|Miércoles, julio 30, 2014

Crónica: Historia del Servicio de Gastroenterología y Endoscopia Digestiva  

Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena

Bodas de Plata

Palabras pronunciadas en la conmemoración de los 25 años del servicio, Cartagena de Indias,julio de 2000. Ramiro Tenorio Durán, MD., médico internista, gastroenterólogo, profesor titular, ex jefe del departamento de Medicina Interna, ex jefe de la Unidad de Gastroenterología y Endoscopia Digestiva, Facultad de Medicina, Universidad de Cartagena.

A comienzos de 1975, la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena desarrollaba sus actividades en el viejo Hospital San Pablo, etapa intermedia entre el vetusto Hospital Santa Clara y el nuevo Hospital Universitario de Cartagena. En este último, a punto de ser terminado, la actividad era febril. Se preparaban las instalaciones para recibir a médicos, estudiantes y desde luego a los enfermos, y así dar comienzo a las actividades académicas y asistenciales.

Se estaba recibiendo el equipo hospitalario, el más moderno de la época. La última tecnología científica llegaba a nuestro hospital, el cual en poco tiempo se convertiría en el mejor dotado de la Costa Atlántica y en el centro de referencia para todo el norte del país. Entre estos equipos de avanzada estaban los endoscopios de fibra óptica de vías digestivas, que constituían la revolución en la exploración del tubo digestivo. De los aparatos rígidos, muy mal tolerados, con alta morbilidad y con muchas limitaciones (áreas difíciles de explorar por la rigidez, luz caliente en el extremo distal, necesidad de anestesia plena), se pasaba a lo completamente flexible, con campos visuales que abarcaban toda la anatomía gastrointestinal, con luz fría y proximal y con sedación suave previa al procedimiento. La morbilidad en la exploración endoscópica del tubo digestivo prácticamente desaparecía con los nuevos equipos. Como complemento, se podían tomar muestras de zonas visualizadas directamente, sin ninguna morbilidad.

Era emocionante pensar que atrás quedaba la oscuridad y se nos abría el camino hacia el diagnóstico exacto. Atrás también quedaban las torturas diagnósticas rutinarias de entonces (entre ellas, el gastroacidograma). Con un diagnóstico adecuado, el resultado era un tratamiento efectivo. Se explicaban, además, muchas cosas que antes permanecían en las tinieblas.

Pero, era necesario entrenar a quienes debían activar este mundo maravilloso del diagnóstico. Al frente de la dirección del Hospital Universitario se encontraba en la época el doctor Clímaco Silva García, quien se desempeñaba ya como su primer Director, después de haber sido el gerente de la obra en construcción. Hombre visionario, honesto, de empuje y de soluciones rápidas y acertadas, y quien ofrendó su vida para que el Hospital naciera poderoso y eficiente. Desgraciadamente, no vio su obra completamente terminada.

El doctor Silva García hizo la consulta al jefe del Departamento de Medicina Interna, a la sazón, el doctor Manuel González Herazo, y éste propuso mi nombre para hacer la subespecialidad de endoscopia digestiva y gastroenterología. Se escogió para el entrenamiento el centro más avanzado en este campo en ese momento en el país, el Servicio de Gastroenterología y Endoscopia Digestiva del Hospital de San José en Bogotá.

En ese centro me formé como endoscopista digestivo y gastroenterólogo con un equipo humano extraordinario, dirigido por el doctor Arecio Peñaloza Rosas y del cual también hacían parte los doctores Sydney Fassler y Luis Castañeda, investigadores natos, científicos de carrera, hombres probos y con una capacidad para enseñar fuera de serie.

En ese entonces, el Hospital de San José era la catedral de la gastroenterología y de la endoscopia de avanzada y un centro universitario reconocido dentro y fuera del país. El acuerdo para mi formación incluyó también la rotación, por el Servicio de Gastroenterología, de nuestros residentes de medicina interna. Fue así como me acompañaron como residentes el doctor Gustavo Méndez, primero, y, luego, el doctor Senén Alvarez. Con ellos disfrutamos al máximo de la actividad científica febril del servicio comandado por el doctor Peñaloza Rosas. Las sesiones de iconografía, de endoscopia, de radiología digestiva, las sesiones clínicas, las presentaciones de casos, eran de una altura científica que hubieran envidiado los grandes hospitales universitarios. Y, ¿qué decir de la actividad docente con profesores invitados extranjeros, franceses y japoneses, que nos transmitían lo más avanzado de la endoscopia en sus respectivos países, en ese entonces, líderes en la materia. En esa época, fuimos con los doctores Méndez y Alvarez, coautores con el equipo de San José del trabajo Cateterismo de la vía biliar y pancreática por duodenoscopia, pionero en este campo, en la XXIV Convención Nacional de Gastroenterología, en noviembre de 1975 en Montería.

