Síndrome metabólico y aumento de factores inflamatorios están relacionados con trastornos cognitivos The metabolic syndrome, inflammation, and risk of cognitive decline. JAMA 2004; 292: 2237-2242.
YAFFE K, KANAYA A, LINDQUIST K ET AL. Evidencia Nivel II-2 El síndrome metabólico incrementa los trastornos cognitivos en las mujeres mayores, aunque parece que afecta primariamente a aquellas con altos niveles de inflamación, de acuerdo con este estudio observacional y prospectivo. Se reclutaron un total de 2.632 hombres y mujeres mayores (edad promedio 74 años). El objetivo primario fue la asociación a 3 y 5 años del síndrome metabólico (definido en las guías del National Cholesterol Education Program) como inflamación alta (definida como niveles aumentados de interleuquina 6 y proteína Creactiva encima de la mediana) con cualquier disminución cognitiva (definida como la caída en el Modified Mini-Mental State Examination Scores de al menos 5 puntos. Al final del estudio, aquellos con el síndrome metabólico tenían un mayor RR para daño cognitivo que aquellos sin el síndrome metabólico (RR 1,20; IC 95%, 1,02-1,41). Los niveles de factores de inflamación también jugaron un papel aumentado en el riesgo de daño cognitivo. Cuando se comparan con los participantes sin el síndrome metabólico, los participantes con el síndrome metabólico y altos factores de inflamación tenían un aumento del riesgo de daño cognitivo (RR 1,66; IC 95%, 1,19-2,32); aquellos con bajos factores de inflamación no tenían un aumento del riesgo (RR 1,08; IC 95%, 0,89-1,30).
Comentario. Este estudio confirma que marcadores clínicos específicos pueden asociarse con disminuciones mentales en una población envejecida. En su informe, Yaffe y sus colegas indican que por encima de 5 años de período observacional, hay una disminución en los test de conocimiento en hombres y mujeres seleccionados entre 70 y 79 años y que tengan síndrome metabólico y aumento de los marcadores inflamatorios, cuando se comparan con controles similares en edad, no afectados. Padeciendo solo el síndrome metabólico no se presenta en ninguna diferencia. Aunque las mujeres caucásicas en este estudio tuvieron más tendencia a tener el síndrome metabólico, no hay indicación de si hay un efecto de género en los resultados cognitivos. La falta de información sobre la historia hormonal de los sujetos es notable. Debido a que la terapia estrogénica ha sido mostrada repetidamente como cardioprotectora y neuroprotectora, y como un inmunomodulador, podría ser de interés conocer la historia de terapia hormonal en los sujetos. Por el tiempo que fueron medidos, aquellos con marcadores inflamatorios altos se consideraron más enfermos que los de otros grupos. Por ejemplo, el grupo de marcadores inflamatorios altos ya había experimentado más diagnósticos cíclicos de ACV e infarto del miocardio, al reclutamiento. Esto puede haber estado relacionado con el síndrome metabólico concurrente y/o su alto grado de abuso de cigarrillo y alcohol. En cualquier caso, parece claro que antes de que comenzara el estudio, los sujetos con síndrome metabólico y marcadores inflamatorios altos abían tenido suficientes complicaciones que hacían extremadamente difícil separar la patofisiología subyacente de sus resultados como causa de la diferencias cognitivas en el tiempo. Por ejemplo, puesto que una mínima disfunción cognitiva se asocia con la enfermedad de Alzheimer, una demencia no vascular, hubiera sido útil conocer si estos resultados se relacionaron con la aparición de demencia en esta población envejecida. Las preguntas no califican el estudio, mejor, ellas puntualizan la necesidad vital de estudios a largo plazo que comiencen con individuos jóvenes, acompañados de estudios diagnósticos que separen las enfermedades degenerativas del cerebro de la enfermedad cerebrovascular. Tales estudios podrían ser interpretados más fácilmente y nos llevarían al desarrollo y aplicación de medidas preventivas antes de la ocurrencia de complicaciones cardíacas y cerebrovasculares que podrían haber tenido un impacto en los resultados del presente estudio. Yaffe y su colegas debe ser felicitados por enfocar la atención en los resultados del síndrome metabólico y la elevación de los marcadores inflamatorios y la importancia de elevar una continua y pronta prevención a sus complicaciones. Frederick Naftolin MD PHD.
En el uso de TH, el tamaño de la dosis disminuyó drásticamente después de la publicación del reporte inicial del WHI Hormone therapy prescribing patterns in the United States. Obstet Gynecol 2004; 104: 1042-1050.
