REVISTA DE ENFERMERÍA

 

CARACTERÍSTICAS CLÍNICAS

En esta población se presenta cualquiera de ellos, pero el que es específico de la infancia es el de angustia durante la separación de las figuras de mucha significación como los padres.

La crisis de angustia o ataque de pánico. Es una vivencia dramática que impulsa a las familias a buscar tratamiento de urgencia. Es sinónimo de a taque de angustia.

Se caracteriza por la aparición súbita y limitada en el tiempo de síntomas como aprensión, miedo intenso o terror, lo destacado de ellos es la intensidad.

Durante la crisis aparecen síntomas como palpitaciones, sudoración, temblores o sacudidas, sensación de falta de aire o ahogo, sensación de atragantarse, opresión o malestar torácico, náuseas y molestias abdominales, inestabilidad o mareo, despersonalización, miedo a perder el control o volver se loco, miedo a morir, parestesias y escalofríos o la crisis alcanza su máxima expresión rápida mente en más o me nos 10 minutos. Se acompaña de sensación de peligro, de muerte inminente, de una necesidad urgente de escapar y sofocaciones.(2)

Los ataques de pánico pueden aparecer, como una complicación, en varios tras torno de ansiedad, por ejemplo: tras torno de angustia, fobia social, fobia específica, trastorno de estrés pos traumático, trastorno por estrés agudo.

 

En resumen, temor intenso e incontrolable, creciente, con disnea y temor de morirse. Es autolimitado en el tiempo, pero quien lo padece lo vive como si fuera eterno.

El trastorno de angustia o trastorno de pánico. La persona padece varias crisis de angustia repetidas e inesperadas, asociadas con preocupación por la posibilidad de presentar nueva mente otra crisis, durante un período mínimo de un mes. El trastorno de angustia se puede presentar con o sin agorafobia. Los niños o adolescentes que sufren de este trastorno suelen faltar al colegio. Consultan con frecuencia a centros de urgencias. Se diagnostica en niños o adolescentes, quienes al mismo tiempo padecen de trastorno de ansiedad por separación.

El inicio típico de la enfermedad ocurre al final de la adolescencia y en menor proporción en la segunda infancia.

En resumen, temor intenso e incontrolable, creciente, con disnea y miedo de morirse. Es autolimitado en el tiempo, padece varias crisis de éstas y teme sufrir la próxima.

El trastorno de ansiedad por separación (TAS). Se define como la preocupación o el temor excesivos de ser separados de familiares o personas con las cuales el niño está más ligado afectivamente. Los niños con trastornos de ansiedad de separación temen perder se de su familia o que algo malo les ocurra a un miembro de la familia si se separa de ellos. Los síntomas de ansiedad o temor ante la separación de miembros de la familia deben durar aun que sea cuatro semanas para ser considerados un trastorno de ansiedad de separación. Se diferencia de la ansiedad ante desconocidos, que es normal y suele manifestar se en niños entre 7 y 11 meses de edad. Los síntomas del TAS son más severos que la ansiedad de separación normal que experimentan casi todos los niños en cierto grado, entre los 18 meses y los tres años de edad.(3)

Los primeros síntomas de TAS suelen aparecer alrededor de tercer o cuarto grado. En general, la aparición de los síntomas ocurre luego de un receso es colar, como las vacaciones de navidad o una enfermedad prolongada.

Los síntomas más comunes del TAS pueden incluir:

Rechazo a dormir solo
Pesadillas reiteradas sobre la separación
Preocupación excesiva ante la separación o al anticipar la separación del hogar o la familia
Preocupación excesiva sobre la seguridad de un miembro de la familia
Preocupación excesiva sobre perder se de la familia
Negarse a ir a la escuela
Temor y reticencia a quedarse solo
Dolores de estómago, de cabeza u otras molestias físicas frecuentes
Dolores musculares o tensión
Preocupación excesiva sobre su propia seguridad
Preocupación excesiva ante la idea de dormir lejos del hogar o al hacerlo
Apego excesivo incluso en el hogar
Síntomas de pánico o rabietas al separarse de padres o personas a cargo.

