REVISTA DE NEUMOLOGÍA
CASO
RADIOLÓGICO
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Tos
crónica e infiltrados pulmonares
Horacio
Giraldo Estrada MD*.
Paciente de sexo femenino, 66 años, quien consulta por primera vez a los 62 años por cuadro de tos con expectoración mucosa y disnea de tres años de evolución, que se aumentan con la exposición al polvo y al frío, acompañándose de dolor dorsal, y carraspeo. Antecedentes de Hipertensión arterial en tratamiento con Verapamilo y diuréticos. Le habían diagnosticado Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) a los 61 años y la estaban tratando con Teofilina oral, Salbutamol y Fluticasona inhalados. Nunca fue fumadora, y en su casa cocinaron con leña y carbón hasta que la paciente tuvo 12 años. El examen reveló TA: 120/60 mm Hg, FC: 88x’, FR: 18x’ SaO2: 83% respirando aire ambiente a la altura de Bogotá (2.640 m sobre el nivel del mar). La auscultación cardíaca era normal y a la auscultación pulmonar se encontró disminución global de los ruidos respiratorios y moderados roncus bilaterales. Los Rx de tórax demostraron signos de atropamiento de aire con aplanamiento del diafragma, crecimiento del cono pulmonar y de las arterias pulmonares con infiltrados peribronco-vasculares en las bases con apariencia de “tórax sucio” (Figura 1). La Curva de Flujo/volumen demostró una Capacidad Vital en 64% de lo predicho con VEF1” en 42% de lo predicho y relación VEF1”/CVF en 53%, consistentes con trastorno ventilatorio obstructivo. No hubo mejoría significativa con el broncodilatador (Salbutamol 200 μg inhalados). Los gases arteriales respirando aire ambiente demostraron: pH: 7.42, PaCO2: 40.2 mm Hg, PaO2: 42.3 mm Hg, HCO3: 26.1 mEq/L. La paciente se manejó con Oxígeno ambulatorio, Teofilina, Salbutamol y Bromuro de Ipratropium, manteniéndose estable, pero persistiendo con disnea de esfuerzos y tos matutina con expectoración mucosa, con muy ocasionales episodios agudos de descompensación infecciosa (menos d e 1 cada 2 años). Por presencia de infiltrados basales bilaterales se pidió TAC de tórax que mostró los cambios parenquimatosos ilustrados en la figura 2.
![]() Figura No. 1. Radiografía de tórax proyección PA. signos de atrapamiento de aire con aplanamiento del diafragma, crecimiento del cono pulmonar y de las arterias pulmonares con infiltrados peribronco-vasculares en las bases, con apariencia de "tórax sucio" |
![]() Figura No. 2. Radiografía de tórax inicial. Proyección lateral |
![]() Figura No. 2. Por presencia de infiltrados basales bilaterales se pidió TAC de tórax que mostró los cambios parenquimatosos |
![]() Figura No. 3. TAC de tórax que mostró los cambios parenquimatosos |
EVOLUCIÓN
Esta paciente se presenta con
un cuadro clínico que sugiere una Bronquitis crónica, por tos y disnea de
varios años de evolución, asociadas a proceso obstructivo bronquial en las
pruebas de función pulmonar, sin respuesta al broncodilatador, con Gases
arteriales que mostraron hipoxemia y acidosis respiratoria crónica. La
Radiografía de tórax se consideró típica de Bronquitis crónica avanzada,
con signos de atropamiento de aire, hipertensión pulmonar e infiltrados
peribronco-vasculares basales dando la apariencia de “tórax sucio”. La TAC
de tórax demostró imágenes de bronquiectasias saculares en el segmento
posterior del lóbulo superior derecho sin evidencia de niveles hidroaéreos en
su interior, y algunas bronquiectasias cilíndricas en ambas bases. Las
bronquiectasias saculares vistas en la TAC de tórax no se sospecharon por la
Radiografía simple, y nunca dieron la sintomatología de abundante y frecuente
expectoración purulenta, posiblemente por su localización apical que permite
el drenaje fácil e impide la acumulación persistente de secreciones. Por su
localización en el segmento posterior del lóbulo superior derecho puede
pensarse que estas bronquiectasias son secuelas de posible TBC antigua no
tratada.
