REVISTA DE MEDICINA 

LA MEDICINA: UNA PROFESIÓN
 

ROCÍO GALLEGO, MD*.
Médico Pediatra. Universidad de Antioquia.
Diplomado en Derecho Médico con Énfasis en Responsabilidad Civil.
Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario.
Estudiante Especialización en Ética.
Universidad Pontificia Bolivariana.
Psicoanalista.

"Para algunos aunque pase el tiempo la oquedad sigue existiendo".

 

RESUMEN

Se analizan algunos elementos que, a juicio del autor, inciden gravemente en la actual crisis del ejercicio de la medicina. ¿Es latécnica, un arte? medicina una ciencia, una

Palabras clave: Ética médica, medicina, ciencias

 

SUMMARY

The author analyzes different elements that in her judgement, greatly influence the actual crisis of medical practice. ¿Is the medicine a science, a technique or and art?

Key words: Medical ethics, medicine, sciences.

 

La actividad humana llamada medicina, ha sido motivo de diversas interpretaciones desde Hipócrates y a través de toda la historia. Dicha profesión es sin duda la más criticada y solicitada, porque cuando se trata de las enfermedades que hieren a los seres humanos y que les recuerdan que la vida es breve, nadie escapa de recurrir a ella. Su posición en tanto problemática, siempre ha encerrado un enigma.

Muchas disciplinas se han preocupado por la hermenéutica de esta práctica social: la han cuestionado, criticado. Estas confrontaciones son bienvenidas, siempre y cuando se intente cuidar una profesión tan noble como la medicina, ya que se trata de actos relacionados con las dolencias y el sufrimiento de los seres humanos. Todos somos pacientes en potencia y en algún momento de la vida, podemos necesitar de la palabra y del acompañamiento del médico.

El lugar que ocupa la medicina en la clasificación de los conocimientos humanos ha cautivado la atención de filósofos, juristas, humanistas y científicos en general. Lo anterior se debe a la importancia de la función social de esta práctica. En tiempos anteriores, la filosofía habló de la medicina sólo para contribuir a constituir su hagiografía. Hoy la epistemología ha tomado el relevo en la crítica. El psicoanálisis, de igual manera, ha cuestionado esta práctica, principalmente a la psiquiatría con relación a la manera como esta profesión aborda el concepto de síntoma1. El derecho también ha aportado con la legislación sobre el ejercicio de esta profesión, ya que la medicina es una actividad hecha por humanos y para los humanos; y el ser parlante, ser social, es también un ser de derechos. Todas estas consideraciones, contribuyen a dignificar y a ubicar esta profesión en la posición que le corresponde.

Denunciar las insuficiencias de la medicina y la falacia en que está inscrito el médico, ¿no es acaso desear su progreso?. Cuestionar sus dificultades, ¿no es referirse al antiguo adagio médico: ¿ Primun non noccere?. Es bueno recordar que toda praxis debe ser criticada desde afuera. No obstante, es responsabilidad de los profesionales de la salud interrogarse sobre la índole de su práctica y sobre los cambios socioculturales, políticos y económicos que la modifican. Al respecto, la posición de Georges Canguilhem es justa: "No tenemos la petulancia de pretender renovar la medicina incorporándole una metafísica. Si la medicina ha de renovarse, es asunto de la medicina; de su cuenta corren los riesgos y honores"5.

La praxis en mención ha tenido un cambio muy grande en los últimos cincuenta años, mucho más que en los tres milenios anteriores. Naturalmente estas renovaciones han tenido efectos en su práctica, con serias implicaciones en los campos médico, jurídico y ético. Ésta es la razón por la cual es válido pensar en la actualidad: ¿ en qué discurso está inscrita la medicina?, ¿desde qué lugar hablan sus profesionales?, ¿cómo es la relación con sus congéneres?, ¿cómo se ubica un sujeto en relación con el otro?, ¿cuál es su posición ética? ¿es la medicina una ciencia, una técnica, un arte, una profesión?
¿ hasta dónde llega la medicina y dónde empieza la ética? Algunas de estas preguntas, nos convocan en estas líneas. Como ustedes ven, no es fácil hacer estas elucubraciones ya que la modernidad exige que la
medicina sea una ciencia. Por lo tanto, al médico le cuesta bastante cuestionarse su lugar y su quehacer. Para empezar, podemos interrogarnos:

 

¿ES LA MEDICINA UNA CIENCIA?

Durante mucho tiempo han persistido especulaciones sobre la relación de la medicina y las ciencias. Esta actividad médica ha gozado de la sustentación de la ciencia antigua. Algunos inscriben su estatuto dentro de la ciencia positiva o de la ciencia pura y ciencia aplicada.

