán (5).
Estos acontecimientos resultaron el umbral de una época de estudios sobre la participación de elementos químicos en la cancerogénesis. Posteriormente a estos hechos, la información científica recoge un verdadero éxodo de publicaciones encaminadas a desentrañar los mecanismos etiopatogénicos del cáncer y su posible relación con factores influenciales a través de estudios clínicos e histomorfológicos.
La presencia de los hidrocarburos policíclicos aromáticos en la combustión de tabacos y cigarros y las abrumadoras evidencias de su influencia en el surgimiento de neoplasias malignas (6-10), justifica la gran preocupación de las diferentes Organizaciones Sanitarias Internacionales, considerando que muchos autores refieren una relación causal con la tercera parte de los tumores del hombre (11).
Una de las regiones anatómicas más afectadas por el hábito de fumar es la cavidad bucal, en la que se presentan lesiones malignas y premalignas relacionadas con el tabaquismo por diferentes autores como Bánoczy y Csiba (12), Orr (13), Santana (14) y Suen y cols (15).
La mayoría de los investigadores han centrado su atención en sujetos que padecen algún tipo clínico de lesión, en las características estructurales o en sus rasgos epidemiológicos, destacándose las llevadas a cabo por Bánoczy (16), Geer (17), Roed-Petersen (18), Silverman (19), Sundstrom (20), entre otros, siendo los fenómenos menos estudiados los derivados del funcionamiento de la supericie mucosa y, en particular, se han investigado poco las variaciones en los ritmos de exfoliación celular y los patrones de queratinización como posibles indicadores de los eventos por los que transita la cinética migratoria celular previos a la identificación citológica del daño genético y a la aparición de alteraciones clínicas demostrables.
Motivados por esta razón durante la década pasada trabajamos en el establecimiento de un sistema de conteo celular, cuyo modelo matemático sirvió de base para diversos estudios en poblaciones de riesgo clínicamente sanas para establecer valores predictivos hacia su salud. Los referidos resultados han sido publicados en diferentes revistas especializadas (21-24).
Entre los reportes experimentales se recogen numerosos trabajos realizados con diferentes hidrocarburos policíclicos aromáticos aplicados tópicamente en la mucosa bucal (25-28). Sin embargo, el efecto de la mezcla de los elementos carcinogénicos contenidos en el humo del tabaco a los cuales se expone realmente el fumador ha sido paradógicamente poco estudiado. Esto se refleja en la escacez de investigaciones dirigidas a establecer las características estructurales en el curso evolutivo de lesiones provocadas por esa amalgama de compuestos, que ofrecerían datos más concretos de los acontecimientos biológicos de la mucosa expuesta al humo de cigarrillos y tabacos.
En América Latina se han realizado, hasta el momento, escasos estudios sobre inducción de carcinomas en la mucosa bucal y, en Colombia no tenemos antecedentes sobre líneas de investigaciones en este sentido, lo que hace que la literatura nacional no cuente con información al respecto.
Estas limitaciones explican la poca utilización de carcinomas bucales, etiológica y biológicamente, adecuados para su empleo en la experimentación oncológica, al no contarse con los mismos para su mantenimiento "in vivo" a través de trasplantes seriados.
Teniendo en cuenta estas consideraciones y las recomendaciones formuladas por Convenciones Sanitarias Internacionales (29), es que hemos desarrollado algunos métodos científicos apropiados para el desarrollo de la oncología experimental, específicamente en el campo de la carcinogénesis química y el trasplante de tumores con vistas al trabajo de la Quimioterapia Experimental y Sistemas de Tamizaje de nuevas Drogas Antitumorales, para contribuir de este modo al Programa Regional de la OMS para la prevención y control de lesiones no transmisibles (30) atendiendo a hechos que constituyen realidades concretas como las siguientes:
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