|Friday, November 28, 2014

Drogadicción y Sexualidad, Efectos Farmacológicos  

Desde hace siglos, se ha hecho hincapié de la acción que ejercen las drogas y el alcohol sobre la sexualidad.

En Mac Beth, Shakespeare decía26, refiriéndose a la acción del alcohol sobre la sexualidad “Excita el deseo pero impide su acción” (acto 2º, escena 3ª).

Farkas y Rosen22, llevaron a cabo experimentos en tres grupos de individuos a quienes suministró dosis diferentes de alcohol y midieron el incremento de la tumescencia peneana, que se observaba en esos individuos que al mismo tiempo veían películas eróticas y a aquellos que tenían concentraciones alcohólicas un poco por debajo del límite de la intoxicación, se producían una notable supresión de la erección.

Un experimiento similar22, (Wilson – Laeson) pero en mujeres, observó un siginificativo efecto negativo en la presión del pulso vaginal.

Ya desde entonces13,14, se piensa que las sustancias que actúan como depresores del Sistema Nervioso Central, interfieren los mecanismos de transmisión refleja en la excitación sexual. Además, estudios científicos han demostrado que en los bebedores sociales27, tanto hombres como mujeres, se reducen los niveles de testosterona y de hormonas luteinizantes en la sangre de los adultos jóvenes que gozan de buena salud.

Los efectos agudos de ciertas drogas sobre la sexualidad34, son más complejas y tienen más que todo, efectos “desinhibitorios” sexuales, en las personas. Es por ello, que tales sujetos, tienen una sensación de relajamiento y una actitud más abierta hacia la sexualidad.

En relación ya más específica de la Marihuana sobre la sexualidad33,2, hay una considerable controversia al respecto.

El uso de la marihuana se ha hecho frecuente y rutinario, a pesar de ser una droga ilegal y prohibida. Y una de las razones citadas para los que se inician en ella, es la fama que tiene de aumentar las sensaciones y experiencias sexuales; de tal modo, que las expectativas positivas de un posible efecto placentero de la droga, no dejan de ser una simple sugestión.

Es difícil diferenciar el efecto real que tienen las drogas sobre la sexualidad, de las fantasía de sus sensasiones, ya que sus investigaciones se hallan entorpecidas y bombardeadas por presiones políticas, como lo sucedido en un laboratorio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston36, donde los doctores Norman Zimberg y Andrew Weill, iniciaron una serie de estudios que a su entender, constituían los primeros experimientos en Canabiología en seres humanos, de conformidad con las normas actuales para evaluar el efecto de la droga; fue necesario esperar más de un año de negociaciones para que las autoridades de la Universidad y el Gobierno Federal autorizaran dichos estudios y cuando se iniciaron las pruebas, dichos científicos corrieron el riesgo de ser encarcelados por violación a la Leyes del Estado de Massachusetts.

También se ha observado, como corolario de lo anterior, que los consumidores de la droga son impotentes y la recuperación en su totalidad de ella, al abandonar el uso de la droga, es lenta.

A nivel de la espermatogénesis22, hay una inhibición de ella en su uso continuado y en cuanto al sexo femenino, tanto en mujeres postmenopáusicas, como en aquellas que habían sido oforectomizadas por cualquier otra circunstancia, la droga, deprime los niveles de gonadotropinas coriónicas y en mujeres sanas y jóvenes, los ciclos menstruales son más cortos que las no consumidoras, aunque las concentraciones sericas de LH y FSH de ambos grupos, fuesen similares. Como dato curioso, en las consumidoras crónicas de la marihuana23, la concentración de los “andrógenos femeninos” eran significativamente más bajos, que las que no lo consumían y todos sabemos que ésta sustancia originada en las suprarrenales, es la que origina la líbido o el deseo sexual.

Sabemos cómo los impulsos sexuales24,25, se hacen a niveles de neuronas cerebrales donde tiene acción importante los neurotransmisores y a nivel de éstos centros, la hidroxitriptamina, se eleva, mientras que la noradrenalina cerebral disminuye y por ello, en los monos produce una sedación, disminución de la conducta agresiva y pérdida de la motivación o capacidad para ejecutar tareas complejas.

