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Terapia de suplencia para la mujer mayor:
Los riesgos son menores de lo esperado
Germán Barón Castañeda, MD*
Presidente
* Médico Ginecólogo Endocrinólogo. Presidente de la Asociación Colombiana de
Menopausia. Profesor Distinguido de la Universidad del Rosario. Profesor de la
Universidad del Bosque. Director Científico del Centro Médico para la Mujer
(Bogotá).
Pasa el tiempo y en cierta medida pareciera que
nos acostumbráramos a los resultados de estudios científicos publicados a lo
largo del último lustro y que en cierta medida quisiéramos desconocer las
últimas publicaciones. Personalmente he tenido la experiencia de seguir
escuchando en congresos y foros científicos largas disquisiciones sobre aumento
de cáncer de seno y riesgo cardiovascular en la mujer que recibe terapia
hormonal, a pesar de los múltiples análisis posteriores a la publicación
inicial. Estoy convencido de que dicha publicación del estudio WHI fue un
reporte preliminar, con análisis superficiales y que fue aprovechado por los
medios masivos de comunicación para desmeritar las bondades de la terapia
hormonal de suplencia.
Luego de casi cuatro años de la publicación
inicial siguen apareciendo en las revistas científicas y médicas análisis ad hoc
de los principales resultados del estudio de Iniciativa de Salud de las Mujeres,
especialmente en referencia al grupo con antecedente de histerectomía
aleatorizado a recibir estrógenos. Uno de estos reportes se ha centrado en mirar
qué sucede con la calidad de vida (Arch Intern Med 2005; 165: 1976– 1986). En
este estudio auxiliar se utilizaron seis medidas diferentes de calidad de vida
relacionadas con el estado de salud y fueron aplicados los cuestionarios a todas
las mujeres un año después de iniciada la terapia y a un grupo pequeño
nuevamente tres años después de la inclusión. Sus conclusiones son sencillas,
reporta mejoría discreta en tan solo un parámetro relacionado con calidad del
sueño. En todo caso hay que tener en cuenta que aquellas mujeres sintomáticas,
aunque no fueron excluidas del estudio, fueron aconsejadas para no participar en
él. A pesar de ello nos muestra que en el pequeño subgrupo de mujeres
sintomáticas hay reducción en las oleadas de calor en 72.4% en el grupo de
estudio comparado con 55.6% en el grupo control (p <0.001). Creo que sin duda el
alivio de síntomas vasomotores es sinónimo de calidad de vida, más aún si se
tiene en cuenta que es el principal motivo de consulta de la mujer que atraviesa
por la transición perimenopáusica.
Otros dos estudios publicados recientemente
merecen toda nuestra atención, ya que hacen referencia al aspecto que más temor
ha generado en médicos y pacientes con respecto a la terapia hormonal de
suplencia: seguridad de los estrógenos en el seno. Uno de ellos (J Natl Cancer
Inst 2005; 97: 1366–1376) confirma un hallazgo que ya conocíamos desde la
publicación del estudio PEPI por parte de Truddy Bush y es el hecho que la
terapia, tanto de estrógenos y especialmente aquella asociada con
medroxiprogesterona, incrementa la densidad mamaria, razón por la cual se
considera que aumentaría la posibilidad de lesiones ocultas. Pero, por otro
lado, ratifica algo que a nivel nacional se había publicado años atrás y es que
el incremento en la densidad mamaria es transitorio y empieza a ser menos
evidente luego de dos años de iniciada la terapia. Es importante tener en cuenta
también que el aumento en la densidad es mayor en el grupo de más edad, hecho
que sugiere algo que se ha comentado en múltiples ocasiones y es que la dosis de
0.625 mg de estrógenos conjugados probablemente es muy alta para la mujer
mayor.
El trabajo más interesante, publicado
recientemente (JAMA 2006; 295: 1647–1657), ratifica que para las mujeres con
antecedente de histerectomía la terapia con estrógenos definitivamente no
incrementa el riesgo de una neoplasia de seno e incluso, aunque el riesgo
relativo es inferior a la unidad y sugiere un efecto protector, el intervalo de
confianza no alcanza a ser significativo. Vale la pena anotar que este análisis
se ha hecho con un seguimiento de 7.1 años en promedio, lo cual garantiza
seguridad a largo plazo. En esta publicación liderada por Stefanick se
encuentran datos interesantes para tener en cuenta, como el análisis que se hace
sobre los diferentes tipos histológicos de tumores. La ausencia del incremento
en el riesgo fue confirmada tanto para carcinoma in situ como para el invasivo.