Para hablar de la pureza de la ciencia es necesario remitirse a los orígenes de la cultura occidental. En la época antigua, Aristóteles, filósofo estagirita, en la ética a Nicómaco habló de la sophía, sabiduría, que es el saber pleno que sólo corresponde a Dios. En la tierra nadie es sabio. Lo que se puede hacer es buscar la sabiduría, imitar a Dios. Hay otro saber, que es el nous, o sea intellectus o inteligencia o capacidad de aprender mentalmente los primeros principios de la realidad. Los principios del nous se "muestran" no se demuestran; son mostraciones o evidencias primarias e indubitables. En esto se diferencia de otro tipo de saber, la epistéme o scientia, la ciencia, cuyos principios se demuestran.

Los saberes citados sophía, nous y epistéme tienen carácter especulativo, son estrictamente teóricos, no prácticos, son saberes universales, específicos, que definen conjuntos, no individuos. No se trata de saberes de lo particular, sino de lo universal; son saberes ciertos y absolutos que nos dan la verdad de las cosas. Por lo tanto, la ciencia antigua es un saber especulativo, teórico, universal y cierto. A cambio de ello, el científico antiguo se sintió poseedor de la verdad y se creyó más allá del bien y del mal, ya que era un imitador de Dios, sacerdote de la naturaleza. Esta idea sagrada del científico ha sido vigente en la cultura occidental y de su imagen ha gozado en forma indiscutible el médico2.

El discurso de la ciencia del siglo XVII es el que hoy orienta a la humanidad. El fundamento de la ciencia moderna es la experiencia y sólo puede tener este valor lo que se pueda someter a control, a demostración. El ideal de la certeza se convierte en la medida de todo conocimiento. Este modelo ha caracterizado a la física newtoniana y ha sido de mucha utilidad para la investigación en la ciencia. Vale la pena anotar que la medicina se adhirió a esta representación. Sus razonamientos los ha aplicado además, a la vida y a la muerte. Este prototipo está cimentado en el paradigma cartesiano y cientifista, analítico y lineal, bajo una ley de causa y efecto.

El hombre se da cuenta que su realidad no puede explicarse desde el esquema tradicional newtoniano y busca nuevas teorías que le permitan ubicar al sujeto con su propia subjetividad, en relación consigo mismo y con sus semejantes. Por lo tanto, el advenimiento del principio de la incertidumbre de Heisenberg en la física cuántica, base de la ciencia contemporánea y la teoría de la relatividad desplazan las leyes formuladas por Newton y el esquema cartesiano. Hablar de la incertidumbre implica hablar de los actos humanos, del sujeto con su propio sufrimiento y según el mencionado principio, no se puede predecir con precisión ningún hecho futuro. Este acto se convierte en paradigmático en la contemporaneidad, en el pensamiento y en el que hacer de los hombres3.

Dichas ideas obligan a pensar que la ciencia no lo puede todo, no tiene la verdad absoluta, no puede explicar al hombre en su integridad, ya que no sabe decir nada acerca de su sufrimiento. Entonces es razonable admitir que hay algunas actividades humanas reconocidas como ciencias, pero que en principio no lo son. Como ejemplo está la medicina. Al respecto se puede anotar:

A propósito, retomo las palabras de Ortega y Gasset: "La medicina no es ciencia. Es precisamente una profesión, una actividad práctica. Como tal, significa un punto de vista diferente de la ciencia. Se propone curar o mantener la salud en la especie humana. A este fin hecha mano de cuanto parezca a propósito: entra en la ciencia y toma de sus resultados cuanto considera eficaz, pero deja el resto. Deja de la ciencia sobre todo lo que es más característico: la fruición por lo problemático. Bastaría esto para diferenciar radicalmente la medicina de la ciencia. Ésta consiste en un "prurito" de plantear problemas. Cuanto más sea esto, más puramente cumple su misión. Pero la medicina está ahí para aprontar soluciones. Si son científicas, mejor. Pero no es necesario que lo sean. Pueden proceder de una experiencia milenaria que la ciencia aún no ha explicado ni siquiera consagrado"6.

Merece especial atención la posición de Lain Entralgo, quien se refiere a esta actividad como antropología médica. Él invita a ir más allá de la enfermedad, más allá de su patología, para tener en cuenta también las "ciencias humanas". De esta forma, intentar una aproximación integral al ser humano. Así: "Llamo antropología médica al estudio y conocimiento científico del hombre en cuanto sujeto que puede padecer enfermedad, en cuanto a sujeto que de hecho la está padeciendo, en cuanto que puede ser técnicamente ayudado a librarse de ella, si la padece, y de llegar a padecerla, si está sano, y en cuanto que puede morir, y a veces muere, como consecuencia de haberla padecido. O bien, más concisamente: la antropología médica es un conocimiento científico del hombre en tanto que sujeto sano, enfermable, enfermo, sanable y mortal. Ella y sólo ella es verdadero fundamento del saber médico, aunque a veces no lo advierta el práctico de la medicina. Ahora bien: el saber propio de la antropología médica tiene a su vez otro y más profundo fundamento, la antropología general o conocimiento científico y filosófico del hombre en cuanto tal"7.

