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REVISTA DE MENOPAUSIA
DEMOGRAFÍA ACTUAL: PROYECCIONES
SOBRE LA MENOPAUSIA Y EL
María Luisa Chiappe de Villa* Agradezco a la Asociación
Colombina de Menopausia la oportunidad que me brinda de exponer algunas ideas
importantes para el país sobre la mujer, particularmente aquellas que han
concluido su ciclo reproductivo y a quienes la comunidad académica muy poca o
casi ninguna atención les ha brindado. La información estadística y
demográfica, aún incompleta, es básica pues sin ella no es posible avanzar en
la estructuración de planes y programas generales de beneficio para la población
y para la profundización de los estudios e investigaciones más especializados.
La gestión moderna de los servicios sociales en un contexto organizado que
busca el mejoramiento de las condiciones de vida de la población requiere
información estadística apropiada y supone el uso metódico de ella técnicamente
recolectada y analizada sobre tales condiciones, sus factores condicionantes y
los sectores de población más afectados. La información es un recurso escaso
que requiere una notable calidad para ser útil y cumplir su objetivo. La gestión moderna de los
servicios sociales incluye la necesidad de realizar trabajos conjuntos por parte
de todos los estamentos de la sociedad hacia el logro de condiciones de vida
equitativa para hombres y mujeres, y en concreto el reconocer y acrecentar la
participación de las mujeres en los programas y beneficios de desarrollo
socio-económico, especialmente el acceso a oportunidades de educación, salud y
empleo. En este sentido el DANE, desde su creación en la década de los 50, ha
sido pionero en la labor de recopilación y divulgación de estadísticas
sociales, con descripción de las condiciones de poblamiento, fertilidad,
mortalidad, de educación salubridad, atención de salud, participación
laboral, etc. Asimismo el DANE ha
realizando publicaciones y divulgaciones de varias series históricas de
diversos indicadores estadísticos sociales, demográficos, de salud, etc. Con
el fin de estimular la reflexión y utilización de esos datos en la vida del país. En este contexto, el objetivo de mi
charla es presentar información básica, que nos sirva como elemento sobre las
características de las mujeres en edades posteriores al término del ciclo
reproductivo en Colombia. Desafortunadamente aún no contamos con la principal
fuente de información, el censo 93, el cual nos hubiera permitido profundizar
en el análisis de este importante grupo poblacional, lo cual no excluye que en
un futuro cercano explotemos conjuntamente esta valiosísima información. Por
el momento debemos contentarnos con la información que se deriva de anteriores
censos, de las proyecciones que con base en ellos se han efectuado y de las
encuestas de hogares. Dentro de la información básica
contemplaré en esta charla como se inserta la mujer adulta y mayor en el
contexto demográfico del país, sus características educativas, de participación
en la fuerza de trabajo y algunos aspectos relacionados con la salud.
I. La mujer adulta y mayor en el contexto demográfico
del país La demografía tiene dos formas
principales de medir la relevancia de las mujeres en etapas post-reproductivas.
Una dentro de la población y otra dentro de la sociedad. La primera de ellas
hace referencia a su distribución por edad, en la cual se presupone que todas
las mujeres mayores de 50 años y una gran mayoría de las mayores de 45, han
entrado en esta etapa. La otra forma, complementaria a la anterior, hace
referencia a la proporción de mujeres que han decidido
terminar su capacidad reproductiva mediante el uso de métodos de control
de fertilidad. Para efectos de la presente charla, únicamente haremos
referencia al primero de los grupos mencionados. 1.1
Envejecimiento de la población A nivel de toda la sociedad o
población, a medida que la mortalidad y la fecundidad descienden, la proporción
de niños y jóvenes tiende a disminuir, mientras que la de los adultos y
mayores tienden a aumentar dentro del total de la población. Esto se conoce
como ‘transición demográfica’, la cual es un proceso progresivo y de largo
plazo y generalmente asociado al progreso social y económico de los países.
Uno de los resultados de este proceso se ha venido denominando en la demografía
como el “envejecimiento de la población”, definido como el fenómeno que se
traduce en un aumento proporcional del número de personas en edad adulta o
ancianos y una disminución del número de jóvenes
Gráfico 1. Envejecimiento de la población total por grupos de edad, en porcentajes Envejecimiento de la población total por grupos de edad, en porcentajes
Si tomamos la edad convencional
para este análisis, usualmente los 50 años cumplidos, y observamos las cifras
de los últimos censos y las proyecciones que de ellos se derivan, tenemos que
concluir que a nivel del país en general el cambio en la estructura de edades
se aceleró después de la década de los 70´s, aunque en las áreas urbanas
mayores este fenómeno se inició en la década de los 60´s. En el caso específico
de la proporción de la población joven (menor de 15 años) se ha reducido y
continuará perdiendo importancia frente al total de la población; de un
porcentaje de 46.6 en 1964, bajaría a 30.6 en el año 2000. En contraposición, la proporción
de una población entre los 15 y 49 años, así como la adulta y mayor,
comienzan a adquirir mayor importancia; no obstante, en términos relativos, el
incremento de la población adulta y vieja es mayor; la relación entre esta última
y la primera pasa de 20 en 1951 a 25 en el año 2000. Consecuentemente con el
envejecimiento de la población, el número de mujeres en edad adulta ha venido
aumentando en términos absolutos década tras década, censo tras censo. En
1951 era un poco más de 625, 000 en todo el país, en 1964: 880,000; en 1973
ascendieron a más de 1’060.000. En 1985 ya eran 1´673.000, se estima que hoy
son 2’300.000 y que el año 2000 se acercarán a los 2’800.000. El envejecimiento de la población
y su significativo crecimiento en términos absolutos presenta serias
implicaciones para la sociedad, en particular en países con características
como las de Colombia. Tal vez la más importante de las consecuencias económicas
es el efecto de la estructura sobre la proporción de dependencia; en otras
palabras, cuanto mayor sea la proporción de personas adultas dependientes,
tanto más difícil será para las personas de edad de producción su manutención.