DISCUSIÓN
Las bronquiectasias fueron
descritas por Laennec en 1819, y se definen como la dilatación y distorsión
persistente e irreversible de los bronquios de tamaño medio. En su fisiopatología
se ha implicado un insulto infeccioso con compromiso del drenaje bronquial,
obstrucción de la vía aérea o defecto en las defensas del huésped, que
llevan a una destrucción inflamatoria del músculo bronquial, el tejido elástico
y el cartílago bronquial por material purulento infectado que permanece largo
tiempo en estrecho contacto con la pared del bronquio. Esta pus contiene
sustancias capaces de producir daño tisular por proteasas y radicales tóxicos
de oxígeno, así como óxido nitrico, citoquinas pro-inflamatorias, y
sustancias que interfieren con el movimiento ciliar. El insulto inflamatorio
inicial es seguido por colonización bacteriana secundaria, la cual produce daño
de la pared bronquial posteriormente, predisponiendo a mayor colonización
bacteriana, estableciendo un círculo vicioso. Se ha postulado que la fibrosis
de la pared bronquial y del tejido que lo rodea produce tracción sobre las
paredes bronquiales debilitadas, contribuyendo a su dilatación. Las arterias
bronquiales se dilatan hasta tres veces su calibre y se tornan tortuosas,
formando extensas anastomosis con la circulación pulmonar.
Las bronquiectasias se han
clasificado en muchas formas, pero la clasificación que más ha perdurado a
través del tiempo es la de Reid en 1950, basada en cambios patológicos y su
correlación con broncografías. Se describieron tres tipos: a) Bronquiectasias
cilíndricas, que consisten en dilataciones uniformes que terminan
abruptamente, b) Bronquiectasias varicosas, que demuestran bronquios
dilatados en forma irregular, y cuya imagen recuerda a la de las venas varicosas
de los miembros inferiores, y c) Bronquiectasias saculares o quísticas,
que es la forma más severa, demuestra severas dilataciones que terminan en unas
cavidades a manera de quistes, usualmente llenas de material purulento, y con
destrucción y fibrosis de las divisiones bronquiales distales.
La incidencia de las formas más
severas de las bronquiectasias ha disminuido en forma muy importante desde el
advenimiento de los antibióticos. Las Bronquiectasias son bilaterales en el 30%
de los casos, y el lóbulo inferior izquierdo es el más frecuentemente
comprometido, seguido por la língula y el lóbulo medio, posiblemente por
razones de distribución anatómica para la facilidad del drenaje de
secreciones. Los factores predisponentes pueden ser locales, como obstrucción
bronquial por tumor o cuerpo extraño, o difusos, como neumonías virales o
bacterianas necrotizantes, enfermedades granulomatosas (TBC, Histoplasmosis,
Sarcoidosis), o trastornos de hipersensibilidad, inmunodeficiencia o genéticos.
La TBC es la causa más frecuente de Bronquiectasias en los lóbulos superiores
y en el lóbulo medio.
Una serie de trastornos genéticos
se asocian con Bronquiectasias: El síndrome de Mounier-Kuhn
(traqueobroncomegalia), el síndrome de Williams Campbell (deficiencia de cartílago
bronquial), síndrome de Kartagener (sinusitis, situs inversus y
bronquiectasias), síndrome de Young (azoospermia obstructiva e infección
sino-pulmonar crónica, y el síndrome de cilia inmóvil (ultraestructura y
función ciliar anormales).
El cuadro clínico puede ser
indistinguible de la Bronquitis crónica, como en el caso que se presenta aquí,
y la ausencia de factores de exposición crónica a tabaco, humo de leña o carbón
o elementos industriales, puede ser el punto de partida para realizar estudios
paraclínicos que lleven al diagnóstico definitivo. El cuadro de tos frecuente
con expectoración purulenta abundante, a veces con hemoptisis, y episodios de
exacerbación con fiebre y períodos cortos de remisión de síntomas, es el más
frecuentemente observado, aunque en ocasiones, en las bronquiectasias de lóbulos
superiores o bronquiectasias “secas”, el cuadro puede ser de tos seca con
episodios intermitentes de hemoptisis. La expectoración con sangre puede ser
leve, o en algunos casos puede llegar a ser tan severa (masiva) que atente
contra la vida del paciente, pues el sangrado frecuentemente proviene se los
vasos arteriales bronquiales dilatados, con presión arterial sistémica. La
sinusitis se asocia a las bronquiectasias en un 50% de los casos. El examen clínico
usualmente revela estertores gruesos persistentes en la zona afectada. La
aparición de hipocratismo digital es frecuente. Cianosis y cor pulmonale pueden
presentarse en los casos más avanzados.