Este es el momento apropiado para rendir un homenaje de agradecimiento al equipo que nos formó, representado hoy aquí por el doctor Peñaloza, cabeza del mismo.

El doctor Arecio Peñaloza Rosas es un maestro de la gastroenterología y la endoscopia digestiva, de prestigio en el país y fuera de él. Los alumnos formados por él y su equipo nos encontramos diseminados en todo el país.Y con su servicio aún mantenemos un cordón umbilical que nos nutre no sólo de ciencia sino de amistad y aprecio.

Era la época de los antiácidos neutralizantes, que reinaron por mucho tiempo en el manejo de la enfermedad ácido péptica, las gastritis y las dispepsias; de la metoclopramida, el procinético más popular; del bismuto que se usaba como cicatrizador local; de la pirenzepina, el antimuscarínico de moda ampliamente usado en la enfermedad ácidopéptica; de los anticolinérgicos tradicionales; de la carbenexolona, con fama de buen cicatrizador de úlceras pero con efectos secundarios cardiovasculares catastróficos; de la domperidona, otro procinético que se empezó a usar cuando la metoclopramida mostró sus efectos secundarios; del metronidazol, del cual se sabía que cicatrizaba úlceras, pero no se sabía cuál era el mecanismo de tal curación. Estos eran, entre otros, los medicamentos más utilizados que constituían el armamentarium terapéutico en gastroenterología. Con estos medicamentos hacíamos maravillas. Ya muchos no se usan y los que se usan, se usan muy poco y con prescripciones limitadas a unos cuantos padecimientos. Se usan poco porque fueron reemplazados por medicamentos más eficaces, con menos efectos secundarios y con recaídas casi nulas.

El panorama radiológico era también sui generis. Antes de la endoscopia flexible, los criterios radiológicos eran definitivos para tomar una conducta. No había complementación diagnóstica. El diagnóstico diferencial entre las lesiones malignas y benignas era meramente radiológico. La línea de Hampton, la rigidez de pliegues, la profundidad de los cráteres, etc., definían una conducta que era generalmente la quirúrgica. Con el advenimiento de la endoscopia moderna, ya veíamos directamente la lesión y si tenía o no características de malignidad; además, se tomaba la muestra para patología de las zonas donde era más probable hacer el diagnóstico. Con esto nos fuimos divorciando de la radiología hasta entrar en una relación más real y específica, convirtiéndose en dos disciplinas complementarias.

Con esa formación llegamos a la Facultad de Medicina, Departamento de Medicina Interna y al nuevo Hospital Universitario, a inaugurar el Servicio de Endoscopia Digestiva y Gastroenterología. Este fue el nacimiento de nuestro servicio, el cual empezó labores en julio de 1995, con quien les habla como jefe del servicio y el doctor Gustavo Méndez como especialista. El doctor Alberto Carmona, a la sazón, era el rector de la Universidad de Cartagena; una vez cumplió su ciclo como tal, se unió a nuestro equipo, donde estuvo hasta la culminación de su carrera docente. El doctor Gustavo Méndez fue nombrado decano de la Facultad de Medicina y, luego, vicerrector académico, en una prolongada carrera administrativa que nos privó de su valiosa colaboración. En abril de 1986 hubo una nueva inyección de sangre joven con el ingreso al servicio del doctor Fernando García Del Risco, quien actualmente es su jefe, desde septiembre de 1999.

Haciendo un balance de estos 25 años, me atrevo a decir que es francamente positivo. Como dicen los economistas, ha habido ganancias en el ejercicio. Ganancias académico-científicas, expresadas en el desarrollo del servicio siempre a la altura de las circunstancias y de los tiempos. Se llenaron las expectativas puestas en nosotros por nuestros colegas, por las jerarquías universitarias y, sobre todo, por los estudiantes de pregrado. Así lo han mostrado las múltiples evaluaciones hechas al servicio por los estudiantes del curso de medicina interna, los cuales han evaluado la rotación de gastroenterología como la mejor en varias ocasiones. De este reconocimiento nos enorgullecemos grandemente. Por otro lado, en el postgrado hemos llenado también las expectativas. Varios de nuestros residentes de medicina interna que rotaron por nuestro servicio, se enamoraron de nuestra disciplina y hoy son gastroenterólogos y endoscopistas de renombre.

Ganancia social-asistencial: hemos brindado a la comunidad un servicio eficaz, de rápido diagnóstico y, por consiguiente, con mejor acceso a un tratamiento efectivo.