Gráfico 2. Población femenina de 50 y más años, 1951-2000 Una segunda consecuencia económica
de la diferencia de la estructura de edades se relaciona con los patrones de
consumo, las sociedades con mayores proporciones de personas en edad avanzada
necesitan gastar más en asistencia médica. El panorama para países con
grandes limitaciones de recursos, como Colombia, en donde la tendencia es a
descuidar a este grupo de edad debido a su menor presencia y presión social, no
es halagador. El envejecimiento de la población repercute significativamente en
menores oportunidades de asistencia social y qué no decir de recreación de la
población vieja; a ello debemos agregarle el menor apoyo familiar en edades
avanzadas, así como una mayor soledad. 1.2
Participación de la Mujer Adulta en la Fuerza de trabajo Las consecuencias señaladas
tienden a minimizarse cuando la participación laboral de las mujeres aumenta
notablemente y cuando los niveles de desarrollo socioeconómico se han auto
sostenido. Las mujeres en edad adulta entonces reciben beneficios de atención
en salud que prolongan su vida adulta activa es de espera pues teóricamente, un
aumento de la esperanza de vida o duración media de la vida del a mujer . Esta
extensión de la vida ha generado que la mujeres en general estén extendiendo
la duración de sus matrimonios, de su ciclo reproductivo, y de su viudez. La participación de la mujer en la
fuerza de trabajo ha venido creciendo significativamente en las últimas décadas;
de tasas de participación de 30.5 en 1984, pasan a tasas de 37.5 en 1994. Este
comportamiento es generalizado para los diferentes grupos de edad.
Gráfico 3. Cambio en la actividad laboral de mujeres d e12 a 49 años y de 50 años y más Los factores asociados a esta mayor
participación en general se han venido explicando por el mayor nivel educativo
alcanzado por las mujeres y las consecuentes expectativas de desarrollo personal
que éste genera. No obstante, de ninguna manera se descarta la creciente
pauperización de grandes segmentos de la población, en los cuales la mujer,
independientemente de sus niveles educativos, debe ingresar a la fuerza de
trabajo a fin de incrementar los exiguos ingresos del hogar. Así mismo, la creciente ocurrencia
de divorcios y separaciones está también generando una mayor proporción de
viudas y separadas, jefes de hogar, con unas necesidades de consumo mayores
conlleva a una mayor necesidad para ellas de trabajar hasta bien entrada la
vejez. En este sentido, más que la
participación laboral en sí, importa la calidad del trabajo que desempeñe la
mujer adulta. Lo que el gráfico 3 nos muestra es que la mujer mayor de 50 años
está en un gran porcentaje, marginada de los beneficios que puede retribuir un
empleo institucional. Mientras que sólo el 40% de las mujeres en edad adulta
(obreros, empleados y empleadores) se puede, con cierta certeza, afirmar que
perciben beneficios de la seguridad social; del 60% restante (trabajadores
familiares sin remuneración, empleadas domésticas, trabajadores por cuenta
propia) podemos, en términos generales, concluir que no los percibe. 1.3
Nivel Educativo de la Mujer Adulta Pero mal pueden las mujeres optar
por mejores empleos si los niveles educativos que poseen no se corresponden con
las exigencias, cada vez crecientes, del mercado de trabajo. A pesar de que los
enormes avances logrados en este campo en las últimas décadas, al parecer
ellos no alcanzaron a las mujeres en edad adulta. El gráfico 5 nos muestra que un
poco más de las dos terceras partes de las mujeres en edad adulta o no contaban
con educación (11%), o apenas cursaron algún grado de primaria (57%); en el
otro extremo sólo 4% cuenta con algún grado de secundaria. Las perspectivas para el próximo milenio no son tan desalentadoras. Nuestras mujeres adultas no pudieron beneficiarse de estas ventajas porque sus oportunidades de acceso a estos servicios fueron históricamente menores. Su ciclo vital reproductivo tendió a ser más largo y sus obligaciones domésticas más grandes especialmente representadas en un número mayor de hijos que levantar:
Para las nuevas generaciones, el
mejoramiento de la nutrición, de la salubridad y de los niveles de vida en
general han contribuido a aumentar los índices de supervivencia en al edad
adulta. Así mismo, la educación y la modernización del rol de la mujer en el
hogar y en la sociedad, su mayor participación laboral fuera
del hogar, al mismo tiempo que un concepto más íntimo de la familia con
un menor número ideal de hijos, permiten esperar mejores oportunidades de
asistencia y recreación para la mujer adulta del futuro.
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