VII
ENCUENTRO DE TRIBUNALES DE ÉTICA ODONTOLÓGICA
Santiago de Cali, Septiembre 1 y 2 de 2000
EL RIESGO PREVISTO
Dr.
ALEJANDRO BOTERO BOTERO
Presidente Tribunal Seccional de Ética Odontológica de Antioquia
Morán, uno de los defensores de la bioética actual, de la ecoética, nos dice que: la vida es un mar de incertidumbres con muchos archipiélagos de certezas. De modo que la verdad de lo que decimos no es una totalidad, nadie la tiene.
En realidad hay dos factores muy grandes uno es el paciente y otro es el profesional. El paciente es la persona más importante y la razón de ser de nuestra profesión. Del paciente lo primero que tenemos que manejarle, es su historia y del profesional lo primero que necesitamos es su formación integral.
Desdichadamente las facultades de odontología tradicionalmente han entrenado personas y hoy queremos es formar a esa persona, la formación integral es un proceso hasta la muerte.
Y el otro punto importante del paciente es el acatamiento, son los dos factores que considero claves en el manejo de los riesgos.
Para el profesional, fuera de su formación integral, sus conocimientos, sus destrezas muy importante el equipamiento. La odontología tiene dos grandes fuentes de donde beber: de lo científico y de lo empírico o anecdótico.
De aquí aparecen las dos obligaciones del profesional: el juicio diagnóstico y el juicio pronóstico. No es la de tratar, el paciente tiene que permitirnos que lo tratemos.
En el juicio diagnóstico hay una escala, que va desde el diagnóstico sintomatológico, pasando por el diagnóstico noseológico y llegando al diagnóstico etiopatológico. El diagnóstico etiopatológico es el más perfecto de todos y exige mucho del profesional; el sintomatológico lo hace el auxiliar por lo elemental que es.
Los pronósticos son de tres tipos: Bueno, regular y malo. Hay unos que han abierto una casilla más y lo llaman pronóstico reservado que es el que no se ha hecho o no se quiere decir.
De tercero vendrá la propuesta terapéutica, que requiere del consentimiento informado y necesita un contrato, que en unas partes será verbal tácito y en otras partes es escrito, y conlleva dos fases: una fase activa y una fase continua. En nuestro medio solo existe la fase activa, es muy rara la fase continua.
El objetivo grande de la fase terapéutica depende de tres puntos importantes: la intención del profesional (por qué le voy hacer este tratamiento), las expectativas del paciente.
Hemos repartido un escrito que hemos venido construyendo hace algún tiempo y dice:
Riesgos en la práctica odontológica de atención individual de personas:
Debido a que los pacientes sólo consultan cuando tienen dolor, hinchazón o pérdida de la función, el riesgo en general se coloca en un segundo plano. Aún así, el profesional debe explicar al paciente y dejar constancia por escrito de él, o de los procedimientos que va a realizarle, identificándole cada uno de los riesgos previstos durante la acción terapéutica.
Los riesgos previstos los clasificaremos en dos grandes grupos: unos generales que competen a todos los profesionales, y unos particulares que competen a los especialistas o a la acción en particular.
El primer riesgo general es el de “Tratar a un extraño”. Esto significa, que ante la ausencia de una buena historia médico-odontológica, el profesional desconozca las situaciones de orden sistémico que pueden poner en peligro la vida del paciente, al no tomar las precauciones necesarias para evitar las complicaciones de su salud general, por omisión al desconocer: su condición sistémica de enfermedad, o por la ingesta de medicaciones que exijan la preparación del paciente por parte de su médico, para la ejecución de determinado procedimiento dental.
En general aún las funciones normales de masticar y realizarse sus procedimientos de higiene bucal, causan una bacteriemia transitoria; con mayor razón cualquier acción odontológica, unas más que otras, inducen este efecto toxémico en el organismo del paciente, el cual debe tener su sistema de defensa en capacidad de responder a ello y sino estar premedicado para que la quimioterapia colabore en protegerlo en este evento infeccioso.
