REVISTA DE PEDIATRÍA

 

 

 

Preparación para la lactancia, ¿es necesaria?

 

 

Claude Didierjean-Jouveau

 

Raros son los manuales de puericultura, los artículos de revistas, los sitios de internet que al hablar sobre maternidad y lactancia no hablen de “preparación”, cualquiera que sea: masajes, estiramientos, frotes, cremas, aparatos, etc.

 

Frente a tal profusión de consejos, surge la pregunta: ¿es necesario o útil, prepararse para la lactancia, y más particularmente, preparar los senos?

 

La forma de los senos que amamantan

 

Hasta donde sabemos, ninguna hembra mamífera prepara sus pezones para alimentar a sus crías. Si la mujeres se creen obligadas a hacerlo, y eso no es reciente, es porque en la especie humana, la lactancia no es solo “natural”, sino “cultural”. Y cada cultura posee su propia percepción, especialmente en lo que se refiere a los senos lactantes.

 

En numerosas regiones de Africa, por ejemplo, los senos de una madre lactante deben ser largos y pendientes, muy diferentes de aquellos de las mujeres jóvenes. Por tal motivo, ciertas manipulaciones (vendajes apretados, aplastar los senos, entre otras) son practicadas desde el primer embarazo con el fin de quebrar las fibras mamarias.

 

En occidente, al contrario, los senos deben permanecer firmes y altos, sin importar las circunstancias. De ahí, los sostenes, las cremas reafirmantes, las pomadas anti estrías, unas más eficaces que otras. Y el miedo recurrente de que la lactancia “daña” el busto.

 

No hay necesidad de endurecer los pezones

 

En nuestra sociedad es frecuente que la futura madre piense que la lactancia se da sola, aunque también pretende anticiparse a todas las catástrofes (grietas, dolores, congestiones, etc.) habituando los pezones con anticipación, endureciéndolos.

 

Y la realidad es que existe consenso casi general entre los expertos en lactancia en el sentido de que los dolores de los pezones y las grietas se deben a una mala succión del bebé (mala posición de su cuerpo, de su boca, de su lengua...) y que todas las cremas aplicadas a manera de prevención en nada cambian esta circunstancia.

 

Aún así, nada impide, si la madre lo desea, masajear suavemente los senos durante el embarazo. Esto puede ayudar a algunas madres a acostumbrarse a la idea de que pronto la boca del bebé los succionará con un vigor que puede ser sorprendente. Y esto puede ser útil más adelante cuando la madre desee extraerse la leche.

 

De la misma manera, en ciertas parejas, las caricias de los senos y la succión del pezón hacen parte del juego amoroso y pueden ser una manera natural de prepararse para la lactancia.

 

A algunas mujeres les gusta aplicar una crema hidratante sobre sus senos y pezones durante el embarazo. Lo que está desaconsejado es aplicar jabón (y sobretodo alcohol) sobre la areola y el pezón porque resecan la piel y hacen que se vuelva frágil. Vale la pena recordar que los senos producen, desde el embarazo, su propio “producto cosmético”: las glándulas de Montgomery, esos pequeños bultos sobre la areola, secretan una sustancia que lubrica y protege los pezones e inhibe el desarrollo de bacterias.

 

Los senos se preparan para la lactancia

 

De hecho, la parte más importante de la preparación se hace en forma natural y automática: bien sea que la madre haya decidido o no amamantar, su cuerpo se prepara para la lactancia a lo largo del embarazo.

 

Los senos aumentan su volumen (es también, con frecuencia, el primer signo de embarazo) y se pueden volver sensibles a medida que la glándula mamaria, situada en el interior del seno, se desarrolla. La areola, ese círculo de piel oscura que rodea el pezón, toma un color más oscuro y los pezones pueden volverse más duros y protuberantes. Las glándulas de Montgomery se desarrollan.

 

La talla y la forma de los senos y de los pezones varían enormemente de una mujer a otra. Pero el tamaño de los senos no tiene nada que ver con la capacidad de la mujer para producir leche para su bebé: simplemente los senos gordos tienen más tejido adiposo. En el transcurso del segundo trimestre, los senos comienzan a producir calostro, esa primera leche que el bebé absorberá y que tiene una tasa de anticuerpos particularmente elevada. Algunas mujeres notan que hacia el final del embarazo escurre algo de calostro de sus senos. Si ese no es su caso, no hay nada que impida iniciar la lactancia.

 

Anteriormente se recomendaba extraer algunas gotas de calostro todos los días para ayudar en la lactancia. Nunca se ha probado que esta práctica ayude a prevenir la congestión o los dolores de los pezones. Tampoco ayuda a tener más producción de leche.

