Efectos sobre el hueso
La prevalencia de la osteoporosis continúa creciendo en todo el mundo y con ella sus consecuencias: las fracturas patológicas, que representan una alta tasa de morbilidad y deterioro en la calidad de vida de la mujer mayor.
Con respecto al papel de los fitoestrógenos en la prevención de la osteoporosis, los resultados aún no son muy claros, debido a que la mayoría de los estudios con los que contamos son observacionales y epidemiológicos. Si bien estos estudios han podido demostrar que la incidencia de osteoporosis en las mujeres orientales es menor que en las occidentales, no se puede afirmar que la dieta rica en fitoestrógenos de la soya sea la causa de este hallazgo. Igualmente pueden existir diferencias en el tipo constitucional y en el ejercicio, entre las diferentes poblaciones, lo que también puede explicar la menor prevalencia de osteoporosis en la mujer de Oriente17.
Los datos vistos en estudios experimentales en humanos muestran algún efecto protector sobre la masa ósea por parte de las isoflavonas.18 Hasta la fecha, tal vez el trabajo con un mejor diseño metodológico, un estudio prospectivo, randomizado y doble ciego, es el publicado por Alkel; éste demostró que una dosis de isoflavonas de 80, 4 mg al día durante 24 semanas, disminuyó la pérdida de masa ósea en la columna y mejoró los marcadores de metabolismo óseo. (telopéptidos N-terminales y fosfatasa alcalina osteo-específica)19.
Fitoestrógenos y cáncer
Así como en los últimos años los estudios epidemiológicos han sugerido que el consumo de soya se relaciona con una menor incidencia de los problemas derivados del hipoestrogenismo en la menopausia, también han hecho mención de la relación que tienen los fitoestrógenos en la protección de ciertos cánceres, como el de mama, endometrio, ovario, próstata y colon. La incidencia de estos cánceres es menor en Asia y Europa del Este que en países occidentales. Los emigrantes asiáticos que mantienen su dieta tradicional, tienen menos cánceres, pero cuando adoptan los cambios dietarios típicos del país donde viven aumenta el riesgo de estas enfermedades20.
Se ha visto una menor incidencia de cáncer de mama en países orientales, donde el consumo de fitoestrógenos es alto y también una menor tasa de mortalidad atribuida a esta enfermedad. Igualmente, las mujeres japonesas que tienen cáncer de mama presentan un mejor pronóstico en comparación con las americanas o inglesas, que padecen la enfermedad, encontrándose un mayor número de tumores in situ, un menor número de ganglios afectados y aquellas con metástasis tienen menor probabilidad de tener tres o más ganglios afectados21.
Los mecanismos de acción por los cuales los fitoestrógenos pueden disminuir el riesgo de cáncer de mama, son varios. En primer lugar, se cree que tienen una acción competitiva con el estradiol por el receptor estrogénico y debido a su escasa potencia, pueden actuar como antiestrógenos en la mama. De otra forma, actúan como inhibidores de las enzimas que controlan el proceso de mitogénesis y aumentan los niveles de SHBG, lo cual da lugar a una menor cantidad de hormona libre que es la fracción biológicamente activa22. Los estudios in vitro, han confirmado que la enterolactona, el enterodiol y derivados sintéticos de los lignanos, logran inhibir en un 18% el crecimiento tumoral en líneas celulares humanas del cáncer de mama.
Es conocido que la administración de estrógenos se asocia a un incremento del RR de cáncer endometrial si no se contrarresta con un gestágeno. También se han asociado otros factores de riesgo para cáncer de endometrio como la obesidad, debido al aumento estrogénico que produce la grasa. En las mujeres japonesas se ha observado una menor incidencia de esta enfermedad que en Estados Unidos y Europa, probablemente debido a variaciones en la dieta y a la distribución en la grasa corporal23. Sin embargo, en este tema aún no existen datos de estudios serios, con buen diseño metodológico y por lo tanto sólo se puede hablar de una asociación cultural con la menor incidencia del cáncer de endometrio, donde probablemente la dieta rica en isoflavonas sea un factor de protección.
En cuanto al cáncer de colon, hoy se sabe que los estrógenos pueden tener un efecto protector. El embarazo, los anticonceptivos orales y el tratamiento hormonal sustitutivo, disminuyen el RR de esta enfermedad. Campbell y Thomson han podido demostrar que el receptor estrogénico beta es dominante en el colon humano y que la disminución de REB1 y B2, se asocia a un incremento de cáncer de colon en mujeres. Teniendo en cuenta que los fitoestrógenos tienen una acción preferencial por los sitios del organismo donde existen receptores estrogénicos beta, su acción protectora en cuanto al cáncer de colon se podría explicar por sus efectos estrogénicos a nivel del epitelio colónico.
Conclusiones
El objetivo de buscar tratamientos eficaces para la prevención primaria de las enfermedades a las que se expone la mujer en la menopausia, continúa siendo un reto para los
médicos. Más ahora, cuando se ha comprobado en el estudio WHI los riesgos de presentar cáncer invasivo de mama y enfermedad cardiovascular, con la terapia continua combinada de estrógenos más progestágenos.
Esta realidad nos obliga a estudiar otras alternativas terapéuticas para ofrecer en el climaterio, como los SERMS, la tibolona y los fitoestrógenos. A la luz de la evidencia actual, podemos decir que los fitoestrógenos pueden ser una alternativa útil en la prevención primaria y secundaria de la enfermedad cardiovascular. Además, se pueden utilizar buscando una mejoría de la sintomatología climatérica y especialmente la disminución de los calores. En cuanto a la prevención de la osteoporosis y la seguridad en la mama, aún no se puede concluir nada ni a favor ni en contra de éstos.
Teniendo en cuenta que los fitoestrógenos representan un atractivo adicional para la mujer de hoy, pues se trata de una terapia natural, la adherencia al tratamiento puede ser mejor respecto a las demás alternativas terapéuticas. Sin embargo, se debe ser muy objetivo en la utilización de éstos y no se debe olvidar la premisa que cada día marca más la pauta a seguir en el manejo de la menopausia: la individualización de la terapia.
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