REVISTA DE PEDIATRÍA

 

Discurso Inaugural

Después de días de infinita tristeza por la desolación y amargura de la patria que vivió para servirla y adorarla, a la sombra de estos tamarindos, exhaló su último suspiro el libertador de América Simón Bolívar, el 17 de diciembre de 1830.

También ahora vivimos tiempos difíciles. Pesan aun sobre nuestras conciencias y nuestras espaldas los vergonzosos índices de mortalidad que asuelan vastas regiones de nuestro país.

Desde hace muchos años nuestro país está recorriendo una pendiente de decadencia que parece interminable.

Esta decadencia no es solamente económica, abarca todas las áreas de la vida ciudadana y tal vez una de sus manifestaciones mas conspicuas es que no hay o resulta extremadamente difícil lograr acuerdos sociales y políticos sólidos, estables y duraderos que concílien las ideas e intereses de grandes grupos de colombianos.

Como consecuencia natural de este proceso, se instala en la sociedad civil una sensanción de desazón y desaliento. El componente melancólico de nuestra naturaleza colombiana se ve alimentado por una realidad que la acompaña y los pediatras no escapamos a esa realidad. Nuestra tarea de bregar por la salud infantil tiene como común denominador este escenario y es en estas condiciones en las que se cumple nuestro trabajo.

Nos afectan veloces y profundos cambios en el ejercicio profesional. Muchos de ellos interfieren en la relación médico-paciente y afectan la dignidad del trabajo médico, trastocando así los fundamentos mismos de la medicina, entendida como el enfoque solidario de la salud de una comunidad.

Las principales instituciones del estado se desacreditan y otras de menor magnitud están vacías de contenido y cuando las instituciones llamadas de primer orden en el país están en crisis, entonces cobran una enorme importancia las instituciones intermedias, donde podemos encontrar una interacción con nuestros pares, lugar de intercambio y de reafirmación de nuestra propia identidad profesional. Es en Sociedades intermedias como la Sociedad Colombiana de Pediatría donde, en momentos de crisis, podemos continuar trabajando con un sentido más trascendente, acompañados en una tarea solidaria.

Es la Sociedad Colombiana de Pediatría el agente de cambio de la realidad social, comunitaria y humanística; tiene en la enseñanza a la comunidad uno de sus prioritarios objetivos, ser portadora de mensajes de solidaridad, convivencia y amor, actualizar sus propósitos con ánimo de educar a la familia, base de la Sociedad y constituirse en paradigma de fe en Colombia, para conseguir con el esfuerzo de todos, la redención y el alivio de todas las inequidades por las que atraviesa nuestro país.

Es esa la razón de ser de nuestra cruzada por “El Buen trato a la infancia, proyecto de paz que hemos realizado en todas las ciudades del país”. Es ese nuestro empeño por la educación a la comunidad, otro de nuestros importantes objetivos.

 

Contamos ya con un ejército de padres de familia, educadores y pediatras, que dan lecciones de ternura, tolerancia, amistad y amor para que en un futuro gocemos de líderes capaces de orientar y ser gestores y protagonistas de su propia historia, con capacidad de construir la patria solidaria, participativa, con gobernantes y dirigentes honestos, que puedan ofrecer un lugar donde sea posible vivir en paz.

“Es la ignorancia un peso muerto en el camino de los pueblos o individuos hacia el desenvolvimiento de sus propias esencias” Simón Bolívar. Y concluía: “hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las repúblicas” “Si estos hombres no existen, ¿qué esperamos para formarlos?” “la educación popular debe ser el cuidado primogénito de amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una república: moral y luces son nuestras primeras necesidades”. “¿Qué significa para el estado la educación popular, la salud pública, la cultura y, en fin, la atención que nos alivie del malestar social permanente y galopante?.” “La salud de una república depende de la moral que por la educación adquieren sus ciudadanos en su infancia” Simón Bolívar.

En consecuencia, los pediatras asumimos que nuestra tarea ya no se oriente sólo a la reducción de la enfermedad y las muertes infantiles. Su objetivo más amplio y desafiante es el de garantizar el desarrollo integral del ser humano, para lograr que el niño llegue a ser un adulto capaz de insertarse positivamente en una sociedad cada vez más con mayor grado de exigencia y competitividad.

