|Viernes, agosto 1, 2014

Educación Médica ¿Papel o Internet?  

Deseamos referirnos al artículo y al editorial publicado en The Lancet de Julio 17, 2004 (volumen 364:295-300 y 223-224)*. Los dos contienen afirmaciones en relación con la información médica en el “mundo en desarrollo” que son absolutamente correctas.

“La mayoría de los profesionales de la salud de los países en desarrollo no están hoy mejor informados que hace 10 años”.Ellos no pueden estar informados. En nuestra región, América Latina, el idioma y el costo más los sistemas de correo internacional deficientes y demorados (para la información impresa) representan barreras importantes.

“La mayoría de los profesionales de la salud en los países en desarrollo no pagan o no pueden pagar por la información…por lo cual debe ser gratis”. La realidad es que la única información gratis provista en el idioma nativo (como debe ser) es la distribuida por la industria farmacéutica y disponible a 20% a 25% de los médicos en cualquier país y solo a aquellos concentrados en las ciudades de mayor población. Obviamente, esa “educación” está restringida o limitada a las áreas de interés del proveedor (ciertas enfermedades y productos farmacéuticos). Sus articulistas tienen también razón cuando sostienen: “se deben desarrollar sistemas locales o regionales de información” pero a ellos se le olvidó enfatizar “en la lengua local” e indicar que no debe ser simples traducciones sino versiones adaptadas que condensen o sinteticen el conocimiento. No importa qué argumentos se ofrezcan en defensa del papel Internet es el único medio viable, económico y asequible. La conectividad, los computadores y su uso están creciendo de manera exponencial en nuestra región entre los médicos y los demás profesionales de la salud.

Tenemos dos críticas a las organizaciones mencionadas en los artículos publicados en Lancet (todas meritorias y dignas de elogio), una que para los países desarrollados los países en desarrollo “caen todos en una sola categoría común”; por ende para avanzar nosotros necesitamos conocer no solamente la investigación de punta en desarrollo sino igualmente estar al día en la información clínica aplicada en los países industrializados.

América Latina tiene exactamente los mismos problemas de los países desarrollados. Tenemos una población creciente de ancianos, nuestra gente muere más de enfermedades cardiovasculares y cáncer o diabetes que de malaria, fiebre amarilla u oncocerciasis. Sin embargo, los expertos en salud pública y las organizaciones del sector solamente se refieren a las enfermedades comunicables cuando piensan en América Latina. Nosotros tenemos que atacar los dos tipos de enfermedades y saber todo de ambas. Y en cuanto a investigación si no hay recursos económicos para la información seamos honestos no los hay para investigación y con muy pocas excepciones los países industrializados o desarrollados no están interesados en las “enfermedades de los pobres”. Por lo tanto nosotros necesitamos publicaciones locales y regionales que con base en la información más actualizada, aparecidas en publicaciones de prestigio como Lancet, le permitan a nuestros profesionales acceder con facilidad a la tan necesitada educación médica continua. Internet es la vía.

Hace casi veinte años uno de nosotros (JEM) inició una publicación impresa en español y en algún momento en portugués, en el estilo de The Economist o Nature Medicine, con revisiones editoriales cortas y abundantes ilustraciones didácticas y no con “información para el Tercer Mundo” sino tanto para el Primero como el Tercero que coexisten aquí.

Desde Mayo de 1999 el antes mencionado editor ha publicado en Internet con más de 250.000 visitas (150.000 visitantes únicos) mensuales en el momento (www.iladiba.com y www.saludhoy.com para médicos y algunos profesionales de la salud y para el público en general y otros profesionales, respectivamente). Nuestro problema es de financiación. Algunos médicos y unos pocos servicios de salud pagan pero nosotros creemos que la obligación recae en las manos de los gobiernos y de quienes emplean los profesionales o trabajadores de la salud, por orden o dictado gubernamental. Todos ellos hablan de “calidad” pero no hacen nada o muy poco por mejorar la información y la educación continua de los profesionales en la práctica. Y, una vez más, las autoridades sanitarias solamente piensan en los “problemas de salud pública” término que en ese pensar excluye la realidad epidemiológica de la región.

Finalmente, debe haber una re-certificación periódica de todos los profesionales de la salud en medicina general. En América Latina hay un millón de médicos y otro millón o dos de profesionales de ciencias afines. Ese número se doblará en los próximos cinco años. El momento de actuar es ahora pero requerimos el apoyo de nuestros gobiernos y de las agencias multilaterales para poder ofrecer una alternativa local y no foránea al serio problema que encaramos.

Zoilo Cuéllar-Montoya MD
Presidente de la Academia Nacional de Medicina de Colombia
Presidente de la Asociación de Academias de Medicina de Latinoamérica, España y Portugal (ALANAM)
Jorge E. Maldonado MD, PhD, FACP
Editor/Profesor Titular de Medicina Mayo Medical School (1976)
Alvaro Moncayo MD
Funcionario de la Organización Mundial de la Salud (hasta 2002)
Secretario Ejecutivo de la ALANAM
* Godlee F et al. Can we achieve health information for all by 2015? Lancet 2004. 364: 205-300.
Bailey C, Pang T. Health information for all by 2015? Lancet 2004. 364: 223-224.

Nota del Editor. El tema tocado por Fiona Godlee y colaboradores en el Lancet es demasiado importante para dejarlo pasar por alto. Además de los puntos destacados por los educadores médicos colombianos, quisiéramos comentar otros puntos. Uno –que la autora menciona que se ha demostrado que en información médica es mejor sacarla (según necesidades) que ofrecerla a presión (cuando el proveedor de salud no está motivado para recibirla). La otra es que –incluso en los países industrializados- los médicos acuden a dos o tres fuentes esenciales de información, como referencias básicas, manuales de bolsillo o vademécum, y no a miles de revistas internacionales. De esta manera, el profesional de la salud se basa en el entrenamiento recibido, en la reuniones clínicas a las que pueda asistir, a los formularios de medicamentos y libros que pueda tener a mano, dejando lo demás para la búsqueda en lo que tiene impreso (según allí se dice, la forma preferida de lectura) o más recientemente- lo que encuentra en Internet (actualizado, económico, práctico). La mejor forma para que el colega mantenga un programa permanente de educación médica es la obligatoriedad de alguna forma de re-certificación –por ley, pues las empresas promotoras de salud no tienen interés alguno en promover estas actividades- aunque los profesionales en entrenamiento y los investigadores sí consultan permanentemente pues requieren buscar sobre temas específicos. Es conveniente que el profesional lea de manera rutinaria alguna publicación general, para que al menos recuerde dónde lo leyó o cómo buscar. El problema no está sólo en la disponibilidad del material educativo, está también en transformar la información en motivación de aprender, y de transformar esta medicina basada en la evidencia en un cambio positivo de su práctica médica. El punto del idioma vernáculo es prioritario, porque la información en inglés no es llamativa para la mayoría que no domina la lengua. En los últimos diez años se han vuelto más disponibles las tecnología de información y de comunicación, más y mejores contenidos para un mayor número de personas, especialmente para aquellos que trabajan en hospitales de tercero y cuarto niveles, en instituciones académicas y en instalaciones urbanas. En el Internet se encuentran más y mejores recursos gratuitos, hay una gama mayor y más amplia de programas de apoyo de información en salud, además de que los gobiernos y los grandes organismos internacionales juegan un papel cada vez mayor en este sentido en los países en vía de desarrollo.

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