Los Placebos Funcionan

En confrontación a la práctica “éticamente cuestionable” de recetar placebos a pacientes que no saben que están tomando placebos, los investigadores hallaron que un grupo al que se informó que se trataba de ellos continuó refiriendo alivio significativo de los síntomas.

En un estudio sobre ochenta pacientes de síndrome de colon irritable (SCI), un grupo de control no recibió tratamiento, mientras que al otro grupo se le informó que su régimen de dos pastillas diarias estaba compuesto por placebos. Luego de tres semanas, cerca del doble de la cantidad de los tratados con placebos informaron sobre alivio adecuado de los síntomas, comparados con el grupo de control.

Los que tomaban placebos también duplicaron sus índices de mejora a un nivel prácticamente equivalente de los efectos de los medicamentos para el SCI más potentes, aseguró el Dr. Ted Kaptchuck, investigador líder y profesor asociado de medicina de la Facultad de medicina de la Harvard y del Centro Médico Beth Israel Deaconess.

Un estudio de 2008 en el que Kaptchuk participó mostró que el cincuenta por ciento de los médicos estadounidenses le suministran de manera secreta placebos a pacientes inocentes.

Kaptchuk aseguró que quería determinar cómo reaccionarían a los placebos sin ser engañados. Varios estudios han mostrado que los placebos funcionan para ciertos pacientes y al poder del pensamiento positivo se le ha atribuido el llamado “efecto placebo”.

“Esto no debió haber pasado”, aseguró Kaptchuk acerca de los resultados. “Realmente nos despistó”.

El grupo de prueba, cuya edad promedio era de 47 años, estaba compuesto principalmente por mujeres reclutadas a partir de avisos para participar en “un novedoso estudio de gestión de la mente y del cuerpo sobre el SCI”, según el estudio, sobre el que se informa en línea en la edición del 22 de diciembre de la revista PLoS ONE, publicada por la Biblioteca Pública de Ciencia.

Antes de su asignación al azar al grupo del placebo o al de control, se informó a los pacientes que los placebos no contenían ningún medicamento. Los placebos no solo se describieron con veracidad como pastillas inactivas sino que el frasco decía claramente “Placebo”.

Los proveedores de atención también pasaron cerca de quince minutos explicando la manera como los placebos pueden tener efectos poderosos y que una actitud positiva, aunque no es esencial, podría ayudar.

Al final del estudio, financiado por el Centro Nacional para la Medicina Alternativa y Complementaria y la Fundación Bernard Osher, el 59 por ciento de las mujeres del grupo del placebo informó sobre alivio adecuado de los síntomas, frente a 35 por ciento del grupo de control.

“Algunos pacientes fueron bastante incrédulos, algunos se mostraron muy entusiasmados, aunque, para el final, muchos lo estaban disfrutando realmente”, aseguró Kaptchuk. “Se sintieron fortalecidos”.

Su teoría es que el ritual mismo de tomar pastillas para tratar las enfermedades, aunque sean de mentiras, inicia una respuesta cerebral que cambia la manera como los pacientes perciben y experimentan sus síntomas.

“No hay nada que no esté en nuestras cabezas”, aseguró Kaptchuk. “Nuestras emociones, como la tristeza y la ansiedad interactúan con nuestros síntomas”.

El Dr. Andrew Leuchter, profesor de psiquiatría y ciencias bioconductuales de la Facultad de medicina David Geffen de la UCLA, anotó que la investigación señala que la ignorancia de los pacientes sobre su tratamiento con un placebo podría no ser necesaria para alcanzar los resultados.

“Es un estudio muy interesante y, me parece que su diseño está bastante bien pensado”, aseguró Leuchter, también vicepresidente del senado académico de la UCLA. “Parte de esto podría ser una respuesta condicionada”.

Leuchter anotó que los participantes en una investigación típicamente no quieren desilusionar a los investigadores, lo que también podría haber contribuido a sus percepciones. Además, los que estaban en el grupo de control podrían haber resultado decepcionados de no recibir placebos, lo que podría explicar algunas de sus reacciones, dijo.

“Me parece que queremos ver qué tan duradera sería esta mejora”, aseguró Leuchter. “Si seguimos a los sujetos por un par de meses, ¿son duraderos los beneficios?”.

Los autores del estudio anotaron que haría falta confirmar el hallazgo con un ensayo de mayor tamaño. Por su parte, Kaptchuk aseguró que espera estudiar los efectos a largo plazo en estudios futuros, así como en pacientes que tienen otras afecciones.

“Este es un estudio muy preliminar que da un primer paso”, dijo, y agregó que el reducido tamaño del grupo del ensayo fue una limitación. “Me parece que el asunto ético fue un componente muy importante”.

FUENTES: Ted Kaptchuk, D.O.M., associate professor, medicine, Harvard Medical School and Beth Israel Deaconess Medical Center; Andrew Leuchter, M.D., professor, psychiatry and biobehavioral sciences, David Geffen School of Medicine, University of California, Los Angeles; Dec. 22, 2010, PLoS ONE, online

HealthDay

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