 

Si los pezones son planos o invertidos

 

Los pezones planos o invertidos pueden hacer que al bebé le cueste trabajo prenderse, pues generalmente es más fácil hacerlo de un pezón protuberante. Con un poco de práctica, y la posición correcta, tanto el bebé como la madre tendrán la pericia suficiente para amamantar con facilidad.

 

Diversos procedimientos se pueden usar para remediar este problema. En primer lugar, se pueden usar debajo del sostén las copas que se usan para recoger leche, algunas horas diarias, durante el último trimestre del embarazo. El anillo que descansa sobre la piel ejerce una ligera presión sobre la areola y fuerza al pezón a sobresalir. También es posible usar un sostén viejo al que se le ha cortado un círculo en la punta, de manera que el pezón sobresalga.

 

Algunos especialistas recomiendan los ejercicios de Hoffmann, que se realizan varias veces al día durante el embarazo; se trata de hacer presiones firmes con el pulgar sobre la base del pezón.

 

La eficacia de estos dos métodos fue fuertemente cuestionada por un estudio que en 1992 comparó cuatro grupos de mujeres: un grupo utilizó las copas, otro practicó los ejercicios de Hoffmann, el tercero recurrió a ambos y el cuarto no hizo nada para prepararse. El estudio no encontró diferencia significativa entre los cuatro grupos en lo que se refiere a la aparición de grietas, a problemas de colocación y a mastitis. La duración de la lactancia fue mucho más elevada... entre las que no hicieron nada en sus pezones!

 

Recientemente se habla de la pezonera, un pequeño aparato que colocado sobre le pezón permite, gracias a una jeringa, aspirar el aire y crear un vacío que permite succionar el pezón que de esta manera se alarga. Se logra el mismo efecto con una jeringa a la cual se le corta la tapa de la aguja para introducir por allí el émbolo y aspirar el pezón. Este procedimiento lo debe realizar la propia madre para halar el émbolo solo si no hay dolor.

 

Si la madre se da cuenta de su pezón invertido solo al momento que nace el bebé, esta jeringa usada minutos antes de que amamante el bebé, ayuda al agarre por parte del chiquitín. En cualquier caso, es importante que el bebé tenga la boca bien abierta antes de introducir el pezón y la areola en ella.

 

Si recordamos que el bebé succiona de la areola y no del pezón, se entiende por qué es más importante aprender a colocar bien al bebé, con un buen “bocado de seno”, más que invitarla a manipularse los pezones durante el embarazo, práctica que al final tiene un resultado más dudoso.

 

Cuando hay cirugía del seno

 

La mujer que ha tenido una cirugía del seno, se pregunta a menudo si la intervención afectó su habilidad de amamantar. Es importante saber dónde se hicieron las incisiones; si éstas fueron hechas en el pliegue bajo el seno hay gran posibilidad de que ningún ducto o nervio haya sido cortado. Si la incisión está cerca de la axila, es conveniente preguntar al cirujano si tuvo cuidado de no dañar ningún nervio. Las incisiones cerca de la areola indican, con frecuen­cia, que se cortaron algunos ductos lactíferos y posiblemente haya daño en los nervios. Estas madres pueden presentar insuficiencia en su producción de leche para lactar exclusivamente a su bebé.

 

Cualquier duda se puede resolver con el cirujano que practicó la cirugía. Si hay un solo seno afectado, la madre puede amamantar perfectamente con el otro seno. Si el pezón, en alguno de los senos tiene falta de sensibilidad, puede indicar que hay daño severo del nervio, lo que permite pensar que el reflejo de eyección o el de bajada se verán afectados. Además, la pérdida de sensibilidad puede reducir la estimulación nerviosa que se origina en el pezón y va a la glándula pituitaria, lo cual afecta la producción de leche.

 

Las reducciones mamarias muchas veces afectan la habilidad para amamantar pues el cirujano remueve secciones completas del seno, incluyendo ductos. Si el pezón ha sido retirado y luego es colocado de nuevo, la posibilidad de lactar exclusivamente es reducida ya que los ductos y nervios fueron cortados.

 

En cuanto a los implantes, generalmente no causan problemas, excepto si los canales lactíferos han sido cortados.

 

Vestidos y aparatos

 

La sociedad de consumo ha previsto que la mujer embarazada debe llegar al hospital, armada de toda una parafernalia de aparatos “indispensables” para la lactancia: cojines, copas, protectores, extractores, pezoneras, sostenes, cremas...

