Bogotá.Un grupo liderado por el dermatólogo colombiano Jaime Soto y otros investigadores del país y de los Estados Unidos, encontró que la miltefosina –un agente oral que ha demostrado un 95% de efectividad curativa en la leishmaniasis visceral de la India- es un agente útil en el tratamiento de la leishmaniasis cutánea del nuevo mundo causada por la Leishmania vianna panamensis en Colombia, aunque no lo es contra el mismo parásito braziliensis en Guatemala. En un estudio grande, controlado con placebo, se administró la miltefosina a una dosis de 2.5 mg/kg diario, por vía oral durante veintiocho días. (Clinical Infectious Diseases. 2004. 38(9):1266-72). Cuarenta de cuarenta y cuatro pacientes infectados o un 91% fueron curados con la droga, mientras que lo mismo sucedió sólo en un 38% de los que recibieron placebo, valores similares a los históricos con el tratamiento estándar con antimonio. En cambio, en la regiones guatemaltecas donde son comunes la L. v. braziliensis y la L. mexicana mexicana , el porcentaje de curación fue de 53% (20 de 38) para la miltefosina y 21% (4 de 19) para placebo, resultados inferiores al estándar con antimonio. La tolerancia empero, fue buena.
La leishmaniasis es una de las enfermedades tropicales causadas por protozoarios, que más morbilidad causa en las zonas rurales y selváticas. Los protagonistas de la violencia armada en el país están expuestos a la picadura del mosquito flebótomus –tan pequeño que apenas mide dos milímetros- al igual que los militares que van a combatir a los territorios nacionales y otras zonas difíciles de habitar. Treinta especies–de las quinientas- de la hembra del mosquito son vectores y veinte especies del protozoario son patógenas para el ser humano. La hembra se infecta al picar a un mamífero o humano infectado, el parásito se modifica ampliamente en el interior del insecto alrededor de una a tres semanas para luego infectar a otra víctima, merced a la dolorosa picadura del mosquito. Esta hembra –que habita en zonas tropicales- busca para poner sus huevos materia orgánica, humedad y calor en madrigueras de roedores, cortezas de árboles viejos, edificios en ruina, cuevas de animales, mugre doméstico y grietas de paredes, y sale a buscar sangre al anochecer, en un perímetro que va de unos pocos a varios cientos de metros de su habitat. La hembra del mosquito al picar al hombre introduce el germen en la forma de promastigote, así el parásito alcanza bien las células dendríticas o los macrófagos dentro de las cuales encuentra condiciones adecuadas para su desarrollo. Una vez en el interior del fagocito, el parásito pasa de promastigote a amastigote e inicia un proceso de división por fisión binaria. En otros casos permanecen quiescentes hasta cuando alguna de las células parasitadas migra al torrente circulatorio y a través de él llega hasta los órganos linfoides secundarios, comprometiendo entonces a otros macrófagos y otras células dendítricas. Al alcanzar un cierto número de parásitos en el interior de las vacuolas fagocíticas generan citolisis y salen al exterior para invadir una nueva célula. Trescientos cincuenta millones de hombres, mujeres y niños están amenazados por esta enfermedad en ochenta y ocho millones de países del mundo.
Formas clínicas. Las tres formas de la leishmaniasis son la cutánea, la muco-cutánea y la visceral o kala azar
*
La forma cutánea produce ulceraciones en cara y miembros –superficies expuestas de la piel- las que pueden llegar a se hasta doscientas, y que dejan horribles cicatrices que se convierten en estigmas sociales para quienes las padecen.* Peores secuelas cosméticas y funcionales deja la forma muco-cutánea, pues se destruyen –total o parcialmente- los tejidos de boca, nariz y garganta, por lo que el rechazo social es aún mayor.
* El kala azar –la forma visceral- se caracteriza por fiebres irregulares, pérdida marcada de peso, órgano-megalia, anemia y –en esta variante sí- hasta ciento por ciento de mortalidad en un par de años, si no se trata.
Historia. Desde hace cientos de años se conoce la Leismaniasis, pero la primera descripción fue la de Alexander Russell en 1756, al informar el caso de un paciente turco, de quien le llamaron la atención las horribles cicatrices que dejan las lesiones. La leishmaniasis visceral o kala-azar (Fiebre negra) se conoce desde los albores del siglo XX. En 1901 Sir William Leishman descubrió el parásito en el bazo de un soldado muerto en el Africa por la llamada fiebre Dum-Dum ((nombre de un malsano pueblo en las afueras de Calcuta) y que originalmente se pensó que eran tripanosomas. La primera publicación de la entidad data de 1903 cuando el capitán Donovan descubrió el parásito en un aspirado esplénico, que se denominó luego Leishmania donovani. En nuestro continente aparece referida en 1913 por Migone quien diagnosticó un paciente en el Brasil. En Colombia el primer caso fue descrito por Augusto Gast-Galvis en 1944 como hallazgo de material de viscerotomía en Santander; en 1964 Gómez-Vargas informa nuevos casos en la misma área, pero sólo en 1968 empieza a reportarse la enfermedad en otras áreas.
