REVISTA DE PEDIATRÍA 

EDITORIAL

 

CONTRA LA LEY DEL LIBRO

Hay inconsistencias que no logramos entender quienes aún creemos que en este país se pueden hacer cosas buenas, tendientes a mejorar la calidad de vida de nuestros compatriotas. Y es que no es otro el propósito de las publicaciones científicas, es decir llevar a cabo un proceso de educación médica continua, que contribuya en alguna forma a mantener la actualización de nuestros profesionales, lo que en última instancia va repercutir en un mejor nivel de vida, tanto para los profesionales como para quienes son los directamente beneficiarios de su actividad profesional.

La Ley 98 de 1993 conocida como la Ley del Libro, inspirada en los artículos 70 y 71 de la Constitución Nacional, tenía como objetivos principales, según reza el Artículo Primero de la mencionada Ley:

a) Lograr la plena democratización del libro y su uso más amplio como medio principal e insustituible en la difusión de la cultura, la transmisión del conocimiento, el fomento de la investigación social y científica, la conservación del patrimonio de la nación y mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos.

b) Estimular la producción intelectual de los escritores y autores colombianos tanto de obras científicas como culturales.

f) Apoyar la libre circulación del libro en Colombia y América.

g) Aumentar y apoyar la producción de libros, textos didácticos y revistas científicas y culturales, mediante el estímulo de su edición, producción y comercialización.

i) Lograr la creación en todo el país de nuevas librerías, bibliotecas y puestos de venta exclusivos para libros, folletos, revistas o coleccionables seriados de carácter científico o cultural y

j) Ofrecer a los escritores y a las empresas editoriales las condiciones que hagan posible el logro de los objetivos de que trata este artículo.

No se entiende , entonces, como decía al principio, que ahora se trate de "derogar" esta Ley, de principios tan altruistas como actualizados, pretendiendo grabar con impuestos una actividad tan loable como aquella que lo único que pretende es difundir cultura y ciencia. No podemos creer que se intente cercenar de un solo plumazo una intención tan lejana al lucro como es la de las publicaciones de carácter científico.

Cifras en su conjunto paupérrimas se recaudarían por este medio, pero ello si lograría acabar con un buen número de publicaciones que, al analizarlas individualmente no están significando un "lucro" digno de ser pretendido por un Estado cada vez más fiscalista y menos amigo de respaldar aquellas actividades —que, además de suplirlo en una labor que le corresponde directamente a él -pero que no desarrolla por múltiples razones que no es del caso analizar en este artículo-, busca dar cabida a un grupo afortunadamente cada día mas y mas grande de personas que si se preocupan por la difusión cultural, científica y académica.

Poca es la utilidad económica que dejan las Revistas científicas y con esos pocos centavos se logra suplir el enorme déficit que significa el funcionamiento de las agremiaciones profesionales que las respaldan con su bagaje académico y científico. Loable, por decir lo menos la labor que desarrollan al ser el único mecanismo por medio del cual se puede difundir cultura científica en nuestro medio, en donde, como lo expresaba el expresidente Alfonso López en una reciente columna periodística, "ínfimo es el apoyo que el Estado, y el país en general, brinda a nuestros científicos, que los hay y de muy buena calidad".

En reciente comunicación al Dr. Jorge León Galindo, gestor y coordinador -con lujo de capacidades, valga la pena recalcar- del Comité pro-defensa de la Publicaciones Científicas, creado para unir fuerzas en torno a esta lucha por la supervivencia de nuestras revistas científicas, decía yo que "grabar a las publicaciones científicas con los impuestos que se pretende, solo conseguiría dar un golpe mortal a las Agremiaciones y a las publicaciones mismas, lo cual postraría, aún más, a los profesionales de la Salud, ya bastante golpeados por la Ley 100 de Seguridad Social y las consecuencias de su muy mal entendida aplicación. Un profesional, asalariado, mal remunerado y con un contrato de trabajo que le significa un altísimo volumen de pacientes, se quedó sin tiempo y sin recursos para llevar a cabo una mínima actualización que le permita mantenerse, así sea en forma ínfima, al tanto de los últimos adelantos científicos que tienen nuestras publicaciones, ya que el otro mecanismo para poder lograr esa actualización, o sea los Congresos médicos, solo le es posible asistir cuando logra conseguir el patrocinio respectivo de una Casa Comercial o Industria Farmacéutica. Esa participación, lo sabemos muy bien, no llega ni al uno por ciento de los profesionales".

No se si sea útil reclamar solidaridad, que tan ineficiente ha sido en otras circunstancias, probablemente de mayor trascendencia, si se le analiza desde un punto de vista individual, pero vale la pena repetir que si no es unidos no lograremos salir adelante y nos veremos privados de los medios, nacionales, que nos permiten la difusión de nuestra cultura y tendremos, o tendrán, que recurrir a las publicaciones extranjeras quienes tengan la capacidad para hacerlo.

EL EDITOR