|Jueves, octubre 2, 2014

Malformaciones Congénitas  

Júpiter. La primera causa de mortalidad pediátrica en Colombia en la actualidad son las Malformaciones Congénitas, afirmó el neurocirujano colombiano Jaime Gómez González -residenciado en esta ciudad del estado de la Florida- quien tiene además un portal sobre espina bífida. Según un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad del Valle en Cali, se ha demostrado que el país tiene una de las tasas de mortalidad infantil mas alta del mundo, hasta hace un tiempo las principales razones para las defunciones de los niños eran las diarreas y las infecciones respiratorias. Esto ha cambiado y se piensa que una de las razones podría estar relacionada con las fumigaciones aéreas de los cultivos ilícitos con herbicidas. Estudios realizados por médicos de Santa Marta, han demostrado las cifras más altas de América en la incidencia de Defectos Congénitos. Solamente aquellos relacionados con defectos de cierre del tubo neural muestran una incidencia de 600/100.000, una cifra diez veces mayor que la de Bogotá 60/100.000 y treinta veces mayor que la de los Estados Unidos: 20/100.000. El problema se extiende a Venezuela en donde los informes publicados indican una incidencia de 510/100.000 en Barquisimeto y más de 200/100.000 en el Estado de Zulia. Una de las posibilidades para considerar seria el transporte de partículas toxicas en las corrientes aéreas que fluyen de la Sierra Nevada de Santa Marta hacia el Occidente de Venezuela. También se han encontrado alteraciones en los límites del Departamento del Putumayo con el Ecuador. Científicos de la Universidad Católica de Quito han encontrado evidencia de daño genético en las mujeres expuestas a la acción de los herbicidas.

Esta circunstancia es semejante a la inducida en Vietnam durante la guerra, en la cual se uso el Agente Naranja como herbicida y defoliante. La Academia de Ciencias de los Estados Unidos en dos ocasiones negó la posibilidad de daños genéticos producidos en los veteranos del conflicto, expuestos a esos venenos de la guerra química. Después de veinte años de litigar en cortes de EE.UU., el Presidente Clinton firmo el Acta por la cual la Administración de Veteranos compensa a los descendientes de esos militares con Malformaciones Congénitas. El Instituto Nacional de Salud de Colombia, también negó recientemente la acción deletérea de los herbicidas contra la salud de las personas. Este tema tiene graves implicaciones políticas, como se dice aquí en EE.UU. es “una papa caliente” quien nadie quiere afrontar. Los médicos colombianos están aterrorizados, se sienten amenazados y no ha habido ningún pronunciamiento en contra de la intoxicación masiva de los campesinos y sus familias.

Expertos de la comisión antidrogas de la Organización de Estados Americanos acaban de presentar su informe en el cual consideran que “El Glifosato y el Cosmo flux no presentan un riego significativo para la salud humana… y solo tienen efectos moderados sobre los organismo acuáticos”. Así mismo consideran conveniente un estudio en profundidad sobre la asociación entre la exposición a herbicidas y la reproducción en humanos”. Deseamos insistir en la necesidad urgente de realizar estudios epidemiológicos para confirma o negar la hipótesis de relación entre las Malformaciones congenias y los Herbicidas. Una rama dependiente de la Organización Mundial de la Salud: “The International Clearinghouse for Birth Defects Monitoring Systems (ICBDMS), dirigida por el Dr John Harris (USA:California) realiza ese tipo de estudios (Collaborative Epidemiologic Research [email protected] ) y podría colaborar con el Instituto Nacional de Salud de Colombia para llevar a cabo ese trabajo en Colombia y paralelamente en Venezuela usando la misma metodología. Mientras no se disponga de esos resultados, es necesario suspender las fumigaciones de inmediato y buscar otros métodos de detener la producción de drogas ilícitas. Finalmente, el 21 de Marzo de 2005, La Oficina Nacional de Políticas para Control de Drogas de los EE.UU., admitió que a pesar de haber gastado tres mil millones de dólares en la fumigaciones entre 2000 y 2004 no se había reducido la extensión de cultivos ilícitos.

Jaime Gómez-González, MD Neurocirujano, historiador [email protected] www.dbmh.org
Hammond FG, de Canache MF: Some epidemiological aspects of neural tube defects (NTD) in Barquisimeto, Venezuela. Am J Hum Genet 1991;49 (4 Suppl):470
Pineda de Del Villar L, Navarro de Serrano G, Del Villar A. Neural tube defects at the Pedro Garcia Clara Hospital, Zulia State, Venezuela. Invest Clin. 1993;34(1):41-52.
Pedraza Vargas JM, Montenegro Iglesias E, Lacera Rúa A et al: Registros de anormalidades congénitas en áreas de influencia de la Sierra Nevada de Santa Marta Colombia: Hospital Central 1992-1996. Edición 1a.ed, Editorial Lourdes, Barranquilla, ISBN 958-96544-0-1 1998
Maldonado A. Informe de Investigación, daños genéticos en la frontera de Ecuador
por las Fumigaciones del Plan Colombia. www.accionecologica.org/…/documentos/docu/02
Noviembre 2003
Científicos de la OEA aseguran que el glifosato no representa riesgo para los seres humanos. El Tiempo, Bogota Abril 22 de 2005
Gómez González J. www.spinabifida.8m.net

Nota. El doctor Gómez requiere información de cada uno de los departamentos colombianos sobre casuística y prevalencia de malformaciones congénitas del tubo neural –específicamente espina bífida y mielomeningoce- para enriquecer la información que tiene sobre el tema. Sugerimos que expertos de los ministerios de salud, sanidad y/o protección social, o investigadores individuales, se la envíen al correo [email protected] . Hace tres años, las malformaciones congénitas tenían una tendencia ascendente. Según publicamos en el Tensiométro No.13, al ser analizadas las cincuenta y seis causas principales de mortalidad infantil en Colombia, las anomalías congénitas que se encontraban en el séptimo lugar en la década de 1970 subieron al cuarto lugar en la década de 1980 y al tercer lugar en 1994, según Herbert García y Alejandro Giraldo, del Instituto de Genética y del Instituto Materno-Infantil de Bogotá y de la Universidad Nacional de Colombia (Biomédica, 2003. 23: 161-172).

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