REVISTA DE OTORRINOLARINGOLOGÍA 

 

ARTÍCULOS ORIGINALES

Tamizaje universal auditivo neonatal: una utopía para países en desarrollo

 

Roberto Castaño Z. MD, MPH*

RESUMEN

Es relativamente  frecuente encontrar pérdidas auditivas permanentes significativas en 1 a 3 de cada 1000 nacimientos. Si estas pérdidas no son detectadas, esto impedirá y tendrá profundos efectos en el desarrollo cognitivo, del habla y del lenguaje de los niños afectados. El Tamizaje Universal Auditivo Neonatal (TUAN) es una estrategia valiosa para detectar recién nacidos con daño auditivo permanente, utilizando la cada vez mejor tecnología para la medición de las emisio-nes otoacústicas y los potenciales evocados auditivos del tronco cerebral.

No es factible implementar programas de TUAN en el contexto de los países en desarrollo debido a limitantes de tipo económico manifestadas especialmente en falta de recursos (equipos, personal capacitado, servicios para seguimiento y control) y la imposibilidad de desarrollar programas sostenibles. Se necesita considerar alternativas distintas al TUAN para detectar daños auditivos lo más temprano posible en niños. Además, es necesario considerar hacer cambios en políticas de salud dentro del actual sistema para detectar y ayudar a los 3000 bebés que se pueden esperar anualmente con daño auditivo en Colombia.

Palabras clave: tamizaje auditivo, neonatal, estrategias, salud pública, países en desarrollo

 

INTRODUCCIÓN

Durante los últimos años han sido muchos los logros alcanzados relacionados con la implementación de programas de tamizaje para la detección temprana de pérdidas auditivas en los países desarrollados. Este avance se ha dado gracias al desarrollo de mejor tecnología para la evaluación del estado auditivo tanto en niños como en adultos y a la generación de conciencia en los formuladores de políticas de salud sobre la importancia de la detección temprana de una pérdida auditiva y la necesidad entonces de acometer políticas que implementen estrategias que permitan ayudar tempranamente en este caso a los niños que la padecen.

ANTECEDENTES

Se pueden diagnosticar pérdidas auditivas permanentes que van desde leves hasta profundas en aproximadamente 1 a 3 de cada 1000 nacidos vivos y en 1 de cada 50 neonatos que requieren estar en unidades de cuidado intensivo (1, 2).

Hasta hace unos años los programas de tamizaje eran dirigidos solamente hacia los neonatos que se catalogaban como de alto riesgo para presentar algún tipo de daño auditivo. Se consideran de alto riesgo aquellos niños que tienen historia familiar de problemas de sordera o que han presentado problemas médicos como meningitis, hipoxia neonatal, hiperbilirrubinemia, infecciones congénitas o perinatales, defectos congénitos anatómicos evidentes, bajo peso al nacer, utilización de medicamentos ototóxicos y cualquier tipo de enfermedad en el período neonatal que haya requerido de ventilación mecánica. Sin embargo, este enfoque de tamizaje hacia grupos de alto riesgo solo detecta el 50% de neonatos con pérdidas auditivas quedándose obviamente sin detectar el 50% de casos que no tienen entonces factores de riesgo (3). Adicionalmente, en niños no sometidos a tamizaje al nacer se diagnóstica muy tardíamente la pérdida auditiva. En la mayor parte de países donde se han llevado a cabo estudios al respecto, se ha evidenciado que se diagnostican las pérdidas auditivas entre el segundo y tercer año de vida. Lo anterior obviamente tiene consecuencias ya que se pierde el período más crucial para la estimulación de la vía auditiva que comienza al nacer y se extiende hasta los tres años. Esta falta de estimulación va a tener efectos adversos en el desarrollo cognitivo, del habla y el lenguaje que han sido ya estudiados y reportados (4).

