ANESTESIA
PARA PROCEDIMIENTOS ENDOSCOPICOS EN LA VÍA AÉREA
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María
Claudia Niño R., MD*,
*
Neuroanestesióloga. Fundación Santa Fe de Bogotá.
Profesora Asistente de Anestesiología.
Escuela Colombiana de Medicina.
Fernando
Raffan S., MD**,
**
Anestesiólogo especialista en trasplantes.
Fundación Santa Fe de Bogotá.
Profesor Asistente de Anestesiología.
Escuela Colombiana de Medicina.
Enrique
Arango G., MD***
***
Anestesiólogo especialista en Anestesia Cardiovascular.
Fundación Santa Fe de Bogotá.
Profesor Asistente de Anestesiología.
Escuela Colombiana de Medicina.
RESUMEN
Compartir la vía aérea
durante un procedimiento obliga al anestesiólogo y al
cirujano a trabajar juntos en un campo limitado, haciendo uso
al máximo de sus conocimientos y habilidades.
Este desafío comienza
desde el mismo momento en que se indica el procedimiento
sobre la vía aérea, pues los dos implicados deben realizar
una evaluación preoperatoria exhaustiva con el fin de poder
ofrecer al paciente seguridad en las diferentes formas de
acceso a la vía aérea y las técnicas de tratamiento.
Técnicas como el láser
ganan cada día más adeptos en los programas de
entrenamiento, con la consiguiente exigencia para los
anestesiólogos en su preparación para poder hacer uso
adecuado de las diferentes herramientas actualmente
disponibles y manejar las posibles complicaciones.
La técnica de
insuflación, que no requiere de intubación orotraqueal, fue
introducida y utilizada por un pionero de la anestesia en
Colombia, el Dr. Eduardo García Vargas; quienes tuvimos el
privilegio de aprenderla a su lado reconocemos sus ventajas y
algunas desventajas.
La combinación de
técnicas de anestesia intravenosa y bloqueos se convierte
hoy en día en una posibilidad francamente atractiva porque
brinda comodidad y seguridad, no solo para el paciente, sino
también para el equipo quirúrgico, esto asociado a una
monitoría básica compuesta de: electrocardiografía
contínua, presión arterial no invasiva, oximetría de
pulso, capnografía, fonendoscopio precordial y observación
del patrón respiratorio por parte del anestesiólogo.
Al igual que en todos los
casos de manejo de la vía aérea, la indicación de una
técnica depende básicamente de 3 parámetros:
1- La condición del
paciente
2- La habilidad y el juicio
del anestesiólogo
3- La disponibilidad de
recursos
La armonía y conjunción
de estos 3 parámetros permiten que en determinados casos se
recurra a técnicas sofisticadas de ventilación, aunque la
utilización de las otras técnicas (por falta de jet o
contraindicaciones para su uso) permite también un manejo
seguro de la vía aérea.
Palabras
claves: Vía
aérea, microlaringoscopio, cirugía con láser, técnica
anestésica.
Key
words: Airway,
microlaringoscopy, laser surgery, anesthesia technique.
Cuando la vía aérea va a ser
compartida por el anestesiólogo y el cirujano en una
intervención quirúrgica como en el caso de la
microlaringoscopia, la comunicación, coordinación y
cooperación entre ellos, se hacen particularmente importantes.
El establecimiento, mantenimiento
y protección de la vía aérea ponen a prueba el conocimiento,
habilidad y paciencia del anestesiólogo que debe enfrentarse a
este desafío.
Los procedimientos endoscópicos
de la vía aérea superior incluyen laringoscopia (diagnóstica o
terapéutica) y microlaringoscopia. Estos procedimientos pueden
estar acompañados de cirugía con láser (7).
Evaluación
preoperatoria
La evaluación preoperatoria de
los pacientes que van a ser sometidos a cirugía laríngea debe
incluir una historia clínica completa que establezca claramente
los problemas actuales del paciente, los procedimientos
diagnósticos, quirúrgicos y terapéuticos planeados; un examen
físico adecuado que complemente la historia clínica, así como
los exámenes de laboratorio que estén indicados en cada caso en
particular (2).
La evaluación cuidadosa de la
vía aérea es una parte integral de la consulta preanéstesica y
es crucial en este tipo de pacientes, en quienes el procedimiento
quirúrgico planeado se realiza justamente sobre la vía aérea y
quienes tienen además, una incidencia aumentada de patología
asociada en dicha región cuando se compara con la población
general.
Las consideraciones generales de
la evaluación de la vía aérea incluyen:
1. Historia de intubaciones
difíciles: Si el paciente tiene historia de anestesias
previas, se debe hacer especial énfasis en problemas
relacionados con la intubación traqueal, cuando sea posible
se debe revisar la historia antigua. Siempre que se detecte
la posibilidad de una intubación especialmente difícil, se
debe informar claramente al paciente. No se debe asumir que
un problema previo de intubación traqueal se haya debido a
falta de experiencia del anestesiólogo y considerar que el
paciente es difícil de intubar.