En resumen, es el aumento desmesurado e incontrolable, de la angustia que se observa cuando el niño se separa de sus padres o teme separarse de ellos.

Fobia específica o fobia simple. Es un temor o miedo intenso persistente a objetos o situaciones claramente identificables y circunscritas. Un buen ejemplo es el miedo intenso a los ratones. La exposición al estímulo fóbico produce una respuesta in mediata de ansiedad, esta repuesta puede presentarse como un ataque de pánico, llanto, irritabilidad, inhibición, parálisis o abrazos. A diferencia de los niños, los adolescentes, pueden reconocer que el temor es excesivo o irracional. En la mayoría de los casos el estímulo fóbico se evita. Este conjunto de síntomas genera alteraciones en el funciona miento escolar, social o familiar. El temor identificado debe durar al menos seis meses para ser considerado una fobia en lugar de un temor transitorio. El objeto del miedo puede ser la propia anticipación del peligro o daño inherente al objeto o situación, por ejemplo: temor a viajar en un avión debido al miedo de estrellarse, temor a los perros por miedo a ser mordido, temor a la sangre por la posibilidad de des mayarse, miedo a las aglomeraciones por el temor de perder el control y gritar en público. El tipo de fobia puede ser animal o insectos, ambiental (al tu ras, oscuridad, tormentas, precipicios, agua), sangre, inyecciones, daño, situacional (aviones, espacios cerrados) y otros tipos (payasos o personas disfrazadas) pueden ser producto de la fantasía del niño como personajes irreales, fantasmas, duendes y brujas.

En resumen, miedo intenso, incontrolable a un estímulo en particular, como son los ratones, los insectos o montar en avión, quien lo padece no se puede controlar ni puede ignorar el estímulo.

Agorafobia. Es un tipo específico de fobia. Es la aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resulta difícil o embarazoso, o no pueda recibir ayuda. Generando ansiedad anticipatoria y comportamientos permanentes de evitación de múltiples situaciones, por ejemplo estar solo dentro o fuera de una casa, mezclarse con la gente, estar en el salón de clases, hacer cola, viajar en automóvil, autobús del colegio, bus o transporte masivo, avión, pasar por un puente o entrar a un ascensor. Inicia entre los 15 y 35 años y puede presentarse con o sin historia de trastorno de angustia.

En resumen, es la fobia a permanecer en los lugares públicos.

La fobia social. Se caracteriza por miedo acusado y persistente a situaciones sociales o actuaciones en público por temor a que resulten embarazosas. La exposición a estos estímulos produce angustia y síntomas como por ejemplo palpitaciones, temblores, sudoración, molestias gastrointestinales, diarrea, tensión muscular, enrojecimiento y confusión que pueden llegar a tomar forma de un ataque de pánico. Los adolescentes pueden reconocer este temor como excesivo e irracional, en cambio los niños no lo logran manifestar. Este miedo se asocia a una conducta de evitación de las situaciones sociales o actuaciones en público temidas o bien se experimentan con ansiedad o malestar intensos. Lo que interfiere con la rutina normal del individuo, con sus relaciones académicas o sociales, generando gran malestar.(4)

En los niños, se necesita demostrar que sus capacidades para relacionarse socialmente con sus familiares son normales y han existido siempre, y que la ansiedad social aparece en las reuniones con individuos de su misma edad y no sólo en cualquier interrelación con un adulto. La ansiedad puede traducirse en llanto, tartamudez, parálisis, abrazos o aferramiento a familiares cercanos, y la inhibición o abstención de mantener relaciones con los demás llegando incluso al mutismo.

Los niños mayores pueden mostrarse excesivamente tímidos en los ambientes sociales alejados de la familia, eludir los contactos con los demás, rehusar a participar en juegos de equipo y mantenerse típicamente en una posición de segunda línea en las actividades sociales, procurando aferrarse a sus familiares de mayor edad.