A lo largo de la existencia de nuestros servicios, hemos tenido la visita de grandes maestros de la endoscopia y la gastroenterología, que nos han dejado no sólo enseñanzas valiosísimas sino que nos han estimulado a seguir con nuestra labor científica con mucho entusiasmo.

Es así como han estado entre nosotros el profesor Harald Henning, hepatólogo – laparoscopista de Hamburgo, Alemania; los profesores Pierre Housset y Charles Debray del Hospital Bichat de París, y los profesores Jean Laurent y Fernand Vicarí de Nancy, Francia.

Más recientemente nos han visitado,los profesores Serge Bonfils,jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Bichat de la Universidad París VII, en los años 1982, 1986, 1992, 1994 y 1999; Thiery Vallot, jefe del Servicio de Gastroenterología del Hospital Bichat de París, en 1998; Daniel Dhumeaux,jefe del Servicio de Hepatogastroenterología del Hospital Henry Mondor de París, en 1992; Irad Sobhani del Servicio de Gastroenterología del Hospital Bichat de París, en 1996. Con ellos hemos realizado dos jornadas franco – colombianas de gastroenterología, en 1992 y 1996, con el aval de Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena.

Nuestro templo siempre fue el Hospital Universitario de Cartagena; ahí nacimos y nos desarrollamos. Nuestra historia está ligada en forma estrecha a este centro. La ley 100 y las políticas hospitalarias derivadas de la misma, hicieron que desapareciera físicamente el servicio, mas no académicamente. Hoy en día, unas directivas hospitalarias conscientes del momento que vive la comunidad y una vez recuperada la funcionalidad del Hospital Universitario de Cartagena, han hecho el milagro de hacer renacer el Servicio. Las aguas vuelven a su cauce normal, ojalá por mucho tiempo, para bien de la docencia, de la comunidad y del mismo hospital.

Esta es la historia de nuestro servicio. En estos 25 años han ocurrido cosas maravillosas. Los endoscopios han tenido una verdadera revolución tecnológica y nosotros contamos con los últimos avances técnicos para el servicio de la comunidad.

Los medicamentos usados en gastroenterología no se han quedado atrás. Hoy contamos con antisecretores potentes que no soñábamos hace 25 años. Tampoco en ese entonces, ni pensábamos que una bacteria era la responsable de producir úlcera e inflamación del epitelio gastroduodenal. Esta bacteria está no sólo identificada sino que se ha convertido en uno de los temas científicos que más literatura escrita tiene y que cuenta con múltiples esquemas terapéuticos,todos eficaces.

La endoscopia operatoria hoy es un hecho real. Se tratan a través del endoscopio lesiones de todo tipo que antes eran resueltas por la cirugía intervencionista, sin la morbimortalidad que ello conllevaba. La esclerosis de las lesiones sangrantes ha disminuido marcadamente la morbimortalidad de las patologías sangrantes del tubo digestivo.

Las enfermedades inflamatorias intestinales no sólo avanzaron en el diagnóstico clínico-endoscópico y patológico, sino en la terapéutica con medicamentos eficaces y seguros.

El acceso endoscópico de la vía biliar y pancreática con fines diagnósticos e intervencionistas con procedimientos como la esfinterotomía endoscópica y la extracción de cálculos, han reemplazado a los métodos no invasores e invasores que, en ocasiones, no alcanzaban a aclarar la etiología de la patología biliar.

La ultrasonografía y la tomografía axial computadorizada, cambiaron completamente el panorama diagnóstico de la colestasis y otros padecimientos abdominales.

Las enfermedades hepáticas no fueron ajenas a esta revolución. La antigenemia para identificar los diversos tipos de hepatitis y su pronóstico y el manejo de las hepatopatías crónicas, son ejemplos de ello.

Las prótesis esofágicas y biliares han permitido manejar con mejor calidad de vida las lesiones malignas del tubo digestivo y de la vía biliar.

El páncreas,de víscera inaccesible pasó a ser de fácil acceso con los nuevos métodos imagenológicos.

Estos son sólo unos pocos ejemplos de la evolución que ha tenido la gastroenterología y la endoscopia digestiva en los últimos años.

Sin embargo, todavía hay entidades que permanecen sin que tengan aún un diagnóstico claro y, menos aún, un tratamiento eficaz. Es decir, que todavía hay retos. Con estos retos entramos en el nuevo milenio y lo que se ve en el futuro, no sólo en gastroenterología y endoscopia sino en la medicina en general, es prometedor y esperanzador. Se abren nuevos horizontes y dentro de 25 años hablaremos admirados de las cosas que ahora no se conocen ni nos imaginamos que van a existir. Seguimos avanzando hacia una medicina de calidad total y nosotros estamos preparados para ese reto.

Índice 16-1Colitis

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