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REVISTA DE MENOPAUSIA
Resultados Un amplio rango de energía se gasto en actividades recreativas (tabla 1) 1) Las mujeres fueron de edades similares entre los quintiles de actividad física. Comparados con las mujeres en los bajos quintiles de actividad, las mujeres en los más altos quintiles fueron menos propensas a fumar y más a consumir alcohol en dosis moderada. Como se esperaba, las mujeres en los quintiles más altos reportaron menos problemas con la estabilidad, limitaciones al caminar y altos niveles de fatiga. Finalmente, como se anticipaba. La enfermedad cardiovascular, la enfermedad pulmonar y la diabetes fueron menos prevalentes entre las mujeres mas activas. Después de ajustar para los factores de confusión, encontramos tendencias estadísticamente significantes de incremento mayor de los puntajes promedios en todas las medidas cognitivas con los niveles más altos de actividad física a largo plazo. Un ajuste adicional para factores vasculares tuvo poco impacto en estos hallazgos (datos disponibles sí se solicitan al autor) Aunque las diferencias absolutas en los puntajes pueden parecer pequeñas, las diferencias promedio que encontramos entre los quintiles de actividad física fueron equivalentes a las diferencias promedio que observamos en mujeres con diferencias de edad de 2 o 3 años. Además, encontramos una asociación significativa entre actividad física y el riesgo de daño cognitivo. En el puntaje global, las mujeres en el quintil mas alto de actividad tenían 20% menos de riesgo de daño cognitivo basal que las mujeres en el m<zaias bajo quintil (RR 0.80, IC 95% 0.67-0.95). (Table 2)Creemos que no es factible que la salud de las mujeres influenció su actividad física sino al contrario, pues consideramos que el gasto de energía comenzó cuando las mujeres fueron bien en sus 60 y termino 2 años antes de los test cognitivos. Sin embargo, hicimos varios análisis alternativos para examinar este punto. Examinamos la actividad física reportada en los años medios usando un cuestionario de informe de solo mujeres de 60 a 62 años entre 1986 y 1988 (n 7907), y estos resultados fueron similares. Además en los análisis que excluían mujeres con actividad física extrema (el último quintil activo, el quintil más activo) y en el análisis excluyendo las mujeres con síntomas y condiciones discapacitantes (enfermedad pulmonar o cardiovascular, problemas de equilibrio y cualquier reporte de limitaciones de salud al caminar varias cuadras), persistió la asociación entre altos niveles de actividad física y función cognitiva (Tabla 3) Caminar Entre las mujeres que no participaron en actividad vigorosa, los cuartiles del gasto promedio de energía en caminar, fueron menos de 1.9 MET-hora/semana, 1.9 a 4.2, 4.3 a 8.5, y mayor de 8.5. Estos puntos de corte son aproximadamente equivalentes a caminar a un paso de 21-30 min/milla por menos de 38 min/ semana, 38 minutos a 1.4 horas, 1.5 a 2.8 horas y más de 2.8 H/sem. Encontramos puntajes cognitivos significativamente mayores para mujeres en el tercer y cuarto cuartel de caminar en todas las medidas cognitivas (Tabla 4). Estos hallazgos son consistentes con aquellos para actividad física global, lo que indico asociación significamos entre mejor realización cognitiva y 5.2 o más;MET-hora/sem de gasto de energía. En nuestros datos, las diferencias en puntajes cognitivos asociados con caminar a pasolento por al menos 1.5 H/ sem (< de 38 min/sem) fueron equivalentes a los observados para mujeres de aproximadamente 1.5 años de diferencia. Disminución de Estado Cognitivo. Encontramos que la actividad física regular se asocio con disminución cognitiva (Tabla 5) En casi todas las medidas cognitivas los altos niveles de actividad se asociaron con menos disminución cognitiva, y al lado de la fluencia de categoría, estas tendencia