Los niños no tienen la oportunidad de evitar la totalidad de situaciones temidas, y es posible que se muestren inca paces de identificar la naturaleza de su ansiedad. Pueden presentar disminución de la participación en clase, negativa a asistir al colegio o rechazo a las actividades y citas adecuadas para su edad.

Pueden inventar razones de por qué no pueden ir a la escuela, rehusar subirse al autobús, y rehusar formar parte de actividades extracurriculares.

En el salón de clases, estos niños evitan desesperadamente hablar o leer en voz alta en clase.

En resumen, es la llamada timidez, limita muchas opciones y oportunidades de los niños y adolescentes. Le convierte la vida escolar en un doloroso drama cotidiano.

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Es un trastorno en el cual quienes lo padecen tienen, además de la sensación constante de angustia, un pensamiento, temor o preocupación irracional que tratan de superar mediante una actividad ritual para reducir su malestar. Las imágenes o pensamientos perturbadores y frecuentes se denominan obsesiones y los rituales repetidos que se llevan a cabo para evitarlos o disiparlos se llaman compulsiones.(5,6)

Un niño o un adolescente con TOC tiene pensamientos obsesivos que no son deseados y que se relacionan con los miedos (como el miedo a tocar objetos sucios) y utiliza rituales compulsivos para controlar esos miedos (como el lavado de manos excesivo). Cuan do se sufre de TOC, los pensamientos obsesivos causan preocupación y los rituales compulsivos pueden volverse tan frecuentes o intensos que interfieren con las actividades de la vida diaria y las actividades normales de desarrollo. En niños la consecuencia del TOC es el aislamiento social, la dificultad de compartir amistades. De los trastornos emocionales de los niños es el único que no reduce el rendimiento académico.

Los síntomas más comunes del trastorno obsesivo compulsivo pueden incluir: preocupación exagerada por la suciedad, los gérmenes o la contaminación; dudas reiteradas (por ejemplo, si la puerta está cerrada o no); pensamientos persistentes acerca de la violencia, las heridas, matar a alguien o herirse uno mismo; permanecer mucho tiempo tocando cosas, contando, pensando en números y secuencias; preocupación por el orden, la simetría o la exactitud; pensamientos persistentes acerca de la realización de actos sexuales repugnantes o prohibidos o de comportamientos tabúes; pensamientos preocupantes que están en contra de las propias convicciones religiosas; necesidad extrema por saber o recordar cosas que pueden ser muy triviales; atención excesiva en los detalles; preocupación excesiva por algo terrible que suceda; pensamientos, impulsos o conductas agresivas.

Los comportamientos compulsivos (los rituales repetitivos usados para reducir la ansiedad causada por las obsesiones) pueden volverse excesivos, molestos y pueden demandar mucho tiempo e incluso interferir con las actividades y relaciones diarias. Los ejemplos de los comportamientos compulsivos pueden incluir: lavarse repetidamente las manos (a menudo 100 veces al día o más); chequear y volver a revisar en repetidas oportunidades (por ejemplo, asegurarse de que la puerta esté cerrada); establecer reglas de orden rígidas (por ejemplo, ponerse la ropa en el mismo orden todos los días, guardar las pertenencias en la habitación en un orden muy especial y molestarse si este orden se altera); esconder objetos; contar y volver a contar excesiva mente; agrupar o secuenciar los objetos; repetir palabras dichas por uno mismo (palilalia) o por otros (ecolalia); formular en repetidas ocasiones la misma pregunta; coprolalia (decir obscenidades continuamente) o copropraxia (hacer gestos obscenos continuamente); repetir sonidos, palabras, números o música para uno mismo.

En resumen, una sensación intensa de angustia acompañada de compulsiones y obsesiones que no se pueden controlar. El niño tiene muy buen rendimiento académico y es solitario y aislado socialmente, luce como un niño “…perfecto”.

 

 

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