REVISTA DE PEDIATRÍA 

 

¿ES LA MEDICINA UN ARTE? ¿UNA TÉCNICA?

El arte ejercido en la medicina es un arte sui generis. No coincide de manera exacta con lo que los griegos llamaban techne y lo que otros denominan ars, arte. El concepto de techne es una creación de la cultura griega, del libre reconocimiento pensante de las cosas, y del logos, de esa disposición a dar cuenta de los fundamentos de todo lo que el hombre considera como verdadero10. Este concepto es muy importante en la medicina. A partir de allí el médico deja de figurar como curandero, con todos sus poderes mágicos, y pasa a ser un hombre de ciencia.

El curandero tiene un saber sobre lo general y el médico sabe la razón por la cual una determinada forma de tratamiento tiene éxito y entiende su acción, porque persigue la relación entre causa y efecto. El concepto de la techne, no se refiere a la aplicación práctica de un saber teórico, sino que constituye una forma propia del conocimiento técnico. La techne es aquel saber que representa una determinada habilidad. Desde el comienzo, está ligada a una excelente capacidad de producir. Ha surgido de ella y supone el conocimiento de las causas. De allí, surge un ergon, una obra que es fruto de la actividad de producción.

En el saber y en el quehacer del médico, no hay una obra producida por el arte y que sea artística, tampoco produce un ergon, algo nuevo en su ser11. Su obra consiste más bien, en poder volver a producir lo que ya ha sido producido: intentar y ayudar a restablecer junto con la naturaleza, la salud en el paciente. Justamente por las razones anotadas, la obra no le pertenece al médico. También se puede agregar que en el restablecimiento de la salud del enfermo no es posible determinar si se debe al virtuosismo y a los conocimientos del médico o, a una respuesta que obedece a la naturaleza misma del enfermo, a su propia expresión subjetiva. Muchas veces los pacientes se alivian o no mejoran, a pesar de los médicos. Además, ni éstos, ni la medicina pueden dar cuenta qué pasó allí. Según Galeno: "Vix medicatrix naturae", la fuerza curadora de la naturaleza.

Es preciso aclarar que la medicina no puede tener por objetivo curar . Si se habla desde el arte, es justo plantearla no como el arte de curar, sino más bien el arte de aliviar. Curar es diferente de aliviar. Aún en enfermedades leves, él no le puede prometer al paciente una cura. El médico se debe comprometer a utilizar todo su empeño, lo que esté a su alcance, sus conocimientos, su preparación técnica para que en el procedimiento que vaya a realizar
(médico o quirúrgico), el efecto deseado y esperado se consiga. Sin embargo, no puede garantizar los resultados aunque le advierta de los riesgos y sus consecuencias. Comparto con otros la idea de plantear la
medicina como una profesión que algunas veces cura, otras alivia y siempre acompaña.

El acto del médico es fundamental, cuando de por medio, está la vida en peligro. Si hay buena salud y no se necesita de la medicina, los médicos son débiles, faltos de sensibilidad y el común de la humanidad se aterra de su "ineficacia ": se reprocha "su poco avance y su limitado acierto en el tratamiento o cura de las enfermedades". Pero cuando se trata del dolor de los seres humanos, el quehacer médico, su palabra y su acompañamiento, son muy importantes.

Sin lugar a dudas, la relación que el profesional de la salud establece con su obra, es bastante enigmática, ya que lo que acontece allí es imposible de demostrar a sí mismo y a los demás. Hay situaciones inherentes a esta actividad, que ni siquiera están escritas y hacen parte de su ritual. Sólo sabe dar cuenta de ello, aquel que tiene la investidura médica. Por lo tanto, dentro de este concepto de arte no es fácil ubicar a la medicina.

Naturalmente, en la época moderna, las cosas empiezan a cambiar. Las ciencias naturales modernas entienden su propio "saber" como un "saber - hacer". De este modo, el concepto de técnica vinculado con el pensamiento científico actual tiene a su alcance un número creciente de posibilidades específicas en el terreno de los procedimientos y en el de la ciencia médica. El "poder- hacer", ya no es "curar" o aliviar, sino un "producir" (hacer). El "no saber "ya ha dejado de ser peligroso y el peligro radica en el propio "saber" y en el "poder hacer". Pero ¿hasta dónde se puede hacer?. Este "poder hacer" esta mediado por la phrónesis, la prudencia y por el otro, el paciente quien también ayuda a marcar un límite. Es razonable que debe mediar entre ellos otra instancia, la del "deber", como fundamento de la norma moral.