César
Alberto Panqueba y Jairo Antonio Rodríguez, de la Universidad Surcolombiana de
Neiva describieron una serie de casos de kala azar en niños de a región huilense
vistos en un periodo de veinte años (Revista Pediatría, 1998. Vol.33). El
85% de los casos se presentaron en menores de dos años e inclusive en niños de
tres meses de edad. Los signos observados con mayor frecuencia fueron fiebre y
hepato-esplenomegalia en el 100% de los casos. El kala azar es una clásica
zoonosis producida por el microorganismo unicelular Leishmania donovani,
el cual es un parásito intracelular obligado de células presentadoras de
antígeno como macrófagos y células dendríticas, capaz de transmitirse de un
individuo a otro por artrópodos; es una enfermedad de países tropicales y
subtropicales que poseen condiciones propicias tales como alturas entre
ochocientos y mi doscientos metros, clima seco, vegetación boscosa y ubicada
entre 19º y 29º de latitud norte y sur respectivamente. Estos hechos favorecen
el desarrollo del mosquito vector Lutzomia o “pito” que por sus
características domiciliarias y antropofílicas promueve la enfermedad.
En Medellín está ubicado el PECET - Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales- de la Universidad de Antioquia, que se convirtió en Centro de Referencia Internacional para el manejo de datos de investigaciones relacionadas con evaluaciones de medicamentos y vacunas, por decisión de la Organización Mundial de la Salud, que también nombró otros tres centros en Japón, India y Tailandia. El director de este centro universitario de investigación médica de Medellín, Iván Darío Vélez (galardonado el año pasado con el premio Alejandro Ángel), ha dicho que la leishmaniasis -enfermedad tropical característica de las zonas selváticas- ha llegado a grandes centros urbanos del país. Según estadísticas de los servicios nacionales de salud, este país andino presenta unos ocho mil quinientos casos anuales de leishmaniasis, dos mil de ellos en personal militar. El Pecet advirtió de que la incidencia de la leishmaniasis en Colombia es mayor, porque por cada caso que es informado, diez no llegan a los registros oficiales. El conflicto armado interno fue mencionado por el científico como el factor que más ha incidido en la expansión de la enfermedad, que causa úlceras que destruyen la piel de las personas que la contraen. Los datos sobre esta enfermedad en Colombia se vienen publicando en el Boletín Epidemiológico Nacional. También hace unos años se publicó un trabajo de investigadores nacionales sobre el tema (Corredor A, Boshell J, et al. Distribución y etiología de leishmaniasis en Colombia. American Journal of Tropical Medicine and Hygiene 1990, 43(5): 203-43).
En la revista Biomédica –del Instituto Nacional de Salud- se han publicado varias investigaciones sobre este protozoario, una de ellas glosada en un número anterior de Tensiómetro Virtual.
Tratamiento. Se utilizan los antimoniales pentavalentes, como el estibogluconato sódico o el antimoniato de meglumina, administrándose por vía intravenosa o intramuscular en dosis única diaria. Están contraindicados en personas que padezcan una insuficiencia renal, hepática o cardiaca ni en aquellas afectadas por una tuberculosis. Otros medicamentos utilizados son la anfotericina B, la pentamidina y el ketoconazol. Ningún fármaco ni vacuna se ha mostrado eficaz en la prevención de la enfermedad, por lo que es necesario utilizar otras medidas preventivas. Es importante evitar estar al aire libre en las horas de máxima actividad del pito, entre el anochecer y el amanecer. Si se sale a estas horas, hay que cubrir la mayor parte del cuerpo con ropa. En las zonas descubiertas se deben aplicar repelentes con N,N- dietil-metil-toluamida. También es recomendable el aislamiento de la cama con mosquiteros tupidos impregnados de permetrina.