Es la educación la dinamizadora de procesos sociales y armónicos, unidad por excelencia para contribuir a la formación de hombres capaces de construir proyectos de vida autónoma y de participar en propuestas colectivas en busca del bien común.

Se percibe la necesidad de optimizar el ejercicio profesional, adecuándolo inteligentemente a las necesidades del niño, de la salud pública y de la población a la que siempre los pediatras respondimos con la más comprometida de las actitudes en el eje de atención basado en la relación médico-paciente-familia.

Será ineludible, entonces, completar una orientación y capacitación en aspectos que hacen ese primer nivel, como son las recientemente incorporadas modalidades de atención, como la promoción y el abordaje de la problemática familiar en sus nuevas dimensiones sociales, los derechos y los deberes de los niños, el manejo de la patología crónica prolongada, el enfoque poblacional y epidemiológico de enfermedades, el enfoque poblacional y epidemiológico de enfermedades prevalentes y/o emergentes, técnicas comunicacionales, redes de transferencias, educación para la salud, detección y orientación en violencia familiar y extrafamiliar, adopción, avances de medicina anticipatoria, prevención de accidentes y medicina basada en la evidencia, entre muchas otras temáticas.

En el contexto descrito, es deseable que nuestra sociedad como organización que busca la excelencia de sus miembros, en respuesta a la cambiante realidad, y sensibilizada por sus implícitos desafíos, promueva un proceso de capacitación en ese campo, con el convencimiento de que estará contribuyendo a cubrir necesidades impostergables en la formación de profesionales más competentes para el sublime arte de la medicina del niño y el adolescente.

Somos conscientes de que los pediatras generales del primer nivel de atención, atenderán principalmente cerca de sus pacientes y no desde grandes instituciones asistenciales. Ante ello la Sociedad Colombiana de Pediatría ha implementado programas de educación continua, orientados a la actualización pediátrica, independientemente del lugar y estructura donde los pediatras desarrollan sus actividades. Son ejemplo de ello el Programa de Educación Continua en Pediatría “PRECOP”, conjunto de actividades educativas emprendidas por la Sociedad Colombiana de Pediatría y sus Regionales, que tienen como objetivo aportar en forma continua y programada, eventos formativos (espacios académicos y material educativo), a los pediatras y a los médicos generales en lo que respecta a pediatría, que contribuyen a actualizar y mantener sus conocimientos, actitudes y habilidades para un mejor desempeño en el área profesional.

Para el futuro cercano, se desarrollarán redes de comunicación que permitirán, a muy bajo costo, las teleconferencias con transferencia de imágenes y gráficos entre profesionales de distintos puntos del país.

Igualmente hemos tendido puentes de unión, verdaderas alianzas, con la Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Argentina de Pediatría. Creamos lazos de unión permanentes con las diferentes filiales, regionales que aportarán sus ideas y propuestas para el desarrollo armónico e integral de la Sociedad Colombiana de Pediatría en todo el territorio colombiano.

Entre tanto crecen los problemas de salud del pueblo colombiano, con la muy conocida Ley 100 y sus decretos reglamentarios, con el afán mercantilista de un sistema que arrasa con todo lo que en salud se había hecho.

La crisis crónica de los hospitales y clínicas públicas y privadas, su atraso tecnológico, la escasez de insumos y las degradantes condiciones de atención de los pacientes, ya no generan ruido, ni animan las protestas ni conmueven a las clases dirigentes.

Hay un mercado de salud, en donde prima lo económico. Es esta una promoción financiera en donde los médicos llevan la peor parte de este ejercicio caótico, implantado para que unos intermediarios privados, so pretexto de ofrecer salud, solo ofrezcan una deshumanizada atención, en donde no existe relación médico-paciente y donde es mas importante cantidad que calidad, rentabilidad financiera antes que la vida y la salud de un pueblo que ya paga sus tributos por la violencia, la intolerancia, por el desempleo y por el hambre.