De una manera tímida muestran un efecto protector de los estrógenos para el
carcinoma ductal ya que el intervalo de confianza en este caso alcanza a ser
significativo. Este informe muestra que no existe diferencia en los dos grupos
en cuanto a la aparición de tumores con receptores para estrógenos o
progesterona, razón por la cual se pensaría que no hay relación con el grado de
diferenciación de la neoplasia. Creo que estos datos aportan la evidencia
científica suficiente para que como cuerpo médico afirmemos ante las pacientes y
las entidades de salud que los estrógenos definitivamente no incrementan el
riesgo de un cáncer de seno. Me surge un interrogante y es si estamos poco a
poco retornando al punto de comienzo, época en la cual se utilizaron los
estrógenos como coadyuvantes en el tratamiento del carcinoma de seno.
Interesante es también analizar la evolución que ha tenido recientemente el
tópico relacionado con el posible riesgo de enfermedad cardiovascular asociado a
la terapia combinada a raíz de las publicaciones del estudio HERS y del WHI.
Inicialmente se aceptó como “dogma de fe” el incremento en la enfermedad
coronaria con la terapia de suplencia y tal vez fue uno de los puntos más
explotados por la mala prensa.
Pero ahora las cosas van cambiando poco a poco,
de manera tal que en el último Congreso Mundial de Menopausia ya se había dejado
abierta la puerta sobre la posibilidad de protección en mujeres jóvenes. Este
cambio se ha basado en que el reanálisis de los resultados del estudio WHI
mostró que tan solo las mujeres con más de 20 años transcurridos desde el
momento de la menopausia podían exhibir un pequeño incremento en el riesgo de
infarto del miocardio, mas no en la mortalidad cardiovascular. El brazo de solo
estrógenos mostró resultados dispares, ya que incluso en el grupo de las mujeres
mayores no se observó tal aumento.
Hoy nuevamente la publicación del estudio WHI
genera controversia ya que en el brazo de solo estrógenos, luego de 7.1 años de
seguimiento en promedio, no se ha encontrado mayor riesgo de enfermedades
cardiovasculares. En este reanálisis (Arch Intern Med 2006; 166: 357-365) se
muestra que incluso en mujeres mayores de 70 años no se puede hablar de
incremento en las enfermedades cardiovasculares ni de la mortalidad por esta
causa con el uso de terapia de suplencia con estrógenos.
Interesante es el dato que hace referencia a la
posibilidad de revascularización, en el cual es notorio que la mujer que recibe
estrógenos se encuentra protegida respecto al grupo de control. Creo que un dato
muy importante que arroja este análisis es que mira la diferencia de riesgo de
enfermedad coronaria en los diversos grupos raciales, concluyendo que es mucho
menor en la mujer hispana (razón de riesgo 0.37) que en la blanca (razón de
riesgo 1.07), aunque en ninguno de los casos el intervalo de confianza alcanza a
ser significativo desde el punto de vista estadístico. En todo caso hay que
tener en cuenta que este hallazgo hace pensar que definitivamente la mujer
latina es diferente y que probablemente en ellas podemos usar la terapia con más
confianza.
Desafortunadamente la prensa nos sigue jugando
malas pasadas y prefiere hacer escándalo con datos como el incremento en la
trombosis venosa profunda, hecho que ya conocíamos desde la década de los
noventa, mientras que aquello que es buena nueva, para ellos ya no es noticia.
En todo caso no podemos desfallecer y es el momento en que como médicos debemos
retomar el control, confiar en los buenos resultados que muestran los trabajos,
de manera que lleguemos con un mensaje claro a las entidades y a las mujeres. No
hay dudas, los riesgos de la terapia hormonal de suplencia son menores que los
que en una época se publicaran.
Germán Barón Castañeda, MD*
Presidente
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