BUIST DSM, NEWTON KM, MIGLIORETTI DL ET AL. Evidencia Nivel II-2 El número de mujeres posmenopáusicas que usaban terapia hormonal (TH), ya sea de estrógenos solos (TE) o estrógenos más progestágenos (TEP), disminuyó significativamente después de que los hallazgos del Women’s Heath Inititative, WHI, fueron liberados, de acuerdo con este estudio observacional sobre datos de prescripción en la mujeres reclutadas en organizaciones para mantener la salud (HMO). Los datos de 169.586 mujeres entre 40 y 80 años en HMO en los Estados Unidos fueron revisados para determinar las tasas de iniciación de TH y la descontinuación antes y después de el primer informe del WHI, publicado en junio del 2002. Las tasas de uso de TH entre septiembre 1 de 1999 y junio 31de 2002 se usaron como línea de base. Estas se compararon con las tasas de uso de TH durante diciembre de 2002 (seguimiento). Todos los productos de TE/TEP orales o transdérmicos se incluyeron. Cinco meses después del primer reporte del WHI, el porcentaje de mujeres que usaban TEP bajó en un 46%, de 14,6% a 7,9% (seguimiento). El uso de TE bajó en un 28%, de 12,6% a 9,1%. El tamaño de la dosis de estrógenos también bajó. De base, más del 80% de las usuarias de TH recibían 0,625 mg/ día o más de estrógenos equinos conjugados (EEC) o su equivalente. Al seguimiento, aquellas aquellas que recibían 0,625 mg/día redujeron 43,7% y aquellas que recibían una dosis mayor redujeron 18,9%. En contraste, la tasa de prevalencia para aquellas que usaban dosis bajas aumentó 5,8%, aunque el número actual de usuarias fue pequeño (2.981 al seguimiento vs. más de 20.000 para dosis mayores). Las tasas de suspensión aumentaron inicialmente, yendo de 2,5% inicialmente a 13,8% en octubre de 2002. Después se estabilizaron o disminuyeron, aunque las tasas permanecieron significativamente mayores. Esas tasas trasladadas a riesgo relativo de descontinuación de 5,53 (IC 95%, 5,30-5,75) para TEP y 2,59 (IC 95%, 2,43-2,76) para TE en octubre de 2002, y 4,74 (IC 95%, 4,51-4,98) y 2,37 (IC 95%, 2,21-2,54), respectivamente, en diciembre de 2002. Las tasas de iniciación de la terapia con TH mostraron disminución significativa al seguimiento, con riesgos relativos reducidos en un 54% para TEP (IC 95%, 0,40-0,52) y 24% para TE (IC 95%, 0,68-0,85). Comentario. La fortaleza de este estudio es que los investigadores usaron los datos de una muestra grande de mujeres entre 40 y 80 años de los HMO en cinco sitios de Estados Unidos. Como se indica en el resumen, hubo una caída sustancial en el número de prescripciones de TE/TEP después de la suspensión del brazo de TEP del WHI. Desafortunadamente, el brazo de TE del WHI terminó en el 2004, por lo tanto no hubo datos disponibles de este estudio. A la vez, no se incluyeron prescripciones para compuestos vaginales con estrógenos, lo cual, creo, es un error porque podría ser importante notar cómo las prácticas de prescripción cambiaron para esas formulaciones. Como ya sabemos, la prevalencia del uso de TE/TEP antes de 2002 fue el más alto para mujeres alrededor de los 55 años. Los autores no dicen cómo esas mujeres percibieron los datos del WHI, en el cual la edad promedio fue de 63 años. Hubo un notable descenso en la dosis de estrógenos prescrita después del WHI, lo cual veo directamente relacionado con las guías de la FDA que se establecieron después del WHI, que sugirieron usar la más baja dosis posible y la duración más corta. Se afirmó que las prácticas de prescripción y los patrones de uso no cambiaron para mujeres entre 40 y 44 años, siendo esa la población que presumiblemente presumiblemente alcanza la menopausia más temprano y podría beneficiarse más del uso de hormonas. En conclusión, el estudio presenta datos interesantes acerca del cambio del uso de TE/ TEP después de las conclusiones del estudio WHI. Sin embargo no nos dice cómo ha cambiado la situación desde que el brazo de la TE del estudio fue suspendido o que otras formulaciones hormonales y preparaciones está usando la mujer como sustituto para tratar los síntomas. Veronica A. Ravnikar, MD
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