 

Muchos de esos productos son inútiles, algunos hasta son perjudiciales. Lo que si es conveniente comprar, es al menos un sostén una talla más grande que la habitual y esperar que se establezca la lactancia para saber si conviene otro más grande.

 

En lo que se refiere a los vestidos, son recomendables los de dos piezas, es decir falda y blusa o pantalón y blusa. Estos permite levantar la parte superior para instalar al bebé en el seno sin tener que “despechugarse”. Por el contrario, cuando es necesario abrir botones para que el bebé lacte, es muy posible que el seno libre también quede al descubierto.

 

La verdadera preparación

 

De hecho, la verdadera preparación, aquella que hace la diferencia entre una lactancia exitosa y una que fracasa, no se hace en el cuerpo, se hace en la cabeza.

 

La verdadera preparación consiste en ver, desde pequeña, a mujeres de la familia que amamantan con felicidad. Personalmente, recuerdo llevar mi deseo de lactar al ver a mi hermana mayor lactar a su bebé cuando yo tenía 8 años.

 

La verdadera preparación se tendría que dar por haber escuchado hablar de lactancia como una manera normal de alimentar a un bebé. Haberlo escuchado en familia, en la escuela, en los libros, las revistas, afiches, en la televisión, el cine...

 

La verdadera preparación consiste en informarse durante el embarazo, leer, buscar mujeres que amamanten.

 

En efecto, la lactancia es un comportamiento en parte adquirido; su éxito depende del conocimiento de una serie de hechos, de la manera como funciona la glándula mamaria y de las necesidades del bebé, entre otros. ¿Cuántos destetes precoces tienen como explicación un problema de lactancia que habría podido evitarse o resolverse si la madre hubiera estado bien informada?

 

La verdadera preparación consiste en informarse acerca de las prácticas de lactancia del sitio donde va a dar a luz. ¿Qué pasa con la primera colocación al seno? ¿Separan al niño y la madre en ese “período sensible” que son las dos o tres primeras horas después del nacimiento? ¿Dejan al bebé y la madre juntos durante la noche?

 

La verdadera preparación consiste en informarse acerca de la lactancia, pero sobretodo sobre el comportamiento normal de un bebé recién nacido. Muchos padres llegan a ese momento con ignorancia total acerca de lo que es la realidad de la vida cotidiana con un bebé, y con expectativas totalmente idealistas. Por ejemplo, si el bebé no pasa rápidamente la noche, quiere amamantar antes de lo que se espera, tiene cólicos, ellos se van a sentir perdidos, incompetentes... y van a suspender la lactancia acusándola de todos los males.

 

La adecuada colocación del bebé impide las grietas

 

Pasos muy sencillos ayudan a que el bebé se prenda de manera adecuada al seno. Esto evita grietas y congestión en la madre y asegura que el bebé reciba suficiente leche.

 

  1. La madre debe estar en una posición cómoda.

  2. El bebé debe estar enfrentado totalmente a su madre de manera que no tenga que voltear la cabecita hacia ella para prenderse del pezón.

  3. Con la punta del pezón, toque el borde del labio inferior del bebé.

  4. Cuando el bebé abra la boquita, introduzca en ella pezón y areola. Recuerde que los depósitos de leche están bajo la areola.

  5. La nariz del bebé debe tocar el seno de la madre, lo cual no impide su respiración. Si parece que el seno oprime la nariz del bebé, levante al chiquito un poco, en lugar de oprimir el seno con sus dedos.

  6. Si hay dolor o el bebé se ha escurrido hacia el pezón, rompa la succión introduciendo el dedo meñique en el ángulo de la boca del bebé. Repita la colocación desde el principio.

 

Es más fácil aprender a lactar sentada, para aprender a colocar al bebé. Luego usted puede ensayar variaciones como acostada, recostada, caminando.

 

La plétora también puede aplanar el pezón

 

La plétora, esa congestión debida a la bajada de la leche entre el segundo y el sexto día después del parto, muchas veces hace que el pezón se aplane dificultando su agarre por parte del bebé.

 

En ese caso ayuda extraerse un poco de leche antes de amamantar. Eso hace que el pezón salga para que el bebé lo agarre bien. En este tiempo la madre puede sentir además, el seno caliente e incómodo. Las compresas frías entre una lactada y otra alivian la incomodidad y reducen la congestión.

 

Traducido y adaptado por
 María Cristina Sáenz de “Allaiter Aujourd’hui”
No. 47, publicación de la Leche League de Francia. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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