fueron significantes a niveles de p < 0.001. Los resultados fueron consistentes con el análisis en el cual no ajustamos para la actuación cognitiva de base y el análisis en el cual excluimos mujeres quienes actuaron en el bajo 10% de la función cognitiva dada medida básalmente (datos disponibles cuando se soliciten). Comentario En este estudio grande, prospectivo de mujeres mayores, los altos niveles de actividad física constante y regular se asociaron fuertemente con niveles altos de función cognitiva y menos disminución cognitiva. Específicamente, los aparentes beneficios cognitivos de mayor actividad física fueron similares en extensión en ser 3 años mas joven en edad y se asociaron con un 20% de menos riesgo de daño cognitivo. La asociación no se limito a mujeres con actividad física vigorosa; caminar el equivalente a 1.5 horas por semana a un paso de 21-30 min/milla también se asocio a mejor acción cognitiva Se deben considerar varias limitaciones a nuestro estudio. En este estudio observacional, los resultados podrían ser confundidos por factores no medidos. Sin embargo, nuestra población homogénea de enfermeras minimiza la posibilidad que mujeres más activas tenían sustancialmente más cuidados de salud o conocimientos acerca de salud que las mujeres menos activas. Adicionalmente los hallazgos fueron robustos en ajustes a números factores de confusión, incluyendo una variedad de factores relacionados con la salud, y la aparente asociación entre actividad física y factores cognitivos fueron consistentes en el análisis incluyendo solo las participantes más saludables sin reportes de condiciones y síntomas de disabilidades físicas. Segundo, nuestros hallazgos podrían reflejar “acusación reversa” de tal forma que daño cognitivo preexistente causo una reducción en la actividad física. Promediando la actividad física reportada sobre muchos años podría reducir esta posibilidad; sin embargo, después de poner un mínimo de 9 años entre el reporte de actividad física y la medición de la función cognitiva, aun encontramos una asociación positiva entre la actividad y la función cognitiva. Nuestro corto período de seguimiento para medir los cambios en la función cognitiva es también una limitante. Sin embargo, inicialmente colectamos información sobre actividad física entre 8 a 15 años antes de los test básales de función cognitiva, y fuimos capaces de medir la función cognitiva entre una gran proporción de las mujeres que proveyeron datos de su actividad en 1986. Además, nuestros resultados longitudinales para la disminución cognitiva en 2 años fueron enteramente consistentes con nuestros hallazgos cognitivos de base. Con altos niveles de actividad fuertemente relacionados con menos disminución. Finalmente, no evaluamos el desarrollo de demencia en nuestra cohorte. Sin embargo, una disminución leve en la función cognitiva es un predictor del desarrollo de demencia,2-4 y puede ser considerado un marcador preclínico de estadios tempranos de inicio de demencia. En el estudio Framingham el desempeño en test de memoria verbal predijo la enfermedad de Alzheimer hasta 22 años después; hubo un aumento del 60% de riesgo para cada desviación estándar de diferencia de la línea de base (RR, 1.57; IC 1.31-1.87). En 6 años de seguimiento en el proyecto Kunngholmen, 3 puntajes promedio de MMSE fueron 6.8 puntos más bajos Básalmente para aquellos que posteriormente desarrollaron enfermedad de Alzheimer, que aquellas que no lo hicieron. , y aquellas con pobre realización de demora de recuerdo verbal fueron 61% más propensos a desarrollar enfermedad de Alzheimer . En un período de 5 años de seguimiento, en el estudio MOVIES, 4 cada desviación estándar de diferencia en la disminución de la memoria verbal se asoció con una tasa 2.5 veces mayor de desarrollo enfermedad de Alzheimer. Para evaluar esta relación en nuestro