2. Examen dental que registre
la presencia de lesiones dentales, ausencia de piezas o
anomalías maxilares (micrognatismo o prognatismo) y dientes
que protruyen. Si la posibilidad de trauma o lesión dental
durante el manejo de la vía aérea está aumentada, se le
debe comunicar al paciente y documentarlo en la historia
clínica.
3. Historia de radioterapia
previa en el cuello que produce distorsión de la anatomía
normal. Tales tratamientos pueden llevar a necrosis y
fibrosis de la laringe y a la dificultad para desplazar los
tejidos blandos durante la laringoscopia. Estas
complicaciones aparecen durante el primer año después de la
terapia. La radiación de la articulación temporo-mandibular
puede llevar a trismus o a anquilosis funcional debido a
fibrosis de los músculos pterigoideos o maseteros.
4. Calidad de la voz que
indica la presencia de patología de cuerdas vocales.
5. Traqueotomía o historia de
cirugías en cabeza y cuello.
6. Determinación de
indicadores físicos de una intubación traqueal
potencialmente difícil. Utilizar como índices predictores
la clasificación de Mallampati modificada por Samsoon y
Young, la habilidad para extender el cuello, medición del
espacio mandibular utilizando la distancia tiro-mentoniana y
evaluación de la articulación temporo-mandibular.
7. Evidencia de obstrucción
de la vía aérea. En estos pacientes una curva flujo
volumen, puede ayudar al anestesiólogo a distinguir entre
una obstrucción de la vía aérea baja y una lesión de la
vía aérea superior, laringe o tráquea. Las imágenes de
resonancia magnética o de la TAC que con frecuencia ha
solicitado el cirujano, dan mayor información de la
localización de tumores, compresiones extrínsecas o
desviaciones de la tráquea.
En la ultima década, se ha
incrementado el uso de la microcirugía con rayos láser (1).
Láser es un acrónimo de:
l. a. s. e. r.:
light amplification by stimulated emission of
radiation.
Su radiación está basada en la
excitación de átomos. El haz de luz del láser difiere de la
luz ordinaria en tres características:
Monocromático.
Coherente.
Colimado.
Estas características ofrecen al
cirujano alta precisión, excelente hemostasia con mínimo edema
y dolor postoperatorios (6, 8).
La alta intensidad del láser y el
potencial de producir combustión y daño tisular, exigen ciertas
medidas de precaución. Se han reportado laceraciones traqueales
que llevan a complicaciones posteriores, daño de los dientes,
lesión de tejidos blandos y quemaduras cutáneas tanto en el
paciente como en el personal de salas de cirugía. Los ojos se
lesionan fácilmente y deben protegerse en forma cuidadosa. El
uso de lentes especiales, indicados para cada tipo de láser, es
mandatorio. Un letrero que alerte sobre el uso del láser, debe
permanecer en la sala en un lugar visible para todos. Se protege
el paciente con compresas húmedas.
El mayor riesgo propio de esta
nueva tecnología es la quemadura de la vía aérea superior. Con
el fin de evitar esta desastrosa complicación se han diseñado
tubos endotraqueales específicos. A continuación se describen
algunos de ellos:
Tubo de Norton, el cual tiene un
alma de acero y no es inflamable. No tiene balón y su exterior
tiene un terminado mate para disminuir la reflexión del láser.
Tiene una superficie rugosa y paredes gruesas que constituyen una
desventaja ya que disminuyen su diámetro interno y dificultan la
exposición quirúrgica.
El tubo Xomed, manufacturado con
un elastómero de silicona no reflexivo que lo protege del riesgo
de ignición en contacto con el láser de CO2.
La pared delgada del
neumo-taponador puede romperse fácilmente, lo que constituye una
desventaja, por lo que se recomienda proteger con gasas húmedas.
Tubo Mallinckrodt, posee dos
balones en su extremo distal que se distienden aisladamente con
solución salina de tal forma que el balón proximal protege al
distal del contacto con el láser.
Estos tubos son costosos y en
ocasiones difíciles de conseguir, por esta razón en algunos
centros se utilizan tubos convencionales que en un esfuerzo por
protegerlos de la ignición por el rayo láser, se recubren con
cinta metálica. Esta técnica presenta algunas desventajas pues
no protege el neumotaponador y además crea una superficie
irregular que potencialmente puede lesionar la mucosa de la vía
aérea.
En resumen, siempre que la
cirugía de la vía aérea con láser, se realice con un tubo
endotraqueal, se debe tener las siguientes precauciones:
- Utilizar la menor
concentración segura de oxígeno inspirado.
- No usar óxido nitroso.
