La diabetes mellitus es una frecuente enfermedad metabólica cuya prevalencia comenzó a aumentar por la mayor urbanización de la humanidad, por el cambio de hábitos alimenticios consistentes en comidas rápidas, en la ingesta de azúcares refinados y por el sedentarismo. La asociación de estos estilos antihigiénicos de vida con obesidad, hipertensión, enfermedad coronaria y la misma diabetes hizo que tanto el estado como organizaciones no gubernamentales se interesaran en dar a conocer esta patología y prestar ayuda a aquellos que la padecen.
Por esto en 1950 se creó la Federación Internacional de Diabetes (FID), y el 8 de junio de 1954, la Asociación Colombiana de Diabetes (ACD), bajo la dirección científica del doctor Mario Sánchez Medina, de quien dice Efraim Otero: La situación de los diabéticos... se le muestra tan crítica y abandonada, que sacude los diapasones más íntimos de su sensibilidad social; tiene el decidido apoyo de sus padres, al abogado Antonio José Sánchez Naranjo (asesor jurídico de la ACD toda la vida) e Isabelita Medina de Sánchez, quien fundó el servicio de damas voluntarias. Su primera sede es un pequeño cuarto en el primer piso del –entonces todavía en construcción- Hospital Universitario San Ignacio. Por otro lado la FID engloba 164 asociaciones nacionales de 130 países, las que tienen por misión trabajar en el mejoramiento de la calidad de vida de estos pacientes y la de liderar la lucha mundial contra la diabetes, que con el paso de los años está alcanzando proporciones epidémicas, y que recibe el apoyo de sus miembros que son personas, asociaciones o empresas.
La idea era la de involucrar a la comunidad, a los pacientes, al mismo Estado y al personal de salud en un solo esfuerzo por lograr el control y prevención de la enfermedad y de sus complicaciones, promoviendo la educación del diabético y de los médicos, insistiendo en los conocimientos dietéticos y de ejercicio físico, prescribiendo el tratamiento adecuado e indicándole al paciente cómo hacer uso de los medios diagnósticos y del autocontrol. La Asociación es pues de Diabéticos, y su unión es la razón de ser de ella; la comunidad participa sobre todo a través de la Junta Directiva, que siempre ha estado constituida por importantes dirigentes y empresarios, diabéticos ellos mismos o con seres queridos que han sufrido la enfermedad.
Mario Sánchez Medina nació en Bogotá el 17 de octubre de 1919. Estudió medicina en la correspondiente facultad de la Universidad Nacional, donde se graduó en 1945 con un trabajo de tesis titulado “El síndrome de reacción leprosa”. Se especializó en nutrición y diabetología con P. Escudero en el Instituto Nacional de Nutrición de Buenos Aires, en íntimo contacto con el Hospital de Clínicas y la Facultad de Medicina; allí comienza su larga amistad con Rafael Camerini-Dávalos, Jefe de Diabetes de Cornell (New York Hospital), gran amigo de Colombia; comenzó en la capital argentina los estudios en alergia e inmunologìa, que luego finalizara en el Instituto Robert Cooke de Nueva York.
Este doble interés científico lo ha mantenido Sánchez Medina toda su vida. Podríamos incluso decir que es tanto o mejor conocido internacionalmente por su labor investigativa como inmunólogo, y que la mayoría de sus publicaciones científicas indexadas se refieren al campo de las alergias y de la relación de estas con los ácaros. Su hoja de vida crece pues en estas dos áreas de la medicina. De 1956 a 1961 fue profesor de Nutrición y Dietética de la Universidad Javeriana, donde su hermana Margarita de Tripp fue decana fundadora de esta escuela. Entre 1954 y 1978 fue docente de medicina interna en la Universidad Nacional, y en la escuela de enfermería de la Cruz Roja entre 1956 y 1958. Fue jefe de alergia e inmunologìa en el ISS (1952-1972), en la Caja de Previsión Social de la Universidad Nacional en los mismos años, y en el Hospital Militar (1966-1979). Fue Presidente de la Sociedad Colombiana de Endocrinología (1964-65). Posteriormente trabajó durante 17 años como Director de Investigaciones de los laboratorios Merck, Sharp & Dhome. 140 artículos científicos y varios libros constituyen su legado a la medicina y a la biología molecular.
