|Viernes, agosto 22, 2014

Rincón Epidemiológico: ¿Por qué, Para qué y Cómo Investigamos?  

Reproducido con autorización de la Revista Colombiana de Ortopedia y Traumatología.Navas J.
¿Por qué, para qué y cómo investigamos? Rev Colomb Ortop Traumatol 1994; 17 (1).
José Navas, M.D., profesor y director del Departamento de Ortopedia,
Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, D.C.,

Más que una exposición sobre la investigación, permítanme compartir con ustedes algunos pensamientos acerca del papel de ésta en el ejercicio profesional y, muy especialmente, en nuestra función como educadores. Ciertamente las ideas que se esbozan aquí, ni son originales, ni pretenden ser dogma, sino reflejan, ojalá con fortuna, algunas inquietudes sobre las razones que nos motivan a investigar y aquéllas que deberíamos tener.

Permítanme comenzar por esbozar algunos conceptos generales: la medicina, y dentro de ella la ortopedia, es una profesión en constante y rápida expansión, en la que existen entrelazados dos componentes esenciales: arte y ciencia. El componente artístico puede definirse como el conjunto de destrezas necesarias para su ejercicio y, por ello, se refiere a la utilización de los medios para obtener determinados resultados. Por otro lado, la parte científica está constituida primordialmente por el acúmulo de conocimientos adquiridos mediante el estudio diligente y sistemático, consecuencia de una investigación rigurosa y, por tanto, hace referencia a los fundamentos teóricos establecidos. En otras palabras, la ciencia descubre cómo, por qué, cuándo, qué y quién, mientras que el arte permite aplicar con destreza este conocimiento y sus técnicas en la praxis.

La investigación utiliza el método científico para descubrir o recopilar hechos, comprobar hipótesis o demostrar relaciones.

A diferencia de las decisiones clínicas individuales, que aunque deben basarse en evidencia científica confiable no requieren de extremo rigor metodológico, la investigación debe ser extremadamente veraz porque no sólo pretende resolver un problema individual, sino que busca hacer apli- cable esta decisión a todos los casos similares.Simplificando: los resultados obtenidos mediante la investigación se aplican a grupos frecuentemente grandes de casos, mientras que una decisión clínica es válida solamente para un caso específico.

La investigación destinada a producir información válida confiable debe utilizar instrumentos precisos que la avalen y la hagan cuantificable y reproducible. Estos elementos son la esencia del método científico, permiten excluir o, por lo menos, controlar los prejuicios, intuiciones y tendencias personales que puedan desfigurar los resultados, como de hecho ocurre en el componente artístico de la profesión. En nuestro medio y en la actualidad, buena parte de los trabajos publicados reflejan principalmente ese aspecto artesanal (ejecución de una técnica quirúrica, descripción de unos casos, etc.) que, aunque útiles, solamente permiten conocer los resultados obtenidos por el autor, sin que puedan esos datos ser confiablemente utilizados por otros ya que están sesgados por las cualidades artísticas del autor.

Con estas premisas en mente es tiempo de preguntarnos ¿por qué y cómo investigamos?

La enorme y no siempre benéfica influencia de los países desarrollados en nuestro ejercicio profesional, nos ha llevado paulatinamente a adoptar como propio y sin juicio crítico el axioma de “publicar o morir “, aceptando no solamente su intención positiva de contribuir efectivamente al desarrollo de la ciencia, sino adoptando igualmente el lastre de la obligatoriedad. “Publicar por publicar “, o cualquiera de sus sinónimos: “publicar para el ego “, publicar para mostrarse “, “publicar para el curriculum ” y sin buscar adoptar nuevos conocimientos, se ha convertido en la principal motivación para investigar no sólo en nuestro medio sino a nivel mundial. ¿Cuántas investigaciones sin sentido se publican a diario?