Es importante anotar que no
todas las áreas de Bronquiectasias anatómicamente demostrables son causa de síntomas.
Son más frecuentes las bronquiectasias asintomáticas que las que producen las
molestias clínicas de abundante expectoración e infecciones a repetición. Las
bronquiectasias asintomáticas no deben ser sometidas a tratamiento quirúrgico
con la presunción de que serán sitios frecuentes de infección recurrente. Un
estudio reciente sugiere que el uso de glóbulos blancos marcados con Indio
puede ser útil para identificar los segmentos infectados responsables de los síntomas,
en pacientes con bronquiectasias bilaterales.
Debe tenerse en cuenta también
que después de episodios de neumonía, atelectasias, traqueobronquitis y
obstrucciones temporales, hay dilatación temporal de lo bronquios que se ha
demostrado regresan a lo normal en el 90% de los casos en las siguientes semanas
hasta 3 meses. Por ello es importante no tomar conductas definitivas con
estudios practicados en este lapso de tiempo después de un episodio infeccioso.
Los hallazgos de la Radiografía
de tórax rara vez son diagnósticos, pudiéndose encontrar engrosamiento de las
marcas bronquiales, con imágenes anulares o tubulares producidas por las
paredes bronquiales engrosadas, imágenes de dedo de guante, o área quísticas
con o sin niveles hidro-aéreos en su interior. La radiografía del tórax puede
ser normal en 7 a 20% de los casos. La Tomografía Axial Computarizada (TAC) se
ha constituido en el medio más preciso no invasivo en el diagnóstico de las
bronquiectasias, con una sensibilidad y especificidad mayor del 95% en las
bronquiectasias cilíndricas utilizando cortes delgados con intervalos cortos
entre los cortes. La dilatación bronquial en más de 1.5 veces el diámetro del
vaso acompañante es indicativo de bronquiectasias cilíndricas.
El tratamiento se basa en el
conocimiento del paciente de la necesidad de una buena higiene bronquial, con
buena hidratación y drenaje postural al menos 2 veces al día, y adecuada
medicación con broncodilatadores y antibióticos apropiados de acuerdo a los síntomas.
El tratamiento antibiótico en ocasiones debe ser prolongado por semanas o
meses, con el fin de disminuir la colonización bacteriana y romper el círculo
vicioso de infección – daño bronquial – mayor predisposición a infección.
Se ha demostrado que el uso de corticoides inhalados puede reducir la tos y la
producción de esputo en un 18%.
Cuando el paciente no se logra
controlar adecuadamente con el tratamiento médico, puede considerarse el manejo
quirúrgico. Este puede realizarse tanto en las enfermedades difusas, con el fin
de resecar las partes más comprometidas lo cual mejora significativamente los síntomas,
o en los casos de bronquiectasias localizadas sintomáticas. El objetivo es
mejorar la calidad de vida del paciente en quien ha fallado el tratamiento médico.
Todos los pacientes deben tener una broncoscopia previa a la cirugía, con el
fin de descartar obstrucciones, tumor o cuerpo extraño endobronquial.
La mortalidad, cuando se
requiere neumonectomía por bronquiectasias puede llegar a 43%, por lo cual debe
evitarse tal procedimiento. Otras indicaciones de resección quirúrgica son las
complicaciones como la formación de abscesos o la hemoptisis masiva que atenta
contra la vida del paciente. Cuando está disponible, debe realizarse embolismo
selectivo de las arterias bronquiales como tratamiento de elección en la
hemoptisis masiva, porque puede preservar tejido pulmonar, aunque en ocasiones
se requiera manejo quirúrgico si la hemoptisis persiste.
En pacientes jóvenes con
bronquiectasias progresivas no controladas con el tratamiento médico y con
función pulmonar muy comprometida para tolerar la resección, puede
considerarse el trasplante pulmonar bilateral secuencial.
BIBLIOGRAFIA
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