Jaime Cortázar García (En la foto, con Alfredo Jácome Roca y Hernán Mendoza Hoyos) por otro lado, una vez obtenido su título de médico, viajó a la escuela de graduados en Boston, donde obtuvo su especialización en Harvard, habiendo trabajado dos años al lado de Stanbury, sucesor en el Mass General de J.H.Means. Se vinculó al Instituto Nacional de Cancerología donde fundó en 1951 la sección de isótopos radiactivos y endocrinología. Pronto se le asoció Efraim Otero, quien narra en su reciente libro autobiográfico “La Medicina Nuclear” todas las vicisitudes de aquella época, la “goma” de los isótopos radiactivos, los vaivenes políticos y el ingreso de Cortázar a la administración del Instituto como Director, en reemplazo de Jácome Valderrama. El fuerte allí fue siempre el tiroides, pero Cortázar, Jaime Ahumada y Carlos E. Cortés Boshell mantuvieron por años una relación con la ACD. Ha sido Cortázar el historiador de los primeros años de la Asociación, y muchos de sus trabajos fueron publicados en compañía de Sánchez Medina.

Por mi amigo Álvaro Mesa conocí a este grupo por primera vez hacia 1960, pues siendo todavía estudiantes asistimos a una reunión de la Sociedad de Endocrinología precisamente en el consultorio de Cortázar y Otero en la calle 52 (arriba de Marly) donde Sánchez Medina hizo una presentación de sus estudios sobre microangiopatìa diabética en la retina. De allí surgió una primera amistad, y nuestra vinculación transitoria al Instituto para realizar la tesis de grado sobre anticuerpos a la tiroglobulina en tiroidopatìas, que marcó nuestro interés inicial en la endocrinología.
Cortázar escribió: La inquietud médica ante la situación de los diabéticos económicamente débiles, constituyó la razón para fundar la ACD. Eran necesarias tres condiciones, que estos diabéticos (de escasos recursos) quisieran asociarse, que se pudiera contar con un grupo médico cuyo deseo de servicio fuera óptimo y que se dispusiere de personal no médico (de apoyo) con igual deseo de servir.
En otra oportunidad, Hernán Mendoza Hoyos dijo que la Asociación es una organización desarrollada al margen de la acción estatal y constituye una típica manifestación de acción comunal en lucha contra la diabetes. Frente a noxas como esta, agrupable bajo denominaciones tan diversas como hereditaria, metabólica y nutricional, la medicina debe manifestarse plenamente como actividad social, para poder actuar sobre los diversos aspectos del comportamiento del enfermo y con miras a desplazar la enfermedad en virtud de la modificación del medio. Mendoza Hoyos fue uno de los pioneros en el estudio de las hormonas, y dictó el mejor curso –por lo didáctico-que yo recuerde en mi segundo año de medicina, sobre “Fisiología Endocrina”. Por años enseñaría yo después a través del mismo curso en la Javeriana, y escribiría dos ediciones de mi texto sobre el tema, publicado por la Editorial El Ateneo de la Argentina.
En los Estatutos de la ACD se consignó el interés de contribuir al mejor conocimiento de la diabetes en el país, prestar a los diabéticos que lo necesiten una eficaz ayuda para el logro del tratamiento adecuado, suministrar consultorios atendidos por especialistas al alcance de gente de escasos recursos, conseguir un precio razonable para la adquisición de la insulina y de los fármacos hipoglicemiantes, colaborar en campañas con las autoridades de salud pública, ser vínculo de unión y mejor conocimiento recíproco entre todos los diabéticos colombianos, y crear un cuerpo de científicos dedicados a la investigación dentro de la misma ACD. Desde un comienzo se pensó en incluir una estructura administrativa, otra de atención médica propiamente dicha y la de servicios sociales y damas voluntarias.
Estos objetivos se han cumplido prácticamente en todos los puntos. Obviamente que el cambio de sistema impidió que la ACD, que ya había logrado adquirir cuatro edificios, en dos de los cuales funcionaban camas hospitalarias y servicio de urgencias, lograra mantener esta atención integral que incluía no sólo la atención ambulatoria sino la de hospitalización. Esta parte dejó de funcionar después de varios años pues resultó financieramente inviable.
Las cifras de prevalencia en aquellas épocas fueron así; en 1956 murieron 425 habitantes del país por esta enfermedad, según lo indicaban los certificados de defunción. Esto era un 3.3%, porcentaje que subió en 1965 a 3.7%, seguramente por una mejor calidad de estos informes. Ese mismo año se encontró que la prevalencia de diabetes en la ciudad de Fusagasuga, a la sazón con 10.000 habitantes, fue de 2.4%, mientras que en Oxford fue de 1.7%. Para entonces Sánchez Medina intentó hacer una estadística sobre la atención de la enfermedad en los consultorios particulares, y de los 500 formularios que envió, logro 76 respuestas, sobre diabéticos tipo 2. Eran unos 200 pacientes, 18% sin complicaciones específicas. De las complicaciones, 72% eran oculares, 44% cardiovasculares, renales 32%, neurológicas 21% y otras, 7%. Las dietas estuvieron entre 1000 y 2200 calorías diarias, ordenadas todas de manera cualitativa. La dieta fue la única medida terapéutica en el 23% de los casos, en 38% se añadieron hipoglicemiantes orales del tipo tolbutamida o clorpropamida, y en 39% se instituyó insulinoterapia.