Por omisión cuando drogas tomadas bajo receta médica y en nuestro medio sin ella, tiene efectos sinérgicos y antagónicos, con algunas que los odontólogos aplicamos o formulamos en nuestra actividad diaria, por lo tanto, es fundamental la información que dé el paciente para evitar complicaciones en su salud. En estos casos el médico del enfermo debe ser consultado, para obtener su colaboración con información fundamental, de nuestro obligatorio cumplimiento, para cambiar o modificar el régimen terapéutico sistémico y permitir nuestra acción; y algunas veces para ubicar el paciente en un medio hospitalario, en el cual se pueda manejar cualquier complicación emergente que se presente.
Por lo tanto la ausencia o el diligenciamiento incompleto de la historia médica, convierte un riesgo previsto en uno injustificado.
En el caso de la historia odontológica, ésta se realiza para conocer los antecedentes patológicos bucales y las acciones terapéuticas que ha recibido el paciente, experiencias anteriores como reacciones de intolerancia y alergias, deber ser identificadas para evitar su repetición.
El resultado de tratamientos previos no exitosos, nos debe orientar a develar sus causas, ya sea por parte del anterior profesional o del paciente mismo; de esta manera evitar el riesgo de repetir el mismo resultado en nuestras manos. Componente muy importante de la documentación que el profesional debe diligenciar son los registros de los diferentes exámenes que se le practiquen al paciente, en ellos se deben anotar los hallazgos obtenidos de las diferentes pruebas clínicas, radiográficas y de laboratorio, para con ellos formular el juicio diagnóstico, en el cual, sólo uno es correcto. Por el enunciado anterior, este juicio toma un gran valor en la relación paciente/odontólogo porque es una de las obligaciones fundamentales del quehacer profesional. Este le pertenece al paciente y se le debe comunicar con total claridad, a menos que familiares muy cercanos soliciten lo contrario, con la debida justificación.
La ausencia o realización parcial de los exámenes, muy fácilmente nos llevará a un diagnóstico equivocado, por lo tanto nos harán correr el riesgo de errar en el plan de tratamiento, así los riesgos previstos para tratar una determinada condición, se pueden convertir en imprevistos y aún injustificados.
En estos aspectos juega un papel importante el conocimiento por parte del profesional en lo relativo a su profesión, odontólogo general y especialista. “La ignorancia es atrevida” reza el adagio popular. Por eso vemos muchos casos de: ausencia de tratamiento, de tratamiento incompleto e incorrecto; cuando un determinado profesional, ejecuta acciones más allá de las competencias a él asignadas, según su nivel de formación. El paciente en manos de la persona indicada estará sometido a riesgos previstos, pero en manos de la persona no indicada, estos riesgos se convertirán en injustificados
Vale la pena hacer un paréntesis para que reconozcamos la situación particular de la odontología en nuestro país; no existe ninguna especialidad reglamentada, nadie sabe claramente cuáles son los límites de la Odontología general y dónde comienzan los de las distintas especialidades, ni las instituciones formadoras, ni las prestadoras del servicio y mucho menos el profesional.
Este es un terreno en el cual Universidades, Gremio y Empresas prestadoras de servicios, debieran ahondar para aproximar definiciones y reglamentar el ejercicio de la Práctica Odontológica en su componente de Atención Individual.
Más aún las profesiones de la salud y particularmente la Odontología, carecen de bases científicas en muchos de sus enfoques y procedimientos terapéuticos. Existe hoy una corriente con mucha fuerza que defiende, la necesidad de identificar la Evidencia Científica, para vencer la fuerza del empirismo que por años ha dominado el quehacer del Odontólogo. Muchos protocolos y técnicas, a medida que avanza el desarrollo científico, pierden toda vigencia para su ejecución y se revela su origen en preceptos o escuelas transmitidas de generación en generación, que son meramente automatizadas por los alumnos y seguidores.