REVISTA DE MEDICINA

 

 

 

HISTORIA DE LA MEDICINA

 

Comentario a la presentación

DEL HOMBRE DE LAS CAVERNAS

De los primeros homínidos al Neanderthal

 

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Características de Homo ergaster

 

Cuando hablamos de este homínido, conviene enunciar algunos de sus rasgos más significativos. Esta especie entró en escena hace al menos 1’800.000 años. Su cráneo supera los 800 cm3 de capacidad y otros se acercan a los 1.000 cm3. Su neuro –cráneo es alto pero muy delicado.

 

Muestra un reborde en forma de visera sobre sus órbitas pero menos exagerado que en H. erectus y su frontal se encuentra inclinado. Su mandíbula es robusta y sin mentón, tiene incisivos en pala y molares en serie descendente. El fémur muestra notable aplastamiento anteroposterior. La talla calculada en un adolescente corresponde a 164cm, aunque la región facial continúa adelantada con relación al cráneo, en ella se dibujan rasgos que reconocemos como humanos.

 

H. ergaster debió sobrevivir hasta hace un millón de años como lo sugieren restos hallados en Etiopía.

 

Muy importantes como representantes de esta especie son los cráneos hallados en 1970 en las riveras del lago Turkana, junto con restos que muestran proporciones muy similares a las de nuestra especie.

  

Los taxonomistas actuales están de acuerdo en que bajo la categoría de H. ergaster deben agruparse todos los especímenes de erectus africanos. Recientes hallazgos en Java, en sedimentos volcánicos, sitúan la antigüedad de H. erectus en 1’800.000 años.

 

Volviendo a H. ergaster, este fue sin duda autor de la primera revolución tecnológica. Sus artefactos muestran una talla mas refinada, estandarización de formas, simetría, mayor tamaño de las lascas y una gran versatilidad; a los primitivos percutores de piedra para elaborar sus artefactos se añaden sofisticados martillos de madera como el boj y astas de ciervo que les permiten obtener objetos mejor elaborados como bifases, hendedores, picos, raederas de diferentes tipos y denticulados.

 

La materia prima fue cuidadosamente seleccionada escogiendo la mejor para tallar.

 

La Sima de los Huesos y el Origen de los Neanderthales

 

Uno de los registros más importantes de la Sierra de Atapuerca consiste en el hallazgo de 28 individuos con una antigüedad aproximada de 400.000 años en el yacimiento de la Sima de los Huesos. A juicio de destacados paleoantropólogos, estos fósiles se pueden agrupar en una especie de “Homo heidelbergensis” en alusión al nombre dado por Otto Shoetensack en 1908 a la mandíbula hallada en Mauer en Alemania, que data de 500.000 años.

 

De acuerdo con Stringer (1996), la frente prominente, y la parte posterior del cráneo hallado en Steimheim en Alemania sitúan a H. heidelbergensis en una rama que va desde los primeros europeos a los neandertales.

 

La pelvis “Elvis” de la Sima de los Huesos pertenece a un individuo adulto; es notablemente más voluminosa que las pelvis masculinas actuales. La separación entre los fémures era mayor y el tronco era más amplio.

 

Se afirma que este grupo evolucionó en un aislamiento genético casi absoluto.

 

Patología y supervivencia

 

El cráneo 5 de la Sima de los huesos supervivió algún tiempo, padeciendo una osteítis en el maxilar, derivada de la ruptura traumática de un diente, con supuración de la encía, proceso infeccioso que se extendió por el maxilar llegando hasta la órbita del ojo izquierdo, lesión que según Bermúdez de Castro, debió ocasionar una septicemia.

 

Prácticas funerarias en la Sima de los Huesos

 

En 1993, el equipo español que trabajaba en la Sierra de Atapuerca descubrió en la cueva subterránea de la Sima de los Huesos, una treintena de individuos de hace 300.000 años.

 

La mayoría de los restos hallados correspondía a adultos jóvenes; todo parece indicar que fueron arrojados al pozo siguiendo alguna práctica ritual anterior a la de los entierros organizados.

 

Algunos restos se encontraron asociados a un bifaz de características excepcionales. El depósito fue intencional. Durante muchos años especies intermedias como heidelberg fueron llamadas H. sapiens arcaicos, pero por exigencias del código de nomenclatura zoológica este grupo intermedio se denominó Heidelbergensis.

 

Según este modelo, H. heidelbergensis se habría originado en África; los restos de Bodo y de Broken Hill serían los más representativos de ese continente, mientras que un cráneo de Petralona ha representado a otros heidelbergensis de Europa.

 

Nuevas expectativas sobre el origen de los europeos, plantean recientes hallazgos en la localidad de Ceprano al sudeste de Roma. A este nuevo registro están ligados los nombres del arqueólogo Italo Biddity y la paleontóloga Eugenia Segre-Naldini. Se trata de restos humanos que incluyen una calota cuya antigüedad se sitúa entre 800.00 y 900.000 años.

 

El cráneo reconstruido del hombre de Ceprano, muestra grandes arcos superciliares y frente inclinada, como H. Erectus, aunque difiere en algunos caracteres como la ausencia de un relieve en su parte central. Su cerebro es más grande que el de erectus clásico.

 

Para el destacado paleontólogo Giorgio Manzi “Se puede considerar la atribución de Ceprano a la especie H. antecessor”.

 

Nos hemos referido con frecuencia al hombre de Neanderthal como descendiente de los preneanderthales de Atapuerca, consideramos pertinente resumir aquí algunas de sus características físicas y culturales.

 

Este nombre agrupa a los homínidos cuyo esqueleto muestra semejanzas con el famoso espécimen hallado en 1856 en el valle de Neander, cerca de Dusseldorf, en Alemania, en una cueva de rocas calizas de este pintoresco lugar.

 

La célebre cueva de Neanderthal (que hace tiempo fue demolida), es sitio de singular importancia para el estudio del hombre prehistórico. Fue en este lugar, donde obreros que trabajaban una cantera, hicieron casualmente el descubrimiento de los restos de un extraño ser.

 

Desde el primer momento el hallazgo suscitó agudas polémicas sobre su taxonomía, algunos opinaban que se trataba de antiguos legionarios mongoles, otros, como el brillante patólogo y catedrático de la universidad de Berlín, Rudolf Virchow, afirmaron que el hombre de Neanderthal era un individuo moderno de cráneo deforme y que mostraba rasgos patológicos compatibles con raquitismo, artritis y gota; otros eruditos consultados, opinaron que se trataba de un idiota microcéfalo.

 

A William King, profesor de anatomía del Queens College de Galway, en Irlanda, se debe el honor de ser el primer científico en reconocer que el cráneo de la cueva de Neanderthal pertenecía al representante de un tipo de humanidad hasta entonces desconocido. Aunque la bóveda del cráneo era la única parte del fósil bien conservada, King creó, para que fuese admitida, una nueva especie y la llamó Homo Neanderthalensis. De su presencia en amplio espacio territorial dan cuenta hallazgos a lo largo del Mediterráneo desde el Estrecho de Gibraltar hasta Grecia e Irak, al norte hasta Rusia, al Oeste hasta Gran Bretaña, y hasta Mongolia hacia el Este.

 

Cuando observamos los rasgos de los neanderthales y los comparamos con los del hombre actual, nos sorprende la acentuada longitud de su cráneo  (dolicocéfalo), su capacidad craneal en muchos casos es mayor que la nuestra superando fácilmente los 1600 cm3. por encima de las órbitas, los neanderthales  presentan un torus fuerte, bien marcado que forma un arco continuo debido a la proyección glabelar.

 

 

 

 

 

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