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REVISTA DE MENOPAUSIA LA SEXUALIDAD
MASCULINA DESPUÉS DE
LOS 50 AÑOS DE EDAD Alonso Acuña, M.D.*
Resumen -¿Tiene el hombre una menopausia
como la mujer? Si y no. Desde el punto de vista de un cambio de vida debido a
determinados cambios físicos, sociales y familiares podría ser una situación
analogable. Pero desde el punto de vista hormonal y reproductivo no, puesto que
el hombre continúa con la producción testicular de andrógenos y de espermas
hasta las edades más avanzadas, mientras que la mujer cuando deja de menstruar
no tendrá más estrógenos ováricos ni óvulos. Abstract -Do man have a menopause like woman? Yes and no. Under a point of view of
a change of life, it is possible, because there are some physical, familiar and
social changes. But hormonal and reproductive not, because men are fertile and
have testicular testosterone until the most advances ages, while women have no
more strogens and ovules after the age of menopause. En 1984 Alfred Kinsey presentó a
la comunidad mundial su revolucionario libro La Conducta Sexual del Varón.
Allí señalo que los hombres
alcanzaban su máxima capacidad sexual hacia los 25 años de edad, para después
iniciar un lento descenso cuya graduación y variabilidad dependería de cada
individuo, pues cada uno venía a representar un patrón aparte con todo un
abanico de posibilidades en cada caso. Para 1950 el profesor español
Gregorio Marañón señaló que los hombres mayores, presentaban en su proceso
de envejecimiento una fenomenología similar a la de la mujer perimenopáusica.
Proceso que denominó como el climaterio masculino, término que levantó
ampollas y originó acaloradas discusiones que periódicamente se reviven a la
luz de los modernos conocimientos del momento. Para hacer una aproximación al
tema del envejecimiento sexual, es necesario entender el proceso del
envejecimiento en general. El envejecimiento es una etapa de
la vida que indica el inicio de la involución. Es el polo opuesto de la
adolescencia, que es la etapa de la vida que marca los cambios evolutivos más
importantes –físicos y psíquicos-, en el paso de la niñez a la adultez. El
envejecimiento marca una etapa que abarca todo el proceso de la involución de
las personas que hacen su transito de la madurez a la vejez. Tal es el parangón paradojal,
desde el punto de vista psíquico entre la adolescencia y envejecimiento, que se
ha denominado también al envejecimiento como una segunda adolescencia. Puesto
que similitudes paradojales evidentes también
existen desde el punto de vista psicológico, ya que en la adolescencia se
operan una serie de modificaciones en el comportamiento que tornan a la persona
en incomprensible, llena de contradicciones y claroscuros, pues se halla en el
momento de la búsqueda de su identidad como persona. necesita ser y hacer. En
el envejecimiento, de igual manera llena de claroscuros e incomprensiones, la
persona también tiene una crisis de identidad, en el sentido que ahora ya no
quiere dejar de ser ni dejar de hacer, como pareciera que la sociedad se lo
trata de imponer. El envejecimiento está
caracterizado por una serie de cambios que suelen operarse durante una larga
etapa que por convencionalismo se iniciaría a los 40 años para asentar estos
cambios en forma definida entre los 60 y 65 años. Son 20 a 25 años en los
cuales se operan una serie de cambios en los diversos aparatos y sistemas del
cuerpo humano: en la piel y faneras, cardiovascular y pulmonar , digestivo,
urinario, sensorial, sistema nervioso y aparato músculo-esquelético y
locomotor, y en el sexual y genital. Los cambios que se operan en los
diversos aparatos y sistemas del cuerpo humano son paulatinos, subintrantes e
intermitentes, y dependen de diversos factores como son genéticos y
hereditarios de una parte y género de vida por el otro. Dentro de estos
influyen factores como son los psicógenos, laborales, sociales y familiares. Cundo el hombre ha asomado a la
cincuentena, se encuentra con una serie de modificaciones y cambios que alteran
en forma importante el género y estilo de vida que hasta el momento ha llevado:
deja de ser padre para volverse abuelo, deja de ser jefe de familia para pasar
al retiro, deja de ser trabajador activo para pasar a la pensión, deja en fin,
muchas cosas que le significan en general una pérdida de poder, que se inicia
precisamente cuando ha estado en la cúspide de él. Cuando se operan los cambios
genitales y sexuales, se experimenta también en la realidad o en la
