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La Crianza Humanizada Boletín del grupo de puericultura de la Universidad de Antioquia |
EDITORIAL
¿QUÉ ES LA ESPERANZA?
Esperanza no es espera pasiva de un futuro impre-visible, que ha de llegar tarde o temprano. Esto es resig-nación fatalista que, so pretexto de fidelidad, enajena el futuro a poderes desconocidos.
Esperanza no es la previsión de las posibilida-des de acción y realización. Eso es prospectiva, que cuantifica, sistematiza y calcula desde la perspecti-va de futuro.
Esperanza no es la imaginación y el pensamien-to de lo que nadie ha imaginado ni pensado. Eso es la utopía, mirada sin lugar concreto, antítesis crítica de la ideología, empeñada en mirar el presente mirado desde el pasado.
Esperanza no es la ensoñación consciente del ma-ñana. Eso es el deseo, desarrollo de la tendencia instin-tiva, germen de la utopía.
Esperanza no es el anhelo de un mañana mejor en que sean castigados los gestores del presente atroz. Eso es la consolación ante el sufrimiento.
Esperanza no es la construcción de un futuro ideal, al margen de la horrorosa realidad actual. Eso es fanta-sía, que afronta la realidad desde la ilusión.
Esperanza es la capacidad de ver aquí y ahora, en el acontecer cotidiano, la realidad subyacente a la multi-plicidad de los fenómenos.
Esperanza es la capacidad de ver la profundidad de la realidad, origen y sustento de las múltiples manifesta-ciones del presente.
Esperanza es el poder captar la fuerza trascenden-te que, en medio del sufrimiento, el horror y las frustra-ciones del presente, impulsa la vida y la historia hacia la realización en la novedad.
Esperanza es la capacidad de comprender que el universo no surgió al azar, ni es una pluralidad de ener-gías dispersas, ni va a la ruina, sino que es un todo integral que, por la vía de la complejidad creciente, se encamina hacia la plenitud espiritual.
Esperanza es la capacidad de captar las fuerzas liberadoras que, triunfantes del horror de la muerte y de la amenaza de la nada, regeneran evolutiva y creativamente la vida.
Esperanza es saber leer en la aparente insignifi-cancia de las existencias más pequeñas y los he-chos más triviales, la manifestación de la Vida, una y única, que se patentiza poderosa, en el acontecer más elemental.
Necesitamos conocer más gente capaz de auténti-ca esperanza, para poder creer que a través de la tragicómica opereta, trivial y confusa, en que vivimos, se avecina la paz.
Editores:
Álvaro Posada Díaz
Juan Fernando Gómez Ramírez
Humberto Ramírez Gómez
FAMILIAS DE PADRES SEPARADOS O DIVORCIADOS
Dra.
María Eugenia Villegas Peña Especialista
en Familia,
Directora Desarrollo Familiar Funlam Docente de Pediatría Social,
Universidad de Antioquia
Los padres como hombres y mujeres tienen dos funciones, la relación conyugal y la relación parental. La primera se caracteriza por la gratificación y apoyo mutuo que se dan como pareja; la segunda se caracteriza por la unidad en el acompañamiento de los hijos durante el desarrollo. Son dos funciones independientes y el éxito en la una no garantiza la efectividad de la otra; a pesar de esto, entre ellas se debe guardar un equilibrio que las diferencie, pero a la vez, las conserve.
Cuando ocurre el momento de la separación o el di-vorcio de los padres, estos solo se ocupan de ellos como pareja y se olvidan de que los hijos son responsabilidad de ambos y que aún continúan ahí; y cuando los recuer-dan es para tomarlos como parte de la batalla que libran.
Los hijos se afectan por el suceso crítico y no solo se sienten emocionalmente mal sino que también tie-nen temor a ser abandonados y en algunas oportunida-des se culpan de lo que está pasando entre los padres; consideran que no fueron suficientemente buenos y que ello ha producido el desentendimiento entre ellos.
Es de anotar que el proceso de separación o divor-cio es un evento especialmente crítico pues hay preocu-paciones y conflictos en la pareja, disarmonía entre los padres e incertidumbre en los hijos.
A continuación se analizará por separado lo que sucede a los padres, a los hijos de acuerdo con la etapa de desarrollo en que se encuentren y al grupo familiar como tal.
RELACIÓN DE LOS PADRES
Los padres independientemente de sus desen-cuentros como pareja son padres. Como tal, su tarea es la de acompañar, guiar y orientar a sus hijos, para la cual son importantes las siguientes funciones.
