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REVISTA DE MENOPAUSIA COMO
MODIFICAR LOS HÁBITOS
ALIMENTICIOS RELACIONADOS CON LA
Claudia María Carvajal, M.D.*
Con la menopausia hay una serie de
cambios significativos en la mujer son sólo a nivel metabólico sino a nivel
psicológico y social; los hábitos alimentarios forman parte fundamental
del tratamiento en esta época de la vida. Estudios sicológicos indican que
niveles altos de colesterol, vida sedentaria y sobrepeso son un riesgo mayor
para el desarrollo de enfermedad cardiovascular. El colesterol y los triglicéridos
son los lípidos de mayor concentración en el plasma. El colesterol es esencial
para la función de la membrana celular, modular los fluidos y mantener la
barrera entre la célula y el medio ambiente. También es la sustancia usada
para la síntesis de hormonas esteroides y ácidos biliares. El interés entonces en la
hiperlipidemia de relaciona con su papel en la aterogénesis. La LAL
está identificada como la lipoproteína más aterogénica. La LDL
constituye el 70% del colesterol circulante, este transporta el colesterol a la
capa íntima de las arterias y las HDL están
comprometidas en remover el colesterol. Así de demuestra que el riesgo de
enfermedad coronaria corre proporcional a la concentración de LDL
y que el riesgo disminuye cuando las concentraciones de HDL
aumentan. En la sangre el colesterol y las
grasas son transportadas en forma de lipoproteína; todas las lipoproteína;
todas las liproteínas tienen la misma estructura básica: una capa interna
llamada capa neutra compuesta por triglicéridos y ésteres de colesterol. Esta
capa interna está rodeada por otra capa monopolar de lípidos de colesterol
libre. Existe un trastorno de lípidos en
algunos cambios hormonales como es el caso de la menopausia; en estudios
relacionados con estos cambios hormonales se ha encontrado que el colesterol
total y las LDL tienden a aumentar y las HDL
no cambian durante la menopausia temprana. Los estrógenos en dosis de
sustitución conlleva a disminución de LDL acompañadas de un aumento de la
disminución de las HDL, en general
se encontró que los triglicéridos también aumentaban pero aún con poco
efecto sobre la aterogenicidad. Los gestágenos tienen un efecto
contrario a la acción de estrógenos, especialmente aquellos con un componente
androgénico. Pacientes con hipertrigliceridemia pueden agravarse con el uso de
estrógenos. Las concentración de lípidos
cambia durante la terapia hormonal con estrógeno, progesterona, testosterona o
cuando se administran anticonceptivos. Los estrógenos tienen un efecto
altamente protector sobre el sistema cardiovascular. En mujeres postmenoáusicas,
hay una reducción del 50% en infarto del miocardio. ACV, en la incidencia de
hipertensión y mejora el flujo sanguíneo. Sus efectos sobre el metabolismo
depende del estado metabólico preexistente de cada individuo, de la estructura,
dosis y estado nutricional. Es por esto que aquí comienza a jugar un papel
importante la alimentación. Como primera medida se debe
realizar una valoración nutricional minuciosa que incluya parámetros antropométricos,
bioquímicas como la proteína viceral, el perfil lídico, glicemia, ácido úrico,
y así obtendremos un diagnóstico nutricional que nos va a ayudar a seleccionar
el tipo de tratamiento que necesita el paciente. Con el análisis cuantitativo y
cualitativo de la ingesta alimentaria podemos adecuar la fiesta a los hábitos y
gustos del paciente dentro de las recomendaciones pertinentes. Según lo anteriormente expuesto
las grasas se tienen que modificar en la dieta de la mujeres menopáusicas a
menos de un 30% del valor calórico total, con un consumo de colesterol de menos
de 300mgr/día. El tratamiento con sólo dietas
para bajar los niveles de lípidos en sangre en pacientes con hiperlipidemias
puede ser efectivo y debe ser la primera opción; algunos desordenes genéticos,
como hipercolesterolemia familiar no responden muy bien a este tipo único de
tratamiento en caso que continúen con elevadas cifras de hiperlipidemia que
conlleven a estar en alto riesgo de desarrollar aterosclerosis se debe
considerar la posibilidad de alternar con droga el tratamiento. Se ha comprobado que los aceites de
pescado ricos en ácidos grasos omega3 pueden ser usados satisfactoriamente en
los regímenes dietarios porque actúan bajando los niveles de VLDL. En hipertrigliceridemia asociada
con el mejoramiento de la actividad LPL en conjunto con hiperglicemia, la
insulina es efectiva en corregir este tipo de desorden. Muchos de los diferentes
tipos de hiperlipidemias responden a una dieta básica que es baja en colesterol
y grasa saturada. La obesidad agrava las
hiperlipidemias favoreciendo la producción de ULDL; es por esto que la dieta
debe ser hipocalórica hasta el momento que l paciente llegue a su peso ideal. Si el control de
hipertrigliceridemia tiene como objetivo reducir los niveles del día, como la
terapia para diabético, una restricción calórica relativamente baja en grasa,
alta en carbohidratos va a ser la dieta deseable para el control de las
hipertrigliceridemias. Aunque una desproporcionada restricción de carbohidratos
en la dieta de estos pacientes no es usualmente justificada. El alcohol aumenta
la producción de triglicéridos alterando el balance calórico y estimulando
directamente la síntesis hepática, luego es prohibido en pacientes con
cualquier desorden en el transporte de VLDL. El manejo dietario va a ser
infectivo a menos que drogas como estrógenos, glucocorticoides, diuréticos, o
betabloqueadores adrenérgicos, los cuales elevan el riesgo de
hipertrigliceridemia pueden ser suspendidos o usarse a dosis bajas. En pacientes con
hipercolesterolemia, hay que hacer énfasis en bajar la ingesta de alimentos que
contengan altas dosis de colesterol como huevo, vísceras, mantequilla,
mariscos, piel de pollo, etc. Disminuyendo la ingesta de colesterol a 300 mgr/día
en un paso esencial de la terapia nutricional. La ingesta de grasa saturada debe
ser disminuida a menos del 10% de las calorías totales
porque los ácidos grasos esturados elevan los niveles séricos de
colesterol. Los ácidos grasos saturados y el colesterol se encuentran
usualmente en los mismos alimentos, luego se hace la restricción de ambos. Como conclusión es importante
recordar que la dieta debe ser individual dependiendo el tipo de dislipodemia
que tenga el paciente.
BIBLIOGRAFÍA
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