posibilidad, la sensación de la pérdida de poder o la inminencia de
producirse. Después de los 50 años, los
cambios en la respuesta sexual (deseo, excitación, orgasmo) pueden ser lentos
o relativamente bruscos. El deseo sexual puede disminuir lentamente o
conservarse incólume. Y he allí uno de sus problemas: que el resto de la
respuesta sexual ( erecciones, orgasmos) disminuyen en mayor proporción. Tal
como dijo Freud “una de las tragedias del hombre es que su deseo sexual
persiste mucho más allá del momento en que terminan sus erecciones”. La fase
de excitación, representada por la erección”, sufre modificaciones lentas o
relativamente prontas, consistentes en la disminución de la rapidez y la
firmeza. El periodo refractario de alarga. La posibilidad de reerectar se alarga
a horas, días, semanas y aún meses. Las eyaculaciones pueden disminuir y los
orgasmos bajar de intensidad y duración o en ocasiones estar ausentes. Los
actos sexuales en forma inexorable se espacian en forma lenta o evidente. En
todos estos cambios hay variables individuales y cada persona constituye un
modelo aparte. Los factores de riesgo para que estas modificaciones se
presenten, son evidentes luego de los 50 años: la edad, está señalada por los
estudios de la U. De Boston como el primer factor, el cual siguen la
arteriosclerosis y la patología cardiovascular, la hipertensión, la diabetes,
los trastornos metabólicos y hormonales. Cada hombre deberá adaptarse a
todas estas circunstancias o sucumbir ante ellas. El estilo y tipo de vejez
dependerá de todo este síndrome de adaptación donde entra en consideración
el síndrome del stress crónico por Hans Selye. Todo esto puede llevarlo al
retraimiento, el aislamiento y la depresión (años grises) o a entender el
proceso, captarlo, aceptarlo y vivirlo de manera adecuada y adaptarse a las
circunstancias físicas, psicológicas, laborales, familiares y sociales que se
presentan (años dorados). Así pues, ¿existe en realidad el
climaterio masculino y podría
equipararse a la menopausia femenina? Habría que analizar entonces las
similitudes y las diferencias: Similitudes: desde el punto de
vista familiar, social y aún laboral, existen una serie de cambios del status
que son innegables. Muchas veces, el hombre tendrá más dificultades que la
mujer para adaptarse a estos cambios, es más psicolábil, tal vez porque ha
tenido mayor poder en los años precedentes. Pero en la medida que la mujer ha
irrumpido al cambio laboral, tal vez los significados serán con el tiempo cada
vez más parecidos en ambos sexos. Desde el punto de vista físico las
modificaciones corporales pueden ocasionar estrechez estética en forma
variable, unas veces más acusada que en la mujer o menos, según muchas
circunstancias personales y ambientales concomitantes. Diferencias: Las modificaciones en
el aparato circulatorio son más evidentes en el hombre quien está más
expuesto que la mujer a los accidentes cardiovasculares y cerebrales, aunque
luego de los 65 años esta posibilidad se nivela, por razones hormonales ya
conocidas. La mayor y más evidente diferencia
está en el aspecto endocrino y de reproducción: la mujer una vez desaparecidas
las menstruaciones con la cesación de la actividad ovárica y ausencia de estrógenos,
termina su época reproductiva. El hombre continúa con capacidad reproductiva,
pues persiste la espermatogénesis –así sea en menor cantidad y calidad- además
de que los andrógenos continúan produciéndose. La mujer menopáusica, queda
pues infértil y sin estrógenos ováricos. El hombre “climatérico” tiene
producción de andrógenos testiculares y de espermas. Así pues, desde el punto de vista
hormonal y reproductivo, el hombre no tiene menopausia o climaterio. Desde el
punto de vista psicológico, ambiental, laboral, familiar y social, el hombre
como la mujer, tienen un climaterio, una involución, un paso hacia la vejez, la
vejez misma y al ancianidad, etapas lógicas del devenir humano, que no
significan otra cosa, al haber legado a estas avanzadas edades, que un triunfo
sobre la enfermedad, puesto que los menos fuertes han quedado en el camino.
REFERENCIAS Acuña Cañas, Slonso. Sexo y edad
de la Madurez a la Vejez. Ed. CAFAM,
Bogotá, 1984. Acuña Cañas, Alonso. Guerrero
Pedro, Palacio Marta Lucía, Nader Lucía, es tiempo de Vivir, Ed. Arte Gráfico,
2ª. Ed. Bogotá, 1993. Karacan, I. REM Sleep and Sexuality in the aged, J. Geriatr. Psych. 1969;
2: 181. Kinsey, A. Sexual behavior in the human male, Ed. W.B. Saunders Co,
Philadelphia, 1948.
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