estudio, administramos el cuestionario de demencia, una entrevista telefónica validada para el diagnóstico de demencia, 38 a 88 de nuestras participantes. Un experimentado neurólogo del Massachusetts Alzheimer Disease Research Center revisó los hallazgos, sin saber los test cognitivos de las participantes. En un período de 3 años de seguimiento, el diagnostico de demencia fue de 8 veces más entre mujeres quienes tuvieron pobres puntajes en el TICS (RR, 7.6 IC; 2.2-25), con significancía estadística, 11.6 veces aumentado para mujeres de la realización (definida como el más bajo 10% de distribución) en el puntaje de memoria verbal. Varios mecanismos pueden explicar potencialmente la relación entre actividad física y función cognitiva. La actividad física parece que sostiene la salud vascular bajando la presión arterial, mejorando el perfil lipídico, promoviendo la producción el oxido nítrico endotelial,39 y asegurando una adecuada perfusión cerebral,40-41. Similarmente, hay evidencia de la relación entre insulina y amiloide42-43 (placas deamiloide son patognomónicas de la histopatología de la enfermedad de Alzheimer) sugiriendo que los beneficios de la actividad aeróbica sobre la resistencia a la insulina y la intolerancia a la glucosa44-46 puede ser otro mecanismo por el cual la actividad física podría prevenir o demorar la disminución cognitiva. La actividad física puede también afectar directamente el cerebro, preservando potencialmente la estructura neuronal y promoviendo la expansión de la fibras neuronales, sinapsis y capilares.41-47 En general, pequeños estudios clínicos apoyan los benéficos cognitivos de la actividad física,22 aunque debido a limitaciones prácticas, es difícil para esos ensayos medir una amplia variedad de actividades o actividades a largo plazo. Grandes estudios observacionales epidemiológicos también sugieren aparentes beneficios de la actividad física en la función cognitiva. En particular, 4 estudios prospectivos a larga escala relacionados, todos han reportado que la actividad mayor física esta relacionada con menos pérdida cognitiva,13,16-17,19 El estudio de fracturas osteoporóticas (SOF) es el único estudio a gran escala que ha examinado el caminar y su relación con la disminución cognitiva, 19 Entre 5.925 mujeres, de 65 años o más, aquellas que informaron que caminaban grandes distancias y las de mayor actividad física en general, tenían menos disminución en el MMSE modificado (p <0.001 para ambos) específicamente, las mujeres en el quartil más alto de distancia de caminar (promedio, 175 cuadras/semana) fue 35% menos (RR, 0.65; IC 95% 0.54-0.78) que las mujeres en el quartil más bajo (promedio 7 cuadras/semana) en experimentar disminución cognitiva en un período de 6 a 8 años. Estos resultados se ajustaron a numerosos indicadores de salud, incluyendo enfermedades crónicas y limitaciones funcionales. Aun permanece posible que la acusación reversa explique algunos de los fenómenos observados en todos estos estudios. Por ejemplo, en el estudio SOF, la actividad física fue medida de base cuando la mitad de las mujeres eran al menos de 70 años de edad y 43% tenían al menos una condición de salud (hipertensión, diabetes, infarto del miocardio). Así pues, nuestros hallazgos sirven como un complemento importante a los estudios previos debido a nuestros largo seguimiento y una muestra grande que permite consideraciones más detalladas de sesgos potenciales con una variedad de factores relacionados con la salud; por ejemplo, examinamos la actividad reportada a edades más jóvenes y consideramos numerosas exclusiones relacionadas con la salud. En resumen, en nuestro estudio, también como en otros investigaciones epidemiológicas, mayores niveles de actividad física, incluyendo caminar, esta asociadas con mejor función cognitiva y menos disminución cognitiva. De forma importante, nuestros