Los médicos, sus sociedades y asociaciones nunca son llamados para tener acciones protagónicas en la planeación, legislación y en la implementación de lo relativo a la salud y a la seguridad social, aunque debieran ser los interlocutores válidos no ignora dos por los gobiernos, con capacidad de impactar en el poder, para reorientarlo hacia políticas con fundamentación ética, con eficiente participación, concertación y acción propositiva para el beneficio de la salud de un pueblo y la dignidad de un cuerpo médico. La salud es algo demasiado importante como para dejarla en manos de empresas cuyo fin es el lucro.

En este sentido, la Sociedad Colombiana de Pediatría reclama su natural derecho a representar a la niñez y la familia incluyendo el Instituto Colombiana de Bienestar Familiar (ICBF) y su participación en la mesa de negociaciones por la paz (Comité temático por la paz), propuesta que ha recibido el apoyo de la mayoría de las sociedades pediátricas del mundo.

Tenemos la preparación, la sensibilidad y capacidad que nos confieren 84 años al servicio de la niñez colombiana. Asistimos a los pozos, en el Caguán, para protestar por el secuestro y la vinculación de los niños en los conflictos armados, como complemento a nuestra solicitud permanente y justa de ser los representantes calificados de la niñez colombiana.

En resumen somos promotores del cumplimiento de los derechos del niño. Es imperioso velar continuamente por el mantenimiento de los principios éticos y humanísticos de la profesión médica y de nuestro pueblo. Ellos que son los que implican una actitud solidaria, comprensiva y afectuosa en el cuidado de los pacientes y serán sin duda los que mantendrán los valores esenciales de nuestra profesión.

El interés superior del niño/a debe ser el principio fundamental que guíe a todas las instituciones, servicios y entidades responsables del cuidado y protección de la niñez. Para ejecutar acciones y hacer seguimiento efectivo en aras del interés superior de los niños, sus voces deben ser escuchadas en todos los asuntos que afectan su bienestar. Esto se facilita mediante la existencia de una participación efectiva y profunda al interior de una sociedad que promueva compartir el poder en el proceso de toma de decisiones.

En la actualidad los derechos infantiles se reconocen ampliamente en todo el mundo. Pero a pesar de la teoría, la práctica sigue siendo aún un gran reto. Los objetivos establecidos en la cumbre de 1989 so bre los derechos del niño, todavía están lejos de ser cumplidos. Producto de esto, millones de niños sufren a diario abandono, explotación y abandono inconcebibles. Esperamos resultados de las discusiones con los gobiernos en la Sesión Especial de la Asamblea General sobre la niñez que se realizó en septiembre pasado.

En este contexto nos adherimos a la declaración de Montevideo del 2 de diciembre de 2000, al afirmar la adhesión a los principios y propósitos consagrados en la Convención Internacional de los Derechos del Niño, aprobados por la Asamblea General de la Naciones Unidas en el entendido que estos principios son esenciales para permitir el pleno y armonioso de la personalidad del niño/a y adolescente y quiero destacar la importancia de que los Congresos de Pediatría tomen como tema central los derechos del niño y la humanización de la pediatría.

Debemos expresar nuestro homenaje al Dr. Efraim Bonilla Arciniegas, médico insigne, colombiano intachable de esta hermosa región del Magdalena y aprovecho la oportunidad para, en nombre de todos, expresar nuestro sentimiento de pesar por la pérdida reciente de su querida esposa, Señora Alba Luz Barros de Bonilla (qepd).

Quiero agradecer a los profesores invitados que, dejando sus compromisos personales, nos han venido a acompañar y ofrecer sus experiencias y conocimientos en beneficio de nuestra pediatría; al Dr. Luis Eduardo Abello, presidente del XXII Congreso Colombiano de Pediatría, a los Presidentes de las Regionales y a la Junta Directiva Nacional, artífice de la transformación de una sociedad que adquiere, ahora sí, posicionamiento y presentación para ser tenida como interlocutora válida en la defensa de la niñez, adolescencia y la familia, y a todos ustedes compañeros y amigos.

Quiero terminar con las palabras de nuestro libertador Simón Bolívar: “El futuro se construye día a día – construyamos el futuro ya”.

Jorge Loaiza Correa
Presidente
Sociedad Colombiana de Pediatría