En 1960 se atendieron 412 pacientes diabéticos en el Hospital San Juan de Dios, 83 en el San José, 330 en el ISS y 373 en el Cancerológico, todas instituciones de Bogotá. En cuanto a la ACD, esta atendió en los primeros diez años de funcionamiento, 2495 diabéticos que se habían afiliado en Bogotá. Sánchez Medina estudió en estos pacientes (además de 505 de consultorios particulares) la incidencia de diabetes en niños y encontró una incidencia de 1.4% o 43 niños (entre 3000 diabéticos). Los pesos y tallas al nacer fueron similares a los de los bebés normales, la mayoría eran de sexo femenino (31 niñas), la edad de aparición de la enfermedad fue en grupos de números similares (7 eran menores de un año, 8 entre 1 y 3 años, 8 entre 3 y 6 años, 12 entre 5 y 10 años y 8 entre 10 y 15 años). El diagnóstico correcto se logró, en la mayoría de los casos, antes de los dos meses de la aparición de los síntomas; estos fueron los clásicos de poliuria, polidipsia, pérdida de peso, vómito, fatiga, acidosis y coma (complicación por la que murieron 3 niños), dolor abdominal, polifagia, irritabilidad, nicturia y enuresis.
La ACD se empeñó desde un comienzo en dar educación al paciente diabético, programa que estuvo bajo la dirección de doña Mercedes Triana de Torrado. La educación del diabético no sólo ha consistido en dar información (lo cual es importante) sino en capacitar, transformar e incentivar al diabético para que logre volver motivación la información suministrada, de esta manera buscando su mejor control y prevención de las complicaciones.
La educación del diabético es fundamental, ya que el médico –con su tiempo limitado- se entrega a su tarea de diagnosticar, prescribir, aconsejar, pero el paciente tiene que aplicar, y esto sólo se logra con una intensa motivación. Si las frustraciones, el estrés, el desempleo y los vicios llevan al enfermo a fumar y beber más, ser agresivo y comer más, este va derecho a una vida más corta y de peor calidad. Por supuesto que previendo esto, la ACD siempre ha tenido especialistas que atiendan estas complicaciones, como oftalmólogos, cardiólogos, podólogos, vasculares periféricos y ortopedistas, nefrólogos, psicólogos. Se presta especial atención al cuidado de los pies y al tratamiento de los otros factores de riesgo coronario, como la hipertensión, la hiperlipidemia, el sedentarismo, el tabaquismo y la obesidad. El estudio rutinario del ojo y la detección precoz de micro albuminuria.
Como los grandes estudios del tipo del UKPDS (Programa de Vigilancia de la Diabetes en el Reino Unido) y el DCCT (Estudio del Control de las Complicaciones de la Diabetes) han demostrado que si la persona logra mantener unas metas adecuadas por muchos años (control de la glicemia, hemoglobinas glicosiladas normales), se puede lograr una reducción hasta de un 75% en las graves complicaciones renales y retinianas.
Así pues que es necesario que el diabético adquiera sólidos conceptos sobre los mecanismos que producen la hiperglicemia, por qué se llega a las complicaciones y cómo lograr prevención y control en diabetes. No basta con decir: ¡algún día –como todos- moriremos! Hay que pensar en la invalidez y los dolores que causa la neuropatía, el costo y el problema de la diálisis y posible trasplante, la ceguera, la amputación, la impotencia, el infarto, la trombosis cerebral, las infecciones. Esto asociado con muchas de las enfermedades crónicas y degenerativas cuya incidencia aumenta con la edad. Se debe procurar que el paciente cambie una posible actitud negativa ante la enfermedad, se adhiera al tratamiento y se busque una mejor relación costo-efectividad. La diabetes es una enfermedad muy costosa, por lo crónica, por la polifarmacia, por la necesidad de usar métodos tecnológicos de alto precio, por la incapacidad para trabajar.
La educación también incluye el buen cuidado de los pies, la forma de seguir una dieta, de hacer el ejercicio, de aplicarse la insulina, de la aceptación de la enfermedad (particularmente en los niños), de los veraneos en los campos para quienes tienen la diabetes juvenil.