- Llenar el neumo-taponador
con solución salina en vez de aire.
- Proteger la vía aérea con
compresas húmedas.
Manejo del fuego en la vía
aérea:
La posibilidad de ignición
durante la cirugía con láser (3), hace necesario que se diseñe
un plan de acción si ésta llega a presentarse:
- Interrumpa la ventilación
pulmonar y cierre todos los gases anestésicos, incluyendo el
oxígeno.
- Irrigue el campo quirúrgico
con solución salina.
- Retire los tubos o cánulas
que estén en contacto con la vía aérea.
- Ventile al paciente con
máscara facial.
- Evalué el estado de la
quemadura.
- Establezca un plan de
tratamiento.
Entre las indicaciones de la
cirugía endoscopia de laringe están: la evaluación de
anomalías funcionales, la presencia de papilomas, neoplasias,
membranas y estenosis subglóticas entre otras.
TECNICA
ANESTESICA
Se ha utilizado muchas técnicas
para mantener la oxigenación y la ventilación con o sin
intubación endotraqueal durante la endoscopia (4).
1. Con intubación
endotraqueal, se utiliza un tubo de pequeño calibre y de
materiales especiales a través del cual se administra
presión positiva convencional. Los tubos endotraqueales de
estos calibres son diseñados para uso pediátrico por lo que
son muy cortos para la tráquea del adulto, tienen el riesgo
de ignición y además limitan el campo quirúrgico.
2. En la mayoría de los casos
la intubación con un tubo endotraqueal interfiere con la
visualización del cirujano o con la realización del
procedimiento quirúrgico. Una alternativa simple es la
insuflación de altos flujos a través de un catéter delgado
colocado en la tráquea. La oxigenación se puede mantener
durante períodos cortos de tiempo en paciente con función
pulmonar normal, pero la ventilación es inadecuada.
3. Otra posibilidad es la
técnica de apnea intermitente, en la cual se alternan
períodos de oxigenación con máscara facial o tubo
endotraqueal con períodos de apnea durante los cuales
trabaja el cirujano. La duración de la apnea es generalmente
de 2-3 minutos dependiendo de la pulso-oximetría. Existe el
riesgo de hipo ventilación y de aspiración pulmonar.
4. Ventilación JET y
ventilación de alta frecuencia, usa una pequeña cánula o
tubo endotraqueal a través del cual se inyecta el gas a una
frecuencia de 80-300 veces por minuto.
Históricamente en la Fundación
Santa Fe, se han utilizado varias técnicas entre las cuales
describimos las siguientes:
1. Anestesia general con
intubación endotraqueal con tubos calibre 5.5 ó 6,
protegidos con cinta metálica. Esta técnica asegura la
ventilación pero limita el campo operatorio. Los bordes de
unión de la cintas pueden lesionar los tejidos (6).
2. Anestesia inhalatoria pura
sin intubación administrada a través de una cánula
nasofaríngea. Esta técnica fue descrita en la clínica Mayo
en 1965 e introducida en Colombia por el doctor Eduardo
García. Básicamente es una técnica de insuflación con
ventilación espontánea. Requiere con frecuencia el uso del
halotano que ofrece una inducción rápida pero favorece en
ocasiones la presencia de arritmias, máxime cuando se asocia
a hipercarbia. Se puede utilizar también sevofluorano, pero
los flujos altos necesarios en esta técnica aumentan la
contaminación y hacen impredecible la concentración del
anestésico administrada al paciente.
3. Modificación de la
técnica anterior utilizando concentraciones bajas del agente
inhalatorio, bolos de tiopental, propofol o lidocaína. En
esta técnica el despertar de los pacientes puede retardarse
y aunque en menor proporción, también tienen la desventaja
de la contaminación.
4. Analizando las diferentes
alternativas y considerando las limitaciones de nuestro
medio, la no disponibilidad de ventilación JET o de alta
frecuencia, así como la de tubos especiales, decidimos
plantear una técnica que utiliza anestesia regional
suplementada con propofol.
CONTRAINDICACIONES
DE LA TECNICA
- Pacientes con alto riesgo de
obstrucción de la vía aérea superior.
- Pacientes con riesgo de
bronco aspiración.
- Vía aérea difícil.
- Obesidad mórbida.
- Pacientes con alteraciones
de la coagulación.
- Pacientes con enfermedad
pulmonar severa.
- Pacientes con
contraindicación al uso del propofol.
- Niños. Por falta de
experiencia con la anestesia regional sugerida.
- Infección en el área donde
se realizan los bloqueos.
MONITORÍA
La monitoría básica en esta
intervención debe incluir:
- Electrocardiografía
continua.
- Medición de la tensión
arterial no invasiva.
- Oximetría de pulso.
- Capnografía.
- Fonendoscopio precordial.
- Observación constante del
patrón respiratorio.
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