En suma, lo que funda a la medicina es su constitución como discurso y, la funda como científica; pero el discurso del médico, no es un discurso científico pues se trata de saber aplicar ciertos procedimientos médicos. Además, su discurso no es sobre el hombre sino sobre la enfermedad. En forma parcial, la medicina no se puede ubicar en el esquema de la ciencia del siglo XVII. Si se trata de hablar de modelo científico, habría que pensar en la ciencia contemporánea.

Pero también se pueden tener en cuenta estas consideraciones, las cuales tienen serias implicaciones éticas en la medicina y en la ciencia:

• El científico está más allá del bien y del mal.
• La ciencia tiene carácter desinteresado y puro, entendiéndose por pureza signo de bondad ética.
• La
medicina es garantía moral de la ciencia.
• La ciencia está más allá de la ética y se afirmaba, además, el carácter ético de la ciencia
2.

Esto llevó a pensar que la ciencia era esencialmente buena y que poco a poco iba a resolver los problemas de la humanidad. Naturalmente los cambios acontecidos en la modernidad hacen reflexionar sobre las relaciones entre saber, poder y deber.

Frente a los saberes ya anotados hay otros que son prácticos y según Aristóteles son de dos tipos: phrónesis o prudentia: es la recta razón de las cosas singulares que pueden realizarse, saber aplicar a cada caso la universalidad y téchne, arte o técnica: recta razón de las cosas que pueden producirse8. Éste es el juicio por el cual la ética tiene que ver en forma fundamental con la prudencia. Ésta no se mueve en el orden de la certeza sino en el de la doxa, la opinión. En ella puede haber diferentes opiniones o posiciones encontradas. De acuerdo con lo singular, la certeza no es posible sino la probabilidad. La técnica y la prudencia tienen por objeto tomar decisiones concretas no con certeza, puesto que ello no es posible, pero sí con recta razón. Esto es fundamental para entender las relaciones tradicionales entre ciencia y ética2.

También se piensa que la medicina es la garantía moral de la ciencia. No hay rama de ésta que no tenga en alguna medida aplicaciones médicas. De esa forma queda así demostrado que los investigadores pueden seguir con la conciencia tranquila. Hay al menos un dominio en el que están seguros de actuar por el bien de la comunidad humana: la existencia de la bomba de cobalto, prueba que no era la bomba atómica lo que querían hacer. La ciencia no existe nunca en estado puro; es inseparable de los intereses económicos, sociales y políticos. "No hay conocimiento sin interés" según Jürgen Habermas . Tras el "saber", hay siempre un "poder". Al unirse estos dos factores se potencializan en forma tanto fructífera como peligrosa 2. Es claro que, en efecto, con los acontecimientos de Hiroshima y Nagasaki , Dachau y Auschwitz los científicos y los médicos no pueden demostrar su inocencia. ¿Y cómo se podrá olvidar la shoah y los crímenes de lesa humanidad ?.

Si se tiene en cuenta la investigación pura y desinteresada como uno de los estatutos de la ciencia, se encuentra que allí se inscribe la medicina. El adjetivo "puro" designa el carácter éticamente positivo de la ciencia. No era asombroso, entonces, hablar de la neutralidad ética – y en general axiológica – de la ciencia. Naturalmente, se suponía la ética del científico. Pero esto ya definitivamente es del orden de la literatura. Es simplemente, como bien se nota, un mito, porque el sabio y el investigador no pueden lavarse las manos, presumir de inocencia personal respecto al producto de su trabajo, lo cual lo compromete a tomar posiciones sociales, políticas o religiosas destinadas a moralizar el uso de la ciencia. Toda la ciencia hasta la biología, puede ser utilizada con fines bélicos, para establecer imperios económicos y, está expuesta, cuanto menos, a contribuir a la alienación del hombre y a la destrucción del equilibrio ecológico y de la comunidad humana.

Con la llegada de cada explicación científica, el mundo dejó de pertenecer a los dioses. La ciencia pasa a regir el destino de los hombres. Nuestro mundo actual es paradójico: a medida que la ciencia avanza, trae como resultado nuevas tecnologías, las cuales mejoran un poco las condiciones materiales de la vida, pero al mismo tiempo crea nuevos problemas que van desde lo ético hasta lo ambiental. El discurso científico tiene efectos concretos en la posición del sujeto en el mundo en que habita. De su sufrimiento la ciencia no se ocupa9. Pero sí le interesa su organismo y a veces, busca mantenerlo vivo, a pesar de las consecuencias.

El progreso del hombre en su relación con la naturaleza ha avanzado mucho hasta el punto de pensar en la postmodernidad que la ciencia y la técnica pueden resolver todos los interrogantes del ser humano. Con estas precisiones, la ciencia llega a ocupar un lugar superior al hombre, quien es su autor. De esta forma se invierten los valores éticos: no son la ciencia y la técnica al servicio del hombre, sino el ser humano supeditado a aquellas. Esto muestra que la dignidad humana queda ocupando un lugar secundario.

 

 

 

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