La relación afectiva, que posibilita a los hijos asumirse con seguridad e independencia; ellos tienen que per-cibir esta relación para poder sentirse confiados y avanzar en su desarrollo.
El deber de padres, que comprende las diversas responsabilidades que como padres tienen con los hijos.
El poder parental, es decir, la relación interdependiente del padre ante el hijo en el uso de la autoridad y la actitud de acato de parte de este.
Estas tres funciones deben estar claras en el pro-ceso de separación o divorcio y deben ser independien-tes de los sucesos que la pareja en el momento del conflicto está afrontando. Es importante que estas fun-ciones posteriormente se conserven en forma clara.
LOS HIJOS DURANTE EL PROCESO DE SEPARACIÓN Y DIVORCIO
Los hijos asumirán el proceso de separación o divorcio de sus padres del acuerdo con la etapa del proceso vital individual, el género y las características personales de cada uno. Además, son importantes los eventos que han sucedido antes y durante el proceso.
En general, los hijos varones en ciertas edades pueden comportarse más agresivos e independientes, no sienten que les deben obediencia a las madres, sobre todo si son ellas las que se quedan a cargo de los hijos.
LOS NIÑOS PREESCOLARES
Suelen reaccionar al proceso de separación o divorcio de sus padres con ira, tristeza, tendencia al aislamiento; pueden sufrir regresiones en su desarrollo, es decir, volver a conductas de edades anteriores, como orinarse en la cama, por ejemplo.
Es posible que las niñas adquieran una actitud adulta y se encarguen del cuidado de sus hermanos menores; el asumir estas conductas depende del niño o la niña y de las relaciones y factores que estén acompañando este proceso.
LOS NIÑOS ESCOLARES
Generalmente se sienten tristes y extrañan mucho al padre que deja el hogar; puede ser que los niños sean difíciles de disciplinar y no acaten las normas y condiciones que pone el padre que se queda. Es muy posible que busquen apoyo fuera de la familia; de ahí la importancia de conservar buenas relaciones con las familias de ambos padres. El apoyo de los abuelos es significativo para ellos durante la crisis y posteriormente a ella.
LOS ADOLESCENTES
Algunos aparentemente no se sienten tan compro-metidos en el evento, pero son los que realmente pue-den salir más afectados durante el proceso. A corto pla-zo pueden tener sentimientos de tristeza, soledad y depresión y, además, sentir que deben lealtad a los pa-dres y pensar que deben tomar partido en la situación. Los sentimientos que se generan en ellos pueden hacer-los optar por conductas delictivas, de drogadicción, de vagancia o de bajo rendimiento escolar. Otros pueden estar más preocupados por su propia vida y creen que ya no necesitan la guía y orientación de sus padres.
Además, es fundamental la forma como los padres manejan el momento: si hay estrés y conflictos el im-pacto será más fuerte y si la situación se resuelve entre los adultos con madurez, el efecto sobre los hijos será menor.
Las conductas duran más o menos tiempo de acuer-do con la trascendencia de la situación y con la calidad de las relaciones y de las manifestaciones afectivas que los padres establezcan con los hijos, que de ser buenas servirán como amortiguadores en el proceso de adapta-ción a la nueva vida. Recuérdese que es importante di-ferenciar la relación conyugal, del ejercicio de ser pa-dres, quienes ya separados deberían continuar como unidad ante los hijos, propendiendo a que los ambien-tes, las normas y las conductas sean similares en los dos hogares.
LAS RELACIONES FAMILIARES
El divorcio o separación de los padres es un problema complejo que engloba cambios en las relaciones familiares. Las tensiones, el alto nivel de estrés familiar y el conflicto están presentes en las relaciones familiares desde el momento en el que aparecen las diferencias en la pareja. Estas condiciones de amargura y desdicha de los padres afectan el desarrollo y la estabilidad de los hijos y pueden ocurrir durante largo período.
Entre otras cosas, los hijos le temen a la pérdida de los padres, piensan que si uno se ausenta, en cualquier momento el otro también lo hará.
Antes de tomar la decisión el ambiente intrafamiliar puede estar muy tenso y para los hijos llegar a ser más productiva la separación o el divorcio que continuar en una relación familiar de tensión y de conflicto, luego de lo cual los hijos suelen desear continuar la relación con ambos padres.
Los hermanos mayores pueden adoptar el papel del progenitor ausente y es probable que asuman una posición de sobreprotección con los hermanos y quieran ocupar el espacio que el padre deja en la cama de la madre.
La ausencia total del padre, quien es el que generalmente sale del hogar, puede ocasionar en los hijos la pérdida del modelo de orientación. Al suspenderse el apoyo directo que él ofrece a la madre en la crianza, se descuida o se pierde la función socializadora que él ejerce.