Cuando la droga se inhala30, el humo ejerce su acción algunos minutos después y dura poco su acción. Si se ingiere, tarda de 30 a 60 minutos en manifestarse su acción y su duración ya es de 3 a 5 horas. No se han registrado defunciones con su efecto agudo y hay una taquicardia con congestión vascular de las conjuntivas. (Uso de colirios en los recién iniciados). Hay sequedad de boca y garganta y los vértigos como las nauseas, son frecuentes en los iniciados. Como dato curioso3, se encuentra un apetito aumentado hacia los azúcares, aunque no se han descrito alteraciones de la glicemia ni de otros parámetros bioquímicos. No se ha estudiado el destino metabólico de las drogas, pero en la orina se ha descubierto un compuesto glucurónico, después de su administración por vía oral. Los efectos subjetivos de la droga, dependen de la personalidad de quien la use, así como de la dosis, de la vía de administración y las circunstancias con que se use la droga.

Con relación a la Heroína y su acción en la esfera sexual, desde tiempo inmemorial se sabe de la influencia que tiene en la actividad sexual.

Lo que se ha sugerido en llamar el “orgasmo psicogénico”7, no es más que una sensación subjetiva de la hipertrofia del YO, con una descenso apreciable de las sensaciones libidinosas. Además, la búsqueda diaria del dinero para su adquisición o compra, indudablemente reduce el interés por las actividades sexuales.

A nivel farmacológico13,14 hay una disminución en la concentración de testosterona en el suero, como las de las gonadotropinas hipofisiarias. Según Cushmman7, de 19 varones adictos a la heroína, 12 presentaban trastornos de la líbido, 10 eran impotentes y 12 tenían eyaculaciones retardadas.

Bai 7, observó que en sus pacientes habían un 60% de libido deprimida y de las mujeres, el 45% tenían amenorreas y en el 90% infertilidad y en éstas, el 20% galactorreas y reducción en el tamaño de las mamas. También han observado los que se han dedicado a estos temas, que la cesación en su uso, no restauraban inmediatamente la normalidad de la actividad sexual y reproductora y los problemas endocrinos y psicológicos que ocasionaban, podían persistir durante meses, antes que advirtieran mejoría alguna.

Con la cocaína12,14, hay la creencia que tiene propiedades excitantes en relación a la sexualidad y entre ellas, las de aumentar el deseo, el de mejorar la firmeza y la duración de las erecciones e intensificar el orgasmo, tanto en los hombres como en las mujeres. Sin embargo estudios estadísticos llevados a cabo en 14 de los 39 varones encuestados, dijeron haber sufrido una pérdida de la erección que los relacionaban al uso de ella.

Es bastante escasa la información que se puede aportar en relación con esta droga en lo tocante a efectos sexuales y por lo pronto no es dable sacar conclusiones definitivas de ningún tipo. La cocaína, se obtiene de las hojas del ERYTHOXILON COCA, árboles indígenas de Perú y Bolivia, donde sus hojas se han usado desde hace siglos, para aumentar la resistencia al esfuerzo físico, por estimulación central (mambeo).

La Cocaína es la benzometilecgonia, la cual es una base aminoalcohólica relacionada con la atropina y es un ester benzoico y una base, que contiene nitrógeno.

La acción más importantes que tiene la cocaína, es la de bloquear la conducción nerviosa cuando se aplica localmente y su efecto más sobresaliente, la estimulación SNC.

En éste, lo estimula de arriba hacia abajo y la primera manifestación que produce es a nivel de la corteza cerebral manifestándose por una locuacidad, inquietud y excitación; también hay signos de que aumenta la capacidad mental y la capacidad para el trabajo muscular, probablemente porque disminuye la fatiga y de ahí su uso generalizado por los indígenas.

En los animales de laboratorio, su acción cortical se manifiesta por un incremento de la actividad motora. Con dosis mínimas, la acción motora permanece coordinada, pero a medida que se aumenta la dosis, se afectan los reflejos inferiores produciendo temblores y movimientos convulsivos; los reflejos medulares se exacerban y al final, aparecen convulsiones crónicas y tónicas por acción inhibitoria de las neuronas.

Su acción en el Bulbo, se traduce por un aumento en la frecuencia respiratoria. La estimulación central va seguida de depresiones de los centros superiores y ocurre aún cuando los centros inferiores del eje neuromuscular, se encuentren en la etapa de excitación. Es fácil llegar al paro respiratorio por esta acción sobre los centros bulbares.

La cocaína potencializa las respuestas excitadoras e inhibitorias de los órganos inervervados por el simpático11,12. Por lo tanto, sus acciones son a nivel de los neurotransmisores y de ahí que sus efectos tengan relación con la adrenalina y la noradrenalina en la estimulación de los nervios simpáticos.