datos sugieren que las aparentes diferencias en la función cognitiva observada entre mujeres con mayor vs. Menor niveles de actividad fueron similares en magnitud a las diferencias en la función cognitiva entre mujeres de 2 a 3 años de diferencia de edad. Información de los autores Jeennifer Weuve, scd, Harvard School of Public health, Department of Environmental Health, Landmark Center, East Wing, Third Floor, 401 Park dr, Boston, MA 02215 (jweuve@hsph.harvard.edu). Contribuciones: Dr Weuve tuvo acceso total a todos los datos en el estudio y tuvo responsabilidad en la integridad de los datos y la confiabilidad del análisis de los datos Concepto y diseño del estudio: Weuve, Manson, Grodstein. Adquisición de los datos : Manson, Grodstein. Revisión crítica del manuscrito por su importante contenido intelectual: Weuve, Kang, Manson, Breteler, Ware, Grodstein. Análisis estadístico: Weuve, Kang, Ware, Grodstein Obtención de fondos: Ware, Grodstein. Apoyo administrativo, técnico y material: Manson. Supervisión del estudio: Manson, Grodstein Fondos/ financiación: Este trabajo fue financiado por grants AG15424 and CA87969 from the National Institutes of Health. Dr Weuve fue finaciado parcialmente por National Institute on Aging training grant AG000158. Papel del Financiero: La agencia que dio los fondos no participo en el diseño del estudio, en el análisis ni en la interpretación de los datos ni en la preparación del manuscrito. Reconocimientos: Agradecimientos a los participantes, directores e investigadores del Nurses‘Health Study por su continua dedicación a este trabajo. Afiliación de los autores: Departments of Epidemiology (Drs Weuve, Manson, and Grodstein) and Biostatistics (Dr Ware), Harvard School of Public Health, and Channing Laboratory (Drs Kang, Manson, and Grodstein) and Division of Preventive Medicine (Dr Manson), Department of Medicine, Brigham and Women’s Hospital, Harvard Medical School, Boston, Mass; and Department of Epidemiology and Biostatistics, Erasmus Medical Center, Rotterdam, the Netherlands (Dr Breteler). Dr Weuve is now with the Department of Environmental Health, Harvard School of Public Health, Boston, Mass.
Referencias 1. US Bureau of the Census. 65+ in the United States. In: Current Population Reports, Special Studies. Washington, DC: US Government Printing Office; 1996:23-190. 2. Linn RT, Wolf PA, Bachman DL, et al. The “preclinical phase” of probable Alzheimer’s disease: a 13-year prospective study of the Framingham cohort. Arch Neurol. 1995;52:485-490. ABSTRACT 3. Small BJ, Fratiglioni L, Viitanen M, Winblad B, Bäckman L. The course of cognitive impairment in preclinical Alzheimer disease: 3- and 6-year followup of a population-based sample. Arch Neurol. 2000;57:839-844. ABSTRACT/ FULL TEXT 4. Kawas CH, Corrada MM, Brookmeyer R, et al. Visual memory predicts Alzheimer’s disease more than a decade before diagnosis. Neurology. 2003; 60:1089-1093. ABSTRACT/FULL TEXT 5. Bennett DA, Wilson RS, Schneider JA, et al. Natural history of mild cognitive impairment in older persons. Neurology. 2002;59:198- 205. ABSTRACT/FULL TEXT 6. Black JE, Isaacs KR, Anderson BJ, Alcantara AA, Greenough WT. Learning causes synaptogenesis, whereas motor activity causes angiogenesis, in cerebellar cortex of adult rats. Proc Natl Acad Sci U S A. 1990;87:5568-5572. ABSTRACT 7. Neeper SA, Gómez-Padilla F, Choi J, Cotman C. Exercise and brain neurotrophins. Nature. 1995;373:109. CrossRef | ISI | MEDLINE 8. Gómez-Pinilla F, Dao L, So V. Physical exercise induces FGF-2 and its mRNA in the hippocampus. Brain Res. 1997;764:1- 8. CrossRef | ISI | MEDLINE 9. van Praag H, Christie BR, Sejnowski TJ, Gage FH. Running enhances neurogenesis, learning, and long-term potentiation in mice. Proc Natl Acad Sci U S A. 1999;96:13427-13431. ABSTRACT/ FULL TEXT
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