En una separación o divorcio la familia puede descender en su posición económica si la madre es quien se encarga de la manutención. Puede disminuirse también la disciplina porque la madre no logra asumir sola el poder parental.
La familia extensa, los abuelos, tíos y primos, tiene gran significado para los niños; sirve de apoyo para la superación del difícil momento como elemento protector de la situación de abandono que los acompaña.
Estas relaciones son importantes, pero es necesario aclarar las condiciones y establecer una unidad en las normas que se tendrán. La disciplina clara y explícita es vital y es uno de los puntos difíciles de lograr dado el estado depresivo o de frustración en que puede estar la madre, pues ella está ocupada en resolver su propio duelo.
Es importante resaltar que los padres deberían continuar acompañando a sus hijos como tal y están en la obligación de establecer normas y rutinas similares con ellos, porque así les ofrecen la seguridad y la confianza que necesitan para continuar con su desarrollo y a la vez disminuye el sentimiento de abandono que sienten.
DESVENTAJAS DE LA SEPARACIÓN Y EL DIVORCIO
Son numerosas las desventajas que se pueden des-prender de la separación o el divorcio. Algunas se mencionarán a continuación:
La ausencia total del padre, quien es el que general-mente deja el hogar, lo desliga del acompañamiento educativo y formador, así como de la afectividad; ade-más, le disminuye el poder y el deber ante los hijos.
Los hijos suelen conservar el deseo y la esperanza de reconstruir la relación, lo cual retarda la elabora-ción de su duelo.
Los hijos tienden a conservar como modelo de con-ducta para su vida adulta las pautas observadas du-rante el proceso de separación de sus padres. Es probable que en sus relaciones como pareja repro-duzcan las conductas que percibieron de ellos. Si el nivel de conflicto entre los padres es muy alto los hijos se levantarán inseguros y desconfiados en sus relaciones posteriores.
RECOMENDACIONES
De lo expuesto, se pueden desprender algunas re-comendaciones en relación con los hijos para las fami-lias que se vean en el trance de separación o divorcio:
Ayudar a los hijos para que se adapten a las nuevas condiciones que la organización familiar demanda.
Hablar con los hijos sobre el abandono. Garantizar-les que a pesar de ser necesarias las ausencias, el padre que se queda siempre regresará. Es significa-tivo hacérselos notar.
Desculpabilizar a los hijos de la separación o el divor-cio, mostrándoles que ellos con sus conductas no son los culpables, que lo que no funcionó fue la rela-ción de los padres como pareja conyugal.
Aclarar la situación y relación que los hijos tendrán con el padre que deja el hogar; si los visita, es nece-sario que estas visitas sean puntuales y regulares.
Si se comparte la tenencia de los hijos, es importan-te establecer las reglas del juego y que ellas sean iguales con ambos padres.
Conservar las buenas relaciones con las familias de origen de ambos. Recuérdese que esta es, por el momento, una relación de apoyo a los hijos .
Ayudar a los hermanos para que ellos se conviertan en una relación fuerte que les facilite la adaptación a la nueva situación y les sirva de apoyo.
Comprender la rivalidad entre los hermanos y hacer-los notar que ésta es el producto de la debilidad por la que pasa la familia y que no debe ser un elemento más de desunión.
Continuar con la labor de padres con los hijos, pues ello les garantizará la seguridad y la confianza para continuar con el desarrollo adecuado y les dismi-nuirá el sentimiento de abandono que la situación les genera.
Establecer una disciplina clara y coherente en la crianza de los hijos, que les facilite asumir el respeto ha-cia los padres y aceptar la autoridad de éstos.
Discutir con los abuelos y la familia extensa las ca-racterísticas de las relaciones con los niños. Es im-portante que haya igualdad de criterios en normas, autoridad, exigencias y rituales cotidianos.
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"En la medida en que el sufrimiento
de los niños esté permitido, no existe verdadero amor en este mundo"
Isadora
Duncan
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Lecturas recomendadas
Brazelton TB. El divorcio. En: Brazelton TB. Tu hijo. Santafé de Bogotá, Norma, 1994, pp 297-306.
Decorét B. Paternidad y cambio social: Padres separados. En: El padre, cambios y retos. Cuaderno familia cultura y sociedad número 3-4 Medellín, U. de A., 1999, pp 91-104.
Schaffer HR. Efectos sicológicos del divorcio en la infancia. In-fan-cia 16: 27-28, 1992.
Trigo J. Cómo viven los hijos la separación de sus padres. In-fan- cia 12: 30-32, 1992.