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PRESENTACIÓN Cuando
se analiza el desarrollo histórico de la ciudad capital, gran parte del mismo
cae bajo rótulos tales como: espontáneo, no planificado, informal, ilegal, caótico.
Por muchos años se ha asumido como poco lo que se puede hacer para dar forma a
una ciudad del tamaño y dinámica de Bogotá.
El
presente estudio nos muestra este proceso, desde la perspectiva histórica de la
interacción entre el ecosistema urbano en crecimiento y un entorno conformado
por los humedales preurbanos de la Sabana. Al leerlo, uno puede constatar cómo
la “ciudad caótica” no se generó por azar. Resulta relativamente fácil
seguir el hilo de las causas hasta las decisiones de normas, instituciones, políticas
e inversiones que a nivel local y nacional se tomaron en un momento dado, con la
información y con las prioridades consideradas en este entonces. Hoy
también debemos tomar decisiones y estamos obligados a revisar y comprender las
causas y efectos de las tomadas en el pasado, para el desarrollo urbano sea,
como debe, la transformación positiva de los ecosistemas, en función de la
vida y, en especial de la vida humana. Los
proyectos en marcha, los que comienzan a ejecutarse y los que se dejan listos
para ser ejecutados por las próximas administraciones, se dirigen todos a crear
una ciudad más viva y más humana, más hecha para acoger y estimular a seres
vivos y sensibles. Una
firme convicción en la posibilidad de un mejor ambiente para más personas,
basadas en el conocimiento estrecho de las necesidades y aspiraciones
colectivas, así como en estudio científico riguroso y análisis técnicos
objetivos, es lo que nos a llevado a abordar la recuperación de los corredores
ecológicos que atravesaban antaño la Sabana para conectar los bosques nativos
de los Cerros con el río Bogotá y la restauración de los humedales como eslabón
fundamental de dicha estructura. Hay
errores que no pueden repetirse y aún hay opciones para no perder lo que resta
de esta pieza única de nuestro patrimonio natural. Es primordial reconocer que
los humedales, la ciudad y la región son realidades dinámicas. Están
evolucionando rápidamente y es preciso que este cambio sea consciente y
planificado, orientado al disfrute por las personas, en especial para los niños,
en cuyas manos estamos depositando el futuro. Si ellos conocen y aman nuestros
ecosistemas, si pueden acceder a los humedales como un espacio acogedor y un
bien colectivo, es posible que el futuro entienda su necesidad y valore su
conservación. Hay que recordar que la primera parte de la extinción es el
olvido.
ENRIQUE
PEÑALOSA LONDOÑO |