Cuando un colega solicita apoyo, éste debe prestarse con gusto. La medicina moderna no es posible ejercerla solo. Se necesita la ayuda de otros para practicarla; por esto los grupos médicos son necesarios para el ejercicio idóneo, calibrado y prudente de la profesión.
No debe denigrarse del colega. Esta falta es común en reuniones de médicos, donde se establece una verdadera iatrofagia. En ocasiones la murmuración de los colegas frente al paciente, se convierte en una acción imprudente y riesgosa. Se desacredita al colega con intención de ganar prestigio o pacientes. Al denigrarse del colega se está perjudicando uno mismo, pues con ello, el paciente no sólo pierde la confianza en un médico, sino en todos.
¿Colegaje versus Etica? Lo anterior en ningún momento significa que debamos encubrir al colega. Si éste hace algo inadecuado, debemos defender al paciente y a la sociedad. Ante el colega deshonesto o mal preparado es importante ayudarle a solucionar su problema; de no ser posible debe retirársele de la práctica para evitar el daño que pueda producir. Esto es conocido humanísticamente como Etica de la Responsabilidad.
Un conflicto común entre colegas es el surgido cuando el paciente o la familia quieren cambiar de médico. En tales casos, se debe cuidar de cumplir las normas que rigen el colegaje, respetando el derecho del paciente a escoger el médico tratante. No debe atenderse un paciente que está siendo tratado por un colega, sin el consentimiento de éste, a no ser en casos de estricta urgencia. Si el paciente desea cambiar de médico, antes de su atención, se debe estar seguro que el paciente o la familia han comunicado al médico tratante la decisión y de ser posible establecer entre colegas una vía abierta de comunicación y conocimiento mutuo del procedimiento que se lleva sobre el paciente.
El Error Médico. En la práctica de la medicina obviamente el médico está expuesto a cometer errores. La actitud de los colegas debe ser racional y benévola. Ante el error del colega, el médico debe hacérselo saber. Aunque esto, por lo general es difícil, siempre debe intentarse con respeto y benevolencia y siempre sustentando el concepto médico como un apoyo y una asesoría, que sea percibida como respetuosa y confiable. No es adecuado comentar el error con otros colegas, pues puede generar una prolongada e inexacta propagación de hechos no ciertos, que terminan en la denigración del colega. Si el error puede dejar una enseñanza, es conveniente presentar el caso clínico en reuniones médicas, guardándose el respeto y la consideración por él o los implicados en el error. La discusión debe ser amplia, franca y leal, pero nunca punitiva.
Puede suceder que el error sea repetitivo, de graves consecuencias o haya sido realizado por negligencia manifiesta. En estos casos el médico tiene obligación de darlo a conocer a los órganos de control y regímenes disciplinarios que contempla la Ley de Etica Médica (artículos 62 al 69).
Cuando el colega comete un error, ¿qué información debe suministrársele al paciente? Sin necesidad de encubrir al colega y conservando las normas que el colegaje médico exige, debe dársele la información suficiente que el paciente necesite para su salud. Es permitido no revelar una parte o la totalidad de la información, si con ello no hay perjuicio para el enfermo. A veces el revelar lo relativo al error cometido, es perjudicial para el paciente y se hace más daño a él y su familia. Aquí el juicio y la ecuanimidad del médico son indispensables y necesarios.
A finales de este siglo, las cuestiones éticas han ampliado mucho su ámbito tanto en el campo de la investigación médica como en su práctica. Además, en general la gente está más preparada e informada que antes y, a través de organismos legislativos o comités éticos, dispone del poder necesario para participar en la toma de decisiones éticas o morales. La profesión médica ya no puede confiar por entero en su propia conciencia, porque las cuestiones a las que sus miembros deben responder ya no están relacionadas simplemente por la clásica relación médico-paciente.
En conclusión, siempre han existido problemas éticos a los que los médicos se enfrentan en la práctica. Estos conflictos se han ido acentuando por los avances en la investigación y el rápido desarrollo de nuevas y costosas tecnologías. Los médicos se ven cada vez más arrastrados hacia diferentes direcciones: por un lado, por los intereses de pacientes individuales y, por otro, el compromiso con la sociedad y las generaciones no nacidas todavía. Las personas profanas, que forman la sociedad, están cada vez más interesadas en la ética médica. Los miembros de la profesión médica no pueden ya tomar por sí mismos las dicisiones morales. Pero aún y si nosotros no queremos, no nos podrían tocar en lo moral y en lo humano. Nuestra disposición leal, transparente y recia frente al enfermo, frente a la familia, frente a la sociedad, pero por sobre todo frente al colega, es la fuerza que defenderá nuestros actos, para cuando tengamos que cumplir con el derecho de la réplica y la rectificación. Seremos nosotros mismos, quienes juzgaremos, aunque no nos pronunciemos, de un cargo demandado.
"La corrupción comienza en el interés, cuando éste no está controlado por la ética, cuando hay un déficit en el sentido ético, que es el que nos permite ser dueños de la vida y la historia".
DR. GABRIEL OCHOA DEL PORTILLO