VALORACIÓN NEURO-PSICOLÓGICA INFANTIL
Manizales. Investigadores de la Universidad de la Florida del Atlántico en Miami desarrollaron una batería de pruebas neuro-psicológicas para niños de cinco a dieciséis años (Revista de Neurología 2004; 38[8]:720-31). Según Mónica Rosselli Cock, E. Matute, A. Ardila-Ardila y colaboradores estas pruebas incluyen secciones sobre atención, habilidades de construcción, codificación de la memoria, habilidades de percepción, recuerdo de eventos, lenguaje, habilidades meta-linguísticas, lectura, escritura, aritmética, habilidades espaciales y conceptuales y funciones ejecutivas. Los psicólogos colombianos pudieron obtener las normales de estas pruebas sobre doscientos cincuenta y dos niños (noventa y dos del sexo masculino), validando la prueba externamente al aplicarle también a veintiuno el Wechsler Intelligence Scale for Children Revised (WISC R) y encontraron diferencias estadísticamente significativas en la mayoría de las pruebas, a través de las diferentes edades. Las principales diferencias entre los dos sexos fueron del tipo visuo-perceptual, constructivo visual, habilidades espaciales y numéricas. Algunas de las secciones de las dos pruebas que se aplicaron, correlacionaron. Los investigadores llegaron a la conclusión que esta valoración neuro-psicológica infantil puede satisfacer las necesidades de los hispanos en cuanto a instrumentos de evaluación de niños y adolescentes.
Expertos antioqueños en publicaciones indexadas
Medellín. El grupo de investigadores de la Universidad de Antioquia liderados por R.M. Uscátegui-Peñuela y M.C. Álvarez-Uribe ha logrado la publicación reciente de un par de trabajos relacionados con aspectos nutricionales. El primero (European Journal of Clinical Nutrition 2004; 58[3]:456-61) mostró que los valores plasmáticos de retinol –ligeramente más altos en el grupo de niñas menores de diez años, pero algo más altos en los niños mayores de diez- aumentan de manera significativa en ambos sexos a medida que se va presentando la maduración puberal. Los niveles más altos se presentan durante la telarquia femenina en grados tres y cuatro y en el desarrollo genital externo masculino en grados uno a dos. La deficiencia de vitamina A no es un problema de salud pública en esa ciudad colombiana, ya que sólo se observó en un 3.6% de los quinientos ochenta y ocho muchachos y quinientos treinta y una niñas estudiadas. El otro estudio (publicado en los Archivos Latinoamericanos de Nutrición) comprobó la relación entre sobrepeso –determinado por el índice de masa corporal- y los niveles de presión arterial sistólica y diastólica, en un grupo de mil doscientos cincuenta y tres hombres y de mil trescientos cincuenta y ocho mujeres –entre seis y dieciocho años- aunque el sobrepeso propiamente dicho sólo se observó en 14.3% de los hombres y 13.7% de las mujeres, con una mayor prevalencia entre los seis y los nueve años de edad. Los niveles más altos de tensión diastólica fueron en el sexo masculino, mientras que los niveles sistólicos fueron similares en ambos sexos.
CAPACIDAD DE EJERCICIO EN PULMONARES CRÓNICOS
Bogotá. En veinticinco pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) residentes en esta capital andina (altura: 2.640 m; presión atmosférica: 560 mmHg) se demostró intolerancia al ejercicio determinada por limitación ventilatoria e hipoxemia severa, en comparación con dieciséis personas sanas que a esta altura aumentan la ventilación alveolar para atenuar la hipoxemia (presión arterial de CO2: 30 mm Hg; presión arterial de O2: 63 mm Hg). Según los investigadores M. González-García, M. Barrero y Darío Maldonado de la Fundación Neumológica Colombiana, se encontró que el aumento de la ventilación minuto en reposo, la mayor disminución de la capacidad inspiratoria y la gravedad de la hipoxemia durante el ejercicio fueron las principales diferencias con la EPOC a nivel del mar. El patrón respiratorio y la gasometría arterial se observaron en reposo y en ejercicio pico; la capacidad del ejercicio se determinó con una prueba incremental en un ciclo-ergómetro (Archivos de Bronconeumología, 2004; 40: 54 – 61). Aunque este estudio es importante por no haber experiencia controlada en estas alturas, los autores lo consideran con limitaciones debido a que no determinó la función muscular, a la falta de una valoración más detallada de la respuesta hemodinámica y el papel que juega la hipertensión pulmonar durante el ejercicio. En futuros estudios deben estudiarse los mecanismos adaptativos –presumiblemente periféricos- que expliquen la capacidad de los pacientes con EPOC –a la altura del altiplano- para lograr realizar un ejercicio físico de mediana intensidad a pesar de la hipoxemia severa. Otra investigación que este grupo está realizando es la del efecto sobre la capacidad para el ejercicio después de la administración de diferentes fracciones de oxígeno inspirado en pacientes con EPOC e hipoxemia.