La potencialización de la cocaína fue observada por primera vez por Frohelich y Loewi en 191013,14 quienes concluyen, que la cocaína no estimula directamente éstos órganos ni tiene acción sensibilizante específica sobre ellos, ya que las células denervadas no responden a la cocaína sola. Una explicación pudiera ser que la cocaína impide la degradación de los neurotransmisores, pues se sabe que inhibe la monoaminoxidasa, amina que oxida la adrenalina y la noradrenalina.

Por ello se sabe que la cocaína es el único anestésico que impide la absorción de los neurotransmisores en los terminales nerviosos. Es ésta la razón por la cual produce sensibilización a la adrenalina y noradrenalina y explica a diferencia de otros anestésicos, donde la cocaína produce vasoconstricción y midriasis y que su acción más importante es bloquear la conducción nerviosa cuando se pone en contacto directo con el tejido neural. (Isquemia del tabique con necrosis del mismo en los sujetos, cuando la inhalar).

Como conclusión general, podemos decir que la utilización de esta droga ha sido considerada durante mucho tiempo como un medio de aumentar el interés y el disfrute de las relaciones sexuales y hay pocos datos objetivos que sostengan la tesis de que son verdaderos afrodisíacos. El mejor afrodisiaco hasta el presente, mientras no se pruebe lo contrario, es la hembra que uno ama.

El efecto de las drogas varía mucho de un sujeto a otro y en una misma persona en diferentes ocasiones y circunstancias.

No olvidemos que las percepciones sexuales subjetivas, pueden verse ampliamente alteradas como resultados de la utilización de las drogas y todos los profesionales dedicados al cuidado sanitario de la comunidad, deben conocer perfectamente, los efectos que las drogas puedan tener en la actividad sexual, ya que indudablemente influyen en la calidad de vida de las personas que las usan; la forma ambivalente como nuestra sociedad les hace frente, está obligando al hombre a revisar sus principios religiosos y filosóficos, para evitar verse sumergidos en un falso mundo de ensueños.

Las drogas han adquirido en los últimos años una connotación específica para aludir aquellos fármacos no medicados, que unidos a situaciones de alto riesgo o marginalidad social, producen en el consumidor efectos nocivos para la salud, el comportamiento y la convivencia social.

Sobre la conducta sexual influyen toda una serie de factores socioculturales y sabemos cómo los fármacos varían, en su manera de obrar de una persona a otra. Sus efectos dependen en la mayoría de los casos de las diferentes expectativas con que se usen, ya sea para liberar las tensiones sexuales o si se usan en mágicas pociones que faciliten en sumo grado la gratificación sexual.

De tal manera que las necesidades, los deseos, las expectativas y el grado cultural de quien las usa, condiciona los efectos específicos de cada droga.

La drogadicción está causada por una secuencia de eventos parecidos a los del hambre. Sin embargo, al contrario de la mayoría de los alimentos, las drogas que causan adicción provocan cambios en los receptores a los cuales se adhieren, haciéndolos menos sensibles.

Este proceso genera acostumbramiento o tolerancia (necesidad de aumentar gradualmente la dosis de una sustancia para generar igual efecto) y adicción (la sensación de ansiedad cuando se interrumpe el consumo de la sustancia). La mayoría de las drogas que producen adicciones actúan alterando los niveles de neruotransmisores sobre todo la serotonina, dopamina, endorfinas y noradrenalinas.

Cada tipo de droga actúa de manera ligeramente distinta para generar sus efectos característicos.

El éxtasis, por ejemplo, estimula las células que producen serotonina y actúa sobre áreas de la corteza frontal del cerebro, generando sensaciones de euforia, transcendencia y afecto.

El efecto es parecido al de los antidepresivos que origina que las células produzcan una ola mayor de neurotransmisores.

Los alucinógenos como el LSD y el peyote, también estimulan la producción de serotoninas o contienen agentes químicos que imitan sus efectos.

Estas drogas, aparte de estimular los centros del placer del cerebro, activan también las áreas de los lóbulos temporales que generan las alucinaciones. Los llamados “malos viajes” pueden ser el resultado de la estimulación de una zona cerebral cercanas a las anteriores, en la cual se producen las sensaciones de miedo.

El LSD en dosis mínimas aumenta el rendimiento sexual, en tanto que en otras personas hace perder completamente las capacidades sexuales y tras un consumo prolongado de ella, solo se recuperan al cabo de los años de haberla suspendido.

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