Toda esta evidencia científica hace entonces que sea más evidente la necesidad de un enfoque más uni-versal para el tamizaje y por esto el abordar el tema y buscar soluciones es un objetivo muy importante para la salud pública. La posibilidad de que detectándose tempranamente cualquier grado de hipoacusia pueda con las intervenciones apropiadas permitir un desarrollo o rehabilitación normal o significativa de los niños que la padecen es algo que ya ha sido demostrado ple-namente

ECONOMÍA DE LA SALUD Y TAMIZAJE AUDITIVO UNIVERSAL

Para los planificadores y administradores de la salud el pensar introducir cualquier tipo de nueva intervención en los servicios que prestan implica tomar decisiones importantes. En general, aun en los países desarrollados los recursos destinados a la salud no son suficientes, por lo que cualquier decisión que se tome con respecto a un nuevo servicio o intervención muchas veces implicará sacrificio, recorte o modificaciones a otros ya establecidos.

En el caso del tamizaje universal auditivo neonatal (TUAN) la justificación para la implementación de este tipo de programas existe claramente desde la óptica médica. La evidencia científica actual nos muestra como se anotó anteriormente, que no es la hipoacusia congénita tan infrecuente como se pensaba hace unos años. Es más, hoy se considera la hipoacusia congénita como la enfermedad congénita más frecuente. La incidencia de hipoacusia congénita es muchas veces más alta que la de otras enfermedades congénitas para las que de rutina se hace tamizaje en países desarrollados (6) (Tabla 1).

TABLA 1
Incidencia de algunos trastornos congénitos tamizados al nacer

Trastorno congénito 

Incidencia
(por 100.000 nacimientos)

Hipotiroidismo 
Fenilcetonuria 
Galactosemia 
Hipoacusia neurosensorial 

25
10
2
200

Fuente: adaptada de Mehl AL, Thomson V. 1998

Considerando entonces una evidencia como la presentada en la Tabla 1 se entiende el porqué se generaron iniciativas tendientes a implementar el TUAN en estos países. Sumado a esto, el desarrollo en los equipos para diagnóstico utilizado (emisiones otoacústicas, potenciales evocados auditivos) facilitaba la implementación de este tipo de programas a nivel de los centros hospitalarios, para que todo recién nacido fuera evaluado antes de ser dado de alta.

Las barreras para la implementación de programas de TUAN han sido de todas formas de tipo  financiero, debido a los supuestos altos costos de cada prueba diagnóstica, lo cual se ha estimado entre US$18 y US$33 con un promedio de US$25 por cada niño, comparado con el costo de alrededor de US$3 por niño para cualquiera de las pruebas diagnósticas de tamizaje en sangre realizadas para la detección de otras enfermedades congénitas como las mencionadas en la Tabla 1 (6, 7)

Sin embargo, los estudios de costos y costo-efectividad de este tipo de intervención han mostrado lo contrario haciendo los análisis desde un contexto  diferente (8, 9). Cuando se analizan los costos que demanda el detectar un nuevo caso de hipoacusia congénita dentro de un programa de tamizaje universal, se observa que la diferencia con el costo de detección de un nuevo caso de otra de las enfermedades congénitas mencionadas no es significativa. Adicionalmente, cuando se aplican análisis de tipo económico a un largo plazo, se observa que se recobran plenamente los costos iniciales debido a que son muy altos los costos que demanda un caso de pérdida auditiva permanente severa que sea detectada tardíamente. Para el caso anterior se requieren tratamientos e intervenciones especializadas de tipo médico, fonoaudiológico, sicológico y en el ambiente escolar del niño afectado (6) que puede también que no den los mejores resultados como hubiera ocurrido si estas intervenciones se hubieran logrado implementar tempranamente con un diagnóstico precoz a través de un programa de tamizaje universal. Las investigaciones han mostrado que un diagnóstico temprano -antes de los seis meses de edad- junto con  una intervención integral y sostenible permitirá que los niños afectados obtengan  niveles más altos de lenguaje comparados con los de aquellos niños que son identificados después de los seis meses de edad (6).

 

 

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