El saber de la medicina, tampoco es un saber técnico: la tékhne íatrike de los hipocráticos o ars medica de la Edad Media o, sea, saber haciendo a nivel racional qué se hace y por qué se hace. El saber médico es un "saber haciendo" y un "hacer sabiendo"7. El acto médico, debe llevar dentro de sí algunos saberes puramente científicos, los cuales no son mágicos , ni sobrenaturales, ni del orden de los dioses. Estos saberes científicos, a pesar de la incertidumbre que caracteriza a los humanos, le permite afrontar con alguna precisión científica un criterio médico en bien de su paciente. La medicina no se puede interpretar como una técnica, puesto que siempre experimenta su propia habilidad sólo como la recuperación y el establecimiento del orden natural, de su equilibrio. Tampoco se puede decir que es una aplicación de la ciencia a la práctica. Esta es la razón por la cual, el quehacer médico siempre ha estado rodeado de sus propias circunstancias.

 

¿ES LA MEDICINA UNA PROFESIÓN?

La medicina, por fortuna, no es una ciencia. Es mucho más y es diferente a una ciencia. No es cualquier arte, ni cualquier técnica. El saber médico no consiste en la aplicación de una serie de saberes científicos al conocimiento y tratamiento de las enfermedades. Es abordar al ser humano, al sujeto con su propia subjetividad, con su sufrimiento y con su entorno. El profesional de la medicina debe ir más allá de la enfermedad. Sólo en el acto de tratar a un enfermo, ese saber se asume y en esa medida, el médico es reconocido en cuanto tal. De otra forma: el médico se reconoce en el acto que lo caracteriza.

Al médico le toca articular las instancias de saber, poder y deber. Él debe aplicar con rigor todos los conocimientos científicos, lo que esté a su alcance en bien de su paciente. Cuando necesite debe ayudarse de la medicina basada en la evidencia y de la más alta tecnología. Es decir, debe tener una rigurosa formación técnica y científica, para que junto con una concepción humanista y social de su profesión, pueda ejercer todas sus habilidades en bien de la comunidad. No puede olvidar la relación palabra – escucha. Todo debe estar mediado por la prudencia y por el "deber por el deber". En este sentido, es pertinente , pensar en la "voluntad buena" kantiana, en la intencionalidad de los actos, ya que el valor moral sólo puede radicar en la voluntad del hombre, en "querer hacer el bien"12.

Se puede deducir que la medicina es una profesión de la más alta calidad, digna y noble, ya que tiene que ver con las dolencias y el sufrimiento de los seres humanos. Es una vocación de superior categoría. Sus profesionales son personas muy capacitadas y muy preparadas en la sociedad, donde ellas a nivel individual han tenido mucho que invertir, lo mismo que el Estado.

Además, el profesional médico debe asumir una actitud moral , adoptar una posición ética para el buen desempeño de sus obligaciones frente a los momentos históricos que determinan su práctica. Todos estos cambios económicos, políticos y culturales, el avance de la ciencia y el desarrollo de la tecnología crean una nueva deontología médica y obligan a la comunidad médica a reflexionar sobre su lugar, sobre su práctica.

Para concluir, el médico y la medicina, no han tenido una posición al respecto. Han estado a disposición de los otros: los dioses, la religión, la ciencia, la tecnología. Esto implica no aceptar su tarea como tal, sino querer ser ciencia. Pero hoy le toca a los médicos, si desean conservar la medicina, reivindicarla como una profesión. Asumirla de esta manera, implica abrir la posibilidad de lograr una comprensión integral del ser humano en su situación vital.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Gómez R. El síntoma o la palabra del sujeto. En: CES. Medicina, 1992; 6: 181-4.
  2. Gracia D. Profesión médica, investigación y justicia sanitaria. Santafé de Bogotá: El Buho. 1998
  3. Gómez F. ¿Es la medicina una ciencia?. En: Revista Universidad de Antioquia. 1994; 63: 65-70
  4. Raimbault G. Pediatría y psicoanálisis. Buenos Aires: Amorrortu, 1973.
  5. Clavreul J. El orden médico. Barcelona: Argot, 1983.
  6. Ortega y Gasset J. Misión de la universidad. Obras completas. Tomo IV. Cuarta Edición. Madrid: Revista de Occidente. 1957, p 340.
  7. Córdoba R. La medicina y las ciencias. En: Medicina UPB. 1995; 14: 111-8 (Cita a LAIN P. Antropología médica. Barcelona: Salvat Editores, 1984).
  8. Aristóteles. Ética Nicomáquea. Madrid: Editorial Gredos, 1988.
  9. Freud S. El malestar en la cultura. Buenos Aires. Obras Completas. 1979; 21: 59-139.
  10. Gadamer HG. El estado oculto de la salud. Barcelona: Gedisa Editorial. 1996.
  11. Ibid. P 49.
  12. Kant Il. Fundamentación de la metafisica de la costumbres. México: Editorial Porrúa, 1983.

 

   

 

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