No puedo afirmar que todas las investigaciones realizadas con estas motivaciones sean inútiles o malas, pero sí creo que existe suficiente evidencia que muestra que una buena parte de ellas, al no estar motivadas por un claro deseo de aportar conocimientos, conducen a resultados o supuestos resultados de muy poca calidad y utilidad. Es importante recordar que este tipo de estudios necesariamente implican un enorme desperdicio de recursos humanos y económicos, y que casi siempre riñen con los principios éticos. ¿Será ético malgastar nuestros escasos recursos para gratificar el narcicismo de algunos que se dicen investigadores, utilizar innecesaria y cruelmente animales de experimentación o someter a pacientes a procedimientos no bien indicados para satisfacer una ambición publicitaria.

¿Para qué y por qué, debemos investigar? En general, se debe investigar para aportar conocimientos que permitan mejorar la calidad y/o la cantidad de vida y, específicamente en nuestra profesión, para prevenir la enfermedad o mejorar los métodos de tratamiento. Los clínicos debemos hacerlo movidos esencialmente por el genuino deseo de encontrar respuesta a los muchos interrogantes y dudas que se presentan en el ejercicio profesional cotidiano, cuando nos vemos enfrentados a tratamientos que nos generan inconformidad o inquietud, o cuando observamos hechos clínicos que no son enteramente explicables. Es decir, cuando hemos podido construir una pregunta que no ha sido previamente formulada o que ha sido contestada en términos insuficientes.

¿Quiénes deben realizar investigación? Los miembros de una profesión tienen la responsabilidad de añadir nuevos conocimientos a ésta por ser los más capacitados para identificar con claridad los interrogantes de la práctica profesional y porque con frecuencia se ven obligados a proveer solución a problemas inmediatos. Nosotros, profesionales, tenemos que aumentar estos conocimientos; no podemos esperar a que las cosas sucedan en forma espontánea ni a que elementos teóricos o técnicos pertenecientes a otras áreas del conocimiento se filtren en forma indiscriminada en nuestro quehacer. No podemos seguir copiando pautas foráneas que difícilmente son aplicables a nuestro medio. Hoy aquí, en Colombia, estamos en capacidad y en el momento justo de asumir la responsabilidad de producir nuestra propia evidencia científica acorde con el medio.

Tenemos que reconocer e incorporar la idea de que la investigación hace parte esencial del ejercicio profesional responsable, porque solamente a través de ella se obtienen los conocimientos para perfeccionar las destrezas (arte) y llegar a la práctica clínica efectiva, aportando las respuestas que permiten seleccionar el enfoque adecuado en el cuidado del paciente.

Sin embargo, no todos estamos en capacidad ni tenemos la obligación de realizar el mismo tipo de investigación. Sobre algunos, especialmente aquéllos vinculados con la academia, recae la responsabilidad de aportar y enseñar a producir nuevos conocimientos, ideando parámetros para determinar la presencia de enfermedad, esclareciendo sus causas o consecuencias, generando nuevas alternativas de tratamiento, estableciendo pronósticos y haciendo partícipes de sus resultados a otros a través de su publicación. Todos los profesionales tenemos la obligación de evaluar permanentemente nuestro ejercicio interpretando adecuadamente la observación clínica, juzgando la validez de esta información y ponderando críticamente la publicada por otros.

Así, cumpliendo honestamente con el deber profesional de investigar estaremos contribuyendo a preservar la vida y a mejorar su calidad.

Bibliografía

1. Fletcher RH. Fletcher SW, Wagner EH. Epidemiología Clínica. Ediciones Consulta; 1989.
2. Riegelman RK, Hirsh RP. Studyng a study and testing a test: How to read the medical literature. little Brown &Co.; 1989.
3. Sackett DL, Haynes, RB, Tugwell P. Clinical epidemiology: a basic science for clinical medicine. Little Brown &Co.; 1985.
4. Currier DP. Elements of research in clinical therapy, Williams & Wilkins; 1984.
5. Ruíz JG, Ruíz A. Investigación clínica: ideas vs. hechos. Rev Colomb Cardiol 1987; 2: 3-4 .

Índice Volumen 15-4 Absceso Pancreático

 

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