|
Santa Apolonia En el año 249 d.C., en tiempos de la persecución romana contra los cristianos, Santa Apolonia de Alejandría fue obligada a blasfemar contra Cristo. Como se resistía, le rompieron de un golpe todos los dientes. Después ella misma se arrojó a una hoguera, y en medio de las llamas decía que, en adelante, aquellos que sufrieran de problemas y dolencias dentales, invocaran su nombre, pues ella intercedería ante Dios para aliviarlos. El salto de la pata de rana “Había diseccionado y preparado una rana del modo habitual y mientras atendía otro asunto la dejé extendida en una mesa sobre la que había una máquina eléctrica pero a una considerable distancia de la misma. Cuando una de las personas presentes tocó ligeramente por accidente los nervios de la rana con la punta de un escalpelo, todos los músculos de sus patas se contrajeron una y otra vez, como afectados por intensos calambres”. Así describía Galvani su primera observación absolutamente accidental de lo que el llamaba "electricidad animal". En lugar de olvidar el incidente no paró hasta reproducirlo. Los experimentos de Galvani ayudaron a establecer las bases del estudio biológico de la neurofisiología y la neurología. El cambio de paradigma en este campo fue radical: los nervios no eran canales con fluidos como la mente de Descartes había concebido tiempo atrás, sino conductores eléctricos. La información dentro del sistema nervioso se transportaba mediante la electricidad generada directamente por el tejido orgánico. Alessandro Volta –rival de Galvani- estaba en 1880 en desacuerdo con este y así llegó a la conclusión que la génesis de la electricidad se debía a la conexión de dos metales dispares a través de una disolución electrolítica, inventando la pila.
Discusiones sobre el aborto DEFENSA DE LA VIDA VS ELECCIÓN Pocos asuntos han creado tanta diversidad de opiniones como la cuestión del aborto. Se han creado dos grupos, uno pro-vida (en contra del aborto y su legalización) y los grupos pro-elección (a favor de la legalización del aborto). Ambos grupos están bien organizados y totalmente convencidos de sus respectivas posiciones y hay seguidores más o menos extremos. Las enseñanzas de la Iglesia están sintetizadas en su Catecismo: La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida. El aborto en Colombia –y en numerosos países en vías de desarrollo- se utiliza a menudo como un método de planificación familiar, ya que en la sociedad machista no se permite planificar con anticonceptivos pues la mujer podría eventualmente así ser infiel sin ser descubierta, mientras que el hombre vive embarazando a su compañera, que en dicha unión o en eventuales futuras, terminará llena de hijos mal nutridos y no educados que perpetuarán el ciclo de pobreza-ignorancia. Un tema que poco se discute es el del aborto como un negocio: las clínicas de aborto, las de garaje, las droguerías que subrepticiamente venden prostaglandinas, los laboratorios farmacéuticos que venden estos y otros medicamentos abortivos, y hasta algunas ONG, participan en un fabuloso negocio que mueve millones de dólares anualmente. ¿Están las EPS colombianas preparadas –e interesadas- en hacerse cargo de servicios de aborto inducido? No con el criterio economicista que las rige. Menos en las regiones rurales. En la práctica, las pacientes se encontrarán con barreras de acceso al servicio y entonces, o bien van con el bebé dándoles ya pataditas en el vientre a poner una tutela, o bien acuden –al igual que en la India- a los abortadores usuales de garaje, que hacen el característico procedimiento inseguro, pero –esta vez- pensando que la policía no les va a cerrar el chuzo (o el boliche, como dirían en el cono sur) porque dispondrán de documentos, verdaderos o falsos. ¿Previene el aborto seguro -que se refiere al aséptico, al cubierto con tecnología para las complicaciones que se puedan presentar- complicaciones como el estrés postraumático, la depresión y otras complicaciones psiquiátricas? La sola tecnología, claro que no. O sea, que la palabra prevención tiene sus limitaciones. En general las corrientes políticas de derecha, mientras frecuentemente están a favor las de la izquierda (ver como ejemplo el gobierno de Rodríguez Zapatero en España) pero no todas. Lenin legalizó el aborto, pero Stalin cambió estas reglas. Rumania legalizó el aborto, pero luego lo prohibió para promover sus planes agrarios que necesitaban mano de obra y entonces estimuló a las madres prolíficas, llamándola patriotas. Muchas corrientes de izquierda no tiene estos temas entre sus prioridades, pero sí otras de tipo liberal. La filosofía, las corrientes de pensamiento tienen también sus argumentos: uno, sostenido por corrientes pro-despenalización, es que la madre tiene derecho a su propio cuerpo -ya que consideran que el embrión aún no es un ser humano- y es parte del cuerpo de la mujer. Otro –antiabortista- se basa en un criterio biológico, que considera a los cuerpos de la mujer y del embrión como distintos, debido a que el sistema inmunológico de la mujer destruye al embrión si se pone en contacto con él. Los especialistas en ética –campo que es diferente del religioso, aunque es obvio que las religiones tienen en su doctrina una ética- han incorporado al debate bioético la consideración sobre el status de humano o aún no humano, del nasciturus (el que ha de nacer) durante su primera etapa de desarrollo prenatal, durante la que algunos lo denominan pre-embrión. Este debate llevaría a una re-calificación bioética de las intervenciones sobre el pre-embrión, ya sea por su eliminación en el microaborto o por su manipulación durante la investigación sobre sus células pluri-potenciales en laboratorios de ingeniería genética.
En América Latina
(Apartes de una conferencia de Renato D. Alarcón –autor de un conocido texto de Psiquiatría- ante la Asociación Psiquiátrica de América Latina). Ser psiquiatra en América Latina: ¿Vale la pena?, Renato D, Alarcón |